Thursday, July 30, 2026

Libros por todos lados

Diario de incertidumbres Libros por todos lados Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 30/07/2026) https://suplementocampus.com/libros-por-todos-lados/ Una nota periodística publicada hace unas semanas informa sobre la demanda de desalojo que un arrendador exigió al inquilino de un departamento de su propiedad, situado muy cerca de Central Park en Nueva York (https://www.lavanguardia.com/internacional/20260715/11592388/siempre-leyendo-desahuciado-piso-nueva-york-acumular-10-000-libros.html). El pleito es uno de los muchos que ocurren cotidianamente en la gigantesca metrópoli en las zonas habitacionales más codiciadas y caras de la ciudad. El motivo de la demanda es lo curioso del asunto: la enorme cantidad de libros que el inquilino ha acumulado y que, a juicio del dueño, representan “inminentes” riesgos de incendio y daños a su propiedad y al propio edificio. Según el reclamo del demandante, se estima que los más de 10 mil libros acumulados en los 56 metros cuadrados del departamento pesan entre 3 y 10 toneladas, lo que pone en riesgo la seguridad del inmueble. El inquilino, un joven escritor y traductor judío de 31 años, ha entablado un litigio de protección a sus derechos, argumentando que los libros forman parte de su existencia, y que no puede vivir sin ellos (“siempre estoy leyendo”; “los libros son mis manuales para la vida”). En un entorno doméstico sin mobiliario y donde miles de ejemplares han sido colocados hasta en el baño y en la cocina, el bibliófilo/bibliómano duerme en un pequeño espacio en el suelo, siempre, según dice, “con un libro entre las manos”. El asunto está en tribunales. El caso ilumina un tema pertinente en los tiempos de la transición de los libros de papel a los libros digitales, y de los problemas de quienes, por amor a los libros, por su oficio o profesión, prefieren la compra de libros de papel a los libros de luz. Comprar y acumular libros representa una práctica adictiva, asociada a diferentes razonamientos y emociones. El placer o la obligación de la lectura es un hábito enraizado entre individuos muy diversos, que se asocia comúnmente a ciertos rasgos básicos: escolaridad universitaria, tradición familiar, entornos que comparten con individuos similares, profesiones u oficios ligados a la divulgación cultural, la hechura de proyectos culturales, la enseñanza o la investigación. La cultura libresca es un rasgo asociado también en distintos momentos e intensidades a la autoridad, el privilegio y el poder. Por ello, también constituyen una fuente histórica del poder social de las universidades medievales, modernas y contemporáneas, donde cientos o miles de ejemplares eran resguardados celosamente en las bibliotecas de seminarios, claustros y escuelas. Hoy, los repositorios digitales coexisten en la nube con los recintos bibliotecarios tradicionales de los campus universitarios. No pocos intelectuales, escritores y académicos suelen aparecer en imágenes rodeados de libros como evidencias de prestigio y autoridad. El aura del libro como fetiche y fuente de sabiduría traducida en poder, es utilizado con frecuencia en el teatro, en películas y series de televisión, donde los personajes de actores y actrices se acompañan de escenas con bibliotecas repletas de libros de utilería como respaldo a la imagen de conocimiento que irradian libros cuidadosamente ordenados en estantes, como parte del paisaje escenográfico de las obras. A la sombra de los libros se establecen relaciones prácticas o imaginarias entre capital, poder y cultura. Comprar y acumular libros supone invertir pequeñas o grandes fortunas para hacer de la lectura un hábito civilizatorio, un pretexto para la conversación, una herramienta de trabajo, o un recurso para la contemplación solitaria o la interacción social. Los libros son la “memoria vegetal” de la que hablaba Umberto Eco, una colección de obras que alimentan la biblioteca personal como proyecto de lectura a que se refería Borges, o simplemente la oportunidad de tachar, anotar, releer estilos, ideas, relatos, frases que quedan marcadas en la memoria de sus lectores. Los libros son espacios para la imaginación y la reflexión, combustible de tinta y papel para la exploración de temas y perspectivas, sembradíos de dudas, bazar de asombros o fuentes inagotables de interrogaciones. Tal vez esas son tal vez algunas de las razones que explican la compulsión acumuladora de libros como la que representa el hombre que vive sepultado entre paredes y montículos de libros en Nueva York. Son las voces de libros que llaman a sus lectores, el canto de sirenas que los seduce y atrapa una y otra vez. Y son las voces que probablemente escuchan otros individuos en muchos otros lugares, en distintas escalas y volúmenes, que viven en alguna ciudad o pueblo de México, o en Praga, Viena, Estambul, Bogotá o Buenos Aires. Los libros como mapas del mundo personal, como riesgos incendiarios, como llamados irresistibles, o como intuiciones gobernadas por el libre albedrío. Son algunas de las distintas caras del poder de los libros.

Thursday, July 16, 2026

Homo academicus

Diario de incertidumbres Académicos: trazos del homo academicus Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 16/07/2026) https://suplementocampus.com/academicos-trazos-del-homo-academicus/ La profesión académica es un campo de actores, estructuras y procesos extraordinariamente complejo. Coexisten en ese territorio representaciones de académicos imaginarios y experiencias de académicos muy reales. A diferencia de la profesión docente que se ejerce en las escuelas de educación básica, en la educación superior no hay un espacio de formación profesional orientado explícitamente a la combinación de la enseñanza con el desarrollo de la investigación. Si las escuelas normales fueron la gran invención del “Estado educador” en el siglo XIX, las universidades se configuraron como espacios de formación profesional y científica que derivaron por obra del azar o por accidente en la construcción de la profesión académica moderna como un efecto no planeado pero ocurrido a lo largo del siglo XX. Eso tiene mucho que ver con la historia intelectual del siglo pasado. Las hechuras políticas e ideológicas del liberalismo dieron paso a la figura del académico moderno, cuyo perfil combina experiencia docente, conocimientos especializados, interés por la investigación orientada hacia la producción de nuevos conocimientos en las diversas disciplinas en contextos de libertad y autonomía, y un inevitable sentido práctico para combinar herramientas, pedagogías y estrategias de enseñanza e investigación apropiadas para los diversos contextos sociales e institucionales universitarios. Desde sus orígenes la profesión docente se asemeja más a un oficio que a una profesión propiamente dicha. El proceso de aprendizaje del oficio vuelto profesión sucede en las aulas universitarias, observando los estilos, herramientas y métodos que utilizan los profesores universitarios y las redes a las cuales pertenecen, marcadas por códigos de identidad, prácticas compartidas y líneas claras o difusas de los territorios donde se cruzan el ejercicio de la docencia y la investigación. Este largo proceso no surgió del vacío histórico. La antiguas universidades medievales y coloniales estructuraron prácticas que configuraron la autoridad intelectual y práctica del profesorado universitario entre los círculos del poder político, eclesiástico y civil, entre reyes y papas, entre monarquías e iglesias. Sin embargo, el liberalismo cambió las formas de legitimidad del ejercicio de la profesión al estructurar trayectorias basadas en el mérito: licenciaturas, especialidades, maestrías, doctorados, posdoctorados. La lógica meritocrática como forma de legitimación del poder del saber y la autoridad se impuso en la conformación del académico contemporáneo. La larga y fascinante historia de la profesión académica ha llegado a nuestros días de formas extrañas, confusas y contradictorias. En México, la masificación de la educación superior ha significado también la masificación de la profesión docente. Entre una población estimada en casi medio millón de individuos, coexisten el profesorado de tiempo completo y el de tiempo parcial, profesores universitarios de instituciones públicas autónomas o de establecimientos privados, con títulos de pregrado o de posgrado, que sólo se concentran en la docencia o se dedican principalmente a la investigación, donde predominan hombres o mujeres, jóvenes o ya no tanto. Los contextos institucionales donde laboran también son diversos, con formas de contratación variables, pocas oportunidades de acceso a empleos académicos, en que los salarios suelen ser bajos y compensados por otras formas de ingresos adicionales condicionados a la cualificación de los individuos (en México, bonos de antigüedad, programas de estímulos, acceso al SNII). Desde los años setenta aparecieron los sindicatos y asociaciones de académicos como espacios gremiales para mejorar las condiciones del trabajo del profesorado. Estabilidad, prestaciones, derechos, contratos colectivos, se convirtieron en el centro de las demandas del nuevo sindicalismo universitario, a las que se añadieron exigencias de mayores espacios de participación y representación en los órganos de gobierno de las universidades. En los escenarios actuales, construir una carrera académica es un largo y sinuoso camino que asegura mucho a algunos y poco a la mayoría. Coexisten ciertas oligarquías y élites académicas con masas profesorales trabajando a destajo en condiciones de precariedad. Quienes aspiran a construir una carrera saben que deben cursar licenciaturas y posgrados bajo la guía de mentores que ofrezcan oportunidades de acceso a las redes y tabernas académicas, llenas de humo, egos desatados o discretos, grillas tribales, ánimos cambiantes, lugares donde se cultivan amistades, indiferencias, pleitos ocasionales y silencios prolongados. El horizonte para los jóvenes académicos es complicado. Coexisten y compiten con acumuladores compulsivos que coleccionan diplomas universitarios como títulos nobiliarios: cursan dos licenciaturas, tres maestrías y otros tantos doctorados para mostrar el poder de sus inteligencias reales o imaginarias para adquirir prestigio, fama y dinero, frente a aquellos que cultivan el entusiasmo por el conocimiento mismo y que aspiran a vivir satisfactoriamente de ello. No existe más aquella figura del profesor/intelectual universitario que refería Saul Bellow en El legado de Humboldt (1975), que es la representación más fiel del académico imaginario químicamente puro: “un magnífico conversador, un improvisador de monólogos frenético e incesante, detractor de primera…El dinero constituía para él una constante fuente de inspiración…Había leído miles de libros. Decía que la historia no era más que una pesadilla durante la cual intentaba pasar una simple noche de descanso. Su insomnio lo hacía más erudito”. Frente a esa representación novelística, contrastan los espejos de académicos reales: personas que construyen trayectorias de inserción laboral en condiciones difíciles, que se esfuerzan por obtener certificaciones y grados para concursar por puestos o acceder a estímulos, sujetos a oportunidades escasas, con salarios insuficientes e inestables, evaluados de manera sistemática, que rinden informes una y otra vez ante las instancias proveedoras de fondos y apoyos, buscando participar en congresos, seminarios o talleres, y tratando de publicar de manera regular para obtener visibilidad, reconocimientos y oportunidades. Es un prolongado período de “acumulación originaria” de capital académico. Entre esos mundos de representaciones y prácticas heterogéneas, las trayectorias de los académicos expresan la complejidad de sus perfiles, aspiraciones y condiciones laborales. La masificación de la profesión ha traído consigo dificultades crecientes a los empleos académicos, debilitando los sentidos de identidad y pertenencia que caracterizan al profesorado universitario en los tiempos nebulosos de la austeridad institucional que resuena entre los estruendos digitales y los relámpagos de la inteligencia artificial. Es el nuevo corazón de las tinieblas del homo academicus.

Thursday, July 02, 2026

Futbol

Tierras raras Futbol Adrián Acosta Silva El mundial del futbol que se desarrolla en el verano cada cuatro años es un circo de varias pistas. Es, al mismo tiempo, un negocio, un espectáculo y un deporte que captura la atención de las masas por diferentes razones y circunstancias. Aficionados, empresas, clubes, promotores, jugadores, entrenadores, directivos y gobiernos nacionales y locales configuran una gigantesca maquinaria dirigida desde hace décadas por la FIFA, una organización cuasi-mafiosa que determina las reglas, condiciones y beneficios públicos y privados de los involucrados. Son componentes de la lógica del capitalismo deportivo que ha penetrado el mundo del entretenimiento futbolero. Lo que vemos en estos días en los estadios mundialistas de México, Canadá y los Estados Unidos es la representación de los intereses comerciales, deportivos y políticos que están detrás de un deporte de masas profundamente enraizado entre niños y jóvenes, y cuya práctica se transmite de generación en generación desde hace más de un siglo. Como todo deporte masivo, el futbol es un campo de ilusiones, cuya magia se descubre en las calles de barrios y colonias, en campos deportivos empastados o polvorientos, en los patios escolares, en los jardines de un parque cualquiera. El carácter popular de las prácticas futboleras ha alimentado el interés por su organización y beneficios económicos, y los eventos mundialistas son la expresión más clara de cómo los deportes masivos son fuentes de explotación comercial de grandes dimensiones. Televisoras, plataformas digitales, empresas de refrescos, de cervezas y de comida rápida, casas de apuestas que alimentan prácticas de casino, han convertido a los estadios en gigantescos escaparates que promueven y financian el consumo, mientras gobiernos, empresas y la propia FIFA se benefician de la acumulación de las emociones y entusiasmos populares y los réditos políticos y económicos que se extraen o pueden extraer de ellas. En Guadalajara, fiesta y espectáculo se combinaron durante tres semanas para enmarcar las relaciones entre política y negocios que tienen un balón como símbolo. Mientras el estadio se llenó cuatro veces para albergar otros tantos partidos de selecciones nacionales, el gobierno emecista desplegó sus cálculos e instintos políticos-empresariales para aprovechar el momento y organizó con recursos públicos conciertos masivos en la Minerva para promover a algunas glorias municipales que han alcanzado cierta fama internacional. Más allá de los gustos musicales, referencias deportivas y cálculos político-empresariales del mundial y sus eventos (Fan Fest, conciertos, celebraciones), el evento mostró los usos políticos y económicos de la explotación de los sentimientos futboleros en el siglo XXI. Mientras miles de aficionados se divertían en estadios y calles tapatías, los directivos de la FIFA, empresas y gobernantes locales disfrutaban de los beneficios obtenidos: dinero, popularidad, entusiasmos de ocasión que opacaron fugazmente problemas sociales que no se resuelven en un partido ni se disuelven en una fiesta. La música de las emociones y el desmadre colectivo como parte del paisaje que adorna el sonido metálico del show-bussines entre banderas, botargas y rostros pintados amontonados en los estadios y espacios públicos.

El poder de las circunstancias

Diario de incertidumbres Universidades: el poder de las circunstancias Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 02/07/2026) https://suplementocampus.com/universidades-el-poder-de-las-circunstancias/ Como sucede tanto en los diversos campos de la acción social como en la esfera de las vidas individuales, las universidades son territorios marcados por el poder de las circunstancias. Ese poder se expresa en el peso específico de dilemas, posibilidades, incertidumbres y restricciones contextuales de diverso tipo y alcances: financiamiento, reconocimientos, oportunidades, apoyos, legitimidad. La vida cotidiana en los campus presenciales o virtuales se despliega entre rutinas y prácticas tradicionales que cambian poco a pesar de las voces que alertan sobre la urgencia de la innovación, la adaptación y el cambio institucional en la era digital. No es una situación inédita en la historia de las universidades. De hecho, esa coexistencia entre la conservación de prácticas y el deseo de reformas e innovaciones habita el corazón de los procesos académicos que se desarrollan en las aguas profundas de la vida universitaria. Profesores que imparten cursos tradicionales en espacios tradicionales y costumbres al uso, frente a estudiantes tradicionales, curiosos o indiferentes, escuchando y tomando notas, mientras miran sus apuntes o se distraen con el celular. Datos y textos de papel o de luz forman el material sólido de la vida académica, que se discuten con la ayuda de plataformas, pizarrones, proyectores y pantallas que ilustran ideas, perspectivas, fórmulas y esquemas para organizar la reflexión y comprensión colectiva durante un tiempo establecido. En la era digital, se observa una fiebre por ofrecer o tomar cursos de actualización docente diseñados por autoridades educativas para mejorar las capacidades instrumentales del profesorado, y una mensajería electrónica incesante para convencer a los profesores de reinventar la pedagogía de las enseñanzas y los procesos de aprendizaje. Literacidad, plataformas, usos de inteligencia artificial, nuevos instrumentos, formatos y recursos didácticos, se promueven en los pasillos y auditorios universitarios alertando en tono grave sobre la inminencia del desastre educativo que se avecina si no cambian las prácticas y actitudes académicas tradicionales. Y, sin embargo, el duende de las rutinas impone el orden en la vida del campus. Pequeños rituales de organización de las actuaciones de profesores, estudiantes y directivos son espejos del peso de las rutinas en la formación de los hábitos académicos y escolares. Seminarios, talleres, laboratorios, coloquios, son espacios de representación de las prácticas escolares que permanecen desde hace siglos en los campus universitarios, aunque cambien los conocimientos, las formas y herramientas que los cristalizan en las diversas disciplinas y campos formativos. ¿Qué es lo que ha cambiado? Las circunstancias. Una parte de ellas tiene que ver con las ideas. En las últimas décadas, las ideas de modernización, evaluación y calidad gobernaron la vida en el campus, aunque sus traducciones prácticas fueron heterogéneas e influyeron con variada intensidad en las rutinas universitarias. Hoy, las ideas de innovación, gratuidad y obligatoriedad se abren paso de manera confusa en entornos dominados por la compleja combinación de la masificación de la educación superior con la ya crónica austeridad presupuestal de las universidades públicas. La música de plomo de la austeridad obliga a que las prácticas académicas permanezcan entre un profesorado insuficiente y mayoritariamente mal pagado, con infraestructuras que se mantienen con dificultades, y con cambios en las percepciones de las nuevas generaciones estudiantiles sobre el sentido mismo de la formación universitaria y sus propias creencias, deseos y expectativas sobre el futuro. El deterioro de la autoridad del profesor, los abandonos, el rezago y la baja de solicitudes de ingreso a varias carreras universitarias en las instituciones públicas, junto al crecimiento de instituciones privadas que ofrecen programas de bajo costo, alta flexibilidad y corta duración, forman parte de las circunstancias que rodean las rutinas cotidianas de las universidades públicas. Las alarmas del cambio y las urgencias de movilización institucional resuenan como relámpagos entre las aguas calmas de la vida rutinaria universitaria. Caminar entre los pasillos y jardines del campus, conversar en aulas, cafeterías y cubículos universitarios, leer en silencio, o navegar en las pantallas de las computadoras y teléfonos inteligentes, son hábitos que permanecen entre muchos profesores y estudiantes. Son rutinas que sorprenden a los promotores del innovacionismo digital, esa nueva religión que gobierna el mundo de la política, los negocios y la educación. Para no pocas de estas fuerzas promotoras del cambio, la lentitud de las rutinas universitarias tradicionales puede conducir al abismo de las ruinas institucionales. A la luz de las circunstancias -que siempre son combinaciones complejas de exigencias de cambio con la permanencia de usos y costumbres endurecidas por el tiempo y la incertidumbre-, en muchos rincones del campus flota la impresión de que el cielo digital puede esperar. La robotización de la educación superior y la gestión institucional de la innovación forman parte de las fuerzas que marcan las tensiones entre las prácticas costumbristas y las fuerzas de la velocidad disruptiva. Tradición y cambio son las dos caras de la moneda universitaria. Parafraseando las palabras (tradicionales) del viejo Serrat: eso puede tener alguna explicación; lo que no tiene es remedio.

Thursday, June 18, 2026

Futbol, masa y poder

Diario de incertidumbres Futbol, masa y poder: apuntes desde las gradas Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 18/06/2026) https://suplementocampus.com/futbol-masa-y-poder-apuntes-desde-las-gradas/ 1. Mientras transcurre entre aplausos, cánticos y bostezos el mundial de futbol en canchas de México, Canadá y Estados Unidos, el espectáculo consume la atención de medios, aficionados y empresas. La parafernalia y los negocios del futbol se alimentan de las ilusiones de millones de personas que forman masas fugaces encerradas en estadios, a la que se suman multitudes que siguen los partidos en sus casas o en plazas públicas, cines, bares y restaurantes. La imagen hipnótica de 22 jugadores disputando la posesión de un balón es la postal deslumbrante del verano mediático. 2. Practicar ese deporte forma parte de la educación sentimental de muchas generaciones. Supone el respeto de reglas básicas dirigidas a contener y guiar los impulsos, el ejercicio de un código de ética no escrito, poderoso para organizar micro-interacciones sociales, pero también una práctica lúdica de racionalización de rivalidades reales o imaginarias, donde ganar o perder no es lo importante. Lo que importa es el juego mismo, los sentimientos de confrontación de habilidades, competencia, cooperación y solidaridad que se desarrollan en una cascarita o en un partido de liga, con o sin uniformes, con o sin árbitro, en canchas empastadas, de tierra, en el pavimento o en los patios escolares. Para no pocos, practicar u observar un partido es (casi) una experiencia religiosa. 3. La violencia también es parte del juego, el riesgo siempre latente de un deporte de masas. Aparece esporádicamente en el juego mismo o en las gradas de estadios, entre protagonistas o entre espectadores. Ese ingrediente, junto con el sentido cooperativo y civilizatorio de un partido llanero o profesional, configura el corazón secreto del poder del fútbol en las sociedades de masas. 4. La relación entre masa y poder fue objeto de un clásico texto del pensador alemán Elias Canetti, publicado a comienzos de los años sesenta del siglo pasado. Aunque el centro de la atención intelectual de Canetti es la dimensión política de esa relación entre líderes y gobernados, entre individuos y masas, su exploración permite apreciar los varios tipos de masas que se configuran a lo largo del tiempo, en diferentes espacios y circunstancias. “Masas abiertas”, “masas cerradas”, “masas fugaces”, “masas como anillo”, son parte de la clasificación básica que propuso para comprender los diversos códigos y lógicas del comportamiento del poder colectivo, y constituyeron en su momento estimulantes aportaciones para el desarrollo de la sociología del poder en las sociedades contemporáneas. 5. Desde esta perspectiva, las masas que congrega el futbol cabrían en la categoría de “anillo” que propone la clasificación canettiana: masas que se congregan en estadios o arenas, con una “densidad preestablecida” (el límite es el tamaño del estadio que contiene a la masa), en la que miles de seguidores ven de frente o a los lados a otras masas. No obstante, es una densidad que se expande con la elasticidad de los límites. Los medios han trasladado la atención más allá de los estadios para instalarse entre públicos mucho más amplios que siguen con interés tribal el desarrollo de un espectáculo de 90 minutos, con el drama y las rutinas futbolísticas de siempre. 6. Ver un partido significa ser parte de una maquinaria que desde hace tiempo es gobernada por el poder de empresas, clubes de futbol y desde luego por la FIFA. Ello no quiere decir que aficionados y jugadores sean convidados de piedra en el espectáculo, sino conglomerados de individuos que configuran masas heterogéneas, complejas en su composición, intereses y emociones. Si Canetti viviera, tal vez podría ver en estos gigantescos rituales cuatrianuales las pesadas estructuras de economía, política y poder que soportan el peso de masas futboleras que beben cerveza en los estadios. 7. El futbol es una industria que mueve miles de millones de dólares alrededor del mundo. Jugadores y aficionados son productores y consumidores que están en la base de la gran pirámide futbolera, cuyos gerentes y operadores son promotores de futbolistas, empresas automovilísticas, refrescos y cervezas, comida rápida, bancos, casas de apuestas, compañías aéreas, fábricas de uniformes, supermercados, vendedores de golosinas, teléfonos inteligentes, lociones y perfumes, pantallas de alta definición, proveedores de aplicaciones y plataformas digitales. Millones de aficionados coleccionan estampas y álbumes con rostros de jugadores como héroes modernos, similares a santos y dioses paganos. 8. La dictadura de los patrocinadores se impone a todo lo demás. Los relatos de los partidos son una sucesión interminable de anuncios comerciales de duración precisa, administrados velozmente entre tiros al arco, jugadas espectaculares, patadas arteras y, desde luego, goles. Los narradores puedan ser graciosos o aburridos, pero los que importa es que promocionen cosas. En esas circunstancias, el misterio, magia y belleza del futbol y el orden de lealtades que encierra se pierden entre las luces del lenguaje publicitario. 9. Los sentimientos nacionalistas se encienden con nitidez en el futbol. El yo y el otro se disfrazan con camisetas, cánticos, agitando banderas, aplaudiendo, gritando, abucheando. Gobernantes y empresarios explotan esos símbolos entre las masas, procurando diluir temporalmente las fronteras entre gobernantes y gobernados, entre vendedores y consumidores, entonando himnos nacionales y rituales patrióticos. El mundial es ocasión para demostrar la unidad y cohesión de la masa con sus dirigentes políticos y económicos. Ese es el poder del futbol en la sociedad del espectáculo: la ilusión de la fusión. 10. A pesar de su carácter popular, el futbol es una crónica de multitudes que también muestra sesgos de clase, visibles en el consumo de símbolos, ropajes y asistencia a estadios mundialistas. El precio de prendas de marca o de boletos representan los filtros de clase que marcan las gradas en los estadios. Esos sesgos son resultado de la mercantilización que gobierna desde hace décadas la industria futbolera, aunque no borran el entusiasmo que anima a la gran mayoría de aficionados y jugadores de barrio. La fe futbolera de las masas coexiste con las aguas heladas del cálculo egoísta de las élites y sus espejos.

Thursday, June 04, 2026

UNESCO 2026: Una lectura política

Diario de incertidumbres Informe Unesco 2026: una lectura política Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 04/06/2026) https://suplementocampus.com/informe-unesco-2026-una-lectura-politica/ El Observatorio de Políticas de Educación Superior de la UNESCO publicó recientemente el Informe mundial sobre tendencias de la educación superior: hacia una educación inclusiva, equitativa y de calidad en un panorama de movilidad internacional (https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000398124). Se trata de un estudio relevante pues proporciona un diagnóstico general de logros, tendencias y realidades actuales de la educación terciaria a nivel global, y ofrece algunas claves analíticas sobre los principales problemas y desafíos que enfrentan los gobiernos y las instituciones de educación superior en las distintas regiones. Ello significa un insumo importante para marcar la “cancha” de la discusión pública internacional, identificando los ejes estratégicos de la educación superior pero también estimulando el re-diseño de políticas para este campo de la acción pública. El Informe puede leerse desde diversas perspectivas: documento técnico, diagnóstico global, herramienta de políticas, conjunto de reflexiones útiles para organizar acciones y propuestas. Pero también se puede hacer una lectura política del reporte, que consiste en identificar los puntos conflictivos, tensiones y zonas grises de la educación superior contemporánea y sus posibles escenarios futuros. Este tipo de lectura significa colocar los datos, afirmaciones y recomendaciones en términos de su traducción de las relaciones entre gobernanza y financiamiento en las distintas escalas y dimensiones de la educación superior. La tonalidad del estudio es descriptiva e indicativa, pero también contiene recomendaciones dirigidas a la construcción de agendas de políticas para las distintas regiones. Las tendencias relevantes identificadas son tres: la acelerada internacionalización de la educación superior, el crecimiento veloz de la matrícula del sector, y la proliferación de instituciones, programas y modalidades públicas y privadas de la educación terciaria en todo el mundo. Estas tendencias están marcadas por diversos tipos de brechas y desigualdades. En términos de internacionalización y de equidad, la débil inclusión de grupos vulnerables (poblaciones migrantes, personas con discapacidades, desigualdades de origen social y de género), y el incremento de los costos de las colegiaturas, producen una internacionalización asimétrica que endurece las desigualdades sociales en el acceso a los beneficios y oportunidades de la educación superior. Respecto al crecimiento de las matrículas, aunque se señala la velocidad del ritmo de la expansión (en 2024 se registraron 269 millones de estudiantes de ese nivel, más del doble de los que existían a comienzos del siglo XXI), también se identifican disparidades regionales en las tasas brutas de acceso a la educación terciaria. A nivel global, se estima que un 35% de los jóvenes en edad correspondiente están inscritos en alguna modalidad de educación superior (universitarias y no universitarias, públicas y privadas). No obstante, muy por encima de este promedio están las regiones de América del Norte y Europa Occidental (65%), América Latina y el Caribe (53%), y por debajo de la media están regiones como Asia Meridional y Occidental. Desde una perspectiva política, la relación entre gobernanza y financiamiento constituye el núcleo duro de los problemas asociados a las disparidades en el acceso, tránsito y egreso de los sistemas de educación superior. Ello también influye en la calidad de la educación terciaria en los diversos territorios y poblaciones. Específicamente, la diversidad, debilidad e insuficiencias de los marcos regulatorios, las externalidades negativas de carácter económico y sociopolítico, y la insuficiencia de los financiamientos públicos entre regiones y países, marcan las líneas rojas de las limitaciones estructurales de la educación superior, y sus reales o potenciales contribuciones al desarrollo y bienestar de sus poblaciones. En el promedio mundial, se destina el 0.8% del gasto público en relación con el PIB a este sector, cuando la propia UNESCO ha recomendado un mínimo de 1% desde finales del siglo pasado. Solamente dos regiones del mundo (América del Norte y Europa occidental) destinan el 1.1%, contra el 0.7% de América Latina y el Caribe, o el 0.47% de Asia Central. Estas distancias indican que la importancia declarativa que hacen muchos gobiernos nacionales sobre la importancia para el desarrollo de la educación terciaria, no se traduce en un financiamiento público estable y creciente hacia ese campo de las políticas. Las diferencias porcentuales en el gasto público contrastan con la velocidad del crecimiento de las matrículas, establecimientos, programas y personal académico y administrativo de los sistemas nacionales. Los datos muestran que ese crecimiento se sostiene sobre un mayor gasto privado, lo que acentúa las desigualdades estructurales del acceso a la educación terciaria por parte de las poblaciones más pobres de cada país. La incapacidad de atención a la demanda de las opciones públicas es un estímulo a la privatización de la educación superior, lo que constituye un obstáculo para el acceso de los deciles de más bajos ingresos de la población. La región latinoamericana y caribeña es el territorio donde más ha crecido el ritmo de la privatización, que ya absorbe en promedio a casi la mitad de las matrículas y los establecimientos del sector. En síntesis, pueden identificarse seis factores de tensión entre financiamiento y gobernanza que configuran el problema político central de la educación superior mundial: 1) costos incrementales de la expansión que se sostienen no mediante gasto público (gobiernos) sino privado (familias e individuos); 2) privatización acelerada mediante la proliferación de programas e instituciones de costo bajo y medio, potenciadas por nuevas tecnologías y plataformas; 3) exclusión de poblaciones vulnerables del acceso a la educación terciaria; 4) endurecimiento de las brechas de calidad educativa de los programas; 5) sobrecarga de exigencias al personal académico y no académico de las instituciones de educación superior; 6) dificultades crecientes en los procesos de inserción laboral de los egresados de sistema masificados. Las tensiones clásicas entre estado y mercado no han desparecido ni con las promesas incumplidas de la globalización y la internacionalización, ni con el ascenso de los neopopulismos políticos nacionalistas. En realidad, son tensiones políticas y dilemas de políticas que se han recrudecido en profundidad y complejidad. De ahí se desprende una agenda que requiere de decisiones políticas que contribuyan a revisar los recursos, las condiciones y las reglas del juego de la educación superior.

Tuesday, June 02, 2026

Luz de gas

Tierras raras Luz de gas Adrián Acosta Silva (Reverso, 02/06/2026) https://reverso.mx/tierras-raras-luz-de-gas/ ¿Qué significa hoy el término “democracia”? En una era donde el lenguaje político expresa lo que cada quien quiera que signifique, como afirma sin rubor y con sarcasmo Humpty Dumpty en Alicia en el País de las Maravillas, la palabra democracia se ha vaciado de significado. En un mundo donde las guerras en Ucrania, la Franja de Gaza, Líbano o Irán, o las invasiones a Venezuela o las amenazas a Cuba se justifican en nombre de la democracia, la retórica pseudo-democrática esconde un lenguaje francamente autoritario, totalitario y neofascista. En los mapas geopolíticos contemporáneos del mundo, Putin, Netanyahu, Trump, Milei, Bukele, Ortega, Erdogan, o Xi Jinping, personifican el resurgimiento estelar de los autoritarismos de izquierdas y derechas del siglo XXI. La democracia como un sistema de equilibrios, de pesos y contrapesos, que se nutre del pluralismo y las libertades de expresión y manifestación, con principios y valores como la tolerancia, el respeto a las ideas de otros, la igualdad, la justicia y el imperio de la ley, tiene la apariencia de un edificio en estado de demolición. Nuevos sistemas de creencias, mentalidades e ideologías han contribuido a generar prácticas que desdibujan el orden político democrático construido desde la segunda guerra mundial, y que se edificó sobre un mínimo de consensos normativos básicos en torno a los límites del poder y las reglas de la convivencia democrática. La fiebre autoritaria configura una ola que conquista el poder bajo las reglas electorales formales de la competencia política, pero que una vez transformada en gobierno descalifica y niega a sus oposiciones y actúa como una fuerza política antisistema. Nuevos medios y fines (invocaciones nacionalistas, instintos depredadores, neopopulismos, redes sociales, corrupción, demagogia) se alimentan de un electorado decepcionado, insatisfecho, enojado con las aburridas reglas democráticas y con los pobres resultados de las democracias en el bienestar y aspiraciones de muchos sectores políticamente dispuestos a aceptar las alternativas no democráticas. En esas circunstancias, el credo autoritario se impone al credo democrático. El lenguaje de la violencia, las bombas, las amenazas y la intimidación se ha consolidado como el vocabulario dominante de la ola autoritaria. A su amparo se invocan paradójicamente valores como la libertad, la justicia, la prosperidad o la grandeza. Empresarios vueltos políticos se han adueñado de los escenarios internacionales y locales con el apoyo de ciudadanos hechizados con el espectáculo y la oposición férrea de ciudadanos horrorizados e indignados con los protagonistas y sus palabras y acciones. Como en otras ocasiones y con otros actores, la democracia enfrenta tensiones y contradicciones que amenazan con su destrucción. La fragilidad democrática se acentúa en épocas de crisis ideológicas, culturales y económicas. Las creencias y certezas de que la democracia no es la mejor sino la menos mala de las formas de gobierno parece atrapada en los callejones sin salida del fanatismo y la estupidez humana. En esa ruta, la racionalidad democrática es una luz débil frente al gaslighting que parece dominar el espíritu de la época.