Friday, February 27, 2026

El síndrome de Andrea

Diario de incertidumbres Egresados: el síndrome de Andrea Adrián Acosta Silva Campus-Milenio, 26/02/2026 https://suplementocampus.com/egresados-el-sindrome-de-andrea/ Hace poco, una joven recién egresada de la carrera de sociología de la Universidad de Guadalajara me preguntó que cómo había hecho para conseguir un empleo cuando yo mismo había recién egresado de esa carrera hace más de cuatro décadas. La joven, con las mejores credenciales escolares de su generación (promedio de calificaciones cercano al 100, reconocimientos del programa y de sus profesores, con buen manejo del inglés, con experiencia como asistente de investigación de algunos de sus profesores), seis meses después de su egreso no encontraba trabajo, y la ansiedad y el desánimo comenzaban a aparecer en el horizonte de sus veintitrés años. La situación de la joven (a quien llamaremos, digamos, “Andrea”, un nombre ficticio), no es inusual en la educación superior mexicana desde varios años. Es una paradoja dramática que el énfasis puesto en la calidad de los programas de estudios o en el incremento en la cobertura de la educación superior, no hayan resuelto satisfactoriamente el problema de las oportunidades laborales de los egresados en muchos campos formativos. Según datos del Anuario Estadístico 2024-2025 de la Anuies, durante ese ciclo escolar egresaron de las instituciones de educación superior un poco más de un millón de estudiantes de todas las modalidades públicas y privadas del sistema nacional. De ese total, casi una cuarta parte se ubicaron en dos entidades de la república (Ciudad de México y Estado de México), y otra porción similar se concentró en cuatro entidades más (Jalisco, Nuevo León, Puebla y Veracruz). Es decir, 6 entidades del país concentraron la mitad de la población de egresados de la educación terciaria mexicana. Más de la mitad de esa población son mujeres, lo que confirma la tendencia hacia la feminización de la matrícula de la educación superior observada desde finales del siglo pasado, tendencia que se constituye como uno de los motores de la expansión del sistema nacional. Si se toma el dato de la matrícula del nuevo ingreso durante el mismo ciclo, se observa la fuerza de esa tendencia hacia el predominio de las mujeres en el acceso a la educación terciaria: casi 6 de cada 10 nuevos ingresos son mujeres, lo que indica una tendencia hacia la “des-masculinización” de la educación superior, que seguramente incrementará el peso diferenciador de las mujeres en el egreso en los próximos años. Hay por supuesto desigualdades importantes en términos de ingresos y egresos en las escalas estatales, en las áreas de conocimiento y en las disciplinas preferidas de la formación profesional entre hombres y mujeres. No obstante, la dinámica del comportamiento de las poblaciones en la educación superior revela las nuevas complejidades de las trayectorias vitales de hombres y mujeres en los diversos campos formativos. Cuántos son y cómo se distribuyen son apenas la punta del iceberg de esa complejidad. ¿Quiénes son, porqué están ahí, cómo experimentan sus procesos formativos, cuáles son sus estrategias y oportunidades de inserción laboral en mercados profesionales dominados por nuevas reglas e incertidumbres? Estas preguntas han sido abordadas desde la sociología de la educación y la economía política de los sistemas de educación superior en México y en América Latina, y una cantidad importante de estudios se han realizado al respecto desde los años setenta, justo cuando se registra en muchas regiones el proceso de masificación del acceso a la educación terciaria. Hoy, cuando se observa una tendencia clara hacia la universalización de ese nivel educativo, nuevas preguntas se acumulan en el estudio de los perfiles de acceso y egreso, donde la diversificación y diferenciación institucional, el origen social, el fenómeno de la precarización de los empleos profesionales (el denominado “precariato” juvenil), o formas contradictorias de cohesión y exclusión social, dominan el horizonte grisáceo de las oportunidades laborales de las y los egresados. Frente a este panorama de problemas, oscuridades e incertidumbres se requieren anteojos más potentes para revisar lo que sabemos sobre las realidades estudiantiles y de los egresados universitarios del primer cuarto del siglo XXI. La masificación y la universalización no resuelven por sí mismas las múltiples disparidades en el ejercicio del derecho a la educación o el acceso a empleos profesionales dignos, estables y atractivos para las distintas generaciones de egresados de la educación superior de Oaxaca, Chihuahua, la Ciudad de México o Jalisco. El caso de Andrea es revelador de un síndrome que afecta el imaginario, las expectativas y las incómodas realidades sobre la educación superior contemporánea. De hecho, es posible observar en no pocos países latinoamericanos la disminución del interés de las nuevas generaciones por ingresar a cursar estudios de ese nivel, que se expresa en una discreta pero preocupante tendencia hacia la reducción de la demanda de acceso a la educación superior tradicional, algo que también ha ocurrido en México en los últimos años. La apuesta a las micro-credenciales, las estrategias de educación a lo largo de la vida, la formación dual, la revaloración de los oficios, las innovaciones pedagógicas, la irrupción de la inteligencia artificial generativa en las formaciones técnicas o profesionales universitarias y no universitarias, son parte de las propuestas que se ensayan con mayor o menor validez para mejorar el atractivo de la educación superior para las nuevas generaciones de estudiantes y egresados. Mientras vemos que sucede, Andrea, como muchas y muchos egresados universitarios, continuará preguntando, tocando puertas y buscando oportunidades laborales para ejercer la profesión que eligió. Por lo pronto, se está inclinando a cursar una maestría que pueda apoyarla con una beca, para continuar estudiando y asegurar un ingreso relativamente estable durante los próximos dos años. Es una decisión racional que funciona como una suerte de seguro de desempleo. Ya después, como me dijo con cierta resignación, “dios dirá”.

Thursday, February 12, 2026

Paradojas de la austeridad

Diario de incertidumbres LGES: paradojas de la austeridad Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 12/02/2026) https://suplementocampus.com/ley-general-de-educacion-superior-paradojas-de-la-austeridad/ A cinco años de la promulgación de la Ley General de Educación Superior (LGES), las cosas han cambiado poco en la educación terciaria mexicana. Bien visto, lo que se observa es un campo sembrado de paradojas, es decir, una serie de hechos (comportamientos, tendencias, prácticas), que no corresponden a la lógica de las políticas públicas en educación superior. Como se sabe, el lenguaje y la retórica de la 4T que constituyen el sustrato ideológico de la Ley, fueron acompañados por la fuerza política de la coalición gobernante del morenismo en el Congreso de la Unión, que dio por resultado una aprobación sin mayores complicaciones de la propuesta elaborada por el ejecutivo y cabildeada según los procedimientos correspondientes con las dos cámaras en abril del 2021. El gobierno de la 4T había anticipado el color de su iniciativa con la creación de un nuevo conglomerado de universidades públicas (las Universidades del Bienestar Benito Juárez García, UBBJG), ubicadas en los territorios de las poblaciones más vulnerables del país. Aunque nunca ha sido claro el sentido, los argumentos ni la pertinencia o factibilidad de las 214 sedes locales que tiene hoy esa institución en el país, se convirtió en los hechos en la principal prioridad de la política educativa del obradorismo. Con la continuación del proyecto de la 4T con la presidenta Sheinbaum, se agregó entre las prioridades federales la expansión de las sedes de la Universidad Nacional Rosario Castellanos (UNRC), que hoy funcionan en 13 localidades (11 en la CDMX, 1 en Chiapas y otra en Baja California), más otras 2 en construcción en el Estado de México y en San Luis Potosí. En ambos gobiernos morenistas, las universidades públicas autónomas federales y estatales no fueron consideradas prioritarias, y han sido castigadas sistemáticamente en términos presupuestales antes, durante y después de la aprobación de la LGES. La retórica transformadora se basó en una lógica disruptiva, enfocada en la crítica de las políticas implementadas en los cinco sexenios previos. Sin un diagnóstico técnicamente preciso y racionalmente fundamentado, y entre las aguas revueltas de las descalificaciones políticas e ideológicas al viejo modelo “neoliberal” basado en la búsqueda de la calidad, la internacionalización y la competencia de las universidades por recursos públicos extraordinarios, se propuso un nuevo modelo basado en la justicia social, la austeridad, la gratuidad y la universalización de la educación superior. El eje vertebral del modelo emergente es la búsqueda de la regulación y coordinación efectiva del sistema de educación superior, mediante la estructuración de una serie de agencias de planeación a nivel federal (el CONACES) y a nivel subnacional (COEPES). Se formuló el Programa Nacional de Educación Superior a finales del 2023 (con vigencia sólo hasta el 2024), se propuso un nuevo sistema de acreditación y evaluación federal, y entre 2021 y 2024 se impulsó, desde la CONACES, la “armonización” de las normativas estatales a la LGES (“leyes espejo”), la reactivación de las COEPES, y la formulación de programas estatales de educación superior. La implementación de la LGES ha sido un típico proceso de ordenamiento de arriba hacia abajo, en decisiones tomadas por un órgano federal (un Consejo Nacional) dominado por las autoridades federales y la participación minoritaria de autoridades universitarias públicas federales y estatales. Se han realizado un número importante de reuniones de CONACES, y un número indeterminado de las COEPES a nivel subnacional. En esas reuniones se informa de acuerdos y avances de la ley en distintos rubros (acreditación, evaluación de programas, distribución de espacios escolares para las solicitudes de primer ingreso en las IES públicas), pero aún no se modifican dos de los aspectos críticos que padecen las universidades desde hace más de una década: el financiamiento público y el crecimiento lento pero inexorable de la educación superior privada. Poco a poco, se nota un proceso de “colonización” de las IES privadas sobre el sistema de educación superior en términos de matrícula, profesorado y establecimientos. Hoy, 38 de cada 100 estudiantes están inscritos en programas ofrecidos por IES privadas, 50 de cada 100 profesores laboran en ese sector, y 75 de cada 100 establecimientos de educación superior son particulares. Las ofertas públicas y privadas mantienen un crecimiento inercial desde hace por lo menos una década, y la LGES no ha logrado alterar ese comportamiento a favor del sector público. Respecto del financiamiento, el gasto por alumno y el presupuesto público hacia la educación superior han disminuido en términos reales desde 2021. La cancelación de los programas de apoyos extraordinarios a las universidades que sustentaron las políticas del ciclo “neoliberal”, no fueron sustituidas por el Fondo Nacional para la Gratuidad contemplado en la LGES desde hace un quinquenio, lo que ha significado un duro golpe a las universidades públicas. Aunque dicho fondo, de acuerdo con la propia ley, sería efectivo a partir de 2022, a la fecha no se ha contemplado en la distribución presupuestal federal. La paradoja de las políticas federales es que un discurso centrado en el fortalecimiento de la coordinación sistémica y en la expansión del sector público ha abierto las puertas al sector privado. La otra es que las prioridades políticas del gobierno federal (UBBJG y UNRC) no obedecen a la lógica de las políticas imaginadas en la LGES. La sobre-regulación financiera a las IES públicas ha significado un crecimiento lento pero persistente crecimiento de las ofertas privadas. Pero la paradoja mayor en el campo de las universidades públicas es que se observa una cobertura mayor con un menor financiamiento público; es decir, aunque hay una contención presupuestal federal endurecida desde 2018, la matrícula, el profesorado y los programas de licenciatura y posgrado han crecido. En estas circunstancias, el lenguaje de las políticas no se corresponde con el lenguaje de los hechos. No es nada nuevo bajo el sol mexicano (ha ocurrido antes con otros gobiernos y ciclos de políticas), pero lo que sorprende es cómo bajo la música metálica de la austeridad financiera las fuerzas duras de la continuidad se imponen a las intenciones de los cambios imaginarios de las políticas.

Tuesday, February 03, 2026

Alcantarillas

Tierras raras Alcantarillas Adrián Acosta Silva Reverso, 03/02/2026 https://reverso.mx/tierras-raras-alcantarillas/ La nota periodística habla de individuos que entran y salen rutinariamente de las alcantarillas de Guadalajara para buscar objetos de valor entre las aguas pestilentes y los túneles oscuros que habitan las venas profundas de la ciudad. A tientas recogen metales (monedas, herramientas enmohecidas, cuchillos oxidados), que luego limpian y venden por gramo o por kilo a comerciantes de metales y antigüedades que se interesan por esos objetos. Se trata de una actividad literalmente oculta realizada en silencio por los condenados de las tierras raras que habitan las zonas subterráneas de la capital tapatía. No se sabe con precisión quiénes son, por qué están ahí, ni cuántos de ellos se dedican a esta actividad, pero se intuye que forman parte de la población que cotidianamente duerme y vive de y en la calle: pordioseros, mendigos, marginados, los que vemos todos los días en esquinas y avenidas de la ciudad, pidiendo una moneda a automovilistas y ciudadanos de a pie. Forman el rostro pétreo de la pobreza y la miseria que coexisten con la medianía de muchos y la opulencia de algunos y algunas. Son cristalizaciones individuales de la economía de la pobreza que gobierna la desigualdad mexicana. Personas que buscan formas de supervivencia en las condiciones de precariedad eterna a la que parecen condenados. Entre aguas negras, cucarachas, ratas y alimañas, buscan esperanzas metálicas que les representen formas de resistencia para sobrevivir el día a día. Una moneda vieja de peso o de veinte centavos, un trapo que puede ser reusado, una herramienta a la que se puede sacar cierta utilidad, son los preciados objetos que significan un pequeño triunfo o una satisfacción minúscula obtenida con sus propias manos en la oscuridad de los drenajes. Esa actividad sombría forma parte de nuestra propia música de cañerías, aquella de la que hablaba el viejo Bukowski en sus relatos. Personajes en búsqueda de cosas de algún valor entre las aguas turbias que corren por debajo de calles y edificios, en ambientes sórdidos e invisibles para la mayoría. Son pequeñas tribus de excluidos, alcohólicos, drogadictos, inmigrantes, individuos que por circunstancias propias o ajenas deambulan en penumbras por los pasajes profundos de Guadalajara. Vivir en los sótanos urbanos como estrategia, refugio y dormitorio. Derivación de la palabra árabe Al-qantarah (que significa “pequeño acueducto subterráneo”), las alcantarillas son sitios que han servido de inspiración para cantantes, escritores y poetas, como metáforas de la vida entre lugares que acumulan nuestros deshechos. Y, sin embargo, ahí transcurren las vidas de individuos que representan nuestra memoria del subsuelo, personas que configuran la materia prima de cualquier antropología de la miseria. Entre su soledad y sus necesidades, protagonizan lo que ocurre en los sitios que nadie quiere voltear a ver, escuchando en la oscuridad los ecos apagados de la música de las cloacas.

Thursday, January 29, 2026

Informes académicos: datos y relatos

Diario de incertidumbres Informes académicos: datos y relatos Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 29/01/2026) https://suplementocampus.com/informes-academicos-datos-y-relatos/ Una de las rutinas que caracterizan el oficio académico contemporáneo es la elaboración de informes. Se trata del ejercicio de reportes individuales del desempeño académico a lo largo de un ciclo escolar, organizados en formatos donde se describen puntualmente la cantidad y calidad de las actividades realizadas y los logros obtenidos, acompañados por las evidencias correspondientes. Aunque los informes de los académicos son una práctica más o menos antigua en el ámbito universitario, su auge ocurre con la evaluación del desempeño del profesorado asociado a la permanencia o promoción laboral y, sobre todo, a la competencia por las recompensas económicas y simbólicas que representan los programas de estímulos pecuniarios a las/los académicos. Esos informes suelen ser la base de las estadísticas que las autoridades universitarias y gubernamentales utilizan para mostrar los avances, estancamientos y retrocesos de la productividad académica de sus comunidades e instituciones. También sirven parcialmente para que las grandes empresas que promueven los rankings de las mejores universidades y programas profesionales o de posgrado realicen sus tablas de competencia cada año, que producen indicadores de calidad, reputación y prestigio en el campo de la educación superior nacional, regional o internacional. La idea de “universidades de clase mundial” se alimenta de la información estadística que producen las universidades a partir de los informes anuales de sus propios académicos. El resultado es un generalizado ejercicio colectivo, entre académico y burocrático, cuyo sentido se diluye entre papeles, certificaciones, constancias, formatos electrónicos, números y estadísticas. Los informes convertidos en prácticas de memoria escolar y asedio burocrático muestran los límites de la libertad académica del profesorado, prácticas llenas de contradicciones, paradojas y absurdos de la vida universitaria, que en más de un sentido muestran el perfil de un relato kafkiano. ¿Para qué sirven constancias de participación en gestión colegiada de actividades, número de estudiantes tutorados o dirigidos per cápita, o las distinciones entre actividades de difusión o divulgación (nadie sabe muy bien cuál es su diferencia) realizadas por el profesorado en un semestre o año escolar? ¿A alguien le interesa saber a cuántos congresos, seminarios, talleres y cursos asistió un profesor en un año escolar? ¿Qué significado tiene todo eso? En la vorágine de reportes anuales al SNII, a las autoridades universitarias o a la SEP, los informes se han convertido en aburridas crónicas académicas dirigidas a satisfacer objetivos difusos, repetitivos y frecuentemente contradictorios. Y en esos momentos de soledad y ansiedad gobernados por la urgencia de elaborar documentos que deberán ser rigurosamente firmados en tinta azul, es tentador volver la atención a Un informe para una Academia, uno de los relatos más célebres y quizá menos comprendidos de Franz Kafka, el gran escritor checo. Trata del informe de un simio que relata la experiencia de intentar convertirlo en un individuo medianamente educado, adiestrado en las pequeñas artes de los buenos modales, la deferencia hacia los demás, el aprendizaje de la lectura, la escritura y el habla. Es el testimonio de un experimento de cinco años que tiene el propósito de transformar a los animales en humanos, en el cual permanecen los instintos básicos de supervivencia y adaptación natural, donde los reflejos salvajes de un “mono libre” (como se autodenomina en primera persona el personaje de Kafka) coexisten con los comportamientos civilizados de los hombres. Después de todo, en el clásico relato kafkiano se mezclan la ironía y la ficción, los rituales y los instintos, la exhibición y el consumo diseñado para el espectáculo de un simio humanizado. El relato es, en sí mismo, insuperable. Pero se inspira en las rutinas y rituales que forman parte de los hábitos del homo academicus, los cuales conocía (y padecía) muy bien el propio Kafka a través de sus estudios universitarios en el campo del derecho y su experiencia profesional en varios bufetes de abogados en Praga. Rendir informes es una función no declarada de los académicos cada fin de año o ciclo escolar, que contemplan actividades como las conclusiones de un proyecto de investigación, las tesis dirigidas, las tutorías a alumnos, los cursos de actualización, la productividad individual (libros, artículos, capítulos de libro), la gestión colegiada, las distinciones obtenidas. Desde hace décadas, esos informes a la academia se han convertido en actividades dirigidas a alimentar la rendición de cuentas sobre el desempeño del profesorado, y engrosar así las estadísticas institucionales que año tras año las autoridades universitarias elaboran para dar cuenta de la utilización de los recursos públicos que reciben. No obstante, los informes a la academia se parecen cada vez más al relato kafkiano. No se sabe muy bien para que sirve llevar un conteo de actividades de una profesión ejercida por individuos muy diversos, en condiciones muy distintas. Un buen amigo catalán -académico también- lo describe con una metáfora afortunada: tratar de ordenar los comportamientos del profesorado es como tratar de pastorear gatos. Celosos de su libertad académica, los profesores desarrollan sus actividades de muy diversas maneras, difícilmente cuantificables en formatos y estadísticas. La naturaleza del oficio es su complejidad y adaptabilidad a las diversas circunstancias socio-institucionales y a las características de las culturas académicas de disciplinas y profesiones. La desconfianza o el escepticismo que subyace a todo ejercicio evaluador se traduce en el críptico lenguaje de las métricas derivadas del soborno de los incentivos asociados a las políticas académicas contemporáneas. Tal vez los informes académicos consistan en algo mucho más general y ambiguo, y quizá más interesante, que consiste en ejercicios erráticos para tratar de “internarse en la espesura” de datos y relatos, como recuerda el personaje de Kafka. Tal como concluye el simio frente al grupo de científicos que escuchan con interés los resultados del experimento: “Que nadie diga que no valió la pena. Por lo demás, no busco el juicio de los hombres; solamente quiero difundir conocimientos”.

Thursday, January 15, 2026

Crisis de la educación superior en Venezuela

Diario de incertidumbres La crisis de la educación superior en Venezuela Adrián Acosta Silva Campus Milenio, 15/01/2026 https://suplementocampus.com/la-crisis-de-la-educacion-superior-en-venezuela/ La captura del presidente devenido en dictador Nicolás Maduro en la madrugada del 2 de enero de este año en Caracas como resultado de un operativo militar ordenado por el gobierno de Donald Trump, ha generado un efecto inmediato internacional y local que coloca en el centro el balance de las diversas dimensiones políticas y sociales del largo predomino del chavismo en ese país. Una de ellas tiene que ver con la educación superior. ¿Cuál es el panorama de ese sector en la actualidad? En realidad, hay pocos datos consistentes y confiables en torno a lo que ha ocurrido en la educación superior venezolana a lo largo del predominio del chavismo desde 1999 a la actualidad. Ese suele ser uno de los componentes que caracterizan los contextos no democráticos de los regímenes políticos autoritarios: la ausencia de información objetiva, sistemática y comparable. A pesar de ello, y en virtud de los esfuerzos que algunas instituciones y académicas/os han realizado respecto al tema en los últimos años, es posible identificar algunos rasgos básicos de las políticas chavistas de educación superior y sus efectos en la configuración política y socio-institucional de la educación terciaria venezolana. Cuatro son las dimensiones que constituyen el mínimo irreductible del análisis de lo ocurrido en las universidades venezolanas a lo largo de más de un cuarto de siglo de hegemonía del chavismo: centralización y control gubernamental, expansión y cobertura, calidad y desempeño, y autonomía universitaria. Exploraremos brevemente esas dimensiones. Centralización y control. Desde la promulgación de la constitución bolivariana de 1999 impulsada por el entonces presidente Hugo Chávez se impulsaron una serie de cambios normativos e instrumentales orientados a fortalecer el control del gobierno nacional sobre la educación superior. El rasgo más destacado de esos cambios fue la configuración de un “tercer sector”, distinto al tradicional sector público (dominado por las universidades autónomas públicas como la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar o la Universidad de Los Andes) y las pertenecientes al sector privado (por ejemplo, la Universidad Católica Andrés Bello). El “tercer” sector se constituyó como un conjunto de universidades nacionales controladas por el Ministerio de Educación Superior, conformado por las “Aldeas Universitarias”, las “Universidades Territoriales”, la “Universidad Bolivariana” y la ampliación de la “Universidad de las Fuerzas Armadas”. Bajo los principios del “Motor Moral y Luces” enunciado en 2007, ese sector se constituyó como el centro de las políticas gubernamentales, que aspiraban a un “cambio revolucionario” basado en el “desprendimiento de los antivalores del sistema capitalista” y la construcción de una “concepción de vida fundamentada en valores”. Expansión y cobertura. Según datos oficiales, la tasa bruta de cobertura de la educación superior venezolana es la más alta de América Latina: 96.5% en 2021. Con 2.1 millones de estudiantes matriculados en 98 instituciones de educación superior públicas y privadas, el sistema venezolano se presenta como un sistema inclusivo, equitativo, gratuito, de calidad, y democrático. No obstante, no hay datos ni evidencias consistentes sobre estos atributos auto-conferidos por el oficialismo. Desde hace décadas, no se realizan prácticas de evaluación a las IES, y según varias fuentes, existen serios problemas en la retención de profesores (se calcula que 4 de cada diez han emigrado del país o de profesión), se ha desplomado la inversión pública en el sector, hay severos problemas de deserción y baja eficiencia terminal de los estudiantes, y las universidades operan en contextos de infraestructuras deterioradas, con problemas de conectividad digital, bibliotecas envejecidas, y muy poca inversión en ciencia básica y aplicada en todos los campos del conocimiento. Calidad y desempeño. La ausencia de mecanismos e instrumentos públicos de evaluación ha significado el desconocimiento sobre indicadores clave de las relaciones entre la calidad académica de las funciones sustantivas universitarias y el desempeño institucional del sector. No obstante, según clasificaciones internacionales de los rankings universitarios como el QS Latin America & Caribbean Ranking 2025, universidades públicas autónomas como la Universidad Central de Venezuela (UCV) o la Universidad Simón Bolívar (USB) aparecen en las posiciones 34 y 51, respectivamente, entre las 200 mejores de la región, un logro no menor dadas las carencias presupuestales y de infraestructura que padecen desde hace más de dos décadas, y de los bajísimos salarios que perciben sus cuerpos docentes y de investigación. Autonomía universitaria. Las restricciones gubernamentales han disminuido significativamente los grados de autonomía de las universidades públicas venezolanas. La creación en 2005 del Ministerio de Educación Superior significó la subordinación del Consejo Nacional de Universidades a las decisiones y orientaciones gubernamentales, lo que se tradujo en la pérdida de la autonomía académica y de gestión de las grandes universidades públicas como la UCV o la USB. Al concentrar la atención presupuestal en las universidades del tercer sector, el chavismo apostó a la heteronomía institucional para la construcción de su proyecto educativo universitario, debilitando la autonomía de las universidades públicas tradicionales. Temas como la gratuidad, la eliminación de los exámenes de selección de alumnos, y la democratización de los gobiernos universitarios, provocaron tensiones y conflictos en las universidades públicas autónomas. La intervención estadounidense no garantiza la recuperación de la educación superior venezolana ni un cambio en el comportamiento de los actores públicos, privados y del tercer sector de ese campo de acción pública. Es necesario contar con información confiable sobre lo que ha ocurrido realmente con la educación terciaria venezolana. En esas circunstancias, lo que despunta en el horizonte es una recomposición acelerada de esos sectores y la complicada configuración de una nueva agenda política y de políticas que aborde soluciones a los problemas heredados del prolongado autoritarismo chavista. Los cambios contextuales del sector en los próximos meses definirán el tono, las posibilidades y los tiempos de un nuevo ciclo de políticas y gobernanza de educación superior enfocadas en la gestión de la crisis.

Tuesday, January 06, 2026

Mortalidad

Tierras raras Mortalidad Adrián Acosta Silva (Reverso, 06/01/2026) https://reverso.mx/tierras-raras-mortalidad/ Morir es un proceso; la muerte, un acto. Así describía el poeta inglés Philip Larkin (1922-1985) el tiempo fúnebre de la vida. Son ambas caras de las monedas negras que todos compartimos, experimentamos o enfrentaremos en algún momento. Monedas amontonadas: físicas, materiales, intelectuales. Arrugas, pequeñas manchas en la piel, canas, enfermedades, declive de la energía sexual, son algunas de las monedas físicas. Objetos perdidos, papeles amarillentos, libros olvidados, discos extraviados, canciones viejas, juguetes de los hijos arrumbados en cajas polvorientas, camisas pasadas de moda, son parte de los objetos que representan nuestra acumulación de monedas oxidadas. El olvido, la imprecisión, la renuncia a las modas, el desconcierto ante lo nuevo, las reservas frentes a las ilusiones del futuro: esas son parte de nuestras desgastadas monedas intelectuales. Representan nuestro propio camino a la muerte. Luego de los cuarenta, muchos ya tendrán más pasado que futuro, y habrá que ajustarse a esa predicción demográfica sombría. Cada nuevo cumpleaños será un año menos, no un año más, en nuestros trayectos vitales. Calendarios y relojes nos marcan el ritmo de nuestros envejecimientos, generalmente acompañados por pérdidas y padecimientos de diverso tipo. Ver crecer a los hijos es otro síntoma de nuestro propio camino a la tumba (o al crematorio) como padres, aunque sabemos que la muerte siempre está a la vuelta de la esquina. Justo por ello, Larkin afirmaba, como muchos otros filósofos, poetas y escritores antes y después que él, que la muerte es un acontecimiento que marcará el colapso de nuestro pequeño mundo personal. Pero morir es un proceso lento, que acumula imágenes, dudas y facturas a lo largo de los años. La muerte es una artista que se dibuja poco a poco, y que va dejando su huella helada a lo largo del tiempo en nuestros cuerpos y en los objetos que acumulamos: menor vigor físico, un par de zapatos viejos, un reloj olvidado, nombres que no recordamos, una fotografía perdida entre las páginas de algún libro, una postal, una carta. La industria del antienvejecimiento es una cruzada contra la muerte que nunca ganará. Cremas “antiedad”, vitaminas, ejercicio, chequeos médicos, pruebas de laboratorio, botox, alimentación sana, campañas contra la drogadicción o el consumo del alcohol, son los remedios que se multiplican en redes, medios y establecimientos para lidiar contra las sombras de la muerte lenta que representa el envejecimiento. Una novela de Don DeLillo habla de esa obsesión contra la muerte. Cero K (2016) es un libro de ciencia ficción basada en el hiperrealismo de la industria contra el envejecimiento. Pero la lucha contra la muerte es una ilusión que se desvanece con el paso de los años. “La muerte es una nube sola frente al sol”, escribió Larkin en 1946. Y tenía toda la razón poética de su lado. Nadie sobrevive a su hachazo homicida. Pero la vida social seguirá con otros soles, paisajes y actores. Y llegará el tiempo de los epitafios, de lápidas y urnas donde se depositarán las cenizas y el olvido.

Thursday, December 18, 2025

Mapas de futuros

Diario de incertidumbres Mapas de futuros Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 18/12/2025) https://suplementocampus.com/mapas-de-futuros/ A sparkle was in his eyes But his life was in his hands Neil Young, Tonight´s the Night (1975) Las señales de cualquier tipo de escenarios futuros de la educación superior están enraizadas en el presente. Tendencias e incertidumbres, ilusiones y razonamientos, son expresiones de la imposibilidad de saber con exactitud lo que puede ocurrir en los años por venir. Los más optimistas aseguran tendencias que favorecerán alguna idea clara o difusa de progreso, mientras que otros afirman, por contrario, que el futuro inmediato o remoto anticipa la agudización de problemas socio-institucionales en el campo de la educación terciaria. Los anteojos que se utilicen suelen ser los filtros interpretativos y descriptivos de unas u otras posiciones. En cualquier caso, esos anteojos pueden ayudar a configurar los trazos gruesos de algún tipo de mapas de futuros. Desde el punto de vista de la desigualdad de los riesgos, los beneficios y las oportunidades de la educación superior contemporánea, 2026 se perfila como un año poblado de desafíos y restricciones de muy diverso calibre, dimensiones y alcances. Imaginar un futuro sin la presencia de este conglomerado extraordinariamente complejo de factores y tendencias profundamente enraizadas en el presente es una ilusión. El lenguaje de la época es revelador de la manera en que se interpretan esas tendencias. Hoy no se habla de reformas educativas sino de innovación; la digitalización se ha convertido en una palabra de propiedades mágicas; las ideas se han consolidado como siervas de los intereses; la política educativa es una colección de enunciados huecos, buenas intenciones y procesos de implementación gobernados por la incertidumbre presupuestal: micro credenciales, plataformas, sostenibilidad, ciencia abierta. No obstante, bajo el imperio de esta gramática se pueden identificar cuatro grandes fuerzas que parecen determinar o influir en la construcción de los escenarios futuros de la educación superior a nivel global. Inteligencia artificial, gobernanza, vinculación y prácticas educativas son los cuatro jinetes que pueden dominar el próximo año la agenda pública de la educación terciaria. Vayamos por partes. La primera de ellas es la relacionada con la inteligencia artificial y la desestructuración de las rutinas y prácticas educativas tradicionales. Las épicas de la innovación digital han colocado a la IA en el centro de una suerte de revolución educativa que cambiará al mundo para siempre. Mitos y realidades han dado forma a un nuevo fetichismo posmoderno y post-global: la capacidad de las nuevas tecnologías para transformar prácticas sociales. Hoy día, el universo virtual de los algoritmos y los robots han entusiasmado a empresas y universidades, y anticipan cambios en las economías del aprendizaje que conllevan profundas transformaciones en el perfil de los estudiantes, los docentes y los directivos universitarios. Es una tendencia más retórica que empírica pero que habrá que examinar durante el año próximo y los que siguen. La segunda tendencia es el debilitamiento de la gobernanza de los cambios tecnológicos y las adaptaciones institucionales y sistémicas, y su relación con el financiamiento de la educación superior. Ello supone regulación, conocimiento e información sobre lo que realmente está ocurriendo en las prácticas educativas e investigativas de la educación superior. Hasta ahora, la novedad de los cambios reales e imaginarios van más allá de lo que ocurre en la dimensión tecnológica-instrumental, y tienen que ver con los viejos problemas de coordinación y colaboración sistémica donde participan el estado, el mercado y las comunidades académicas, relaciones particularmente relevantes para el caso de las universidades públicas autónomas. Asimismo, para el caso mexicano, la relación entre gobernanza y financiamiento está en el centro de los efectos esperados de la LGES aprobada en 2021, cuyos cambios son hasta ahora enunciativos y difusos más que empíricamente demostrables, donde la austeridad es la máscara que cubre el declive del financiamiento como motor del desarrollo en las universidades públicas. La tendencia hacia las exigencias de nuevas formas de vinculación de las IES con sus entornos es visible desde comienzos del siglo XXI. A las tradicionales funciones de docencia, investigación y difusión de las universidades, se les ha agregado de manera silenciosa pero imparable una cuarta función sustantiva: la vinculación. Aunque predomina cierta visión mercado-céntrica sobre la vinculación universitaria, la retórica de la innovación se superpone a experiencias de vinculación que tienen que ver con los modelos de la universidad emprendedora que se han desarrollado en muchas partes, asociados de manera difusa con las experiencias del capitalismo académico. Finalmente, pero no al último, la cuarta mega-tendencia tiene que ver con el núcleo duro de la vida universitaria: las prácticas educativas. Estas prácticas suponen la conformación de nuevos perfiles estudiantiles y docentes, cuyos valores, principios, percepciones y actitudes determinan los procesos educativos universitarios cotidianos. Aunque el valor público y social de la educación se mantiene, las posibilidades de movilidad social ascendente parecen haber disminuido con los cambios en el mundo del trabajo y con el incremento de los umbrales de incertidumbres relacionadas con los empleos públicos y privados. Estas cuatro grandes tendencias configuran cualquier mapa de futuros imaginables de la educación superior para el 2026. La resiliencia institucional, la crisis del financiamiento a las universidades públicas (que exige ya una operación de rescate financiero por parte del gobierno federal), el incremento de las tasas de abandono en los programas universitarios, la debilidad de la gobernanza sistémica, y los cambios en las prácticas educativas y los problemas de inserción laboral de los egresados, forman parte de la fenomenología de la educación superior en el horizonte del presente y del futuro inmediato. Bajo esas circunstancias es difícil colocar los anteojos claros del optimismo para anticipar el futuro. Por el contrario, los anteojos oscuros del pesimismo parecen más adecuados para vislumbrar lo que puede ocurrir el próximo año. Aunque tal vez valga la pena utilizar anteojos ámbar para conservar ciertos destellos de optimismo en los ojos, pero manteniendo la atención en que el futuro puede estar en nuestras manos, justo como apuntaba Neil Young hace medio siglo, con la tonalidad sombría de su voz y el sonido lúgubre de su guitarra.