Thursday, September 17, 2026

Autonomias universitarias

Diario de incertidumbres Autonomías universitarias: historia y política Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 17/09/2026) https://suplementocampus.com/autonomias-universitarias-historia-y-politica/ El principal logro institucional de las universidades públicas mexicanas en el siglo XX fue la conquista de su autonomía. En tanto idea rectora traducida como derecho, facultad o atribución legal reconocida por el Estado, la autonomía fue una decisión política que ha tenido efectos en las políticas de educación superior diseñadas e implementadas a lo largo de más de un siglo tanto a nivel federal como en los ámbitos estatales. Conviene enfatizar que la idea de la autonomía es una noción estrechamente vinculada a la idea de la libertad de enseñanza e investigación. No obstante, las fórmulas de vinculación varían de acuerdo con las “traducciones institucionales” que ocurren en cada caso. La autonomía tiene que ver con el autogobierno universitario; la libertad académica con las prácticas que caracterizan el desempeño de profesores e investigadores en sus relaciones con las comunidades estudiantiles en los diversos campos y disciplinas del conocimiento y la formación profesional. Autonomías y libertades tienen límites difusos, pero distinguibles: una es de carácter político-institucional, ejercida por los órganos colegiados de gobierno; otra es de carácter académico, ejercida por individuos y grupos que cristalizan las prácticas de docencia, investigación y difusión. No obstante, en el caso mexicano, los orígenes, significados e interpretaciones de las fronteras de la autonomía no son homogéneos en las 36 universidades públicas federales y estatales que hoy existen en el país. Por sus historias y contextos específicos, pueden distinguirse diversos tipos de autonomías en las trayectorias sociohistóricas de cada universidad. Bajo esta premisa, pueden identificarse tres tipos de autonomías: la política, la académica y la organizacional. Esta distinción se basa no solo en los enunciados normativos de cada universidad (leyes orgánicas) y sus diversas reformas a lo largo del tiempo, sino sobre todo en la configuración sociológica (relaciones entre actores, estructuras, procesos) de las prácticas institucionales de gestión de las autonomías. Los tres tipos autonómicos propuestos configuran dimensiones o esferas de las diversas autonomías universitarias. Pueden existir casos de autonomías de organización y académica basadas en el principio de la libertad de cátedra y de investigación que no requieren necesariamente de la autonomía política institucional, es decir, del autogobierno. Pero el autogobierno supone un grado mayor de libertades y atribuciones universitarias para su autoorganización administrativa y académica, pues ello implica procesos decisionales vinculados a la participación de las comunidades estudiantiles y académicas en la deliberación de diversos asuntos universitarios a través de los órganos colegiados de gobierno distribuidos a lo largo y ancho de las estructuras de las universidades públicas. Son los cambios en los entornos universitarios los factores causales que se constituyen en la fuerza motriz de las reformas en las autonomías universitarias observadas en los últimos cien años. Los movimientos estudiantiles de comienzos del siglo XX, los procesos de sindicalización del profesorado universitario de los años setenta y ochenta, los cambios introducidos por las políticas de modernización, evaluación, acreditación y aseguramiento de la calidad de los programas académicos universitarios, o las reglas del financiamiento público ordinario y extraordinario hacia las universidades ocurridas a finales del siglo pasado y durante el primero cuarto del siglo XXI, constituyen algunos de los principales factores de causalidad de las transformaciones de las prácticas de la autonomía universitaria que dieron origen a reformas discretas o amplias en los comportamientos institucionales del gobierno, la gobernanza y la gestión de las autonomías. Las primeras universidades de carácter público del siglo XX mexicano fueron diseñadas como instituciones con autonomía académica y organizativa pero no con autonomía política, es decir, con la capacidad de autogobernarse, cuya decisión más importante es el nombramiento de sus rectores y directivos. Es el caso de la propia Universidad Nacional de México (1910), la Universidad Michoacana (1917), la Universidad de San Luis Potosí (1923), o la Universidad de Guadalajara (1925). Estas universidades conquistaron la autonomía política varios años después, mediante movilizaciones estudiantiles (como en el caso de la Nacional en 1929, 1933, y 1945), o por la negociación entre las comunidades universitarias con gobiernos locales, como la U. de San Luis Potosí (1934), la Michoacana (1920), y de manera mucho más tardía, la U de G (1994). Una segunda ola de universidades públicas estatales representa con claridad los modelos autonómicos universitarios. Entre 1930 y 1950 se crean tres universidades públicas estatales con autonomía académica y organizativa, pero sin autonomía política. Son los casos de las universidades de Sonora (1938), Veracruz (1944) y Guanajuato (1945). En ese lapso, se crea también el Instituto Politécnico Nacional en 1937, como institución federal no autónoma y proyecto emblemático del gobierno cardenista en la educación tecnológica no universitaria. Una tercer ciclo o etapa cubre el período 1950-1970, donde se crean la mayor parte de las universidades públicas contemporáneas del país. En ese lapso, se establecen 16 universidades estatales, algunas con autonomía política desde el principio y otras de manera fáctica o tardía. Durante la primera década (1950-1960) se incluyen las Autónomas de Puebla, Oaxaca, Baja California, Chihuahua, Tabasco, Estado de México, Tamaulipas y Durango, En la década siguiente, (1960-1970), se establecen otras 7 universidades públicas en Guerrero, Sinaloa, Zacatecas, Campeche, Hidalgo, Morelos y Colima. Entre 1970 y 1980, se fundan diez universidades más en el territorio nacional. Siete son universidades estatales en Tlaxcala, Aguascalientes, Baja California Sur, Chiapas, Ciudad Juárez, Coahuila y Nayarit, y tres universidades federales: las Universidades agrarias Antonio Narro en Coahuila, y Chapingo en el Estado de México (ambas con el importante antecedente de la Escuela Superior de Agricultura Hermanos Escobar, fundada en 1906 y clausurada en 1993 en Ciudad Juárez, Chihuahua), y la Universidad Autónoma Metropolitana en la capital del país. En la década siguiente y hasta el cierre del siglo, sólo se crearán dos universidades estatales más en Yucatán (1984) y en Quintana Roo (1991). Con ello se configuró la actual estructura republicana de universidades públicas distribuidas en todo el país.

Thursday, September 03, 2026

Diletantes digitales

Diario de incertidumbres Diletantes digitales Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 03/09/2026) https://suplementocampus.com/diletantes-digitales/?awt_a=rhgk&awt_l=CTLQm&awt_m=g3krXZfKfp7utgk&utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=campus-1153&utm_content=acosta-diletantes A la memoria de Roberto Rodrìguez Uno de los fenómenos surgidos con la modernidad es la aparición de la figura del diletante, ese tipo de comportamiento que encarna en individuos (hombres, mujeres) que suelen desarrollar aficiones o interés por varias cosas al mismo tiempo. El auge del enciclopedismo en los siglos XVIII y XIX, el incremento de la escolarización masiva en el XX, o la profesionalización de las ciencias y las artes en los últimos dos siglos, son algunos de los factores causales que configuran los antecedentes de las versiones contemporáneas del diletantismo en el siglo XXI. Junto con la figura del flâneur -el paseante que observa con curiosidad lugares, prácticas y símbolos del mundo urbano-, el diletante digital es la expresión màs refinada de la modernidad occidental globalizada y fragmentada, reflejada en las pantallas de dispositivos electrónicos gobernados por algoritmos. Hoy, con el auge de internet, los recursos digitales y la explosión de la inteligencia artificial y las realidades virtuales, se ha ampliado y profundizado el acceso a muchos temas y objetos de interés de las nuevas generaciones. Videojuegos musicalizados por bandas sonoras extraídas de los años sesenta y setenta, películas y series de televisión, el auge de la moda vintage, el predominio de plataformas como Facebook, Instagram, X, y una multitud de opciones similares, configuran sistemas de estímulos, espacios y herramientas para el desarrollo de actitudes diletantes de muy diverso tipo y complejidad. En la era de los algoritmos, la economía de la atención gobierna el mundo virtual encadenando y multiplicando las posibilidades de navegaciones instantáneas en el horizonte (casi) infinito de la información acumulada en la red. En esas circunstancias, los comportamientos humanos mezclan diversos tipos de diletantes digitales. Los concentrados (o atrapados) en el uso de las redes, que desarrollan en ocasiones hábitos adictivos en ciertos temas; los que siguen las expresiones de violencia y sangre que ocurren en todo el mundo; los que cultivan el interés por ciertos oficios y profesiones; los que se vuelcan al seguimiento de los dichos y hechos de famosos o los que aspiran a serlo: influencers, cantantes de moda, futbolistas, empresarios. La autoridad estética, intelectual y política se ha dispersado en las redes, desvaneciendo y multiplicando de manera confusa y contradictoria los códigos del saber y del poder entre los millones de consumidores de imágenes, palabras y sonidos que albergan cada minuto los grandes contenedores de información que distribuyen “contenidos” en las redes. Entre robots y humanos se establecen relaciones curiosas. Los teléfonos inteligentes se han convertido en armas y refugios, en juguetes y fuentes de sabidurías instantáneas, oráculos de luz, bibliotecas portátiles, tarjetas de crédito, cámaras que almacenan música, fotografías y videos, cuadernos de apuntes, mapas y calendarios, que lo mismo sirven para consultar horóscopos que para saber la hora o el clima, para comprar comida a domicilio o pagar deudas y realizar compras en plataformas comerciales. También son instrumentos para transacciones bancarias o para el uso eficiente de redes políticas dirigidas a promover ciertas ideas y rumores, mensajes de odio y enaltecimiento de figuras públicas, o redes criminales que roban, secuestran y asesinan. Ya no son sólo objetos para comunicarse con amigos y familiares. Se han convertido en herramientas de uso cotidiano para explorar casi cualquier cosa. En las tierras raras de los diletantes deambulan las sombras silenciosas de individuos conectados permanentemente a redes, con teléfonos inteligentes celosamente guardados en sus bolsillos entre carteras, llaveros y monedas. Son figuras que consumen obsesivamente “datos”, y representan las prácticas socioculturales al uso en la era de la distracción. Para el diletante digital, las fronteras entre lo verdadero y lo falso se evaporan en el consumo incansable de datos: lo que importa es pasar de una pantalla a otra (scrolling) en el menor tiempo posible, navegando entre la basura informativa política y comercial que arrojan cada minuto millones de miles de granjas de bots. Es el humano convertido en herramienta de robots gobernados por grandes empresas y consultores de moralidades elásticas, donde la capacidad reflexiva es un territorio árido poblado de racionalidades contradictorias en línea, un territorio que amplía rápidamente sus fronteras dentro y fuera de los campus universitarios. Doblar de campanas. Esta semana falleció de manera sorpresiva Roberto Rodrìguez Gòmez, compañero de estas páginas de Campus, académico destacado, colega afectuoso, analista lúcido y respetado. Se apaga la voz del mejor pensador de los problemas de la educación superior de los últimos treinta años. Nos hará falta.

Wednesday, September 02, 2026

Poder

Tierras raras Poder Adrián Acosta Silva (Reverso, 02/09/2026) https://reverso.mx/tierras-raras-poder/ En cualquier programa universitario de sociología o de ciencia política se enseña que el poder político no es una cosa sino una relación. Ello significa que los actores protagónicos de la política como espectáculo forman parte de un entramado institucional que, en contextos democráticos, incluye componentes de legitimidad, eficacia y eficiencia, valores como la honestidad, el respeto, la tolerancia, y la capacidad de cohesionar voluntades y prácticas cooperativas entre políticos y ciudadanos. No obstante, las brechas entre estos componentes suelen ser confusas y contradictorias. Las imágenes de políticos altruistas y ciudadanos virtuosos solo caben en la imaginación de los dirigentes y liderazgos políticos, cuyo pragmatismo es el lubricante de la maquinaria institucional. El tiempo y las circunstancias, las creencias y las ideas, la voluntad y la virtud, configuran un territorio donde los comportamientos de las élites políticas se cocinan al fuego lento de presiones, incertidumbres y urgencia de resultados. El largo sainete protagonizado por el gobernador de Sinaloa, Rubèn Rocha Moya, es un magnífico ejemplo de los misterios bufos políticos mexicanos. Un episodio sin moralejas, que se mueve entre las aguas lodosas de la comedia, la farsa y la tragedia. Vínculos de corrupción, narcotráfico y delincuencia organizada flotan en el ambiente político sinaloense desde hace décadas, y en esa atmósfera surgió la figura del exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, con una larga carrera como académico y con un doctorado como su carta de presentación. En 2013 publicó una novela titulada El disimulo: así nació el narco (Editorial GSE) que narra la historia de los personajes de un pueblo de la sierra sinaloense basada en la propia historia de Badiraguato, el lugar de nacimiento de Rocha Moya y el Chapo Guzmàn. Ese libro llamó la atención de Andrés Manuel Lòpez Obrador cuando era dirigente del naciente Movimiento de Regeneración Nacional en 2015, quién invitó a Rocha Moya a construir la nueva organización política en Sinaloa a partir de ese año. Con olfato político admirable, Rocha se subió al tren de la cuarta transformación en un contexto de desgaste de los partidos tradicionales, para ser electo como senador entre 2018 y 2021, y luego gobernador en 2021. Como todos los políticos astutos y pragmáticos, formó alianzas con muchos grupos de poder locales para respaldar sus gestiones como gobernador, hasta los acontecimientos de violencia y sangre que se desencadenaron con la captura del Chapo Guzmàn, el secuestro del Mayo Zambada, y el asesinato de su antiguo compañero de luchas políticas universitarias y extrauniversitarias y luego adversario político (Héctor Melesio Cuèn), quien también fue rector de la UAS. Cercado por sus propios demonios, atrapado por sus compromisos confesados e inconfesables, el Dr. Rocha y el rochismo que representa se acercaron al desfiladero y ahora al abismo político. Abandonado y solitario, sin capacidad de maniobra para restructurar complicidades, alianzas y acuerdos, perdida su legitimidad y autoridad, la figura del gobernador en desgracia es la representación sin disfraces de los límites de la política pragmática que se practica en los pasillos, callejones y sótanos de la república mafiosa. No es, como pregona en estos días de manera insistente la presidenta Sheinbaum, un asunto de responsabilidad personal, un extravío de los principios de la 4T, o una traición a los “compromisos con el pueblo” que lo eligió, argumentos que intentan deslindar al régimen morenista del exrector sinaloense. Es algo más profundo y complejo: la lógica de un sistema de creencias endurecido en el lodazal de las tierras raras de nuestras prácticas políticas, que ha sustituido la política como relación a la política como cosa. Quizá, en estos días aciagos, de pérdidas y lamentos, Rocha y sus aliados se vean en el espejo líquido de las palabras del viejo Hobbes, cuando en los tiempos felices de sus ascensos al poder se percibían a sí mismos como los hombres que disfrutan sus viciosas fantasías presentes esperando realizarlas efectivamente en el futuro, cuando tengan el poder. En Culiacán, ese momento del futuro es ahora parte del pasado inmediato.

Friday, August 14, 2026

Puertas que no abren

Tocar puertas que no se abren: la paradoja de egresados y empleadores Adrián Acosta Silva (Nexos, agosto 2026) https://www.nexos.com.mx/puertas-que-no-se-abren/ Aquí no hay dueño de casa; aquí reina el desorden Antón Chéjov, Un drama de caza Un par de fantasmas recorren penosamente los campus universitarios y sus alrededores: el desempleo y el subempleo de sus egresados. Son fantasmas extraños. Desde hace tiempo, el énfasis puesto en la evaluación de la calidad de los programas universitarios, o el empeño en incrementar el acceso, la inclusión y la equidad a las instituciones de educación superior, desplazaron del centro de la atención pública (y política) el tema de los egresados universitarios. No obstante, con frecuencia se escucha el lamento por la falta de oportunidades de empleo digno y estable de una población altamente escolarizada que enfrenta desafíos persistentes al momento de egresar de programas a los que ha dedicado varios años para formarse profesionalmente, con la esperanza, o la certeza, de mejorar sus presentes y futuras condiciones de vida. El vínculo entre egresados y empleadores en los mercados laborales ha sido objeto de estudios desde finales del siglo pasado. Economistas, demógrafos y sociólogos han abonado numerosos argumentos y perspectivas de análisis para explicar el fenómeno. Algunos ofrecen explicaciones que acentúan la brecha entre la calidad de la formación universitaria y los cambios en el mundo del trabajo como el factor causal más importante del problema de empleabilidad de los egresados. Otras perspectivas sostienen el argumento de que la ausencia o insuficiencia de políticas institucionales que reconozcan el problema es la causa del desempleo o subempleo profesional, lo que afecta las posibilidades de movilidad social ascendente tradicionalmente relacionada con la acumulación de capital escolar de los individuos. Algunos relatos sostienen que el problema se origina en la saturación de los mercados profesionales en ciertos campos formativos, áreas y disciplinas, sobre todo de las ciencias sociales y las humanidades. Otras atribuyen la causa de la falta de oportunidades laborales al origen social, la obsolescencia de los programas de estudios, o a los perfiles y capacidades individuales de estudiantes y egresados. En tono dramático, organizaciones como el Foro Económico Mundial subrayan el impacto que la ciencia de datos o la inteligencia artificial generativa tendrán hacia el 2030 en la desaparición de empleos para ciertas disciplinas (literatura, periodismo, contaduría) debido a las nuevas cualificaciones profesionales relacionadas con la robotización de los procesos productivos en las empresas, según opinan los más de mil empleadores considerados en el reporte (https://reports.weforum.org/docs/WEF_Future_of_Jobs_Report_2025.pdf). En su conjunto, este mosaico de explicaciones al fenómeno ofrece distintos ángulos de observación. No obstante, el problema se incrementa año con año a lo largo del siglo XXI, y no se perciben soluciones estables en el tratamiento de las relaciones entre educación y empleo como un problema sistémico que requiere de decisiones políticas y de política pública. Según el más reciente informe del Observatorio de Políticas de Educación Superior de la UNESCO (https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000398124), no existen datos suficientes para determinar con precisión el índice del desempleo entre los egresados universitarios, dada la diversidad de contextos, campos profesionales y programas de educación terciaria. Aunque es notable el crecimiento de la matrícula de educación superior en todo el mundo (en 2024 se registraron 269 millones de estudiantes de ese nivel), no se tienen datos comparables en cuanto al número de egresados de la educación superior, y menos aún se sabe con certeza el grado del “éxito” o “fracaso” laboral de esos egresados. Factores como el abandono escolar, el rezago acumulado, la rigidez de los programas académicos, el género, la raza, el origen social de los egresados, el tipo de instituciones y programas cursados, o el perfil de empresas y empleadores, configuran los múltiples rostros de la extraordinaria complejidad de esas poblaciones y determinan en grado significativo las posibilidades de sus inserciones laborales tempranas o tardías. Como todo problema complejo, el empleo profesional tiene que ver con los diversos tipos de inserción de los egresados, lo que supone condiciones sociales, trayectorias vitales, contextos laborales, instituciones de egreso, áreas del conocimiento, creencias y estrategias individuales, y oportunidades objetivas para acceder a un empleo satisfactorio al término de los estudios del pregrado o, cada vez más, de posgrado. La obtención de títulos, diplomas y certificaciones es insuficiente para garantizar el acceso a empleos estables y bien pagados que permitan cristalizar expectativas y aspiraciones a sus poseedores. Aunque la escolaridad universitaria marca diferencias significativas en las oportunidades de empleo respecto de quienes no la tienen, la masificación de la educación superior ha generado cambios en la calidad y cantidad de los flujos de acceso a los empleos profesionales. Ello no significa que la masificación sea la causa y el desempleo o subempleo profesional el problema. La causalidad compleja del fenómeno tiene que ver con las transformaciones sistémicas en el propio mercado laboral donde empleadores públicos y privados han generado nuevas exigencias de desempeño que colocan restricciones estructurales al ingreso de poblaciones cada vez más escolarizadas y con mayores expectativas de movilidad social y ocupacional. En esas circunstancias, la retórica del emprendurismo se promueve como el nuevo aceite de serpiente para tratar de remediar los males del desempleo, cuando en realidad los que tenemos es un problema de gobernanza de los mercados laborales profesionales. Según el citado Informe de la UNESCO, ello es resultado del debilitamiento de los vínculos entre el Estado, las instituciones de educación superior y los mercados profesionales. Sin embargo, es una afirmación demasiado general. Existen campos profesionales donde la relación es y ha sido muy fuerte. El campo de las ciencias de la salud, por ejemplo, es un caso de relación históricamente consistente entre los tres componentes citados. Sin embargo, hay un debilitamiento notable en carreas relacionadas con las ciencias sociales y las humanidades, así como en el de ciertos programas de las ciencias económicas y administrativas. Ello ha impulsado la promoción de cambios en las preferencias y opciones profesionales hacia la formación en las denominadas disciplinas STEM (Science, Technology, Engineering and Mathemathics). Paradójicamente, los empleos relacionados con los sistemas de cuidados (educación, atención a los adultos mayores, mantenimiento de infraestructuras domésticas, comerciales e industriales, repartidores) seguirán siendo actividades apreciadas por empresas y empleadores. En México, de acuerdo con datos del Anuario Estadístico 2024-2025 de la ANUIES (https://anuario.anuies.mx), durante ese ciclo escolar egresaron de las instituciones de educación superior un poco más de un millón de estudiantes de todas las modalidades públicas y privadas del sistema nacional. Del total, casi una cuarta parte se ubicaron en dos entidades de la república (Ciudad de México y Estado de México), y otra porción similar se concentró en cuatro entidades más (Jalisco, Nuevo León, Puebla y Veracruz). Es decir, 6 entidades del país concentraron la mitad de la población de egresados de la educación terciaria mexicana. Más de la mitad de esa población son mujeres, lo que confirma la veloz feminización de la matrícula de la educación superior observada desde finales del siglo pasado, que constituye uno de los motores de la expansión del sistema nacional. Si se toma el dato de la matrícula del nuevo ingreso durante el mismo ciclo, se observa la fuerza de esa tendencia hacia el predominio femenino en el acceso a la educación terciaria: casi 6 de cada 10 nuevos ingresos son mujeres, lo que indica el proceso de “des-masculinización” de la educación superior, que seguramente incrementará el peso diferenciador de las mujeres en el egreso en los próximos años. La apuesta a las micro-credenciales, estrategias de educación a lo largo de la vida, formación dual, revaloración de los oficios, innovaciones pedagógicas, incorporación de la inteligencia artificial generativa en las formaciones técnicas o profesionales universitarias y no universitarias, forman parte de las propuestas que se ensayan para mejorar el atractivo de la educación superior para las nuevas generaciones de estudiantes y futuros egresados. El Programa Nacional de Educación Superior 2026-2030 del gobierno federal (https://educacionsuperior.sep.gob.mx/programas/programa-nacional-de-educacion-superior),contempla parte de esas acciones, e incluye la instrumentación de un sistema nacional de seguimiento de egresadas y egresados de la educación superior para identificar los problemas de sus trayectorias laborales después de sus estudios profesionales, una herramienta que puede aportar datos relevantes sobre las estrategias y oportunidades de los procesos de inserción laboral, y de las causas del desempleo o subempleo profesional. Mientras tanto, miles de jóvenes graduados seguirán tocando puertas que no se abren, aguardando oportunidades imaginarias en condiciones de incertidumbre, reservando decisiones vitales que dependen de situaciones reales. Son escenarios de egresados buscando empleo con empleadores que no los contratan. Representaciones de una paradoja sin moralejas.

Thursday, August 13, 2026

Grietas en la oscuridad

Diario de incertidumbres Luego del examen: grietas en la oscuridad Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 13/08/2026) https://suplementocampus.com/luego-del-examen-grietas-en-la-oscuridad/ La crisis activada por los resultados de examen de admisión en la UNAM tiene múltiples lecturas técnicas y políticas. Muchos especialistas han señalado las fallas en la supervisión y las complejidades asociadas al ejercicio de las miles de pruebas virtuales que aplicó la Nacional para el proceso de admisión, que apuntan hacia una complicada combinación de debilidades técnicas en el diseño, vigilancia y supervisión de la prueba, con las limitaciones y estrategias utilizadas por decenas de aspirantes para burlar los dispositivos de control y responder a los reactivos con ayuda de herramientas de inteligencia artificial, acordeones bajados de la nube, o asesorías de terceros presenciales o remotos. La creación de una comisión de especialistas convocada por el Rector Lomelí para enfrentar la crisis fue una respuesta institucional rápida y adecuada para enfrentarla, y una clara señal de la autonomía de la universidad para gestionar sus problemas institucionales. La credibilidad y el prestigio de la UNAM estaba en entredicho. En pocos días, la Comisión cumplió su encargo y, como se sabe, recomendó la aplicación de una “prueba de control” de carácter presencial a más de 50 mil aspirantes, lo que provocó, como era de esperarse, diversas reacciones entre las y los jóvenes que presentaron su prueba virtual. Las causas y el origen de los fallos en el examen masivo aún están por esclarecerse. Los efectos de la crisis tuvieron repercusiones internas. La secretaria general de la UNAM presentó su renuncia, y el contrato con la empresa Territorium Life (responsable del diseño y validación de la prueba) fue cancelado, y se han anunciado varias auditorías para establecer que sucedió con el sistema empleado por esa empresa. A pesar de la pertinencia, velocidad, contundencia y fuerza pública de estas decisiones, la imagen de la Nacional quedó dañada, y el impacto de las limitaciones y efectos no deseados de las pruebas robóticas en los procesos educativos quedó marcado en la memoria de medios y redes. En las próximas semanas, las lecciones, debates y reflexiones derivadas de los hechos, seguramente alimentarán nuevas perspectivas sobre las potencialidades y limitaciones de la aplicación de las herramientas virtuales en las políticas institucionales asociadas a la educación superior. Para no pocos críticos habituales de las universidades públicas, el hecho mostró las debilidades institucionales para prevenir comportamientos anómalos de estudiantes, directivos y profesores. Para otros, los déficits éticos de las conductas tramposas de algunos aspirantes a ingresar a las carreras más prestigiadas de la UNAM (medicina, derecho, contaduría) son producto del deterioro de la cultura cívica y del sistema educativo nacional. Para algunos más, las pruebas son mecanismos injustificables de exclusión deliberada de los sectores más pobres y vulnerables de los jóvenes mexicanos para el acceso a las universidades públicas. Es curioso, o paradójico, que, desde las derechas privatizadoras hasta las izquierdas populistas, la UNAM y las universidades públicas autónomas en general son, han sido y seguramente seguirán siendo objeto de críticas y descalificaciones por sus procesos, estructuras y resultados. No obstante, el desarrollo de políticas de admisión que combinen exigencias basadas en puntajes y méritos académicos de los aspirantes, con los deseos de las y los jóvenes, y con capacidades institucionales objetivas en términos de suficiencia y calidad para seleccionar a los aspirantes, es siempre una ecuación complicada para distribuir suficientes oportunidades en las diversas disciplinas profesionales, y exige la renovación de herramientas virtuales y controles presenciales que permitan establecer con claridad la gestión de las miles de solicitudes que cada año se realizan en el ingreso a las universidades públicas federales y estatales. Lo que puede advertirse en el centro de la tormenta mediática, técnica y política desatada por el examen de admisión, es la tensión entre el ejercicio de la autonomía universitaria en situaciones de conflicto y crisis, y la heteronomía deseada por actores internos y externos a la UNAM. Las crónicas debilidades presupuestales, el escepticismo de las elites de derechas e izquierdas (tradicionales y emergentes) sobre la racionalidad autonómica universitaria, o las descalificaciones sobre cualquier intento de reforma universitaria impulsada por sus autoridades con las limitaciones, ambigüedades y fortalezas propias del gobierno colegiado que caracteriza la autonomía de la universidad, sean utilizadas para descalificar y denostar la imagen y las prácticas universitarias. Las acusaciones de “sistema enfermo”, “corrupción acumulada”, “elitismo disfrazado”, “burocracia irreformable” se han multiplicado en el paisaje mediático de estos días agitados dentro y fuera de la UNAM, y se han replicado con diversa fuerza e intensidad en los campus de las universidades públicas autónomas federales y de los estados. Hoy como ayer, rudos y técnicos reaparecen en la arena del debate universitario, poblando el escenario de lenguajes, símbolos y acciones que colocan en el centro la discusión sobre la naturaleza misma de la autonomía universitaria en tiempos de cólera. Como en otras ocasiones, la “crisis de las pruebas” es uno más de los episodios institucionales que enfrenta la UNAM en su historia reciente. La reflexión, el debate crítico, la revisión y ajuste de políticas y acciones institucionales propias de un gobierno colegiado son las herramientas más poderosas de la autonomía universitaria contemporánea para gestionar sus crisis. Resistir los embates ideológicos, los rencores políticos y los escepticismos acumulados en sus entornos, es el desafío fundamental de la UNAM y las universidades públicas para defenderse de sus enemigos. Para quienes afirman que la inteligencia artificial es un lugar sin límites, el episodio de crisis es una oportunidad valiosa sobre los aprendizajes institucionales que se pueden (y deben) extraer en torno las limitaciones prácticas y los efectos perversos y no deseados de la inteligencia artificial aplicada a los procesos educativos universitarios. Son imágenes de grietas en la oscuridad, pequeños espacios donde siempre se puede filtrar la luz.

Saturday, August 01, 2026

Rutinas

Tierras raras Rutinas Adrián Acosta Silva (Reverso, 31/07/2026) https://reverso.mx/tierras-raras-rutinas/ “Rutinas: esas grandes desconocidas de la historia”, escribió hace tiempo el historiador francés Fernand Braudel (1902-1985). La frase alude a la importancia del estudio de las prácticas habituales, cotidianas, que realizan individuos, grupos y clases sociales para la comprensión de las estructuras y coyunturas de las vidas públicas y privadas en diferentes contextos históricos. La hechura de rutinas como mecanismo de estabilización del orden social que representan sus instituciones formales e informales, sus rupturas y cambios como parte de las adaptaciones prácticas de los individuos a entornos de incertidumbre y confusión que gobiernan el horizonte vital de hombres y mujeres de todos los tiempos. Las rutinas no gozan de buena fama, pues suelen ser vistas como sinónimo de repetición y aburrimiento. Pero las rutinas reflejan el poder de las circunstancias. Obedecen a la importancia simbólica y práctica de imprimir sentido a lo que hacemos todos los días. Por ello se vuelven parte de nuestra colección de trivialidades existenciales, usos y costumbres que se invisibilizan a través del tiempo, y su importancia sólo se aprecia en momentos críticos: un accidente, la muerte de un ser querido, una guerra, una enfermedad, una ruptura amorosa, crisis económicas o políticas que afectan las vidas de individuos y sociedades. Sin embargo, el peso de las rutinas es distinto para hombres y mujeres, dependiendo del azar, el origen social o las circunstancias. La división sexual del trabajo determina en buena medida el tipo de rutinas que realizan, y muestra las estructuras de la desigualdad social expresadas en prácticas individuales e imaginarios colectivos. Pero son las cosas que hacen todos los días las que determinan el peso específico de las desigualdades de género o de clase. La historia del presente es una de las corrientes que se han desprendido del estudio de las rutinas en la estructuración del orden social. Las rutinas políticas, por ejemplo, descansan en una serie de supuestos éticos, normativos y prácticos que hacen posible la negociación de acuerdos y la solución más o menos pacífica de los conflictos, esos componentes básicos de las repúblicas mafiosas contemporáneas, democráticas o no. Formar o afiliarse a un partido político, promover ciertas ideas e intereses, participar en procesos electorales, apoyar a un candidato, seguir a un líder, alcanzar un puesto público: actividades sujetas a rutinas y reglas de actuación estructuradas por creencias profundamente enraizadas en contextos sociales. También existe su némesis: la indiferencia. Los casos más representativos son Ulrich, el personaje central de El hombre sin atributos, de Musil, o Bartleby, el personaje del relato de Melville. “Preferiría no hacerlo” como frase central de un manifiesto silencioso a la indiferencia, la forma más contundente de rebelión contra las rutinas, dicha con parsimonia, sin mayores explicaciones ni justificaciones, apartándose de la dictadura de las obligaciones rutinarias. El minúsculo placer de imponer el logro racional sobre la lógica costumbrista, en una era en que activismos furiosos de distinta naturaleza y alcances exigen con energía compromisos morales a favor de cualquier causa imaginable.

Thursday, July 30, 2026

Libros por todos lados

Diario de incertidumbres Libros por todos lados Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 30/07/2026) https://suplementocampus.com/libros-por-todos-lados/ Una nota periodística publicada hace unas semanas informa sobre la demanda de desalojo que un arrendador exigió al inquilino de un departamento de su propiedad, situado muy cerca de Central Park en Nueva York (https://www.lavanguardia.com/internacional/20260715/11592388/siempre-leyendo-desahuciado-piso-nueva-york-acumular-10-000-libros.html). El pleito es uno de los muchos que ocurren cotidianamente en la gigantesca metrópoli en las zonas habitacionales más codiciadas y caras de la ciudad. El motivo de la demanda es lo curioso del asunto: la enorme cantidad de libros que el inquilino ha acumulado y que, a juicio del dueño, representan “inminentes” riesgos de incendio y daños a su propiedad y al propio edificio. Según el reclamo del demandante, se estima que los más de 10 mil libros acumulados en los 56 metros cuadrados del departamento pesan entre 3 y 10 toneladas, lo que pone en riesgo la seguridad del inmueble. El inquilino, un joven escritor y traductor judío de 31 años, ha entablado un litigio de protección a sus derechos, argumentando que los libros forman parte de su existencia, y que no puede vivir sin ellos (“siempre estoy leyendo”; “los libros son mis manuales para la vida”). En un entorno doméstico sin mobiliario y donde miles de ejemplares han sido colocados hasta en el baño y en la cocina, el bibliófilo/bibliómano duerme en un pequeño espacio en el suelo, siempre, según dice, “con un libro entre las manos”. El asunto está en tribunales. El caso ilumina un tema pertinente en los tiempos de la transición de los libros de papel a los libros digitales, y de los problemas de quienes, por amor a los libros, por su oficio o profesión, prefieren la compra de libros de papel a los libros de luz. Comprar y acumular libros representa una práctica adictiva, asociada a diferentes razonamientos y emociones. El placer o la obligación de la lectura es un hábito enraizado entre individuos muy diversos, que se asocia comúnmente a ciertos rasgos básicos: escolaridad universitaria, tradición familiar, entornos que comparten con individuos similares, profesiones u oficios ligados a la divulgación cultural, la hechura de proyectos culturales, la enseñanza o la investigación. La cultura libresca es un rasgo asociado también en distintos momentos e intensidades a la autoridad, el privilegio y el poder. Por ello, también constituyen una fuente histórica del poder social de las universidades medievales, modernas y contemporáneas, donde cientos o miles de ejemplares eran resguardados celosamente en las bibliotecas de seminarios, claustros y escuelas. Hoy, los repositorios digitales coexisten en la nube con los recintos bibliotecarios tradicionales de los campus universitarios. No pocos intelectuales, escritores y académicos suelen aparecer en imágenes rodeados de libros como evidencias de prestigio y autoridad. El aura del libro como fetiche y fuente de sabiduría traducida en poder, es utilizado con frecuencia en el teatro, en películas y series de televisión, donde los personajes de actores y actrices se acompañan de escenas con bibliotecas repletas de libros de utilería como respaldo a la imagen de conocimiento que irradian libros cuidadosamente ordenados en estantes, como parte del paisaje escenográfico de las obras. A la sombra de los libros se establecen relaciones prácticas o imaginarias entre capital, poder y cultura. Comprar y acumular libros supone invertir pequeñas o grandes fortunas para hacer de la lectura un hábito civilizatorio, un pretexto para la conversación, una herramienta de trabajo, o un recurso para la contemplación solitaria o la interacción social. Los libros son la “memoria vegetal” de la que hablaba Umberto Eco, una colección de obras que alimentan la biblioteca personal como proyecto de lectura a que se refería Borges, o simplemente la oportunidad de tachar, anotar, releer estilos, ideas, relatos, frases que quedan marcadas en la memoria de sus lectores. Los libros son espacios para la imaginación y la reflexión, combustible de tinta y papel para la exploración de temas y perspectivas, sembradíos de dudas, bazar de asombros o fuentes inagotables de interrogaciones. Tal vez esas son tal vez algunas de las razones que explican la compulsión acumuladora de libros como la que representa el hombre que vive sepultado entre paredes y montículos de libros en Nueva York. Son las voces de libros que llaman a sus lectores, el canto de sirenas que los seduce y atrapa una y otra vez. Y son las voces que probablemente escuchan otros individuos en muchos otros lugares, en distintas escalas y volúmenes, que viven en alguna ciudad o pueblo de México, o en Praga, Viena, Estambul, Bogotá o Buenos Aires. Los libros como mapas del mundo personal, como riesgos incendiarios, como llamados irresistibles, o como intuiciones gobernadas por el libre albedrío. Son algunas de las distintas caras del poder de los libros.