Friday, February 21, 2025

Déjà vú: puestos y personas

Diario de incertidumbres Déjà vu: puestos y personas Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 20/02/2025) https://suplementocampus.com/deja-vu-puestos-y-personas/ Uno de los temas relevantes de la sociología política tiene que ver con la distinción entre puestos y personas en la configuración de las estructuras de gestión de los asuntos públicos. Como el viejo Weber lo planteó en sus escritos clásicos, esa distinción permite a los estados modernos la construcción de una racionalidad burocrática desempeñada no por amateurs con talento o con ganas de hacer bien las cosas, sino por individuos (ellos, ellas) que ocupan un puesto normado por leyes y reglamentos, que requiere de ciertos méritos, habilidades y trayectorias previas, que son remunerados de acuerdo a la jerarquía del puesto, y que no son dueños del lugar y de los recursos que ocupan para llevar a cabo sus funciones. Los ecos weberianos resuenan cada que se observa la dinámica de los nombramientos públicos. Una nota de coyuntura revive esa conocida sensación Déjà vu. La semana pasada se dio a conocer la noticia de que el aún rector de la Universidad de Guadalajara fue nombrado nuevo subsecretario de educación superior de la SEP. Tomará posesión del puesto a partir del próximo 1 de abril, justo cuando termina su período sexenal como máximo representante de la universidad jalisciense (2019-2025). La noticia, la persona y el puesto representan con claridad los antiguos susurros weberianos bajo el signo de los nuevos tiempos políticos. Aunque desde hace meses se sabía de la posibilidad de que el rector tapatío Ricardo Villanueva se integraría al gabinete de la presidenta Sheinbaum, la noticia se confirmó apenas el pasado 13 de febrero. La trayectoria de Villanueva es representativa de otros rectores universitarios que antes o después de ocupar esos puestos desarrollaron carreras políticas en los ámbitos municipales, estatales o federales. Algunos casos más o menos recientes confirman la afirmación. El hoy gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, fue hace tiempo rector de la UAS, y luego dirigente partidista en su estado natal; Salvador Jara, rector de la U. Michoacana (2011-2014), fue gobernador interino de su estado (2014-2015), y posteriormente subsecretario de educación superior de la SEP durante el gobierno del presidente Peña Nieto; Juan Carlos Romero Hicks, exrector de la U de Guanajuato en los primeros años noventa del siglo pasado, luego fue gobernador de esa entidad y posteriormente funcionario federal durante los gobiernos de los presidentes Fox y Calderón; o el exrector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, hoy secretario de relaciones exteriores del gobierno de Sheinbaum. Son representaciones de cierto patrón de comportamiento político de los rectores de universidades públicas autónomas. El caso del rector de la U de G que se integrará al gabinete federal es similar. Es la experiencia de un exdirigente estudiantil que luego pasó a ser profesor universitario, militante de un partido político (PRI), y, antes de ser rector general, fue miembro prominente del gabinete de un gobernador (Aristóteles Sandoval), y regidor municipal en Guadalajara. Esa trayectoria pública no descansa tanto en los méritos estrictamente académicos del todavía rector de la U de G, como en los méritos políticos que ha acumulado a lo largo de una trayectoria recorrida entre las aguas mansas de la docencia universitaria y las aguas revueltas y con frecuencia oscuras de la política universitaria y la política partidista. En esas aguas, dominadas por diversos órdenes de lealtades a personas y proyectos, Villanueva ha estructurado su propia trayectoria político-institucional. Más allá de las características personales del rector, de sus capacidades de cabildeo político y gestión institucional, la propia U de G es un caso interesante de las vidas cruzadas que transcurren entre el poder político y el poder universitario. Otros exrectores de la era más reciente de esa universidad (Raúl Padilla, José Trinidad Padilla, Tonatiuh Bravo), han sido diputados locales o federales, o regidores municipales, antes o después de ser electos como rectores universitarios. El hecho de que las rectorías sean puestos de gestión política en los ámbitos locales o nacionales, les otorga a sus representantes una enorme visibilidad pública, lo que explica que puesto y persona se conviertan en figuras relevantes en la vida política en las escalas subnacionales y federales. Lo distintivo de la transición de un puesto de rector universitario a un cargo federal de gestión gubernamental de los asuntos de la educación superior consiste en identificar los grados de libertad que puede tener un funcionario que trabajará no sólo con las limitaciones legales, organizacionales, presupuestales y políticas de todo puesto público, sino que también operará en un territorio marcado de antemano por las decisiones y prioridades políticas presidenciales: la continuación de las políticas de “becarización”, la instrumentación de las disposiciones normativas de la Ley General de Educación Superior aprobada en 2021, la ampliación de la matrícula en 300 mil lugares en las sedes de las universidades del bienestar Benito Juárez, las universidades de la salud o la Rosario Castellanos, forman parte de las señales que marcan la agenda de las políticas de educación superior que tendrá que trabajar el nuevo subsecretario y su equipo. Temas como el déficit presupuestal que acumulan desde hace más de una década las universidades públicas autónomas, los problemas de regulación de la educación privada, la construcción de un sistema de evaluación nacional de los aprendizajes de las licenciaturas universitarias, el fortalecimiento de los posgrados asociados a la investigación científica y humanística, los problemas de los abandonos escolares e inserción laboral de los egresados, de cobertura y calidad de los programas, del envejecimiento acelerado del profesorado universitario y sus efectos en las pensiones y jubilaciones, en el contexto de autonomías universitarias debilitadas por el maltrato presupuestal o por las desconfianzas gubernamentales, constituyen algunos de los desafíos del corto plazo de la subsecretaría que ocupará el próximo exrector universitario a partir de abril. Como suele ocurrir, el problema en términos políticos y de políticas públicas es siempre el tiempo, el “maldito factor tiempo” como solía señalar el finado sociólogo chileno Norbert Lechner. Las limitaciones del puesto y de la persona juegan un papel crucial en la posibilidad no sólo de construir una agenda institucional coherente sino de implementarla de manera efectiva. Con cinco años por delante, el próximo subsecretario enfrentará un campo de políticas sembrado de oportunidades e incertidumbres, pero también de algunas bombas de relojería.

Sunday, February 09, 2025

Bob Dylan: máscaras y cenizas

Bob Dylan: máscaras y cenizas Adrián Acosta Silva (Revista Replicante, 9/02/2025) https://revistareplicante.com/bob-dylan-mascaras-y-cenizas/ La película Un completo desconocido (2024), que trata sobre la fase temprana de Bob Dylan en Nueva York, revela la que es quizá una de las facetas más brillantes de un artista de las máscaras. Impredecible, impuntual, sarcástico, escéptico, el joven Dylan es representado como un músico en búsqueda de un lugar en el que pueda escribir canciones y que pueda vivir de ello. Obsesionado con la escritura de letras extrañas e incomprensibles, acompañadas por una guitarra, una armónica y a veces con un piano, Dylan es un individuo solitario y retraído, un observador penetrante de los acontecimientos cotidianos, que traduce en forma de notas inconexas que combinan ritmo y armonía, fantasías y fantasmas, convicciones, creencias e ilusiones. Reacio a las clasificaciones (narrador, poeta, músico militante, activista contestatario, rebelde, oportunista), el joven Dylan se escurre entre las paredes y callejones del mundillo neoyorkino de los años sesenta, habitado por cantantes de folk que tocan en lugares pequeños llenos de humo y alcohol, y empresarios en búsqueda de nuevos talentos que permitan la sobrevivencia de un género en crisis de audiencias. La cinta revive los puntos clave de la trayectoria de Dylan en esos años de luces y sombras: su visita en el hospital a un moribundo Woody Guthrie, su contacto con Pete Seeger, su relación efímera con la entonces exitosa cantante Joan Baez, y sus primeros contactos con el rock a través de guitarristas deslumbrantes como Mike Bloomfield o tecladistas como Al Kooper. Con la música de fondo de los Kinks y los Beatles, el Dylan veinteañero vive dominado por los espíritus de la época. Los aires de la guerra fría y la crisis de los misiles en Cuba, los movimientos por los derechos civiles, las secuelas del macartismo de la década anterior, las figuras de los beatniks que antecedieron al movimiento hippie, el mundo de los negocios en que se estaba convirtiendo la música norteamericana del blues al folk y del country al rock, configuran las estampas que rodean el álbum vital del Dylan de sus tres primeros discos, y que serán representados por el que es quizá la mejor de sus obras de esa etapa: The Freewheelin´, grabado en el duro invierno neoyorkino de 1963, y publicado en mayo de 1964. Dueño de una prosa incontenible, Dylan escribe canciones sin pausas y sin prisas. Lo hace en servilletas y hojas sueltas en cuartos de hotel y en cantinas, que luego pasa a máquinas de escribir que le prestan sus novias y amigos. Son los tiempos en que su cabeza está llena de “crujidos, relámpagos y estallidos” que son la fuente profunda de su creatividad, como declaró en una entrevista de esos años de humo, alcohol y guitarras a la entonces naciente revista Rolling Stone. Esas atmósferas y condiciones mundanas le permiten crear canciones que no aspiran a cambiar al mundo, pero que proporcionan “tonalidades para sobrevivirlo”, como afirma en uno de los diálogos. La travesía dylaniana por los sonidos y ambientes de esos años de cambios culturales profundos en la vida social y política americana le permiten sumergirse en las aguas profundas de sus impulsos creativos. “Girl From the North Country”, “Blowin´ in The Wind”, “A Hard Rain´s A-Gonna Fall”, “Don´t Think Twice, It´s All Right”, y pocos años, después “Like a Rolling Stone” (que aparecerá por primera vez en el disco Highway 61 Revisited, de 1965), son los emblemas que marcarán para siempre el mapa de las contribuciones de Dylan al folk, al blues y al rock. Justamente una de las líneas de esta última canción (…like a complete unknown/like a rolling stone…) es el que inspira el título de la película dirigida espléndidamente por James Manglod. Quizá el momento más importante de la cinta es justamente el del rompimiento con el movimiento folk del cual se había inspirado en su adolescencia y primera juventud. Ese momento es el que ocurre en 1965 cuando se celebra el tradicional festival de música folk de Newport, que congregaba a las vacas sagradas del género de la época (Joan Baez, Pete Seeger, Johnny Cash), y organizado por la corriente más purista de ese movimiento de guitarras acústicas, armónicas y banjos, contraria a la invasión del rock gobernada de manera bastarda por baterías, sintetizadores y guitarras eléctricas. Contra el sentido común y a pesar de los acuerdos pactados con los organizadores del evento, Dylan, con guitarra eléctrica en la mano, y enfrentando las protestas de los organizadores y los abucheos de los asistentes, invita al baterista Sam Lay, al guitarrista Bloomfield y al tecladista Kooper a subir al escenario para interpretar sus canciones con un nuevo sonido que fusiona el folk con el blues y el rock. Dylan, el alquimista, había nacido, Próximo a cumplir 84 años, padre de seis hijos con esposas diferentes, el joven nacido en Duluth Minnesota es hoy un anciano que todavía escribe y canta canciones propias y ajenas, y que se mantiene en forma ofreciendo algunos conciertos por aquí y por allá como parte de su Never Ending Tour iniciado a finales de los años ochenta. Su disco más reciente, Shadow Kingdom, publicado en 2023, incluye la reinterpretación/reinvención de algunas de sus viejas canciones como ejercicios de memoria y registros de los fuegos y cenizas que ha dejado a lo largo de casi siete décadas de trayectoria. A Complete Unknown, es parte de la historia fascinante de un músico que, más allá de la fama, la fortuna y de muchos los premios y reconocimientos acumulados a lo largo de los años (que incluyen varios doctorados honoris causa y el Premio Nobel de Literatura en 2016), encontró finalmente lo que buscaba a los veinte años de edad: componer canciones y ganar lo suficiente para vivir de ellas.

Thursday, February 06, 2025

ANUIES: 75 años

Diario de incertidumbres ANUIES: 75 años Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 06/02/2025) https://suplementocampus.com/anuies-75-anos/ Este año se cumplen 75 años de la fundación de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES). Son tres cuartos de siglo de una organización dedicada a la promoción de diversos asuntos relacionados con el desarrollo de la educación superior en el país. Se trata de un momento relevante para destacar los logros y las aportaciones de la Asociación al crecimiento de la educación terciaria en las escalas nacional y subnacionales, pero también una oportunidad para identificar los déficits y los futuros de la educación superior en un contexto extraordinariamente complejo, donde los retos y desafíos se multiplican de manera acelerada. El propósito original que explica el surgimiento de la ANUIES fue el de compartir las experiencias que diversos rectores de universidades públicas habían acumulado en la gestión de sus respectivos asuntos institucionales. Con esa intención, en 1940, un puñado de rectores se reunieron en la Ciudad de México para formar un espacio denominado “Asamblea Nacional de Rectores” (ANR) como un esfuerzo de organización cuasi-corporativa que permitiera a sus miembros examinar los principales problemas de las universidades públicas del país, a la vez que formular acuerdos, recomendaciones y propuestas de solución a los mismos. Diez años después, en la primavera de1950 en la Universidad de Sonora, y luego de cinco reuniones previas celebradas entre 1940 y 1948 en las sedes de diversas universidades públicas (Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, San Luis Potosí, Oaxaca), la ANR se transformó en la actual ANUIES. Eran los tiempos de la política de unidad nacional promovida por el gobierno del presidente Miguel Alemán, y los inicios del llamado “milagro mexicano” que se extendería hasta los inicios de los años setenta. En ese contexto, la ANUIES ya no se trataba solamente de una suerte de “Club de Rectores” con propósitos reflexivos, sino de la representación de una idea política sobre las políticas públicas de la educación superior. Esta representación exigía un nuevo perfil organizativo y político de la naciente Asociación. Ya no bastaba platicar regularmente sobre los asuntos comunes de las 26 universidades e instituciones que conformaban la membresía inicial de la ANUIES en 1950, sino de impulsar estudios e información pertinente para examinar los problemas de la expansión y el desarrollo de la educación terciaria en el país. Ese giro en la forma de representación de la Asociación requería esfuerzos para su legitimación política y el reconocimiento institucional del gobierno nacional y los gobiernos estatales, y del compromiso de la propia ANUIES para apoyar y promover políticas federales, acuerdos y programas sectoriales dirigidos al mejoramiento de las condiciones de desempeño de la educación superior en todo el país. Las prácticas de negociación y cabildeo se incorporaron al nuevo perfil de la organización. Este perfil ha sido acompañado por múltiples esfuerzos dirigidos a mejorar la influencia e impactos de la organización en el desarrollo de la educación terciaria. Algunos de ellos fueron recomendaciones o apoyos para la creación de nuevas universidades e instituciones de educación superior como la UAM, la UACJ, la UABCS, o el Colegio de Bachilleres en la década de los setenta. Asimismo, se apoyaron o impulsaron iniciativas como el diseño del Sistema Nacional de Planeación Permanente de la Educación Superior (SINAPPES) en los años ochenta, la formulación de programa sectoriales como el PRONAES o el PROIDES en los ochenta y noventa, así como los programas de apoyos financieros extraordinarios a las universidades públicas federales y estatales en los años noventa y las dos primeras décadas del siglo XXI. Pero es quizá en el campo del conocimiento e información sobre complejidad de los problemas de la educación superior donde descansan algunas de las aportaciones más significativas de la Asociación al desarrollo de las políticas de educación terciaria. La creación de fuentes estadísticas sistemáticas y confiables como los “Anuarios estadísticos” que se publican desde los años setenta, o las colecciones especializadas de libros (“Biblioteca de la Educación Superior”, “Temas de Hoy”), de artículos, ensayos y reseñas (“Revista de la Educación Superior”), o la serie de documentos y publicaciones institucionales que contienen propuestas y recomendaciones que cada seis años la Asociación elabora para tratar de incidir en el diseño e implementación de políticas gubernamentales dirigidas al sector, constituyen algunos de los logros más relevantes en sus primeros 75 años de existencia. Esta trayectoria no esconde las tensiones, ambigüedades y conflictos que ha enfrentado la Asociación a lo largo de todos estos años. Al configurarse como una organización híbrida que combina funciones de cabildeo de los intereses de sus miembros con funciones de promoción e implementación de políticas y programas federales, ANUIES desempeña un papel importante en la gestión de los asuntos públicos del sector. Sus relaciones de cooperación y cabildeo con diversas administraciones federales o estatales en la era de la alternancia política en el poder, sus problemas de financiamiento en tanto asociación civil que recibe fondos públicos, o los complejos condicionamientos políticos tanto internos como externos, forman parte de esa larga trayectoria de luces y sombras de su vida político-institucional. Hoy, cuando casi 300 universidades e instituciones de educación superior tanto públicas como privadas conforman la membresía institucional de la Asociación, y donde los temas de la calidad, equidad y cobertura han sido transformados por las exigencias de austeridad, gratuidad y universalización de la educación terciaria, la ANUIES requiere de un esfuerzo intelectual y político dirigido a la construcción de una nueva agenda política y de políticas que mire hacia un futuro habitado por las sombras de la incertidumbre y la confusión. Esa agenda está determinada por el contexto y las herencias de las políticas del pasado remoto y reciente. A mitad de la tercera década del siglo XXI, el sistema de educación superior es un conglomerado masificado, diverso y heterogéneo de más de 3 mil establecimientos públicos y privados de educación superior donde estudian casi 5 millones de estudiantes y trabajan alrededor de 450 mil profesores e investigadores. El documento titulado Compromiso común por el futuro de la educación superior en México. Trazando una ruta a 2030, publicado por la ANUIES el año pasado, es un intento dirigido a imaginar un futuro posible para el sector, y cuyo contenido, alcances y limitaciones comentaremos en una próxima colaboración.