Thursday, April 03, 2025

Un siglo de la U de G (3): la disputa republicana

Diario de incertidumbres Un siglo de la U de G (3): la disputa republicana Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 03/04/2025) https://suplementocampus.com/un-siglo-de-la-udeg-iii-la-disputa-republicana/ Cuando estalló la guerra de independencia en 1810, la Real Universidad de Guadalajara era una institución en proceso de consolidación de su legitimidad intelectual, política y social en la capital del todavía reino de la Nueva Galicia. Sólo habían pasado menos dos décadas desde su fundación en 1792. La población de la capital había experimentado un crecimiento poblacional significativo a lo largo del siglo XVIII. Según datos disponibles, la ciudad que en 1713 tenía sólo 7 mil habitantes había alcanzado la cifra de 35 mil en el año de 1800, aunque solo unas decenas de esa población estudiaban el bachillerato o algún tipo de estudios superiores. Pero este incremento demográfico había ocurrido también en un contexto sociopolítico habitado por nuevos actores que demandaban cambios profundos en la Nueva Galicia y la Nueva España. La idea fundacional de la universidad, consistente en la creación de una institución legítimamente constituida para la formación religiosa y civil de la población tapatía, se había agotado a comienzos del siglo XIX. Las élites criollas y mestizas alimentaban un creciente descontento contra el centralismo español y novohispano. La rebeldía contra el requisito de linaje o pureza de sangre como requisito de acceso a la universidad había marcado una distancia política, de clase y étnica a los pobladores de la Nueva Galicia para ingresar a la Real Universidad de Guadalajara. Ese descontento abrevó en la simpatía de muchos pobladores con la idea de la independencia de España y la construcción de una república federalista y democrática, que incluía la necesidad de una educación reformada como la principal base moral, técnica y científica del nuevo orden institucional. Paradójicamente, algunos de los casi mil egresados de la Real U de G entre 1792 y 1821 (880 bachilleres y 119 licenciados y doctores) eran parte de las nuevas élites políticas novogalaicas rebeldes a la dominación española y al centralismo novohispano. Pedro Moreno (militar insurgente), Valentín Gómez Farías (médico, pensador liberal y presidente de México en cinco ocasiones), Anastasio Bustamante (también médico, pensador conservador y presidente y dictador de las causas realistas), el matemático José María Mancilla, los primeros gobernantes del naciente estado de Jalisco (Juan Nepomuceno Cumplido, Pedro Támez), o Francisco Severo Maldonado (filósofo y sacerdote católico, fundador del primer periódico independentista latinoamericano: El despertador americano), fueron algunos de los personajes que hicieron posible la transición de la Nueva Galicia al “estado libre y soberano de Jalisco” en junio de 1823. Jalisco fue la primera entidad en autodenominarse de ese modo, y pionero en el diseño de un futuro liberal y federalista para México. El largo siglo XIX sería el escenario de las luchas entre liberales y conservadores por la conducción del rumbo del nuevo país, y las universidades serían parte de los espacios en disputa, sujetas a los cambios en el poder entre las fuerzas liberales y las conservadoras. Entre 1821 y 1825, la Real U de G mantenía su funcionamiento según ordenanzas reales españolas, conservando las tradiciones escolásticas del modelo de la Universidad de Salamanca. Pero es en el año de 1825 cuando ocurre su primera interrupción de actividades al ser clausurada por el gobernador Prisciliano Sánchez, y sustituida por un modelo de enseñanza liberal, con la creación del Instituto de Ciencias (I de C) entre 1827 y 1834, que incluía la formación universitaria y normalista. No obstante, con el regreso de los conservadores al poder político regional y nacional, en 1834 el Instituto es clausurado y la Real U de G es reabierta por un período breve (1834-1839) para, posteriormente (entre 1853 y 1860), funcionar como “Universidad Nacional de Guadalajara”, fusionada con el I de C. Fue el único y último momento en que la Universidad existió bajo esa denominación, pues en 1860 ocurre la clausura definitiva de la institución en el contexto de una nueva constitución federal (la de 1857) que confirmaba el triunfo de la razón liberal en el ámbito educativo, que incluía a la enseñanza universitaria. Ese período sin universidad en Jalisco (el interregno), se alargó durante más de seis décadas (1861-1924), en el transcurso de las cuales la reapertura del I de C y el surgimiento de las “Escuelas Libres” fueron los espacios formadores de varias generaciones de médicos, ingenieros, abogados, farmacéuticos, dentistas, y una “Escuela Comercial para Señoritas”. Esta accidentada historia universitaria no era más que el reflejo de los que ocurría en una sociedad que no acababa de consolidar sus arreglos políticos y sociales. Con el inicio del porfiriato, nuevas ideas y corrientes alimentarían la necesidad de repensar la posibilidad de la creación de una nueva universidad para un país en construcción. El pasado clerical y conservador de las instituciones universitarias había sido sellado con la separación entre el Estado y la Iglesia contenido en la constitución del 57, y ello abría la posibilidad de vislumbrar un nuevo tipo de instituciones públicas formadoras de bachilleres, profesionales y científicos para impulsar el desarrollo social, económico, político y cultural del país. Así, mientras en el año de 1910, en el ocaso de su dictadura, el propio presidente Díaz inauguraba la Universidad Nacional de México, en Jalisco, al triunfo de la revolución mexicana, en 1925 y, en el marco de la nueva constitución de 1917, el gobernador José Guadalupe Zuno decretaba la creación (refundación) de la Universidad de Guadalajara, nombrando su primer rector al bachiller, abogado y pensador liberal Enrique Díaz de León. Una nueva idea de universidad abrazaba los proyectos institucionales: la idea de la universidad pública. Era una idea en ciernes, no exenta de polémicas apasionadas e intereses encontrados, alimentada por las tensiones entre el pensamiento liberal y el pensamiento revolucionario. Una era la expresión de las ideas liberales de cátedra y de investigación. La otra, la del compromiso de la universidad con las reformas revolucionarias. En el caso de la U de G, la apuesta era de sumarse a las causas populares y revolucionarias, adhiriéndose a un perfil predominantemente heterónomo y no autónomo de la universidad. El lema “Piensa y Trabaja”, propuesto por el rector Díaz de León, y apoyado por el consejo universitario en su primera sesión solemne, simbolizarla la búsqueda de una identidad institucional durante la turbulenta primera década de existencia (1925-1935) de la moderna U de G.

Thursday, March 20, 2025

Un siglo de la U de G: hechuras coloniales

Diario de incertidumbres Un siglo de la U de G (2): hechuras coloniales Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 20/03/2025) https://suplementocampus.com/un-siglo-de-la-udeg-ii-hechuras-coloniales/ Aunque este año se celebran los primeros cien años de la refundación de la Universidad de Guadalajara (1925-2025), los antecedentes coloniales de la institución son importantes para comprender los orígenes del regionalismo tapatío y sus representaciones políticas y sociales. Estos antecedentes permiten identificar la construcción de la universidad como un largo y accidentado proceso de gestión política de las élites de poder locales para contar con un espacio de formación intelectual, profesional y académica indispensable para la legitimación política de sus propios intereses como sociedad regional. Como es sabido, el reino de la Nueva Galicia se configuró como un territorio autónomo desde 1531 hasta 1786, y su capital, Guadalajara, fue fundada en el año de 1542. La extensión original del reino incluía a los actuales territorios de los estados de Jalisco, Nayarit, Colima, Aguascalientes y Zacatecas. Aunque formaba parte del virreinato de la Nueva España, la población novogalaica reclamó desde un principio el reconocimiento de su autonomía política respecto del centralismo de la ciudad de México, la capital del virreinato. La historia de ese reclamo es una historia política, lo que marcó en buena medida el interés de sus actores protagónicos (gobernadores, obispos, funcionarios del ayuntamiento de Guadalajara), por la creación de instituciones educativas que reforzaran la identidad regional y las fortalezas autonómicas de la región. Como en otras regiones de la Nueva España, los sacerdotes jesuitas fueron los que impulsaron los primeros estudios medios y superiores en la Guadalajara colonial. Los Colegios de Santo Tomás, de San Juan Bautista y, sobre todo, el Seminario Conciliar de San José, fueron hechuras jesuitas creadas entre 1540 y 1650, que permitieron organizar cátedras y escuelas formadoras de clérigos, funcionarios y profesores relacionados con el desarrollo de bibliotecas, programas de estudios superiores y espacios escolares orientados al otorgamiento de grados académicos que fueran reconocidos por los reyes españoles o por la entonces Real y Pontificia Universidad de México, fundada en el año de 1551. La negativa de esta última institución para reconocer grados académicos que no fueron otorgados directamente por ella misma llevó a las primeras gestiones de las autoridades de Guadalajara para establecer su propia universidad. Fue el obispo fray Felipe Galindo y Chávez quien promovió en 1696 la idea de que el seminario conciliar de Guadalajara se transformara en “Real Universidad”, solicitando formalmente la expedición de la cédula real correspondiente al entonces rey de España. Sin embargo, esa petición no prosperó debido, entre otras razones, al desinterés de la corona española por el asunto y por la abierta oposición de la Universidad de México para reconocer a otra universidad en el territorio de la Nueva España. Con la expulsión de los jesuitas en todas las colonias españolas en 1767, el tema de la nueva universidad se diluyó por algunos años. Sin embargo, en 1778, el entonces obispo de Guadalajara, fray Antonio Alcalde y Barriga (conocido como “el Fraile de la Calavera”), retomó el asunto y logró convencer a las autoridades del ayuntamiento tapatío y al entonces gobernador de la Nueva Galicia de promover nuevamente la creación de una Real Universidad para la ciudad. Como apoyo a su propuesta, el obispo realizó una importante donación monetaria (20 mil pesos de la época) y las instalaciones de los colegios religiosos y el seminario conciliar para albergar la sede de la nueva universidad. Además, impulsó, una década después (en 1788), la construcción del Real Hospital de Belén, que fue el antecedente de lo que luego se convertiría, a comienzos del siglo XX, en el hospital-escuela de la U de G. No fue hasta el año de 1791 cuando cristaliza la idea de la nueva universidad. Gracias a los esfuerzos de las autoridades políticas y eclesiásticas de la época, y vencidas las resistencias de las autoridades de la Universidad de México para reconocer los grados académicos otorgados por la naciente universidad tapatía, fue posible que el rey Carlos IV de España expidiera la cédula real de creación de la Real Universidad de Guadalajara el 3 de diciembre de 1791.Las facultades que integraron la nueva institución fueron las de Artes o Filosofía, Teología, Derecho y Medicina, que ofrecían grados académicos “menores” (bachiller, licenciado) o “mayores” (maestro y doctor). Con estas estructuras académicas, se designó a su primer rector y se formó el primer cuerpo colegiado universitario (el “claustro”), que se convertirían en los principales órganos del gobierno institucional. Con las ceremonias y rituales correspondientes, las autoridades eclesiásticas y civiles celebraron la apertura de la nueva universidad, en las instalaciones de un edificio perteneciente al arzobispado de Guadalajara, ubicado en el entonces pequeño centro de la ciudad, y derruido a comienzos del siglo XX por la remodelación y ampliación de los espacios urbanos de la capital jalisciense. No obstante, la nueva universidad enfrentaría un contexto de turbulencias y conflictos a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Fueron tres décadas críticas (1791-1821) que significaron el fin de la dominación colonial española, el comienzo de la guerra de independencia y el triunfo del independentismo en 1821. Con la constitución del primer “estado libre y soberano de Jalisco” en 1823, como parte del proyecto de una república federalista impulsada por juristas y pensadores liberales jaliscienses como Prisciliano Sánchez (que sería nombrado primer gobernador del estado en 1824), se abría un período de grandes cambios en la naciente república mexicana, y con ellos se arrastraba a la joven universidad a un largo ciclo de clausuras y reaperturas que se extendería durante el largo siglo XIX (1821-1924). Nuevas ideas, intereses y actores poblarían el campo universitario de esos años convulsivos, y un nuevo ciclo de historia política universitaria surgiría entre las ruinas del viejo orden colonial y las luces de un nuevo orden político en Jalisco y en México.

Tuesday, March 11, 2025

Machismos de cantina

Tierras raras Machismos de cantina Adrián Acosta Silva (Revista Reverso, 10/03/2025) https://reverso.mx/tierras-raras-machismos-de-cantina/ El origen del término tiene que ver con exploradores, químicos e industriales. Como puede indagarse en cualquier buscador de internet, “tierras raras” son aquellas porciones del planeta (“tierras”) compuestas por 17 elementos químicos, algunos de los cuales es difícil encontrar en forma pura, y cuyos componentes se pueden disolver en ácido, que son una denominación antigua de los óxidos. Esas tierras fueron identificadas por primera vez en Estocolmo, a finales del siglo XVIII, por un pequeño grupo de científicos que caminaban por las 14 islas que configuran la capital sueca. Rare Earth fue también el nombre de un exitoso grupo de comienzos de los años setenta que mezclaba sonidos de rock, funk y soul. Su denominación aludía vagamente al concepto inventado por los químicos europeos. La rareza significa algo inusual, poco común, que no es habitual. Y en términos sociales puede ser utilizado como una metáfora para referirse a lo extraño, paradójico y contradictorio de ciertos comportamientos y expresiones políticas contemporáneas, que pueden ser capaces de disolver en ácido las prácticas de cualquier racionalidad civilizatoria. Las figuras de Donald Trump como representante de la idea del regreso a la nueva “grandeza americana”, o de Javier Milei como el exponente de la idea del “capitalismo libertario”, son parte de las tierras raras en estos tiempos de incendios retóricos y violencias reales. Las negociaciones de paz en Ucrania entre Trump y Putin son una postal mafiosa de los espíritus animales que habitan las tierras raras. Sin importar demasiado las consecuencias, deciden humillar al principal afectado de la guerra (Zelenski) y a sus aliados de la Unión Europea. La guerra de Gaza es otra postal similar. Mientras Trump y Netanyahu brindan sobre la expulsión masiva de palestinos en medio de la guerra devastadora iniciada por Israel, Trump, el presidente-empresario, sueña con la construcción de casinos y hoteles en tierras palestinas, pero sin palestinos. Milei representa en sí mismo otra porción de tierra extraña. El presidente argentino, motosierra en mano y gritando a la menor provocación “¡Viva la libertad carajo!”, representa el machismo de cantina que acompaña a los que se sienten intérpretes autorizados para hablar en nombre de los fantasmas y espíritus de la época, independientemente de cuáles sean sus formas y apariciones. El ingrediente común de estas expresiones es el retorno de brujos oligarcas como Elon Musk y sus saludos neonazis. Sea en la Casa Blanca o en la Casa Rosada, el hombre más rico del mundo aparece sonriendo junto a su pequeño hijo a un lado del escritorio del presidente Trump para dar a conocer planes de recortes brutales a la administración federal, o visita a Milei en Buenos Aires para recibir un efusivo abrazo del presidente argentino junto a una motosierra con baño de oro. Las escenas son de celebración, de alegría y fiesta, de sonrisas, abrazos y elogios mutuos. Brindan por los nuevos tiempos en las tierras raras de la política mundial, llenas de polvo, lodo y óxido.

Thursday, March 06, 2025

Un siglo de la U de G

Diario de incertidumbres Un siglo de la U de G Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 06/03/2025) https://suplementocampus.com/un-siglo-de-la-udeg/ Este año se cumplen exactamente 100 años de la refundación de la Universidad de Guadalajara. Se trata de un festejo importante para la educación superior nacional, pues la U de G expresa una trayectoria sociohistórica no sólo similar a la experimentada por otras universidades públicas autónomas estatales en diversos contextos locales y regionales, sino también porque permite examinar las complicadas relaciones entre las ideas, los actores y la política que estructuran la vida institucional -es decir, académica, organizacional y política- de las universidades públicas mexicanas contemporáneas. Como todas las trayectorias institucionales, la de la U de G es accidentada y compleja. No hay nada parecido a una trayectoria lineal, preclara, del desarrollo de las funciones sociales y académicas universitarias. Por el contrario, la historia de la U de G es una historia de conflictos y tensiones que al calor de sus interacciones fueron estructurando acuerdos transitorios, rupturas esporádicas y arreglos estabilizadores de la vida institucional. Justo por ello, la historia de la universidad contiene una historia social, una historia política y una historia académica/disciplinaria. Es posible distinguir cuatro grandes períodos de esa trayectoria. La primera tiene que ver con la fundación de la Real Universidad de Guadalajara en 1791, y se alarga hasta su primer cierre en 1821. La segunda tiene que ver con el largo siglo XIX, que significa para la universidad un ciclo largo de clausuras y reaperturas en el proceso de construcción de una república federada. Este segundo período abarca desde el año 1821 hasta el año de 1925, es decir, casi un siglo de inestabilidad institucional, en el transcurso del cual la universidad es el objeto de disputas entre los grupos conservadores y liberales que se disputaban el poder político en Jalisco. El tercer período arranca justamente con la refundación de la U de G el 12 de octubre de 1925 y se extiende hasta el año de 1994, cuando se impulsa una reforma institucional que dará como resultado la configuración de la actual red universitaria en Jalisco de la U de G. A lo largo de estas (casi) siete décadas, se suceden diversos episodios en la vida universitaria que marcarán varios giros y conflictos institucionales. Uno de ellos fue la lucha por la educación socialista durante el cardenismo, que fracturó a la comunidad universitaria y llevó al cierre de la Universidad durante tres años (1934-1937), y a la creación, en 1935, de la Universidad Autónoma de Occidente, que poco después se convertiría en la actual Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), y que, en su carácter de institución privada, mantendría una relación de tensión ideológica y política constante con la U de G en las décadas siguientes. Otro momento importante de este tercer período tiene que ver con la reforma de la ley orgánica en 1952, misma que sustituía a las anteriores (1925, 1937, 1947 y 1950). Esta reforma reafirmó el carácter público de la U de G y la declaró la única institución legalmente autorizada para impartir estudios superiores en Jalisco, lo que significaba que ninguna otra institución pública o privada podría establecerse en el estado sin la autorización o visto bueno de la U de G. No obstante, en los hechos, a lo largo de los años siguientes nuevas opciones públicas y privadas, federales y estatales, fueron configurando el campo de la educación terciaria jalisciense, a veces con la autorización de la universidad, y en otras por medio de la autorización de registro en instancias federales (SEP) o por el apoyo de instancias como la propia UNAM, que fue quién autorizó el registro de los programas de estudio de universidades privadas como la UAG. Un episodio más de este tercer período tiene que ver con la creación de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) en el año de 1948. Esta organización estudiantil se convertiría en los años siguientes en el centro de la vida política universitaria, y en uno de los afluentes de la dominación corporativa bajo la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Jalisco. Organización heredera del anterior Frente de Estudiantes Socialistas de Occidente (FESO, 1934-1948), identificada claramente con el proyecto socialista del cardenismo, la FEG surgió como una corporación clave en la construcción de la gobernabilidad universitaria, un espacio de socialización política que mezclaba el activismo estudiantil con el uso de la intimidación y la fuerza contra grupos rivales. El violento conflicto con otra organización estudiantil surgida a finales de los años sesenta y hasta comienzos de los setenta-la Federación de Estudiantes Revolucionarios (FER)- constituye un punto crítico en la disputa por el poder institucional en la U de G. Estos episodios fueron acompañados por un crecimiento sostenido de los recursos públicos, la matrícula, el profesorado y los programas de estudio de la U de G durante los años setenta y ochenta del siglo pasado. Asimismo, se crearon institutos y centros de investigación que permitieron desarrollar y diversificar las actividades científicas ligadas al posgrado y a la investigación universitaria, así como desarrollar un fuerte impulso a las actividades de extensión y difusión cultural. En ese contexto, y luego del impacto de la crisis económica y política de la “década perdida” (los años ochenta), se fueron fraguando las condiciones para emprender una gran reforma universitaria entre 1989 y 1993. Ello daría como resultado la promulgación de una nueva ley orgánica en 1994, que dotaría por primera vez a la universidad de autonomía para emprender un nuevo proyecto (la red universitaria en Jalisco), que tendría un impacto profundo en la vida académica, social y política de la propia universidad en sus entornos regionales y locales. Esta etapa constituye el cuarto período histórico de la U de G. Esta trayectoria institucional está poblada de ideas, actores y política que vale la pena identificar para comprender la peculiar complejidad de la universidad jalisciense a lo largo del primer siglo de su refundación. A ello dedicaremos las próximas entregas.

Friday, February 21, 2025

Déjà vú: puestos y personas

Diario de incertidumbres Déjà vu: puestos y personas Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 20/02/2025) https://suplementocampus.com/deja-vu-puestos-y-personas/ Uno de los temas relevantes de la sociología política tiene que ver con la distinción entre puestos y personas en la configuración de las estructuras de gestión de los asuntos públicos. Como el viejo Weber lo planteó en sus escritos clásicos, esa distinción permite a los estados modernos la construcción de una racionalidad burocrática desempeñada no por amateurs con talento o con ganas de hacer bien las cosas, sino por individuos (ellos, ellas) que ocupan un puesto normado por leyes y reglamentos, que requiere de ciertos méritos, habilidades y trayectorias previas, que son remunerados de acuerdo a la jerarquía del puesto, y que no son dueños del lugar y de los recursos que ocupan para llevar a cabo sus funciones. Los ecos weberianos resuenan cada que se observa la dinámica de los nombramientos públicos. Una nota de coyuntura revive esa conocida sensación Déjà vu. La semana pasada se dio a conocer la noticia de que el aún rector de la Universidad de Guadalajara fue nombrado nuevo subsecretario de educación superior de la SEP. Tomará posesión del puesto a partir del próximo 1 de abril, justo cuando termina su período sexenal como máximo representante de la universidad jalisciense (2019-2025). La noticia, la persona y el puesto representan con claridad los antiguos susurros weberianos bajo el signo de los nuevos tiempos políticos. Aunque desde hace meses se sabía de la posibilidad de que el rector tapatío Ricardo Villanueva se integraría al gabinete de la presidenta Sheinbaum, la noticia se confirmó apenas el pasado 13 de febrero. La trayectoria de Villanueva es representativa de otros rectores universitarios que antes o después de ocupar esos puestos desarrollaron carreras políticas en los ámbitos municipales, estatales o federales. Algunos casos más o menos recientes confirman la afirmación. El hoy gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, fue hace tiempo rector de la UAS, y luego dirigente partidista en su estado natal; Salvador Jara, rector de la U. Michoacana (2011-2014), fue gobernador interino de su estado (2014-2015), y posteriormente subsecretario de educación superior de la SEP durante el gobierno del presidente Peña Nieto; Juan Carlos Romero Hicks, exrector de la U de Guanajuato en los primeros años noventa del siglo pasado, luego fue gobernador de esa entidad y posteriormente funcionario federal durante los gobiernos de los presidentes Fox y Calderón; o el exrector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, hoy secretario de relaciones exteriores del gobierno de Sheinbaum. Son representaciones de cierto patrón de comportamiento político de los rectores de universidades públicas autónomas. El caso del rector de la U de G que se integrará al gabinete federal es similar. Es la experiencia de un exdirigente estudiantil que luego pasó a ser profesor universitario, militante de un partido político (PRI), y, antes de ser rector general, fue miembro prominente del gabinete de un gobernador (Aristóteles Sandoval), y regidor municipal en Guadalajara. Esa trayectoria pública no descansa tanto en los méritos estrictamente académicos del todavía rector de la U de G, como en los méritos políticos que ha acumulado a lo largo de una trayectoria recorrida entre las aguas mansas de la docencia universitaria y las aguas revueltas y con frecuencia oscuras de la política universitaria y la política partidista. En esas aguas, dominadas por diversos órdenes de lealtades a personas y proyectos, Villanueva ha estructurado su propia trayectoria político-institucional. Más allá de las características personales del rector, de sus capacidades de cabildeo político y gestión institucional, la propia U de G es un caso interesante de las vidas cruzadas que transcurren entre el poder político y el poder universitario. Otros exrectores de la era más reciente de esa universidad (Raúl Padilla, José Trinidad Padilla, Tonatiuh Bravo), han sido diputados locales o federales, o regidores municipales, antes o después de ser electos como rectores universitarios. El hecho de que las rectorías sean puestos de gestión política en los ámbitos locales o nacionales, les otorga a sus representantes una enorme visibilidad pública, lo que explica que puesto y persona se conviertan en figuras relevantes en la vida política en las escalas subnacionales y federales. Lo distintivo de la transición de un puesto de rector universitario a un cargo federal de gestión gubernamental de los asuntos de la educación superior consiste en identificar los grados de libertad que puede tener un funcionario que trabajará no sólo con las limitaciones legales, organizacionales, presupuestales y políticas de todo puesto público, sino que también operará en un territorio marcado de antemano por las decisiones y prioridades políticas presidenciales: la continuación de las políticas de “becarización”, la instrumentación de las disposiciones normativas de la Ley General de Educación Superior aprobada en 2021, la ampliación de la matrícula en 300 mil lugares en las sedes de las universidades del bienestar Benito Juárez, las universidades de la salud o la Rosario Castellanos, forman parte de las señales que marcan la agenda de las políticas de educación superior que tendrá que trabajar el nuevo subsecretario y su equipo. Temas como el déficit presupuestal que acumulan desde hace más de una década las universidades públicas autónomas, los problemas de regulación de la educación privada, la construcción de un sistema de evaluación nacional de los aprendizajes de las licenciaturas universitarias, el fortalecimiento de los posgrados asociados a la investigación científica y humanística, los problemas de los abandonos escolares e inserción laboral de los egresados, de cobertura y calidad de los programas, del envejecimiento acelerado del profesorado universitario y sus efectos en las pensiones y jubilaciones, en el contexto de autonomías universitarias debilitadas por el maltrato presupuestal o por las desconfianzas gubernamentales, constituyen algunos de los desafíos del corto plazo de la subsecretaría que ocupará el próximo exrector universitario a partir de abril. Como suele ocurrir, el problema en términos políticos y de políticas públicas es siempre el tiempo, el “maldito factor tiempo” como solía señalar el finado sociólogo chileno Norbert Lechner. Las limitaciones del puesto y de la persona juegan un papel crucial en la posibilidad no sólo de construir una agenda institucional coherente sino de implementarla de manera efectiva. Con cinco años por delante, el próximo subsecretario enfrentará un campo de políticas sembrado de oportunidades e incertidumbres, pero también de algunas bombas de relojería.

Sunday, February 09, 2025

Bob Dylan: máscaras y cenizas

Bob Dylan: máscaras y cenizas Adrián Acosta Silva (Revista Replicante, 9/02/2025) https://revistareplicante.com/bob-dylan-mascaras-y-cenizas/ La película Un completo desconocido (2024), que trata sobre la fase temprana de Bob Dylan en Nueva York, revela la que es quizá una de las facetas más brillantes de un artista de las máscaras. Impredecible, impuntual, sarcástico, escéptico, el joven Dylan es representado como un músico en búsqueda de un lugar en el que pueda escribir canciones y que pueda vivir de ello. Obsesionado con la escritura de letras extrañas e incomprensibles, acompañadas por una guitarra, una armónica y a veces con un piano, Dylan es un individuo solitario y retraído, un observador penetrante de los acontecimientos cotidianos, que traduce en forma de notas inconexas que combinan ritmo y armonía, fantasías y fantasmas, convicciones, creencias e ilusiones. Reacio a las clasificaciones (narrador, poeta, músico militante, activista contestatario, rebelde, oportunista), el joven Dylan se escurre entre las paredes y callejones del mundillo neoyorkino de los años sesenta, habitado por cantantes de folk que tocan en lugares pequeños llenos de humo y alcohol, y empresarios en búsqueda de nuevos talentos que permitan la sobrevivencia de un género en crisis de audiencias. La cinta revive los puntos clave de la trayectoria de Dylan en esos años de luces y sombras: su visita en el hospital a un moribundo Woody Guthrie, su contacto con Pete Seeger, su relación efímera con la entonces exitosa cantante Joan Baez, y sus primeros contactos con el rock a través de guitarristas deslumbrantes como Mike Bloomfield o tecladistas como Al Kooper. Con la música de fondo de los Kinks y los Beatles, el Dylan veinteañero vive dominado por los espíritus de la época. Los aires de la guerra fría y la crisis de los misiles en Cuba, los movimientos por los derechos civiles, las secuelas del macartismo de la década anterior, las figuras de los beatniks que antecedieron al movimiento hippie, el mundo de los negocios en que se estaba convirtiendo la música norteamericana del blues al folk y del country al rock, configuran las estampas que rodean el álbum vital del Dylan de sus tres primeros discos, y que serán representados por el que es quizá la mejor de sus obras de esa etapa: The Freewheelin´, grabado en el duro invierno neoyorkino de 1963, y publicado en mayo de 1964. Dueño de una prosa incontenible, Dylan escribe canciones sin pausas y sin prisas. Lo hace en servilletas y hojas sueltas en cuartos de hotel y en cantinas, que luego pasa a máquinas de escribir que le prestan sus novias y amigos. Son los tiempos en que su cabeza está llena de “crujidos, relámpagos y estallidos” que son la fuente profunda de su creatividad, como declaró en una entrevista de esos años de humo, alcohol y guitarras a la entonces naciente revista Rolling Stone. Esas atmósferas y condiciones mundanas le permiten crear canciones que no aspiran a cambiar al mundo, pero que proporcionan “tonalidades para sobrevivirlo”, como afirma en uno de los diálogos. La travesía dylaniana por los sonidos y ambientes de esos años de cambios culturales profundos en la vida social y política americana le permiten sumergirse en las aguas profundas de sus impulsos creativos. “Girl From the North Country”, “Blowin´ in The Wind”, “A Hard Rain´s A-Gonna Fall”, “Don´t Think Twice, It´s All Right”, y pocos años, después “Like a Rolling Stone” (que aparecerá por primera vez en el disco Highway 61 Revisited, de 1965), son los emblemas que marcarán para siempre el mapa de las contribuciones de Dylan al folk, al blues y al rock. Justamente una de las líneas de esta última canción (…like a complete unknown/like a rolling stone…) es el que inspira el título de la película dirigida espléndidamente por James Manglod. Quizá el momento más importante de la cinta es justamente el del rompimiento con el movimiento folk del cual se había inspirado en su adolescencia y primera juventud. Ese momento es el que ocurre en 1965 cuando se celebra el tradicional festival de música folk de Newport, que congregaba a las vacas sagradas del género de la época (Joan Baez, Pete Seeger, Johnny Cash), y organizado por la corriente más purista de ese movimiento de guitarras acústicas, armónicas y banjos, contraria a la invasión del rock gobernada de manera bastarda por baterías, sintetizadores y guitarras eléctricas. Contra el sentido común y a pesar de los acuerdos pactados con los organizadores del evento, Dylan, con guitarra eléctrica en la mano, y enfrentando las protestas de los organizadores y los abucheos de los asistentes, invita al baterista Sam Lay, al guitarrista Bloomfield y al tecladista Kooper a subir al escenario para interpretar sus canciones con un nuevo sonido que fusiona el folk con el blues y el rock. Dylan, el alquimista, había nacido, Próximo a cumplir 84 años, padre de seis hijos con esposas diferentes, el joven nacido en Duluth Minnesota es hoy un anciano que todavía escribe y canta canciones propias y ajenas, y que se mantiene en forma ofreciendo algunos conciertos por aquí y por allá como parte de su Never Ending Tour iniciado a finales de los años ochenta. Su disco más reciente, Shadow Kingdom, publicado en 2023, incluye la reinterpretación/reinvención de algunas de sus viejas canciones como ejercicios de memoria y registros de los fuegos y cenizas que ha dejado a lo largo de casi siete décadas de trayectoria. A Complete Unknown, es parte de la historia fascinante de un músico que, más allá de la fama, la fortuna y de muchos los premios y reconocimientos acumulados a lo largo de los años (que incluyen varios doctorados honoris causa y el Premio Nobel de Literatura en 2016), encontró finalmente lo que buscaba a los veinte años de edad: componer canciones y ganar lo suficiente para vivir de ellas.

Thursday, February 06, 2025

ANUIES: 75 años

Diario de incertidumbres ANUIES: 75 años Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 06/02/2025) https://suplementocampus.com/anuies-75-anos/ Este año se cumplen 75 años de la fundación de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES). Son tres cuartos de siglo de una organización dedicada a la promoción de diversos asuntos relacionados con el desarrollo de la educación superior en el país. Se trata de un momento relevante para destacar los logros y las aportaciones de la Asociación al crecimiento de la educación terciaria en las escalas nacional y subnacionales, pero también una oportunidad para identificar los déficits y los futuros de la educación superior en un contexto extraordinariamente complejo, donde los retos y desafíos se multiplican de manera acelerada. El propósito original que explica el surgimiento de la ANUIES fue el de compartir las experiencias que diversos rectores de universidades públicas habían acumulado en la gestión de sus respectivos asuntos institucionales. Con esa intención, en 1940, un puñado de rectores se reunieron en la Ciudad de México para formar un espacio denominado “Asamblea Nacional de Rectores” (ANR) como un esfuerzo de organización cuasi-corporativa que permitiera a sus miembros examinar los principales problemas de las universidades públicas del país, a la vez que formular acuerdos, recomendaciones y propuestas de solución a los mismos. Diez años después, en la primavera de1950 en la Universidad de Sonora, y luego de cinco reuniones previas celebradas entre 1940 y 1948 en las sedes de diversas universidades públicas (Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, San Luis Potosí, Oaxaca), la ANR se transformó en la actual ANUIES. Eran los tiempos de la política de unidad nacional promovida por el gobierno del presidente Miguel Alemán, y los inicios del llamado “milagro mexicano” que se extendería hasta los inicios de los años setenta. En ese contexto, la ANUIES ya no se trataba solamente de una suerte de “Club de Rectores” con propósitos reflexivos, sino de la representación de una idea política sobre las políticas públicas de la educación superior. Esta representación exigía un nuevo perfil organizativo y político de la naciente Asociación. Ya no bastaba platicar regularmente sobre los asuntos comunes de las 26 universidades e instituciones que conformaban la membresía inicial de la ANUIES en 1950, sino de impulsar estudios e información pertinente para examinar los problemas de la expansión y el desarrollo de la educación terciaria en el país. Ese giro en la forma de representación de la Asociación requería esfuerzos para su legitimación política y el reconocimiento institucional del gobierno nacional y los gobiernos estatales, y del compromiso de la propia ANUIES para apoyar y promover políticas federales, acuerdos y programas sectoriales dirigidos al mejoramiento de las condiciones de desempeño de la educación superior en todo el país. Las prácticas de negociación y cabildeo se incorporaron al nuevo perfil de la organización. Este perfil ha sido acompañado por múltiples esfuerzos dirigidos a mejorar la influencia e impactos de la organización en el desarrollo de la educación terciaria. Algunos de ellos fueron recomendaciones o apoyos para la creación de nuevas universidades e instituciones de educación superior como la UAM, la UACJ, la UABCS, o el Colegio de Bachilleres en la década de los setenta. Asimismo, se apoyaron o impulsaron iniciativas como el diseño del Sistema Nacional de Planeación Permanente de la Educación Superior (SINAPPES) en los años ochenta, la formulación de programa sectoriales como el PRONAES o el PROIDES en los ochenta y noventa, así como los programas de apoyos financieros extraordinarios a las universidades públicas federales y estatales en los años noventa y las dos primeras décadas del siglo XXI. Pero es quizá en el campo del conocimiento e información sobre complejidad de los problemas de la educación superior donde descansan algunas de las aportaciones más significativas de la Asociación al desarrollo de las políticas de educación terciaria. La creación de fuentes estadísticas sistemáticas y confiables como los “Anuarios estadísticos” que se publican desde los años setenta, o las colecciones especializadas de libros (“Biblioteca de la Educación Superior”, “Temas de Hoy”), de artículos, ensayos y reseñas (“Revista de la Educación Superior”), o la serie de documentos y publicaciones institucionales que contienen propuestas y recomendaciones que cada seis años la Asociación elabora para tratar de incidir en el diseño e implementación de políticas gubernamentales dirigidas al sector, constituyen algunos de los logros más relevantes en sus primeros 75 años de existencia. Esta trayectoria no esconde las tensiones, ambigüedades y conflictos que ha enfrentado la Asociación a lo largo de todos estos años. Al configurarse como una organización híbrida que combina funciones de cabildeo de los intereses de sus miembros con funciones de promoción e implementación de políticas y programas federales, ANUIES desempeña un papel importante en la gestión de los asuntos públicos del sector. Sus relaciones de cooperación y cabildeo con diversas administraciones federales o estatales en la era de la alternancia política en el poder, sus problemas de financiamiento en tanto asociación civil que recibe fondos públicos, o los complejos condicionamientos políticos tanto internos como externos, forman parte de esa larga trayectoria de luces y sombras de su vida político-institucional. Hoy, cuando casi 300 universidades e instituciones de educación superior tanto públicas como privadas conforman la membresía institucional de la Asociación, y donde los temas de la calidad, equidad y cobertura han sido transformados por las exigencias de austeridad, gratuidad y universalización de la educación terciaria, la ANUIES requiere de un esfuerzo intelectual y político dirigido a la construcción de una nueva agenda política y de políticas que mire hacia un futuro habitado por las sombras de la incertidumbre y la confusión. Esa agenda está determinada por el contexto y las herencias de las políticas del pasado remoto y reciente. A mitad de la tercera década del siglo XXI, el sistema de educación superior es un conglomerado masificado, diverso y heterogéneo de más de 3 mil establecimientos públicos y privados de educación superior donde estudian casi 5 millones de estudiantes y trabajan alrededor de 450 mil profesores e investigadores. El documento titulado Compromiso común por el futuro de la educación superior en México. Trazando una ruta a 2030, publicado por la ANUIES el año pasado, es un intento dirigido a imaginar un futuro posible para el sector, y cuyo contenido, alcances y limitaciones comentaremos en una próxima colaboración.