Friday, August 14, 2026

Puertas que no abren

Tocar puertas que no se abren: la paradoja de egresados y empleadores Adrián Acosta Silva (Nexos, agosto 2026) https://www.nexos.com.mx/puertas-que-no-se-abren/ Aquí no hay dueño de casa; aquí reina el desorden Antón Chéjov, Un drama de caza Un par de fantasmas recorren penosamente los campus universitarios y sus alrededores: el desempleo y el subempleo de sus egresados. Son fantasmas extraños. Desde hace tiempo, el énfasis puesto en la evaluación de la calidad de los programas universitarios, o el empeño en incrementar el acceso, la inclusión y la equidad a las instituciones de educación superior, desplazaron del centro de la atención pública (y política) el tema de los egresados universitarios. No obstante, con frecuencia se escucha el lamento por la falta de oportunidades de empleo digno y estable de una población altamente escolarizada que enfrenta desafíos persistentes al momento de egresar de programas a los que ha dedicado varios años para formarse profesionalmente, con la esperanza, o la certeza, de mejorar sus presentes y futuras condiciones de vida. El vínculo entre egresados y empleadores en los mercados laborales ha sido objeto de estudios desde finales del siglo pasado. Economistas, demógrafos y sociólogos han abonado numerosos argumentos y perspectivas de análisis para explicar el fenómeno. Algunos ofrecen explicaciones que acentúan la brecha entre la calidad de la formación universitaria y los cambios en el mundo del trabajo como el factor causal más importante del problema de empleabilidad de los egresados. Otras perspectivas sostienen el argumento de que la ausencia o insuficiencia de políticas institucionales que reconozcan el problema es la causa del desempleo o subempleo profesional, lo que afecta las posibilidades de movilidad social ascendente tradicionalmente relacionada con la acumulación de capital escolar de los individuos. Algunos relatos sostienen que el problema se origina en la saturación de los mercados profesionales en ciertos campos formativos, áreas y disciplinas, sobre todo de las ciencias sociales y las humanidades. Otras atribuyen la causa de la falta de oportunidades laborales al origen social, la obsolescencia de los programas de estudios, o a los perfiles y capacidades individuales de estudiantes y egresados. En tono dramático, organizaciones como el Foro Económico Mundial subrayan el impacto que la ciencia de datos o la inteligencia artificial generativa tendrán hacia el 2030 en la desaparición de empleos para ciertas disciplinas (literatura, periodismo, contaduría) debido a las nuevas cualificaciones profesionales relacionadas con la robotización de los procesos productivos en las empresas, según opinan los más de mil empleadores considerados en el reporte (https://reports.weforum.org/docs/WEF_Future_of_Jobs_Report_2025.pdf). En su conjunto, este mosaico de explicaciones al fenómeno ofrece distintos ángulos de observación. No obstante, el problema se incrementa año con año a lo largo del siglo XXI, y no se perciben soluciones estables en el tratamiento de las relaciones entre educación y empleo como un problema sistémico que requiere de decisiones políticas y de política pública. Según el más reciente informe del Observatorio de Políticas de Educación Superior de la UNESCO (https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000398124), no existen datos suficientes para determinar con precisión el índice del desempleo entre los egresados universitarios, dada la diversidad de contextos, campos profesionales y programas de educación terciaria. Aunque es notable el crecimiento de la matrícula de educación superior en todo el mundo (en 2024 se registraron 269 millones de estudiantes de ese nivel), no se tienen datos comparables en cuanto al número de egresados de la educación superior, y menos aún se sabe con certeza el grado del “éxito” o “fracaso” laboral de esos egresados. Factores como el abandono escolar, el rezago acumulado, la rigidez de los programas académicos, el género, la raza, el origen social de los egresados, el tipo de instituciones y programas cursados, o el perfil de empresas y empleadores, configuran los múltiples rostros de la extraordinaria complejidad de esas poblaciones y determinan en grado significativo las posibilidades de sus inserciones laborales tempranas o tardías. Como todo problema complejo, el empleo profesional tiene que ver con los diversos tipos de inserción de los egresados, lo que supone condiciones sociales, trayectorias vitales, contextos laborales, instituciones de egreso, áreas del conocimiento, creencias y estrategias individuales, y oportunidades objetivas para acceder a un empleo satisfactorio al término de los estudios del pregrado o, cada vez más, de posgrado. La obtención de títulos, diplomas y certificaciones es insuficiente para garantizar el acceso a empleos estables y bien pagados que permitan cristalizar expectativas y aspiraciones a sus poseedores. Aunque la escolaridad universitaria marca diferencias significativas en las oportunidades de empleo respecto de quienes no la tienen, la masificación de la educación superior ha generado cambios en la calidad y cantidad de los flujos de acceso a los empleos profesionales. Ello no significa que la masificación sea la causa y el desempleo o subempleo profesional el problema. La causalidad compleja del fenómeno tiene que ver con las transformaciones sistémicas en el propio mercado laboral donde empleadores públicos y privados han generado nuevas exigencias de desempeño que colocan restricciones estructurales al ingreso de poblaciones cada vez más escolarizadas y con mayores expectativas de movilidad social y ocupacional. En esas circunstancias, la retórica del emprendurismo se promueve como el nuevo aceite de serpiente para tratar de remediar los males del desempleo, cuando en realidad los que tenemos es un problema de gobernanza de los mercados laborales profesionales. Según el citado Informe de la UNESCO, ello es resultado del debilitamiento de los vínculos entre el Estado, las instituciones de educación superior y los mercados profesionales. Sin embargo, es una afirmación demasiado general. Existen campos profesionales donde la relación es y ha sido muy fuerte. El campo de las ciencias de la salud, por ejemplo, es un caso de relación históricamente consistente entre los tres componentes citados. Sin embargo, hay un debilitamiento notable en carreas relacionadas con las ciencias sociales y las humanidades, así como en el de ciertos programas de las ciencias económicas y administrativas. Ello ha impulsado la promoción de cambios en las preferencias y opciones profesionales hacia la formación en las denominadas disciplinas STEM (Science, Technology, Engineering and Mathemathics). Paradójicamente, los empleos relacionados con los sistemas de cuidados (educación, atención a los adultos mayores, mantenimiento de infraestructuras domésticas, comerciales e industriales, repartidores) seguirán siendo actividades apreciadas por empresas y empleadores. En México, de acuerdo con datos del Anuario Estadístico 2024-2025 de la ANUIES (https://anuario.anuies.mx), durante ese ciclo escolar egresaron de las instituciones de educación superior un poco más de un millón de estudiantes de todas las modalidades públicas y privadas del sistema nacional. Del total, casi una cuarta parte se ubicaron en dos entidades de la república (Ciudad de México y Estado de México), y otra porción similar se concentró en cuatro entidades más (Jalisco, Nuevo León, Puebla y Veracruz). Es decir, 6 entidades del país concentraron la mitad de la población de egresados de la educación terciaria mexicana. Más de la mitad de esa población son mujeres, lo que confirma la veloz feminización de la matrícula de la educación superior observada desde finales del siglo pasado, que constituye uno de los motores de la expansión del sistema nacional. Si se toma el dato de la matrícula del nuevo ingreso durante el mismo ciclo, se observa la fuerza de esa tendencia hacia el predominio femenino en el acceso a la educación terciaria: casi 6 de cada 10 nuevos ingresos son mujeres, lo que indica el proceso de “des-masculinización” de la educación superior, que seguramente incrementará el peso diferenciador de las mujeres en el egreso en los próximos años. La apuesta a las micro-credenciales, estrategias de educación a lo largo de la vida, formación dual, revaloración de los oficios, innovaciones pedagógicas, incorporación de la inteligencia artificial generativa en las formaciones técnicas o profesionales universitarias y no universitarias, forman parte de las propuestas que se ensayan para mejorar el atractivo de la educación superior para las nuevas generaciones de estudiantes y futuros egresados. El Programa Nacional de Educación Superior 2026-2030 del gobierno federal (https://educacionsuperior.sep.gob.mx/programas/programa-nacional-de-educacion-superior),contempla parte de esas acciones, e incluye la instrumentación de un sistema nacional de seguimiento de egresadas y egresados de la educación superior para identificar los problemas de sus trayectorias laborales después de sus estudios profesionales, una herramienta que puede aportar datos relevantes sobre las estrategias y oportunidades de los procesos de inserción laboral, y de las causas del desempleo o subempleo profesional. Mientras tanto, miles de jóvenes graduados seguirán tocando puertas que no se abren, aguardando oportunidades imaginarias en condiciones de incertidumbre, reservando decisiones vitales que dependen de situaciones reales. Son escenarios de egresados buscando empleo con empleadores que no los contratan. Representaciones de una paradoja sin moralejas.

Thursday, August 13, 2026

Grietas en la oscuridad

Diario de incertidumbres Luego del examen: grietas en la oscuridad Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 13/08/2026) https://suplementocampus.com/luego-del-examen-grietas-en-la-oscuridad/ La crisis activada por los resultados de examen de admisión en la UNAM tiene múltiples lecturas técnicas y políticas. Muchos especialistas han señalado las fallas en la supervisión y las complejidades asociadas al ejercicio de las miles de pruebas virtuales que aplicó la Nacional para el proceso de admisión, que apuntan hacia una complicada combinación de debilidades técnicas en el diseño, vigilancia y supervisión de la prueba, con las limitaciones y estrategias utilizadas por decenas de aspirantes para burlar los dispositivos de control y responder a los reactivos con ayuda de herramientas de inteligencia artificial, acordeones bajados de la nube, o asesorías de terceros presenciales o remotos. La creación de una comisión de especialistas convocada por el Rector Lomelí para enfrentar la crisis fue una respuesta institucional rápida y adecuada para enfrentarla, y una clara señal de la autonomía de la universidad para gestionar sus problemas institucionales. La credibilidad y el prestigio de la UNAM estaba en entredicho. En pocos días, la Comisión cumplió su encargo y, como se sabe, recomendó la aplicación de una “prueba de control” de carácter presencial a más de 50 mil aspirantes, lo que provocó, como era de esperarse, diversas reacciones entre las y los jóvenes que presentaron su prueba virtual. Las causas y el origen de los fallos en el examen masivo aún están por esclarecerse. Los efectos de la crisis tuvieron repercusiones internas. La secretaria general de la UNAM presentó su renuncia, y el contrato con la empresa Territorium Life (responsable del diseño y validación de la prueba) fue cancelado, y se han anunciado varias auditorías para establecer que sucedió con el sistema empleado por esa empresa. A pesar de la pertinencia, velocidad, contundencia y fuerza pública de estas decisiones, la imagen de la Nacional quedó dañada, y el impacto de las limitaciones y efectos no deseados de las pruebas robóticas en los procesos educativos quedó marcado en la memoria de medios y redes. En las próximas semanas, las lecciones, debates y reflexiones derivadas de los hechos, seguramente alimentarán nuevas perspectivas sobre las potencialidades y limitaciones de la aplicación de las herramientas virtuales en las políticas institucionales asociadas a la educación superior. Para no pocos críticos habituales de las universidades públicas, el hecho mostró las debilidades institucionales para prevenir comportamientos anómalos de estudiantes, directivos y profesores. Para otros, los déficits éticos de las conductas tramposas de algunos aspirantes a ingresar a las carreras más prestigiadas de la UNAM (medicina, derecho, contaduría) son producto del deterioro de la cultura cívica y del sistema educativo nacional. Para algunos más, las pruebas son mecanismos injustificables de exclusión deliberada de los sectores más pobres y vulnerables de los jóvenes mexicanos para el acceso a las universidades públicas. Es curioso, o paradójico, que, desde las derechas privatizadoras hasta las izquierdas populistas, la UNAM y las universidades públicas autónomas en general son, han sido y seguramente seguirán siendo objeto de críticas y descalificaciones por sus procesos, estructuras y resultados. No obstante, el desarrollo de políticas de admisión que combinen exigencias basadas en puntajes y méritos académicos de los aspirantes, con los deseos de las y los jóvenes, y con capacidades institucionales objetivas en términos de suficiencia y calidad para seleccionar a los aspirantes, es siempre una ecuación complicada para distribuir suficientes oportunidades en las diversas disciplinas profesionales, y exige la renovación de herramientas virtuales y controles presenciales que permitan establecer con claridad la gestión de las miles de solicitudes que cada año se realizan en el ingreso a las universidades públicas federales y estatales. Lo que puede advertirse en el centro de la tormenta mediática, técnica y política desatada por el examen de admisión, es la tensión entre el ejercicio de la autonomía universitaria en situaciones de conflicto y crisis, y la heteronomía deseada por actores internos y externos a la UNAM. Las crónicas debilidades presupuestales, el escepticismo de las elites de derechas e izquierdas (tradicionales y emergentes) sobre la racionalidad autonómica universitaria, o las descalificaciones sobre cualquier intento de reforma universitaria impulsada por sus autoridades con las limitaciones, ambigüedades y fortalezas propias del gobierno colegiado que caracteriza la autonomía de la universidad, sean utilizadas para descalificar y denostar la imagen y las prácticas universitarias. Las acusaciones de “sistema enfermo”, “corrupción acumulada”, “elitismo disfrazado”, “burocracia irreformable” se han multiplicado en el paisaje mediático de estos días agitados dentro y fuera de la UNAM, y se han replicado con diversa fuerza e intensidad en los campus de las universidades públicas autónomas federales y de los estados. Hoy como ayer, rudos y técnicos reaparecen en la arena del debate universitario, poblando el escenario de lenguajes, símbolos y acciones que colocan en el centro la discusión sobre la naturaleza misma de la autonomía universitaria en tiempos de cólera. Como en otras ocasiones, la “crisis de las pruebas” es uno más de los episodios institucionales que enfrenta la UNAM en su historia reciente. La reflexión, el debate crítico, la revisión y ajuste de políticas y acciones institucionales propias de un gobierno colegiado son las herramientas más poderosas de la autonomía universitaria contemporánea para gestionar sus crisis. Resistir los embates ideológicos, los rencores políticos y los escepticismos acumulados en sus entornos, es el desafío fundamental de la UNAM y las universidades públicas para defenderse de sus enemigos. Para quienes afirman que la inteligencia artificial es un lugar sin límites, el episodio de crisis es una oportunidad valiosa sobre los aprendizajes institucionales que se pueden (y deben) extraer en torno las limitaciones prácticas y los efectos perversos y no deseados de la inteligencia artificial aplicada a los procesos educativos universitarios. Son imágenes de grietas en la oscuridad, pequeños espacios donde siempre se puede filtrar la luz.

Saturday, August 01, 2026

Rutinas

Tierras raras Rutinas Adrián Acosta Silva (Reverso, 31/07/2026) https://reverso.mx/tierras-raras-rutinas/ “Rutinas: esas grandes desconocidas de la historia”, escribió hace tiempo el historiador francés Fernand Braudel (1902-1985). La frase alude a la importancia del estudio de las prácticas habituales, cotidianas, que realizan individuos, grupos y clases sociales para la comprensión de las estructuras y coyunturas de las vidas públicas y privadas en diferentes contextos históricos. La hechura de rutinas como mecanismo de estabilización del orden social que representan sus instituciones formales e informales, sus rupturas y cambios como parte de las adaptaciones prácticas de los individuos a entornos de incertidumbre y confusión que gobiernan el horizonte vital de hombres y mujeres de todos los tiempos. Las rutinas no gozan de buena fama, pues suelen ser vistas como sinónimo de repetición y aburrimiento. Pero las rutinas reflejan el poder de las circunstancias. Obedecen a la importancia simbólica y práctica de imprimir sentido a lo que hacemos todos los días. Por ello se vuelven parte de nuestra colección de trivialidades existenciales, usos y costumbres que se invisibilizan a través del tiempo, y su importancia sólo se aprecia en momentos críticos: un accidente, la muerte de un ser querido, una guerra, una enfermedad, una ruptura amorosa, crisis económicas o políticas que afectan las vidas de individuos y sociedades. Sin embargo, el peso de las rutinas es distinto para hombres y mujeres, dependiendo del azar, el origen social o las circunstancias. La división sexual del trabajo determina en buena medida el tipo de rutinas que realizan, y muestra las estructuras de la desigualdad social expresadas en prácticas individuales e imaginarios colectivos. Pero son las cosas que hacen todos los días las que determinan el peso específico de las desigualdades de género o de clase. La historia del presente es una de las corrientes que se han desprendido del estudio de las rutinas en la estructuración del orden social. Las rutinas políticas, por ejemplo, descansan en una serie de supuestos éticos, normativos y prácticos que hacen posible la negociación de acuerdos y la solución más o menos pacífica de los conflictos, esos componentes básicos de las repúblicas mafiosas contemporáneas, democráticas o no. Formar o afiliarse a un partido político, promover ciertas ideas e intereses, participar en procesos electorales, apoyar a un candidato, seguir a un líder, alcanzar un puesto público: actividades sujetas a rutinas y reglas de actuación estructuradas por creencias profundamente enraizadas en contextos sociales. También existe su némesis: la indiferencia. Los casos más representativos son Ulrich, el personaje central de El hombre sin atributos, de Musil, o Bartleby, el personaje del relato de Melville. “Preferiría no hacerlo” como frase central de un manifiesto silencioso a la indiferencia, la forma más contundente de rebelión contra las rutinas, dicha con parsimonia, sin mayores explicaciones ni justificaciones, apartándose de la dictadura de las obligaciones rutinarias. El minúsculo placer de imponer el logro racional sobre la lógica costumbrista, en una era en que activismos furiosos de distinta naturaleza y alcances exigen con energía compromisos morales a favor de cualquier causa imaginable.

Thursday, July 30, 2026

Libros por todos lados

Diario de incertidumbres Libros por todos lados Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 30/07/2026) https://suplementocampus.com/libros-por-todos-lados/ Una nota periodística publicada hace unas semanas informa sobre la demanda de desalojo que un arrendador exigió al inquilino de un departamento de su propiedad, situado muy cerca de Central Park en Nueva York (https://www.lavanguardia.com/internacional/20260715/11592388/siempre-leyendo-desahuciado-piso-nueva-york-acumular-10-000-libros.html). El pleito es uno de los muchos que ocurren cotidianamente en la gigantesca metrópoli en las zonas habitacionales más codiciadas y caras de la ciudad. El motivo de la demanda es lo curioso del asunto: la enorme cantidad de libros que el inquilino ha acumulado y que, a juicio del dueño, representan “inminentes” riesgos de incendio y daños a su propiedad y al propio edificio. Según el reclamo del demandante, se estima que los más de 10 mil libros acumulados en los 56 metros cuadrados del departamento pesan entre 3 y 10 toneladas, lo que pone en riesgo la seguridad del inmueble. El inquilino, un joven escritor y traductor judío de 31 años, ha entablado un litigio de protección a sus derechos, argumentando que los libros forman parte de su existencia, y que no puede vivir sin ellos (“siempre estoy leyendo”; “los libros son mis manuales para la vida”). En un entorno doméstico sin mobiliario y donde miles de ejemplares han sido colocados hasta en el baño y en la cocina, el bibliófilo/bibliómano duerme en un pequeño espacio en el suelo, siempre, según dice, “con un libro entre las manos”. El asunto está en tribunales. El caso ilumina un tema pertinente en los tiempos de la transición de los libros de papel a los libros digitales, y de los problemas de quienes, por amor a los libros, por su oficio o profesión, prefieren la compra de libros de papel a los libros de luz. Comprar y acumular libros representa una práctica adictiva, asociada a diferentes razonamientos y emociones. El placer o la obligación de la lectura es un hábito enraizado entre individuos muy diversos, que se asocia comúnmente a ciertos rasgos básicos: escolaridad universitaria, tradición familiar, entornos que comparten con individuos similares, profesiones u oficios ligados a la divulgación cultural, la hechura de proyectos culturales, la enseñanza o la investigación. La cultura libresca es un rasgo asociado también en distintos momentos e intensidades a la autoridad, el privilegio y el poder. Por ello, también constituyen una fuente histórica del poder social de las universidades medievales, modernas y contemporáneas, donde cientos o miles de ejemplares eran resguardados celosamente en las bibliotecas de seminarios, claustros y escuelas. Hoy, los repositorios digitales coexisten en la nube con los recintos bibliotecarios tradicionales de los campus universitarios. No pocos intelectuales, escritores y académicos suelen aparecer en imágenes rodeados de libros como evidencias de prestigio y autoridad. El aura del libro como fetiche y fuente de sabiduría traducida en poder, es utilizado con frecuencia en el teatro, en películas y series de televisión, donde los personajes de actores y actrices se acompañan de escenas con bibliotecas repletas de libros de utilería como respaldo a la imagen de conocimiento que irradian libros cuidadosamente ordenados en estantes, como parte del paisaje escenográfico de las obras. A la sombra de los libros se establecen relaciones prácticas o imaginarias entre capital, poder y cultura. Comprar y acumular libros supone invertir pequeñas o grandes fortunas para hacer de la lectura un hábito civilizatorio, un pretexto para la conversación, una herramienta de trabajo, o un recurso para la contemplación solitaria o la interacción social. Los libros son la “memoria vegetal” de la que hablaba Umberto Eco, una colección de obras que alimentan la biblioteca personal como proyecto de lectura a que se refería Borges, o simplemente la oportunidad de tachar, anotar, releer estilos, ideas, relatos, frases que quedan marcadas en la memoria de sus lectores. Los libros son espacios para la imaginación y la reflexión, combustible de tinta y papel para la exploración de temas y perspectivas, sembradíos de dudas, bazar de asombros o fuentes inagotables de interrogaciones. Tal vez esas son tal vez algunas de las razones que explican la compulsión acumuladora de libros como la que representa el hombre que vive sepultado entre paredes y montículos de libros en Nueva York. Son las voces de libros que llaman a sus lectores, el canto de sirenas que los seduce y atrapa una y otra vez. Y son las voces que probablemente escuchan otros individuos en muchos otros lugares, en distintas escalas y volúmenes, que viven en alguna ciudad o pueblo de México, o en Praga, Viena, Estambul, Bogotá o Buenos Aires. Los libros como mapas del mundo personal, como riesgos incendiarios, como llamados irresistibles, o como intuiciones gobernadas por el libre albedrío. Son algunas de las distintas caras del poder de los libros.

Thursday, July 16, 2026

Homo academicus

Diario de incertidumbres Académicos: trazos del homo academicus Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 16/07/2026) https://suplementocampus.com/academicos-trazos-del-homo-academicus/ La profesión académica es un campo de actores, estructuras y procesos extraordinariamente complejo. Coexisten en ese territorio representaciones de académicos imaginarios y experiencias de académicos muy reales. A diferencia de la profesión docente que se ejerce en las escuelas de educación básica, en la educación superior no hay un espacio de formación profesional orientado explícitamente a la combinación de la enseñanza con el desarrollo de la investigación. Si las escuelas normales fueron la gran invención del “Estado educador” en el siglo XIX, las universidades se configuraron como espacios de formación profesional y científica que derivaron por obra del azar o por accidente en la construcción de la profesión académica moderna como un efecto no planeado pero ocurrido a lo largo del siglo XX. Eso tiene mucho que ver con la historia intelectual del siglo pasado. Las hechuras políticas e ideológicas del liberalismo dieron paso a la figura del académico moderno, cuyo perfil combina experiencia docente, conocimientos especializados, interés por la investigación orientada hacia la producción de nuevos conocimientos en las diversas disciplinas en contextos de libertad y autonomía, y un inevitable sentido práctico para combinar herramientas, pedagogías y estrategias de enseñanza e investigación apropiadas para los diversos contextos sociales e institucionales universitarios. Desde sus orígenes la profesión docente se asemeja más a un oficio que a una profesión propiamente dicha. El proceso de aprendizaje del oficio vuelto profesión sucede en las aulas universitarias, observando los estilos, herramientas y métodos que utilizan los profesores universitarios y las redes a las cuales pertenecen, marcadas por códigos de identidad, prácticas compartidas y líneas claras o difusas de los territorios donde se cruzan el ejercicio de la docencia y la investigación. Este largo proceso no surgió del vacío histórico. La antiguas universidades medievales y coloniales estructuraron prácticas que configuraron la autoridad intelectual y práctica del profesorado universitario entre los círculos del poder político, eclesiástico y civil, entre reyes y papas, entre monarquías e iglesias. Sin embargo, el liberalismo cambió las formas de legitimidad del ejercicio de la profesión al estructurar trayectorias basadas en el mérito: licenciaturas, especialidades, maestrías, doctorados, posdoctorados. La lógica meritocrática como forma de legitimación del poder del saber y la autoridad se impuso en la conformación del académico contemporáneo. La larga y fascinante historia de la profesión académica ha llegado a nuestros días de formas extrañas, confusas y contradictorias. En México, la masificación de la educación superior ha significado también la masificación de la profesión docente. Entre una población estimada en casi medio millón de individuos, coexisten el profesorado de tiempo completo y el de tiempo parcial, profesores universitarios de instituciones públicas autónomas o de establecimientos privados, con títulos de pregrado o de posgrado, que sólo se concentran en la docencia o se dedican principalmente a la investigación, donde predominan hombres o mujeres, jóvenes o ya no tanto. Los contextos institucionales donde laboran también son diversos, con formas de contratación variables, pocas oportunidades de acceso a empleos académicos, en que los salarios suelen ser bajos y compensados por otras formas de ingresos adicionales condicionados a la cualificación de los individuos (en México, bonos de antigüedad, programas de estímulos, acceso al SNII). Desde los años setenta aparecieron los sindicatos y asociaciones de académicos como espacios gremiales para mejorar las condiciones del trabajo del profesorado. Estabilidad, prestaciones, derechos, contratos colectivos, se convirtieron en el centro de las demandas del nuevo sindicalismo universitario, a las que se añadieron exigencias de mayores espacios de participación y representación en los órganos de gobierno de las universidades. En los escenarios actuales, construir una carrera académica es un largo y sinuoso camino que asegura mucho a algunos y poco a la mayoría. Coexisten ciertas oligarquías y élites académicas con masas profesorales trabajando a destajo en condiciones de precariedad. Quienes aspiran a construir una carrera saben que deben cursar licenciaturas y posgrados bajo la guía de mentores que ofrezcan oportunidades de acceso a las redes y tabernas académicas, llenas de humo, egos desatados o discretos, grillas tribales, ánimos cambiantes, lugares donde se cultivan amistades, indiferencias, pleitos ocasionales y silencios prolongados. El horizonte para los jóvenes académicos es complicado. Coexisten y compiten con acumuladores compulsivos que coleccionan diplomas universitarios como títulos nobiliarios: cursan dos licenciaturas, tres maestrías y otros tantos doctorados para mostrar el poder de sus inteligencias reales o imaginarias para adquirir prestigio, fama y dinero, frente a aquellos que cultivan el entusiasmo por el conocimiento mismo y que aspiran a vivir satisfactoriamente de ello. No existe más aquella figura del profesor/intelectual universitario que refería Saul Bellow en El legado de Humboldt (1975), que es la representación más fiel del académico imaginario químicamente puro: “un magnífico conversador, un improvisador de monólogos frenético e incesante, detractor de primera…El dinero constituía para él una constante fuente de inspiración…Había leído miles de libros. Decía que la historia no era más que una pesadilla durante la cual intentaba pasar una simple noche de descanso. Su insomnio lo hacía más erudito”. Frente a esa representación novelística, contrastan los espejos de académicos reales: personas que construyen trayectorias de inserción laboral en condiciones difíciles, que se esfuerzan por obtener certificaciones y grados para concursar por puestos o acceder a estímulos, sujetos a oportunidades escasas, con salarios insuficientes e inestables, evaluados de manera sistemática, que rinden informes una y otra vez ante las instancias proveedoras de fondos y apoyos, buscando participar en congresos, seminarios o talleres, y tratando de publicar de manera regular para obtener visibilidad, reconocimientos y oportunidades. Es un prolongado período de “acumulación originaria” de capital académico. Entre esos mundos de representaciones y prácticas heterogéneas, las trayectorias de los académicos expresan la complejidad de sus perfiles, aspiraciones y condiciones laborales. La masificación de la profesión ha traído consigo dificultades crecientes a los empleos académicos, debilitando los sentidos de identidad y pertenencia que caracterizan al profesorado universitario en los tiempos nebulosos de la austeridad institucional que resuena entre los estruendos digitales y los relámpagos de la inteligencia artificial. Es el nuevo corazón de las tinieblas del homo academicus.

Thursday, July 02, 2026

Futbol

Tierras raras Futbol Adrián Acosta Silva El mundial del futbol que se desarrolla en el verano cada cuatro años es un circo de varias pistas. Es, al mismo tiempo, un negocio, un espectáculo y un deporte que captura la atención de las masas por diferentes razones y circunstancias. Aficionados, empresas, clubes, promotores, jugadores, entrenadores, directivos y gobiernos nacionales y locales configuran una gigantesca maquinaria dirigida desde hace décadas por la FIFA, una organización cuasi-mafiosa que determina las reglas, condiciones y beneficios públicos y privados de los involucrados. Son componentes de la lógica del capitalismo deportivo que ha penetrado el mundo del entretenimiento futbolero. Lo que vemos en estos días en los estadios mundialistas de México, Canadá y los Estados Unidos es la representación de los intereses comerciales, deportivos y políticos que están detrás de un deporte de masas profundamente enraizado entre niños y jóvenes, y cuya práctica se transmite de generación en generación desde hace más de un siglo. Como todo deporte masivo, el futbol es un campo de ilusiones, cuya magia se descubre en las calles de barrios y colonias, en campos deportivos empastados o polvorientos, en los patios escolares, en los jardines de un parque cualquiera. El carácter popular de las prácticas futboleras ha alimentado el interés por su organización y beneficios económicos, y los eventos mundialistas son la expresión más clara de cómo los deportes masivos son fuentes de explotación comercial de grandes dimensiones. Televisoras, plataformas digitales, empresas de refrescos, de cervezas y de comida rápida, casas de apuestas que alimentan prácticas de casino, han convertido a los estadios en gigantescos escaparates que promueven y financian el consumo, mientras gobiernos, empresas y la propia FIFA se benefician de la acumulación de las emociones y entusiasmos populares y los réditos políticos y económicos que se extraen o pueden extraer de ellas. En Guadalajara, fiesta y espectáculo se combinaron durante tres semanas para enmarcar las relaciones entre política y negocios que tienen un balón como símbolo. Mientras el estadio se llenó cuatro veces para albergar otros tantos partidos de selecciones nacionales, el gobierno emecista desplegó sus cálculos e instintos políticos-empresariales para aprovechar el momento y organizó con recursos públicos conciertos masivos en la Minerva para promover a algunas glorias municipales que han alcanzado cierta fama internacional. Más allá de los gustos musicales, referencias deportivas y cálculos político-empresariales del mundial y sus eventos (Fan Fest, conciertos, celebraciones), el evento mostró los usos políticos y económicos de la explotación de los sentimientos futboleros en el siglo XXI. Mientras miles de aficionados se divertían en estadios y calles tapatías, los directivos de la FIFA, empresas y gobernantes locales disfrutaban de los beneficios obtenidos: dinero, popularidad, entusiasmos de ocasión que opacaron fugazmente problemas sociales que no se resuelven en un partido ni se disuelven en una fiesta. La música de las emociones y el desmadre colectivo como parte del paisaje que adorna el sonido metálico del show-bussines entre banderas, botargas y rostros pintados amontonados en los estadios y espacios públicos.

El poder de las circunstancias

Diario de incertidumbres Universidades: el poder de las circunstancias Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 02/07/2026) https://suplementocampus.com/universidades-el-poder-de-las-circunstancias/ Como sucede tanto en los diversos campos de la acción social como en la esfera de las vidas individuales, las universidades son territorios marcados por el poder de las circunstancias. Ese poder se expresa en el peso específico de dilemas, posibilidades, incertidumbres y restricciones contextuales de diverso tipo y alcances: financiamiento, reconocimientos, oportunidades, apoyos, legitimidad. La vida cotidiana en los campus presenciales o virtuales se despliega entre rutinas y prácticas tradicionales que cambian poco a pesar de las voces que alertan sobre la urgencia de la innovación, la adaptación y el cambio institucional en la era digital. No es una situación inédita en la historia de las universidades. De hecho, esa coexistencia entre la conservación de prácticas y el deseo de reformas e innovaciones habita el corazón de los procesos académicos que se desarrollan en las aguas profundas de la vida universitaria. Profesores que imparten cursos tradicionales en espacios tradicionales y costumbres al uso, frente a estudiantes tradicionales, curiosos o indiferentes, escuchando y tomando notas, mientras miran sus apuntes o se distraen con el celular. Datos y textos de papel o de luz forman el material sólido de la vida académica, que se discuten con la ayuda de plataformas, pizarrones, proyectores y pantallas que ilustran ideas, perspectivas, fórmulas y esquemas para organizar la reflexión y comprensión colectiva durante un tiempo establecido. En la era digital, se observa una fiebre por ofrecer o tomar cursos de actualización docente diseñados por autoridades educativas para mejorar las capacidades instrumentales del profesorado, y una mensajería electrónica incesante para convencer a los profesores de reinventar la pedagogía de las enseñanzas y los procesos de aprendizaje. Literacidad, plataformas, usos de inteligencia artificial, nuevos instrumentos, formatos y recursos didácticos, se promueven en los pasillos y auditorios universitarios alertando en tono grave sobre la inminencia del desastre educativo que se avecina si no cambian las prácticas y actitudes académicas tradicionales. Y, sin embargo, el duende de las rutinas impone el orden en la vida del campus. Pequeños rituales de organización de las actuaciones de profesores, estudiantes y directivos son espejos del peso de las rutinas en la formación de los hábitos académicos y escolares. Seminarios, talleres, laboratorios, coloquios, son espacios de representación de las prácticas escolares que permanecen desde hace siglos en los campus universitarios, aunque cambien los conocimientos, las formas y herramientas que los cristalizan en las diversas disciplinas y campos formativos. ¿Qué es lo que ha cambiado? Las circunstancias. Una parte de ellas tiene que ver con las ideas. En las últimas décadas, las ideas de modernización, evaluación y calidad gobernaron la vida en el campus, aunque sus traducciones prácticas fueron heterogéneas e influyeron con variada intensidad en las rutinas universitarias. Hoy, las ideas de innovación, gratuidad y obligatoriedad se abren paso de manera confusa en entornos dominados por la compleja combinación de la masificación de la educación superior con la ya crónica austeridad presupuestal de las universidades públicas. La música de plomo de la austeridad obliga a que las prácticas académicas permanezcan entre un profesorado insuficiente y mayoritariamente mal pagado, con infraestructuras que se mantienen con dificultades, y con cambios en las percepciones de las nuevas generaciones estudiantiles sobre el sentido mismo de la formación universitaria y sus propias creencias, deseos y expectativas sobre el futuro. El deterioro de la autoridad del profesor, los abandonos, el rezago y la baja de solicitudes de ingreso a varias carreras universitarias en las instituciones públicas, junto al crecimiento de instituciones privadas que ofrecen programas de bajo costo, alta flexibilidad y corta duración, forman parte de las circunstancias que rodean las rutinas cotidianas de las universidades públicas. Las alarmas del cambio y las urgencias de movilización institucional resuenan como relámpagos entre las aguas calmas de la vida rutinaria universitaria. Caminar entre los pasillos y jardines del campus, conversar en aulas, cafeterías y cubículos universitarios, leer en silencio, o navegar en las pantallas de las computadoras y teléfonos inteligentes, son hábitos que permanecen entre muchos profesores y estudiantes. Son rutinas que sorprenden a los promotores del innovacionismo digital, esa nueva religión que gobierna el mundo de la política, los negocios y la educación. Para no pocas de estas fuerzas promotoras del cambio, la lentitud de las rutinas universitarias tradicionales puede conducir al abismo de las ruinas institucionales. A la luz de las circunstancias -que siempre son combinaciones complejas de exigencias de cambio con la permanencia de usos y costumbres endurecidas por el tiempo y la incertidumbre-, en muchos rincones del campus flota la impresión de que el cielo digital puede esperar. La robotización de la educación superior y la gestión institucional de la innovación forman parte de las fuerzas que marcan las tensiones entre las prácticas costumbristas y las fuerzas de la velocidad disruptiva. Tradición y cambio son las dos caras de la moneda universitaria. Parafraseando las palabras (tradicionales) del viejo Serrat: eso puede tener alguna explicación; lo que no tiene es remedio.