Thursday, July 02, 2026
Futbol
Tierras raras
Futbol
Adrián Acosta Silva
El mundial del futbol que se desarrolla en el verano cada cuatro años es un circo de varias pistas. Es, al mismo tiempo, un negocio, un espectáculo y un deporte que captura la atención de las masas por diferentes razones y circunstancias. Aficionados, empresas, clubes, promotores, jugadores, entrenadores, directivos y gobiernos nacionales y locales configuran una gigantesca maquinaria dirigida desde hace décadas por la FIFA, una organización cuasi-mafiosa que determina las reglas, condiciones y beneficios públicos y privados de los involucrados. Son componentes de la lógica del capitalismo deportivo que ha penetrado el mundo del entretenimiento futbolero.
Lo que vemos en estos días en los estadios mundialistas de México, Canadá y los Estados Unidos es la representación de los intereses comerciales, deportivos y políticos que están detrás de un deporte de masas profundamente enraizado entre niños y jóvenes, y cuya práctica se transmite de generación en generación desde hace más de un siglo. Como todo deporte masivo, el futbol es un campo de ilusiones, cuya magia se descubre en las calles de barrios y colonias, en campos deportivos empastados o polvorientos, en los patios escolares, en los jardines de un parque cualquiera.
El carácter popular de las prácticas futboleras ha alimentado el interés por su organización y beneficios económicos, y los eventos mundialistas son la expresión más clara de cómo los deportes masivos son fuentes de explotación comercial de grandes dimensiones. Televisoras, plataformas digitales, empresas de refrescos, de cervezas y de comida rápida, casas de apuestas que alimentan prácticas de casino, han convertido a los estadios en gigantescos escaparates que promueven y financian el consumo, mientras gobiernos, empresas y la propia FIFA se benefician de la acumulación de las emociones y entusiasmos populares y los réditos políticos y económicos que se extraen o pueden extraer de ellas.
En Guadalajara, fiesta y espectáculo se combinaron durante tres semanas para enmarcar las relaciones entre política y negocios que tienen un balón como símbolo. Mientras el estadio se llenó cuatro veces para albergar otros tantos partidos de selecciones nacionales, el gobierno emecista desplegó sus cálculos e instintos políticos-empresariales para aprovechar el momento y organizó con recursos públicos conciertos masivos en la Minerva para promover a algunas glorias municipales que han alcanzado cierta fama internacional.
Más allá de los gustos musicales, referencias deportivas y cálculos político-empresariales del mundial y sus eventos (Fan Fest, conciertos, celebraciones), el evento mostró los usos políticos y económicos de la explotación de los sentimientos futboleros en el siglo XXI. Mientras miles de aficionados se divertían en estadios y calles tapatías, los directivos de la FIFA, empresas y gobernantes locales disfrutaban de los beneficios obtenidos: dinero, popularidad, entusiasmos de ocasión que opacaron fugazmente problemas sociales que no se resuelven en un partido ni se disuelven en una fiesta. La música de las emociones y el desmadre colectivo como parte del paisaje que adorna el sonido metálico del show-bussines entre banderas, botargas y rostros pintados amontonados en los estadios y espacios públicos.
El poder de las circunstancias
Diario de incertidumbres
Universidades: el poder de las circunstancias
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 02/07/2026)
https://suplementocampus.com/universidades-el-poder-de-las-circunstancias/
Como sucede tanto en los diversos campos de la acción social como en la esfera de las vidas individuales, las universidades son territorios marcados por el poder de las circunstancias. Ese poder se expresa en el peso específico de dilemas, posibilidades, incertidumbres y restricciones contextuales de diverso tipo y alcances: financiamiento, reconocimientos, oportunidades, apoyos, legitimidad. La vida cotidiana en los campus presenciales o virtuales se despliega entre rutinas y prácticas tradicionales que cambian poco a pesar de las voces que alertan sobre la urgencia de la innovación, la adaptación y el cambio institucional en la era digital.
No es una situación inédita en la historia de las universidades. De hecho, esa coexistencia entre la conservación de prácticas y el deseo de reformas e innovaciones habita el corazón de los procesos académicos que se desarrollan en las aguas profundas de la vida universitaria. Profesores que imparten cursos tradicionales en espacios tradicionales y costumbres al uso, frente a estudiantes tradicionales, curiosos o indiferentes, escuchando y tomando notas, mientras miran sus apuntes o se distraen con el celular. Datos y textos de papel o de luz forman el material sólido de la vida académica, que se discuten con la ayuda de plataformas, pizarrones, proyectores y pantallas que ilustran ideas, perspectivas, fórmulas y esquemas para organizar la reflexión y comprensión colectiva durante un tiempo establecido.
En la era digital, se observa una fiebre por ofrecer o tomar cursos de actualización docente diseñados por autoridades educativas para mejorar las capacidades instrumentales del profesorado, y una mensajería electrónica incesante para convencer a los profesores de reinventar la pedagogía de las enseñanzas y los procesos de aprendizaje. Literacidad, plataformas, usos de inteligencia artificial, nuevos instrumentos, formatos y recursos didácticos, se promueven en los pasillos y auditorios universitarios alertando en tono grave sobre la inminencia del desastre educativo que se avecina si no cambian las prácticas y actitudes académicas tradicionales.
Y, sin embargo, el duende de las rutinas impone el orden en la vida del campus. Pequeños rituales de organización de las actuaciones de profesores, estudiantes y directivos son espejos del peso de las rutinas en la formación de los hábitos académicos y escolares. Seminarios, talleres, laboratorios, coloquios, son espacios de representación de las prácticas escolares que permanecen desde hace siglos en los campus universitarios, aunque cambien los conocimientos, las formas y herramientas que los cristalizan en las diversas disciplinas y campos formativos.
¿Qué es lo que ha cambiado? Las circunstancias. Una parte de ellas tiene que ver con las ideas. En las últimas décadas, las ideas de modernización, evaluación y calidad gobernaron la vida en el campus, aunque sus traducciones prácticas fueron heterogéneas e influyeron con variada intensidad en las rutinas universitarias. Hoy, las ideas de innovación, gratuidad y obligatoriedad se abren paso de manera confusa en entornos dominados por la compleja combinación de la masificación de la educación superior con la ya crónica austeridad presupuestal de las universidades públicas.
La música de plomo de la austeridad obliga a que las prácticas académicas permanezcan entre un profesorado insuficiente y mayoritariamente mal pagado, con infraestructuras que se mantienen con dificultades, y con cambios en las percepciones de las nuevas generaciones estudiantiles sobre el sentido mismo de la formación universitaria y sus propias creencias, deseos y expectativas sobre el futuro. El deterioro de la autoridad del profesor, los abandonos, el rezago y la baja de solicitudes de ingreso a varias carreras universitarias en las instituciones públicas, junto al crecimiento de instituciones privadas que ofrecen programas de bajo costo, alta flexibilidad y corta duración, forman parte de las circunstancias que rodean las rutinas cotidianas de las universidades públicas.
Las alarmas del cambio y las urgencias de movilización institucional resuenan como relámpagos entre las aguas calmas de la vida rutinaria universitaria. Caminar entre los pasillos y jardines del campus, conversar en aulas, cafeterías y cubículos universitarios, leer en silencio, o navegar en las pantallas de las computadoras y teléfonos inteligentes, son hábitos que permanecen entre muchos profesores y estudiantes. Son rutinas que sorprenden a los promotores del innovacionismo digital, esa nueva religión que gobierna el mundo de la política, los negocios y la educación. Para no pocas de estas fuerzas promotoras del cambio, la lentitud de las rutinas universitarias tradicionales puede conducir al abismo de las ruinas institucionales.
A la luz de las circunstancias -que siempre son combinaciones complejas de exigencias de cambio con la permanencia de usos y costumbres endurecidas por el tiempo y la incertidumbre-, en muchos rincones del campus flota la impresión de que el cielo digital puede esperar. La robotización de la educación superior y la gestión institucional de la innovación forman parte de las fuerzas que marcan las tensiones entre las prácticas costumbristas y las fuerzas de la velocidad disruptiva. Tradición y cambio son las dos caras de la moneda universitaria. Parafraseando las palabras (tradicionales) del viejo Serrat: eso puede tener alguna explicación; lo que no tiene es remedio.
Thursday, June 18, 2026
Futbol, masa y poder
Diario de incertidumbres
Futbol, masa y poder: apuntes desde las gradas
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 18/06/2026)
https://suplementocampus.com/futbol-masa-y-poder-apuntes-desde-las-gradas/
1. Mientras transcurre entre aplausos, cánticos y bostezos el mundial de futbol en canchas de México, Canadá y Estados Unidos, el espectáculo consume la atención de medios, aficionados y empresas. La parafernalia y los negocios del futbol se alimentan de las ilusiones de millones de personas que forman masas fugaces encerradas en estadios, a la que se suman multitudes que siguen los partidos en sus casas o en plazas públicas, cines, bares y restaurantes. La imagen hipnótica de 22 jugadores disputando la posesión de un balón es la postal deslumbrante del verano mediático.
2. Practicar ese deporte forma parte de la educación sentimental de muchas generaciones. Supone el respeto de reglas básicas dirigidas a contener y guiar los impulsos, el ejercicio de un código de ética no escrito, poderoso para organizar micro-interacciones sociales, pero también una práctica lúdica de racionalización de rivalidades reales o imaginarias, donde ganar o perder no es lo importante. Lo que importa es el juego mismo, los sentimientos de confrontación de habilidades, competencia, cooperación y solidaridad que se desarrollan en una cascarita o en un partido de liga, con o sin uniformes, con o sin árbitro, en canchas empastadas, de tierra, en el pavimento o en los patios escolares. Para no pocos, practicar u observar un partido es (casi) una experiencia religiosa.
3. La violencia también es parte del juego, el riesgo siempre latente de un deporte de masas. Aparece esporádicamente en el juego mismo o en las gradas de estadios, entre protagonistas o entre espectadores. Ese ingrediente, junto con el sentido cooperativo y civilizatorio de un partido llanero o profesional, configura el corazón secreto del poder del fútbol en las sociedades de masas.
4. La relación entre masa y poder fue objeto de un clásico texto del pensador alemán Elias Canetti, publicado a comienzos de los años sesenta del siglo pasado. Aunque el centro de la atención intelectual de Canetti es la dimensión política de esa relación entre líderes y gobernados, entre individuos y masas, su exploración permite apreciar los varios tipos de masas que se configuran a lo largo del tiempo, en diferentes espacios y circunstancias. “Masas abiertas”, “masas cerradas”, “masas fugaces”, “masas como anillo”, son parte de la clasificación básica que propuso para comprender los diversos códigos y lógicas del comportamiento del poder colectivo, y constituyeron en su momento estimulantes aportaciones para el desarrollo de la sociología del poder en las sociedades contemporáneas.
5. Desde esta perspectiva, las masas que congrega el futbol cabrían en la categoría de “anillo” que propone la clasificación canettiana: masas que se congregan en estadios o arenas, con una “densidad preestablecida” (el límite es el tamaño del estadio que contiene a la masa), en la que miles de seguidores ven de frente o a los lados a otras masas. No obstante, es una densidad que se expande con la elasticidad de los límites. Los medios han trasladado la atención más allá de los estadios para instalarse entre públicos mucho más amplios que siguen con interés tribal el desarrollo de un espectáculo de 90 minutos, con el drama y las rutinas futbolísticas de siempre.
6. Ver un partido significa ser parte de una maquinaria que desde hace tiempo es gobernada por el poder de empresas, clubes de futbol y desde luego por la FIFA. Ello no quiere decir que aficionados y jugadores sean convidados de piedra en el espectáculo, sino conglomerados de individuos que configuran masas heterogéneas, complejas en su composición, intereses y emociones. Si Canetti viviera, tal vez podría ver en estos gigantescos rituales cuatrianuales las pesadas estructuras de economía, política y poder que soportan el peso de masas futboleras que beben cerveza en los estadios.
7. El futbol es una industria que mueve miles de millones de dólares alrededor del mundo. Jugadores y aficionados son productores y consumidores que están en la base de la gran pirámide futbolera, cuyos gerentes y operadores son promotores de futbolistas, empresas automovilísticas, refrescos y cervezas, comida rápida, bancos, casas de apuestas, compañías aéreas, fábricas de uniformes, supermercados, vendedores de golosinas, teléfonos inteligentes, lociones y perfumes, pantallas de alta definición, proveedores de aplicaciones y plataformas digitales. Millones de aficionados coleccionan estampas y álbumes con rostros de jugadores como héroes modernos, similares a santos y dioses paganos.
8. La dictadura de los patrocinadores se impone a todo lo demás. Los relatos de los partidos son una sucesión interminable de anuncios comerciales de duración precisa, administrados velozmente entre tiros al arco, jugadas espectaculares, patadas arteras y, desde luego, goles. Los narradores puedan ser graciosos o aburridos, pero los que importa es que promocionen cosas. En esas circunstancias, el misterio, magia y belleza del futbol y el orden de lealtades que encierra se pierden entre las luces del lenguaje publicitario.
9. Los sentimientos nacionalistas se encienden con nitidez en el futbol. El yo y el otro se disfrazan con camisetas, cánticos, agitando banderas, aplaudiendo, gritando, abucheando. Gobernantes y empresarios explotan esos símbolos entre las masas, procurando diluir temporalmente las fronteras entre gobernantes y gobernados, entre vendedores y consumidores, entonando himnos nacionales y rituales patrióticos. El mundial es ocasión para demostrar la unidad y cohesión de la masa con sus dirigentes políticos y económicos. Ese es el poder del futbol en la sociedad del espectáculo: la ilusión de la fusión.
10. A pesar de su carácter popular, el futbol es una crónica de multitudes que también muestra sesgos de clase, visibles en el consumo de símbolos, ropajes y asistencia a estadios mundialistas. El precio de prendas de marca o de boletos representan los filtros de clase que marcan las gradas en los estadios. Esos sesgos son resultado de la mercantilización que gobierna desde hace décadas la industria futbolera, aunque no borran el entusiasmo que anima a la gran mayoría de aficionados y jugadores de barrio. La fe futbolera de las masas coexiste con las aguas heladas del cálculo egoísta de las élites y sus espejos.
Thursday, June 04, 2026
UNESCO 2026: Una lectura política
Diario de incertidumbres
Informe Unesco 2026: una lectura política
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 04/06/2026)
https://suplementocampus.com/informe-unesco-2026-una-lectura-politica/
El Observatorio de Políticas de Educación Superior de la UNESCO publicó recientemente el Informe mundial sobre tendencias de la educación superior: hacia una educación inclusiva, equitativa y de calidad en un panorama de movilidad internacional (https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000398124). Se trata de un estudio relevante pues proporciona un diagnóstico general de logros, tendencias y realidades actuales de la educación terciaria a nivel global, y ofrece algunas claves analíticas sobre los principales problemas y desafíos que enfrentan los gobiernos y las instituciones de educación superior en las distintas regiones. Ello significa un insumo importante para marcar la “cancha” de la discusión pública internacional, identificando los ejes estratégicos de la educación superior pero también estimulando el re-diseño de políticas para este campo de la acción pública.
El Informe puede leerse desde diversas perspectivas: documento técnico, diagnóstico global, herramienta de políticas, conjunto de reflexiones útiles para organizar acciones y propuestas. Pero también se puede hacer una lectura política del reporte, que consiste en identificar los puntos conflictivos, tensiones y zonas grises de la educación superior contemporánea y sus posibles escenarios futuros. Este tipo de lectura significa colocar los datos, afirmaciones y recomendaciones en términos de su traducción de las relaciones entre gobernanza y financiamiento en las distintas escalas y dimensiones de la educación superior.
La tonalidad del estudio es descriptiva e indicativa, pero también contiene recomendaciones dirigidas a la construcción de agendas de políticas para las distintas regiones. Las tendencias relevantes identificadas son tres: la acelerada internacionalización de la educación superior, el crecimiento veloz de la matrícula del sector, y la proliferación de instituciones, programas y modalidades públicas y privadas de la educación terciaria en todo el mundo.
Estas tendencias están marcadas por diversos tipos de brechas y desigualdades. En términos de internacionalización y de equidad, la débil inclusión de grupos vulnerables (poblaciones migrantes, personas con discapacidades, desigualdades de origen social y de género), y el incremento de los costos de las colegiaturas, producen una internacionalización asimétrica que endurece las desigualdades sociales en el acceso a los beneficios y oportunidades de la educación superior. Respecto al crecimiento de las matrículas, aunque se señala la velocidad del ritmo de la expansión (en 2024 se registraron 269 millones de estudiantes de ese nivel, más del doble de los que existían a comienzos del siglo XXI), también se identifican disparidades regionales en las tasas brutas de acceso a la educación terciaria.
A nivel global, se estima que un 35% de los jóvenes en edad correspondiente están inscritos en alguna modalidad de educación superior (universitarias y no universitarias, públicas y privadas). No obstante, muy por encima de este promedio están las regiones de América del Norte y Europa Occidental (65%), América Latina y el Caribe (53%), y por debajo de la media están regiones como Asia Meridional y Occidental.
Desde una perspectiva política, la relación entre gobernanza y financiamiento constituye el núcleo duro de los problemas asociados a las disparidades en el acceso, tránsito y egreso de los sistemas de educación superior. Ello también influye en la calidad de la educación terciaria en los diversos territorios y poblaciones. Específicamente, la diversidad, debilidad e insuficiencias de los marcos regulatorios, las externalidades negativas de carácter económico y sociopolítico, y la insuficiencia de los financiamientos públicos entre regiones y países, marcan las líneas rojas de las limitaciones estructurales de la educación superior, y sus reales o potenciales contribuciones al desarrollo y bienestar de sus poblaciones.
En el promedio mundial, se destina el 0.8% del gasto público en relación con el PIB a este sector, cuando la propia UNESCO ha recomendado un mínimo de 1% desde finales del siglo pasado. Solamente dos regiones del mundo (América del Norte y Europa occidental) destinan el 1.1%, contra el 0.7% de América Latina y el Caribe, o el 0.47% de Asia Central. Estas distancias indican que la importancia declarativa que hacen muchos gobiernos nacionales sobre la importancia para el desarrollo de la educación terciaria, no se traduce en un financiamiento público estable y creciente hacia ese campo de las políticas.
Las diferencias porcentuales en el gasto público contrastan con la velocidad del crecimiento de las matrículas, establecimientos, programas y personal académico y administrativo de los sistemas nacionales. Los datos muestran que ese crecimiento se sostiene sobre un mayor gasto privado, lo que acentúa las desigualdades estructurales del acceso a la educación terciaria por parte de las poblaciones más pobres de cada país. La incapacidad de atención a la demanda de las opciones públicas es un estímulo a la privatización de la educación superior, lo que constituye un obstáculo para el acceso de los deciles de más bajos ingresos de la población. La región latinoamericana y caribeña es el territorio donde más ha crecido el ritmo de la privatización, que ya absorbe en promedio a casi la mitad de las matrículas y los establecimientos del sector.
En síntesis, pueden identificarse seis factores de tensión entre financiamiento y gobernanza que configuran el problema político central de la educación superior mundial: 1) costos incrementales de la expansión que se sostienen no mediante gasto público (gobiernos) sino privado (familias e individuos); 2) privatización acelerada mediante la proliferación de programas e instituciones de costo bajo y medio, potenciadas por nuevas tecnologías y plataformas; 3) exclusión de poblaciones vulnerables del acceso a la educación terciaria; 4) endurecimiento de las brechas de calidad educativa de los programas; 5) sobrecarga de exigencias al personal académico y no académico de las instituciones de educación superior; 6) dificultades crecientes en los procesos de inserción laboral de los egresados de sistema masificados.
Las tensiones clásicas entre estado y mercado no han desparecido ni con las promesas incumplidas de la globalización y la internacionalización, ni con el ascenso de los neopopulismos políticos nacionalistas. En realidad, son tensiones políticas y dilemas de políticas que se han recrudecido en profundidad y complejidad. De ahí se desprende una agenda que requiere de decisiones políticas que contribuyan a revisar los recursos, las condiciones y las reglas del juego de la educación superior.
Tuesday, June 02, 2026
Luz de gas
Tierras raras
Luz de gas
Adrián Acosta Silva
(Reverso, 02/06/2026)
https://reverso.mx/tierras-raras-luz-de-gas/
¿Qué significa hoy el término “democracia”? En una era donde el lenguaje político expresa lo que cada quien quiera que signifique, como afirma sin rubor y con sarcasmo Humpty Dumpty en Alicia en el País de las Maravillas, la palabra democracia se ha vaciado de significado. En un mundo donde las guerras en Ucrania, la Franja de Gaza, Líbano o Irán, o las invasiones a Venezuela o las amenazas a Cuba se justifican en nombre de la democracia, la retórica pseudo-democrática esconde un lenguaje francamente autoritario, totalitario y neofascista.
En los mapas geopolíticos contemporáneos del mundo, Putin, Netanyahu, Trump, Milei, Bukele, Ortega, Erdogan, o Xi Jinping, personifican el resurgimiento estelar de los autoritarismos de izquierdas y derechas del siglo XXI. La democracia como un sistema de equilibrios, de pesos y contrapesos, que se nutre del pluralismo y las libertades de expresión y manifestación, con principios y valores como la tolerancia, el respeto a las ideas de otros, la igualdad, la justicia y el imperio de la ley, tiene la apariencia de un edificio en estado de demolición. Nuevos sistemas de creencias, mentalidades e ideologías han contribuido a generar prácticas que desdibujan el orden político democrático construido desde la segunda guerra mundial, y que se edificó sobre un mínimo de consensos normativos básicos en torno a los límites del poder y las reglas de la convivencia democrática.
La fiebre autoritaria configura una ola que conquista el poder bajo las reglas electorales formales de la competencia política, pero que una vez transformada en gobierno descalifica y niega a sus oposiciones y actúa como una fuerza política antisistema. Nuevos medios y fines (invocaciones nacionalistas, instintos depredadores, neopopulismos, redes sociales, corrupción, demagogia) se alimentan de un electorado decepcionado, insatisfecho, enojado con las aburridas reglas democráticas y con los pobres resultados de las democracias en el bienestar y aspiraciones de muchos sectores políticamente dispuestos a aceptar las alternativas no democráticas. En esas circunstancias, el credo autoritario se impone al credo democrático.
El lenguaje de la violencia, las bombas, las amenazas y la intimidación se ha consolidado como el vocabulario dominante de la ola autoritaria. A su amparo se invocan paradójicamente valores como la libertad, la justicia, la prosperidad o la grandeza. Empresarios vueltos políticos se han adueñado de los escenarios internacionales y locales con el apoyo de ciudadanos hechizados con el espectáculo y la oposición férrea de ciudadanos horrorizados e indignados con los protagonistas y sus palabras y acciones.
Como en otras ocasiones y con otros actores, la democracia enfrenta tensiones y contradicciones que amenazan con su destrucción. La fragilidad democrática se acentúa en épocas de crisis ideológicas, culturales y económicas. Las creencias y certezas de que la democracia no es la mejor sino la menos mala de las formas de gobierno parece atrapada en los callejones sin salida del fanatismo y la estupidez humana. En esa ruta, la racionalidad democrática es una luz débil frente al gaslighting que parece dominar el espíritu de la época.
Saturday, May 30, 2026
Vender puentes
Vender puentes
Adrián Acosta Silva
Laberinto-Milenio, 30/05/2026
https://www.milenio.com/cultura/laberinto/somebody-tried-to-sell-bridge-morrison-alma-humana
Es difícil entender el alma humana,
pero más difícil aún es entender la propia
A. Chéjov, Un drama de caza
Los títulos de los discos esconden secretos. Son ventanas hacia obras cuya autoría está hecha de claves interpretativas, sonidos, palabras e imágenes que configuran el ingenio y la creatividad de los productores, músicos, compositores, cantantes y publicistas involucrados en sus hechuras. Detrás de cada título yacen los restos de un tiempo traducido en estados de ánimo, ritmos, pausas y profundidades sonoras que configuran pequeñas postales creativas del talento o limitaciones de sus autores.
Algo así pasa con la obra de músicos como Van Morrison (Belfast,1945). “Gira con el golpe”, aconseja un viejo dicho popular boxístico que fue tomado por Morrison como título de uno de sus discos (Rollin´ With the Punches, 2017). Antes, había tomado otra frase sobre el cambio y las pérdidas: “¿Qué está mal en esta foto?” (What´s Wrong With This Picture?, 2003). Ahora, la historia de una antigua y popular anécdota neoyorquina encabeza su disco más reciente: “Alguien intentó venderme un puente” (Somebody Tried to Sell Me a Bridge, 2026).
Los títulos de los discos transmiten ideas. Hay algo parecido a hilo conductor de una pedacería dispersa reunida a lo largo de 49 discos de estudio grabados a ritmos de rock, soul, folk, blues y jazz. Sólo el viejo León de Belfast sabe si eso es cierto, pero a sus (casi) ochenta y un años (los cumplirá el próximo agosto), una misma idea de tonalidades cambiantes flota en el río caudaloso de las composiciones acumuladas en el tortuoso camino de luces, autopistas, fango y lodo que ha recorrido en los últimos sesenta años. Esa idea es el alma humana, sus misterios, profundidades y abismos.
Los títulos de los discos son atisbos de curiosidad a los contenidos y estados de ánimo que habitan las creaciones de Morrison. Desde sus primeros discos “¡Te va a volar la cabeza!” (Blowin´ Your Mind!, 1967) y el deslumbrante “Semanas astrales” (Astral Weeks, 1968), hasta “Sin gurú sin maestro, sin método” (No Guru, No Teacher, No Method,1986), el “Desarticulado discurso del corazón” (Inarticulate Speech of the Heart,1983), “Nacido para cantar: sin plan B” (Born to Sing: no Plan B, 2012), o “¿Qué se va a hacer?” (What´s it Gonna Take?, 2022), constituyen los registros de una vida forjada metódicamente entre los ecos del blues norteamericano, el folk irlandés, el sonido Motown de Detroit, y las gaitas celtas, entre violines londinenses y saxofones de Chicago, entre armónicas, pianos, clarinetes, coros y baterías. Sus influencias también se nutren de la rebeldía espiritual de los años sesenta y la sensibilidad poética de finales del siglo XIX a través de los textos de W.B. Yeats.
Su disco más reciente recurre a viejos temas de amor y nostalgia relatados en primera persona, en la eterna búsqueda por comprender las complejidades del alma humana, pero ahora recreados con la vieja anécdota del truco que un neoyorkino hábil, cínico y desesperado intentó hacer en algún momento de la década de los años veinte del siglo pasado para vender el puente de Brooklyn a ciudadanos ingenuos y también desesperados. En esta obra, Morrison incluye 20 piezas que incluye colaboraciones con legendarios guitarristas de blues de su generación como Taj Mahal y Buddy Guy, el maestro del country-blues Elvin Bishop, y el tecladista John Allair. Con su pandilla de músicos, Morrison reinterpreta y reinventa canciones de John Lee Hooker (Deep Blue Sea), Leadbelly (On a Monday), B.B. King (Rock Me Baby), Fats Domino (Ain´t That a Shame), e incluye un puñado de sus propias canciones.
Aunque se trata de un disco marcado por la heterogeneidad y en algunos casos por la reiteración de ritmos y tonalidades, Somebody Tried to Sell Me a Bridge es la confirmación de una trayectoria sonora que profundiza las huellas cuidadosamente marcadas en el largo camino recorrido por el músico irlandés, que en abril pasado se hizo merecedor del premio Lifetime Achievement Award 2026 otorgado por Jazz FM, una organización británica representada por el veterano músico, productor y promotor Jools Holland.
Somebody tried to sell me a bridge/ Like they said money, money means everything/ They tried to play me, play me for a fool/ But they weren´t really listening/They tried to sell me a bridge
Hoy, la venta de puentes sigue siendo una estafa que utilizan empresarios sin escrúpulos vueltos políticos con máscaras de profetas para vender ilusiones y falsas grandezas, prácticas propias de tiempos de confusión e incertidumbre sobre presentes y futuros de individuos y sociedades. Quizá ese sea el secreto mejor guardado de Sir Van Morrison a lo largo del tiempo: la persistencia de la ingenuidad y la codicia como monedas de cambio en las aguas profundas de las sociedades contemporáneas, donde canallas, truhanes, mafiosos y carteristas de toda calaña coexisten con individuos ambiciosos, inocentes e ilusos que siempre están a la espera de un milagro, dispuestos a vender sus almas al diablo, sin importar demasiado el precio a pagar.
Thursday, May 21, 2026
Trayectorias universitarias (4): los años recientes, 2000-2026
Diario de incertidumbres
Trayectorias universitarias (IV): los años recientes, 2000-2026.
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 21/05/2026)
https://suplementocampus.com/trayectorias-universitarias-iv-los-anos-recientes-2000-2026/
Al comienzo del siglo XXI las universidades Nacional y la de Guadalajara experimentaron una serie de ajustes derivados de un entorno político y de políticas públicas centrado en la promoción de cambios en diversas arenas de la acción académica, la gestión y el gobierno institucional. Durante esta etapa, las tensiones derivadas de los riesgos de ingobernabilidad se mezclaron con la emergencia de problemas de gobernanza universitaria, una mezcla asociada a las políticas de modernización, evaluación y calidad impulsadas por gobiernos surgidos de procesos de alternancia política correspondientes a la etapa denominada como la “transición democrática” mexicana.
Durante tres administraciones gubernamentales consecutivas, gobiernos encabezados por partidos políticos distintos (PAN, 2000-2012, y PRI, 2012-2018), mantuvieron el esquema de políticas de modernización de la educación superior derivado de los últimos gobiernos priistas del siglo XX. No obstante, el financiamiento público hacia las universidades se mantuvo con altibajos a lo largo del período, y desde 2015 fue posible observar una disminución paulatina en el porcentaje del presupuesto público a la educación superior respecto del PIB. No obstante, el crecimiento en las matrículas tanto de la UNAM como de la U de G se mantuvo lento pero constante en el mismo período.
Esta brecha entre el déficit de financiamiento público y el crecimiento de las matrículas universitarias se amplió a partir de la segunda década del nuevo siglo. Indicadores como tasa de cobertura, gasto por alumno y contratación del profesorado muestran algunas dimensiones de esa brecha, a los que se agregaron limitaciones crecientes de inversiones en infraestructura, jubilaciones, pensiones, y exigencias de mejoras salariales de los trabajadores universitarios. No obstante, tanto la UNAM como la U de G se destacaron como dos de las universidades públicas con mayor demanda en el acceso a la educación superior, pero con tasas de absorción que promediaron sólo un tercio de dicha demanda.
La ruptura en el modelo de políticas basadas en incentivos ocurrió con la llegada al gobierno del partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) al poder en diciembre del 2018, un partido político que desmanteló las políticas implementadas durante casi 30 años, e impulsó nuevas reglas del juego en las políticas para las universidades públicas federales y estatales. La fuerza político-electoral del neo-oficialismo le permitió articular una coalición política con mayoría en el senado y la cámara de diputados, y ello se expresó en la promoción de una serie de cambios normativos para formular un nuevo ciclo de políticas en educación superior.
Con reformas al artículo tercero constitucional en 2019, la expedición de la Ley General de Educación Superior en 2021, y el Programa Nacional de Educación Superior en 2023, el nuevo gobierno estableció las bases de sus políticas de educación terciaria. La creación de las “Universidades para el Bienestar Benito Juárez García”, también perfiló con claridad cuáles serían las prioridades políticas del oficialismo en este campo. Las ideas de austeridad, obligatoriedad y gratuidad de la educación superior pública se instalaron en el corazón de las políticas gubernamentales, obligando a las universidades a ajustar sus políticas institucionales tanto académicas como administrativas.
En este contexto, la crisis de salud pública originada por la irrupción del COVID-19 obligó a las universidades a gestionar fórmulas para mantener el funcionamiento de las universidades mediante el diseño de plataformas de docencia e investigación que permitieran pasar rápidamente de prácticas presenciales a prácticas virtuales. Durante casi dos años (2020-2021) tanto la UNAM como la U de G experimentaron cambios obligados por las circunstancias, en un entorno político marcado por la desconfianza en la autonomía de las universidades públicas. Posteriormente, cambios tecnológicos y exigencias de innovación (representados por la IA) colocaron en el centro nuevas narrativas sobre la reforma de las prácticas académicas de las universidades.
Los esporádicos amagos de diversas corrientes del oficialismo político por modificar la ley orgánica de la UNAM, o por cambiar el orden político-institucional en la U de G, así como los crecientes condicionamientos financieros públicos a ambas instituciones, significaron un período de tensiones presupuestales entre autoridades gubernamentales y universitarias. En términos de gobernabilidad, una nueva agenda de demandas estudiantiles (protestas contra la inseguridad en los campus, violencias de género, exigencias de gratuidad total en licenciaturas y posgrados), se combinó con ajustes en los modos de gobernanza institucional (acreditación y evaluación de programas, coordinación, cooperación, participación). Esa combinación ha significado una nueva ola de restricciones que modificaron los perfiles de la autonomía universitaria.
En términos políticos, ambas universidades mantuvieron estabilidad en sus esquemas de gobierno, aunque los fantasmas de la apatía participativa de sus comunidades en los órganos colegiados parecen haberse adueñado de sus respectivos escenarios. Otro elemento destacado es un discreto, pero persistente descenso en la demanda de acceso a muchos programas de licenciatura y posgrado derivado de factores causales aún poco identificados. A ello se puede incluir el tema del profesorado universitario, donde el inevitable envejecimiento va de la mano de la presión por la renovación de sus plantas académicas, dominada desde hace tiempo por el predominio de profesores por asignatura sobre el profesorado de tiempo completo.
Actualmente, estos temas forman parte de las agendas de cambio de la UNAM y la U de G. En el primer caso, se ha impulsado un proceso de reflexión sobre una posible reforma universitaria centrada en varios de los temas sustantivos de la institución. En el caso de la U de G, el fallecimiento en abril del 2023 de quien fuera el impulsor de la Red universitaria en Jalisco de la U de G (Raúl Padilla), y la elección de la primera mujer rectora de esa universidad en su centenaria historia moderna, han significado un período de grandes expectativas sobre el futuro de la universidad.
Las historias paralelas de la UNAM y la U de G son representativas de los problemas, tensiones y desafíos presentes y futuros de las universidades públicas autónomas del país. De la manera que se aborden hoy dependerán en buena medida sus propios escenarios futuros, en un contexto político y de políticas sembrado, como siempre, de oportunidades, incertidumbres y riesgos.
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