Tuesday, February 03, 2026
Alcantarillas
Tierras raras
Alcantarillas
Adrián Acosta Silva
Reverso, 03/02/2026
https://reverso.mx/tierras-raras-alcantarillas/
La nota periodística habla de individuos que entran y salen rutinariamente de las alcantarillas de Guadalajara para buscar objetos de valor entre las aguas pestilentes y los túneles oscuros que habitan las venas profundas de la ciudad. A tientas recogen metales (monedas, herramientas enmohecidas, cuchillos oxidados), que luego limpian y venden por gramo o por kilo a comerciantes de metales y antigüedades que se interesan por esos objetos. Se trata de una actividad literalmente oculta realizada en silencio por los condenados de las tierras raras que habitan las zonas subterráneas de la capital tapatía.
No se sabe con precisión quiénes son, por qué están ahí, ni cuántos de ellos se dedican a esta actividad, pero se intuye que forman parte de la población que cotidianamente duerme y vive de y en la calle: pordioseros, mendigos, marginados, los que vemos todos los días en esquinas y avenidas de la ciudad, pidiendo una moneda a automovilistas y ciudadanos de a pie. Forman el rostro pétreo de la pobreza y la miseria que coexisten con la medianía de muchos y la opulencia de algunos y algunas. Son cristalizaciones individuales de la economía de la pobreza que gobierna la desigualdad mexicana.
Personas que buscan formas de supervivencia en las condiciones de precariedad eterna a la que parecen condenados. Entre aguas negras, cucarachas, ratas y alimañas, buscan esperanzas metálicas que les representen formas de resistencia para sobrevivir el día a día. Una moneda vieja de peso o de veinte centavos, un trapo que puede ser reusado, una herramienta a la que se puede sacar cierta utilidad, son los preciados objetos que significan un pequeño triunfo o una satisfacción minúscula obtenida con sus propias manos en la oscuridad de los drenajes.
Esa actividad sombría forma parte de nuestra propia música de cañerías, aquella de la que hablaba el viejo Bukowski en sus relatos. Personajes en búsqueda de cosas de algún valor entre las aguas turbias que corren por debajo de calles y edificios, en ambientes sórdidos e invisibles para la mayoría. Son pequeñas tribus de excluidos, alcohólicos, drogadictos, inmigrantes, individuos que por circunstancias propias o ajenas deambulan en penumbras por los pasajes profundos de Guadalajara.
Vivir en los sótanos urbanos como estrategia, refugio y dormitorio. Derivación de la palabra árabe Al-qantarah (que significa “pequeño acueducto subterráneo”), las alcantarillas son sitios que han servido de inspiración para cantantes, escritores y poetas, como metáforas de la vida entre lugares que acumulan nuestros deshechos. Y, sin embargo, ahí transcurren las vidas de individuos que representan nuestra memoria del subsuelo, personas que configuran la materia prima de cualquier antropología de la miseria. Entre su soledad y sus necesidades, protagonizan lo que ocurre en los sitios que nadie quiere voltear a ver, escuchando en la oscuridad los ecos apagados de la música de las cloacas.
Thursday, January 29, 2026
Informes académicos: datos y relatos
Diario de incertidumbres
Informes académicos: datos y relatos
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 29/01/2026)
https://suplementocampus.com/informes-academicos-datos-y-relatos/
Una de las rutinas que caracterizan el oficio académico contemporáneo es la elaboración de informes. Se trata del ejercicio de reportes individuales del desempeño académico a lo largo de un ciclo escolar, organizados en formatos donde se describen puntualmente la cantidad y calidad de las actividades realizadas y los logros obtenidos, acompañados por las evidencias correspondientes. Aunque los informes de los académicos son una práctica más o menos antigua en el ámbito universitario, su auge ocurre con la evaluación del desempeño del profesorado asociado a la permanencia o promoción laboral y, sobre todo, a la competencia por las recompensas económicas y simbólicas que representan los programas de estímulos pecuniarios a las/los académicos.
Esos informes suelen ser la base de las estadísticas que las autoridades universitarias y gubernamentales utilizan para mostrar los avances, estancamientos y retrocesos de la productividad académica de sus comunidades e instituciones. También sirven parcialmente para que las grandes empresas que promueven los rankings de las mejores universidades y programas profesionales o de posgrado realicen sus tablas de competencia cada año, que producen indicadores de calidad, reputación y prestigio en el campo de la educación superior nacional, regional o internacional. La idea de “universidades de clase mundial” se alimenta de la información estadística que producen las universidades a partir de los informes anuales de sus propios académicos.
El resultado es un generalizado ejercicio colectivo, entre académico y burocrático, cuyo sentido se diluye entre papeles, certificaciones, constancias, formatos electrónicos, números y estadísticas. Los informes convertidos en prácticas de memoria escolar y asedio burocrático muestran los límites de la libertad académica del profesorado, prácticas llenas de contradicciones, paradojas y absurdos de la vida universitaria, que en más de un sentido muestran el perfil de un relato kafkiano. ¿Para qué sirven constancias de participación en gestión colegiada de actividades, número de estudiantes tutorados o dirigidos per cápita, o las distinciones entre actividades de difusión o divulgación (nadie sabe muy bien cuál es su diferencia) realizadas por el profesorado en un semestre o año escolar? ¿A alguien le interesa saber a cuántos congresos, seminarios, talleres y cursos asistió un profesor en un año escolar? ¿Qué significado tiene todo eso?
En la vorágine de reportes anuales al SNII, a las autoridades universitarias o a la SEP, los informes se han convertido en aburridas crónicas académicas dirigidas a satisfacer objetivos difusos, repetitivos y frecuentemente contradictorios. Y en esos momentos de soledad y ansiedad gobernados por la urgencia de elaborar documentos que deberán ser rigurosamente firmados en tinta azul, es tentador volver la atención a Un informe para una Academia, uno de los relatos más célebres y quizá menos comprendidos de Franz Kafka, el gran escritor checo. Trata del informe de un simio que relata la experiencia de intentar convertirlo en un individuo medianamente educado, adiestrado en las pequeñas artes de los buenos modales, la deferencia hacia los demás, el aprendizaje de la lectura, la escritura y el habla. Es el testimonio de un experimento de cinco años que tiene el propósito de transformar a los animales en humanos, en el cual permanecen los instintos básicos de supervivencia y adaptación natural, donde los reflejos salvajes de un “mono libre” (como se autodenomina en primera persona el personaje de Kafka) coexisten con los comportamientos civilizados de los hombres. Después de todo, en el clásico relato kafkiano se mezclan la ironía y la ficción, los rituales y los instintos, la exhibición y el consumo diseñado para el espectáculo de un simio humanizado.
El relato es, en sí mismo, insuperable. Pero se inspira en las rutinas y rituales que forman parte de los hábitos del homo academicus, los cuales conocía (y padecía) muy bien el propio Kafka a través de sus estudios universitarios en el campo del derecho y su experiencia profesional en varios bufetes de abogados en Praga. Rendir informes es una función no declarada de los académicos cada fin de año o ciclo escolar, que contemplan actividades como las conclusiones de un proyecto de investigación, las tesis dirigidas, las tutorías a alumnos, los cursos de actualización, la productividad individual (libros, artículos, capítulos de libro), la gestión colegiada, las distinciones obtenidas. Desde hace décadas, esos informes a la academia se han convertido en actividades dirigidas a alimentar la rendición de cuentas sobre el desempeño del profesorado, y engrosar así las estadísticas institucionales que año tras año las autoridades universitarias elaboran para dar cuenta de la utilización de los recursos públicos que reciben.
No obstante, los informes a la academia se parecen cada vez más al relato kafkiano. No se sabe muy bien para que sirve llevar un conteo de actividades de una profesión ejercida por individuos muy diversos, en condiciones muy distintas. Un buen amigo catalán -académico también- lo describe con una metáfora afortunada: tratar de ordenar los comportamientos del profesorado es como tratar de pastorear gatos. Celosos de su libertad académica, los profesores desarrollan sus actividades de muy diversas maneras, difícilmente cuantificables en formatos y estadísticas. La naturaleza del oficio es su complejidad y adaptabilidad a las diversas circunstancias socio-institucionales y a las características de las culturas académicas de disciplinas y profesiones. La desconfianza o el escepticismo que subyace a todo ejercicio evaluador se traduce en el críptico lenguaje de las métricas derivadas del soborno de los incentivos asociados a las políticas académicas contemporáneas.
Tal vez los informes académicos consistan en algo mucho más general y ambiguo, y quizá más interesante, que consiste en ejercicios erráticos para tratar de “internarse en la espesura” de datos y relatos, como recuerda el personaje de Kafka. Tal como concluye el simio frente al grupo de científicos que escuchan con interés los resultados del experimento: “Que nadie diga que no valió la pena. Por lo demás, no busco el juicio de los hombres; solamente quiero difundir conocimientos”.
Thursday, January 15, 2026
Crisis de la educación superior en Venezuela
Diario de incertidumbres
La crisis de la educación superior en Venezuela
Adrián Acosta Silva
Campus Milenio, 15/01/2026
https://suplementocampus.com/la-crisis-de-la-educacion-superior-en-venezuela/
La captura del presidente devenido en dictador Nicolás Maduro en la madrugada del 2 de enero de este año en Caracas como resultado de un operativo militar ordenado por el gobierno de Donald Trump, ha generado un efecto inmediato internacional y local que coloca en el centro el balance de las diversas dimensiones políticas y sociales del largo predomino del chavismo en ese país. Una de ellas tiene que ver con la educación superior.
¿Cuál es el panorama de ese sector en la actualidad? En realidad, hay pocos datos consistentes y confiables en torno a lo que ha ocurrido en la educación superior venezolana a lo largo del predominio del chavismo desde 1999 a la actualidad. Ese suele ser uno de los componentes que caracterizan los contextos no democráticos de los regímenes políticos autoritarios: la ausencia de información objetiva, sistemática y comparable. A pesar de ello, y en virtud de los esfuerzos que algunas instituciones y académicas/os han realizado respecto al tema en los últimos años, es posible identificar algunos rasgos básicos de las políticas chavistas de educación superior y sus efectos en la configuración política y socio-institucional de la educación terciaria venezolana.
Cuatro son las dimensiones que constituyen el mínimo irreductible del análisis de lo ocurrido en las universidades venezolanas a lo largo de más de un cuarto de siglo de hegemonía del chavismo: centralización y control gubernamental, expansión y cobertura, calidad y desempeño, y autonomía universitaria. Exploraremos brevemente esas dimensiones.
Centralización y control. Desde la promulgación de la constitución bolivariana de 1999 impulsada por el entonces presidente Hugo Chávez se impulsaron una serie de cambios normativos e instrumentales orientados a fortalecer el control del gobierno nacional sobre la educación superior. El rasgo más destacado de esos cambios fue la configuración de un “tercer sector”, distinto al tradicional sector público (dominado por las universidades autónomas públicas como la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar o la Universidad de Los Andes) y las pertenecientes al sector privado (por ejemplo, la Universidad Católica Andrés Bello). El “tercer” sector se constituyó como un conjunto de universidades nacionales controladas por el Ministerio de Educación Superior, conformado por las “Aldeas Universitarias”, las “Universidades Territoriales”, la “Universidad Bolivariana” y la ampliación de la “Universidad de las Fuerzas Armadas”. Bajo los principios del “Motor Moral y Luces” enunciado en 2007, ese sector se constituyó como el centro de las políticas gubernamentales, que aspiraban a un “cambio revolucionario” basado en el “desprendimiento de los antivalores del sistema capitalista” y la construcción de una “concepción de vida fundamentada en valores”.
Expansión y cobertura. Según datos oficiales, la tasa bruta de cobertura de la educación superior venezolana es la más alta de América Latina: 96.5% en 2021. Con 2.1 millones de estudiantes matriculados en 98 instituciones de educación superior públicas y privadas, el sistema venezolano se presenta como un sistema inclusivo, equitativo, gratuito, de calidad, y democrático. No obstante, no hay datos ni evidencias consistentes sobre estos atributos auto-conferidos por el oficialismo. Desde hace décadas, no se realizan prácticas de evaluación a las IES, y según varias fuentes, existen serios problemas en la retención de profesores (se calcula que 4 de cada diez han emigrado del país o de profesión), se ha desplomado la inversión pública en el sector, hay severos problemas de deserción y baja eficiencia terminal de los estudiantes, y las universidades operan en contextos de infraestructuras deterioradas, con problemas de conectividad digital, bibliotecas envejecidas, y muy poca inversión en ciencia básica y aplicada en todos los campos del conocimiento.
Calidad y desempeño. La ausencia de mecanismos e instrumentos públicos de evaluación ha significado el desconocimiento sobre indicadores clave de las relaciones entre la calidad académica de las funciones sustantivas universitarias y el desempeño institucional del sector. No obstante, según clasificaciones internacionales de los rankings universitarios como el QS Latin America & Caribbean Ranking 2025, universidades públicas autónomas como la Universidad Central de Venezuela (UCV) o la Universidad Simón Bolívar (USB) aparecen en las posiciones 34 y 51, respectivamente, entre las 200 mejores de la región, un logro no menor dadas las carencias presupuestales y de infraestructura que padecen desde hace más de dos décadas, y de los bajísimos salarios que perciben sus cuerpos docentes y de investigación.
Autonomía universitaria. Las restricciones gubernamentales han disminuido significativamente los grados de autonomía de las universidades públicas venezolanas. La creación en 2005 del Ministerio de Educación Superior significó la subordinación del Consejo Nacional de Universidades a las decisiones y orientaciones gubernamentales, lo que se tradujo en la pérdida de la autonomía académica y de gestión de las grandes universidades públicas como la UCV o la USB. Al concentrar la atención presupuestal en las universidades del tercer sector, el chavismo apostó a la heteronomía institucional para la construcción de su proyecto educativo universitario, debilitando la autonomía de las universidades públicas tradicionales. Temas como la gratuidad, la eliminación de los exámenes de selección de alumnos, y la democratización de los gobiernos universitarios, provocaron tensiones y conflictos en las universidades públicas autónomas.
La intervención estadounidense no garantiza la recuperación de la educación superior venezolana ni un cambio en el comportamiento de los actores públicos, privados y del tercer sector de ese campo de acción pública. Es necesario contar con información confiable sobre lo que ha ocurrido realmente con la educación terciaria venezolana. En esas circunstancias, lo que despunta en el horizonte es una recomposición acelerada de esos sectores y la complicada configuración de una nueva agenda política y de políticas que aborde soluciones a los problemas heredados del prolongado autoritarismo chavista. Los cambios contextuales del sector en los próximos meses definirán el tono, las posibilidades y los tiempos de un nuevo ciclo de políticas y gobernanza de educación superior enfocadas en la gestión de la crisis.
Tuesday, January 06, 2026
Mortalidad
Tierras raras
Mortalidad
Adrián Acosta Silva
(Reverso, 06/01/2026)
https://reverso.mx/tierras-raras-mortalidad/
Morir es un proceso; la muerte, un acto. Así describía el poeta inglés Philip Larkin (1922-1985) el tiempo fúnebre de la vida. Son ambas caras de las monedas negras que todos compartimos, experimentamos o enfrentaremos en algún momento. Monedas amontonadas: físicas, materiales, intelectuales. Arrugas, pequeñas manchas en la piel, canas, enfermedades, declive de la energía sexual, son algunas de las monedas físicas. Objetos perdidos, papeles amarillentos, libros olvidados, discos extraviados, canciones viejas, juguetes de los hijos arrumbados en cajas polvorientas, camisas pasadas de moda, son parte de los objetos que representan nuestra acumulación de monedas oxidadas. El olvido, la imprecisión, la renuncia a las modas, el desconcierto ante lo nuevo, las reservas frentes a las ilusiones del futuro: esas son parte de nuestras desgastadas monedas intelectuales.
Representan nuestro propio camino a la muerte. Luego de los cuarenta, muchos ya tendrán más pasado que futuro, y habrá que ajustarse a esa predicción demográfica sombría. Cada nuevo cumpleaños será un año menos, no un año más, en nuestros trayectos vitales. Calendarios y relojes nos marcan el ritmo de nuestros envejecimientos, generalmente acompañados por pérdidas y padecimientos de diverso tipo. Ver crecer a los hijos es otro síntoma de nuestro propio camino a la tumba (o al crematorio) como padres, aunque sabemos que la muerte siempre está a la vuelta de la esquina.
Justo por ello, Larkin afirmaba, como muchos otros filósofos, poetas y escritores antes y después que él, que la muerte es un acontecimiento que marcará el colapso de nuestro pequeño mundo personal. Pero morir es un proceso lento, que acumula imágenes, dudas y facturas a lo largo de los años. La muerte es una artista que se dibuja poco a poco, y que va dejando su huella helada a lo largo del tiempo en nuestros cuerpos y en los objetos que acumulamos: menor vigor físico, un par de zapatos viejos, un reloj olvidado, nombres que no recordamos, una fotografía perdida entre las páginas de algún libro, una postal, una carta.
La industria del antienvejecimiento es una cruzada contra la muerte que nunca ganará. Cremas “antiedad”, vitaminas, ejercicio, chequeos médicos, pruebas de laboratorio, botox, alimentación sana, campañas contra la drogadicción o el consumo del alcohol, son los remedios que se multiplican en redes, medios y establecimientos para lidiar contra las sombras de la muerte lenta que representa el envejecimiento. Una novela de Don DeLillo habla de esa obsesión contra la muerte. Cero K (2016) es un libro de ciencia ficción basada en el hiperrealismo de la industria contra el envejecimiento.
Pero la lucha contra la muerte es una ilusión que se desvanece con el paso de los años. “La muerte es una nube sola frente al sol”, escribió Larkin en 1946. Y tenía toda la razón poética de su lado. Nadie sobrevive a su hachazo homicida. Pero la vida social seguirá con otros soles, paisajes y actores. Y llegará el tiempo de los epitafios, de lápidas y urnas donde se depositarán las cenizas y el olvido.
Thursday, December 18, 2025
Mapas de futuros
Diario de incertidumbres
Mapas de futuros
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 18/12/2025)
https://suplementocampus.com/mapas-de-futuros/
A sparkle was in his eyes
But his life was in his hands
Neil Young, Tonight´s the Night (1975)
Las señales de cualquier tipo de escenarios futuros de la educación superior están enraizadas en el presente. Tendencias e incertidumbres, ilusiones y razonamientos, son expresiones de la imposibilidad de saber con exactitud lo que puede ocurrir en los años por venir. Los más optimistas aseguran tendencias que favorecerán alguna idea clara o difusa de progreso, mientras que otros afirman, por contrario, que el futuro inmediato o remoto anticipa la agudización de problemas socio-institucionales en el campo de la educación terciaria. Los anteojos que se utilicen suelen ser los filtros interpretativos y descriptivos de unas u otras posiciones. En cualquier caso, esos anteojos pueden ayudar a configurar los trazos gruesos de algún tipo de mapas de futuros.
Desde el punto de vista de la desigualdad de los riesgos, los beneficios y las oportunidades de la educación superior contemporánea, 2026 se perfila como un año poblado de desafíos y restricciones de muy diverso calibre, dimensiones y alcances. Imaginar un futuro sin la presencia de este conglomerado extraordinariamente complejo de factores y tendencias profundamente enraizadas en el presente es una ilusión. El lenguaje de la época es revelador de la manera en que se interpretan esas tendencias. Hoy no se habla de reformas educativas sino de innovación; la digitalización se ha convertido en una palabra de propiedades mágicas; las ideas se han consolidado como siervas de los intereses; la política educativa es una colección de enunciados huecos, buenas intenciones y procesos de implementación gobernados por la incertidumbre presupuestal: micro credenciales, plataformas, sostenibilidad, ciencia abierta.
No obstante, bajo el imperio de esta gramática se pueden identificar cuatro grandes fuerzas que parecen determinar o influir en la construcción de los escenarios futuros de la educación superior a nivel global. Inteligencia artificial, gobernanza, vinculación y prácticas educativas son los cuatro jinetes que pueden dominar el próximo año la agenda pública de la educación terciaria. Vayamos por partes.
La primera de ellas es la relacionada con la inteligencia artificial y la desestructuración de las rutinas y prácticas educativas tradicionales. Las épicas de la innovación digital han colocado a la IA en el centro de una suerte de revolución educativa que cambiará al mundo para siempre. Mitos y realidades han dado forma a un nuevo fetichismo posmoderno y post-global: la capacidad de las nuevas tecnologías para transformar prácticas sociales. Hoy día, el universo virtual de los algoritmos y los robots han entusiasmado a empresas y universidades, y anticipan cambios en las economías del aprendizaje que conllevan profundas transformaciones en el perfil de los estudiantes, los docentes y los directivos universitarios. Es una tendencia más retórica que empírica pero que habrá que examinar durante el año próximo y los que siguen.
La segunda tendencia es el debilitamiento de la gobernanza de los cambios tecnológicos y las adaptaciones institucionales y sistémicas, y su relación con el financiamiento de la educación superior. Ello supone regulación, conocimiento e información sobre lo que realmente está ocurriendo en las prácticas educativas e investigativas de la educación superior. Hasta ahora, la novedad de los cambios reales e imaginarios van más allá de lo que ocurre en la dimensión tecnológica-instrumental, y tienen que ver con los viejos problemas de coordinación y colaboración sistémica donde participan el estado, el mercado y las comunidades académicas, relaciones particularmente relevantes para el caso de las universidades públicas autónomas. Asimismo, para el caso mexicano, la relación entre gobernanza y financiamiento está en el centro de los efectos esperados de la LGES aprobada en 2021, cuyos cambios son hasta ahora enunciativos y difusos más que empíricamente demostrables, donde la austeridad es la máscara que cubre el declive del financiamiento como motor del desarrollo en las universidades públicas.
La tendencia hacia las exigencias de nuevas formas de vinculación de las IES con sus entornos es visible desde comienzos del siglo XXI. A las tradicionales funciones de docencia, investigación y difusión de las universidades, se les ha agregado de manera silenciosa pero imparable una cuarta función sustantiva: la vinculación. Aunque predomina cierta visión mercado-céntrica sobre la vinculación universitaria, la retórica de la innovación se superpone a experiencias de vinculación que tienen que ver con los modelos de la universidad emprendedora que se han desarrollado en muchas partes, asociados de manera difusa con las experiencias del capitalismo académico.
Finalmente, pero no al último, la cuarta mega-tendencia tiene que ver con el núcleo duro de la vida universitaria: las prácticas educativas. Estas prácticas suponen la conformación de nuevos perfiles estudiantiles y docentes, cuyos valores, principios, percepciones y actitudes determinan los procesos educativos universitarios cotidianos. Aunque el valor público y social de la educación se mantiene, las posibilidades de movilidad social ascendente parecen haber disminuido con los cambios en el mundo del trabajo y con el incremento de los umbrales de incertidumbres relacionadas con los empleos públicos y privados.
Estas cuatro grandes tendencias configuran cualquier mapa de futuros imaginables de la educación superior para el 2026. La resiliencia institucional, la crisis del financiamiento a las universidades públicas (que exige ya una operación de rescate financiero por parte del gobierno federal), el incremento de las tasas de abandono en los programas universitarios, la debilidad de la gobernanza sistémica, y los cambios en las prácticas educativas y los problemas de inserción laboral de los egresados, forman parte de la fenomenología de la educación superior en el horizonte del presente y del futuro inmediato. Bajo esas circunstancias es difícil colocar los anteojos claros del optimismo para anticipar el futuro. Por el contrario, los anteojos oscuros del pesimismo parecen más adecuados para vislumbrar lo que puede ocurrir el próximo año. Aunque tal vez valga la pena utilizar anteojos ámbar para conservar ciertos destellos de optimismo en los ojos, pero manteniendo la atención en que el futuro puede estar en nuestras manos, justo como apuntaba Neil Young hace medio siglo, con la tonalidad sombría de su voz y el sonido lúgubre de su guitarra.
Saturday, December 06, 2025
Libros
Tierras raras
Libros
Adrián Acosta Silva
(Reverso, 06/12/2025)
https://reverso.mx/tierras-raras-libros/
Los libros forman parte de los accidentados procesos civilizatorios de las sociedades contemporáneas desde su invención a mediados del siglo XV, gracias a los buenos oficios de Johannes Gutenberg. Configuran prácticas de lectura, alimentan conversaciones, estimulan la imaginación y las creencias individuales y colectivas. Son también parte de un mercado donde autores y lectores constituyen los eslabones básicos de una industria que florece como negocio y espacio de intercambios múltiples en que empresas editoriales e intermediarios establecen las reglas del consumo de libros.
Ello explica el florecimiento de ferias del libro como la de Guadalajara, que desde 1986 se ha convertido en un símbolo de la industria lectora y cultural de la ciudad. Espectáculo y negocio, espacio de debate y difusión de ideas, alimentada por un puñado de editoriales de distintas escalas, exhibiendo obras de autoras y autores más o menos célebres, que caminan entre multitudes más o menos interesadas en los libros. Entre mesas de discusión, presentaciones de libros, brindis, stands, restaurantes y bares, la FILG representa un proyecto anclado en la experiencia organizativa de la Universidad de Guadalajara, y el interés de las editoriales interesadas en promocionar a sus autores.
La feria es una empresa cultural además de un espacio de negocios. No es claro que ello signifique que el interés por la compra de libros o el aumento en las prácticas de lectura se haya incrementado en las últimas cuatro décadas, es decir, que la lectura se haya vuelto un hábito entre los miles de asistentes que concurren nueve días al año a los recintos donde se exhiben libros y se animan conversaciones. El consumo de libros es un fenómeno propio de las tierras raras del mundo bibliográfico, un fenómeno difícil de cuantificar, aunque en el pasado han existido esfuerzos por tratar de determinar el nivel de las prácticas de lectura en nuestro país.
Con todo, la feria es un espacio donde se ven, compran y, a veces, se roban libros, una práctica que desafortunadamente ha caído en desuso en los últimos años. Quizá ese era, o es, el indicador más claro del aprecio por los libros: hurtar libros como expresión del deseo de poseer ejemplares que de otra forma serían objetos inaccesibles para sus lectores. La temeridad, el riesgo, la ansiedad, la ambición, como motores de fechorías culturales propias del interés enfebrecido por coleccionar obras de papel que representan pequeños trofeos de papel colocados en los estantes o en las mesas de quienes cometen esos minúsculos actos de rebeldía, cálculo y desesperación.
En 2014 ocurrió algo al respecto. Tres estudiantes universitarios se robaron ochenta libros en aquella edición de la FIL. Un acto memorable, que bien merecería un homenaje y un par de estatuas. Simboliza el hecho de que robar un libro es humanizar la práctica de la lectura. Acerca más que cualquier otra cosa a los autores con sus lectores. Robar libros como la última de las bellas artes.
Thursday, December 04, 2025
Autonomía y democracia universitaria
Diario de incertidumbres
Autonomía y democracia universitaria
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 04/12/2025)
https://suplementocampus.com/autonomia-y-democracia-universitarias/
Un fantasma recorre el campus: el malestar con las prácticas de los gobiernos universitarios. Aunque sus apariciones suelen ser esporádicas, sus efectos pueden ser devastadores para la vida institucional. En la historia reciente de no pocas universidades públicas mexicanas y latinoamericanas, ese malestar se expresa ocasionalmente en protestas, reclamos y movilizaciones de profesores y estudiantes (ellas, ellos) que denuncian arbitrariedades, abusos e ilegalidades por parte de las autoridades universitarias, colocando en situaciones de ingobernabilidad a las propias universidades.
Algunos casos recientes permiten identificar los rasgos y los riesgos del gobierno de las universidades públicas autónomas. Uno es el caso de la Universidad Veracruzana (documentado ampliamente por Campus), sumergida desde hace meses en una crisis institucional por la decisión de la Junta de Gobierno para extender el período de gobierno del actual rector de esa universidad, a pesar de la ilegalidad e ilegitimidad de esa decisión política. Otro caso lo representa la Universidad Nacional de Colombia, donde un accidentado proceso electoral llevó a elegir a dos rectores: uno electo según las reglas al uso de esa institución, y otro electo por la mayoría de los estudiantes y profesorado universitario. Uno más tiene que ver con las movilizaciones por dotar de autonomía a instituciones jurídicamente heterónomas como la Escuela Superior de Administración Pública de Colombia (ESAP), un espacio universitario fundado en 1960 en la cual se forma el funcionariado público nacional colombiano.
Estos casos colocan nuevamente en el horizonte de la discusión pública el problema del gobierno de las universidades autónomas. Herederas de un antiguo reclamo democrático que llevó a la estructuración de regímenes autonómicos donde el co-gobierno o gobierno compartido entre estudiantes, profesores y directivos es el componente central de la lógica de su autogobierno, las universidades expresan las tensiones propias de los diversos intereses y actores que coexisten entre sus comunidades. Esa complejidad organizacional (el cogobierno) supone la desconcentración y descentralización de muchas decisiones académicas, ancladas es las escuelas, facultades e institutos de investigación que representan a las disciplinas y áreas del conocimiento que se desarrollan en las universidades.
No obstante, las formas y procesos de elección de sus autoridades suele ser el núcleo del problema del autogobierno. La hechura de leyes y normativas universitarias marcan las reglas del juego, aunque la dinámica de grupos y redes de poder determinan muchas de las prácticas institucionales. Juntas de gobierno, universitarias o directivas, colegios académicos, consejos universitarios, consultas, procedimientos y métodos electorales, configuran los espacios de participación y representación de las comunidades universitarias en los procesos políticos internos. La idea central de estas formas y espacios colegiados del gobierno universitario es que el poder institucional sea un poder distribuido, no centralizado, que obedezca a la lógica de producción, transmisión y difusión del conocimiento técnico, profesional o científico, no a los intereses políticos de grupos específicos.
Pero los límites y funciones de las autoridades son también objeto de las normativas universitarias que tienen que ver con la gestión de la autonomía. Y es aquí donde se encuentran las aguas profundas del malestar universitario: los excesos, la manipulación o el aprovechamiento de las funciones y recursos de las universidades para el beneficio de unos cuantos. Navegar entre esas aguas es el oficio de piratas y marineros expertos en el uso de la autonomía como instrumento de autoprotección política, y no como condición institucional para el ejercicio de las libertades de expresión, de cátedra e investigación que constituyen la racionalidad crítica de la vida académica de las universidades en los diversas disciplinas y campos del conocimiento. Es la vieja distinción kantiana entre la república del saber y la república del poder, entre la racionalidad científica y la racionalidad del Estado.
Lo que asoma en los horizontes nublados de la política universitaria es el debate sobre el ideal democrático asociado a las formas y métodos del gobierno de las universidades públicas autónomas. Y aquí ha surgido el problema de formas autocráticas de gobierno a cuya solución se le propone aplicar un nuevo aceite de serpiente: la “democratización” de la universidad. Aunque el enunciado mismo es ambiguo y sus expresiones son inevitablemente discutibles, ello supone la participación masiva de las comunidades universitarias para elegir rectores y directivos, a través de formas plebiscitarias o asambleístas de gobierno, en que las decisiones universitarias sean consultadas y avaladas por sus comunidades.
En contextos de autonomía el ideal democrático universitario es el cogobierno, y la “democratización” es el proceso orientado hacia la cristalización de ese ideal. La democracia universitaria significa expansión de oportunidades de acceso a la universidad de poblaciones excluidas, pero también participación y representación en los órganos colegiados, y de rendición de cuentas de sus autoridades. No obstante, los conflictos en torno a las formas de elección de las rectorías pueden conducir a efectos perversos o no deseados del ideal (el fin) y del proceso (el medio). Abre, o puede abrir, la puerta a reformas institucionales que, en nombre de la lucha contra la burocratización y corrupción real o imaginaria de los gobiernos universitarios, se orienten a la construcción de regímenes heterónomos que obedezcan a proyectos políticos externos a las universidades, donde el activismo y la politización salvaje ocupen el lugar central de las prácticas académicas de los universitarios. La relación entre autonomía y democracia universitaria es siempre una ecuación compleja, que no se resuelve con algoritmos simplificadores, y que requiere de una combinación de responsabilidad gubernativa, ética institucional y respeto a la legalidad y legitimidad que se han dado las propias universidades.
Estos temas fueron el objeto de varias reflexiones en el “Congreso Nacional sobre autonomía y democratización universitaria”, organizado en Bogotá por la ESAP, y al que fui invitado para explorar las varias dimensiones de la gestión autonómica de las universidades. El resultado fue la formulación de una agenda básica de investigación comparada que permita ofrecer evidencia y propuestas de políticas de reforma para las propias universidades, orientadas a mejorar los umbrales de calidad, coherencia y consistencia de la gobernabilidad y la gobernanza institucional en entornos complejos.
Subscribe to:
Comments (Atom)
