Friday, August 14, 2026
Puertas que no abren
Tocar puertas que no se abren: la paradoja de egresados y empleadores
Adrián Acosta Silva
(Nexos, agosto 2026)
https://www.nexos.com.mx/puertas-que-no-se-abren/
Aquí no hay dueño de casa; aquí reina el desorden
Antón Chéjov, Un drama de caza
Un par de fantasmas recorren penosamente los campus universitarios y sus alrededores: el desempleo y el subempleo de sus egresados. Son fantasmas extraños. Desde hace tiempo, el énfasis puesto en la evaluación de la calidad de los programas universitarios, o el empeño en incrementar el acceso, la inclusión y la equidad a las instituciones de educación superior, desplazaron del centro de la atención pública (y política) el tema de los egresados universitarios. No obstante, con frecuencia se escucha el lamento por la falta de oportunidades de empleo digno y estable de una población altamente escolarizada que enfrenta desafíos persistentes al momento de egresar de programas a los que ha dedicado varios años para formarse profesionalmente, con la esperanza, o la certeza, de mejorar sus presentes y futuras condiciones de vida.
El vínculo entre egresados y empleadores en los mercados laborales ha sido objeto de estudios desde finales del siglo pasado. Economistas, demógrafos y sociólogos han abonado numerosos argumentos y perspectivas de análisis para explicar el fenómeno. Algunos ofrecen explicaciones que acentúan la brecha entre la calidad de la formación universitaria y los cambios en el mundo del trabajo como el factor causal más importante del problema de empleabilidad de los egresados. Otras perspectivas sostienen el argumento de que la ausencia o insuficiencia de políticas institucionales que reconozcan el problema es la causa del desempleo o subempleo profesional, lo que afecta las posibilidades de movilidad social ascendente tradicionalmente relacionada con la acumulación de capital escolar de los individuos.
Algunos relatos sostienen que el problema se origina en la saturación de los mercados profesionales en ciertos campos formativos, áreas y disciplinas, sobre todo de las ciencias sociales y las humanidades. Otras atribuyen la causa de la falta de oportunidades laborales al origen social, la obsolescencia de los programas de estudios, o a los perfiles y capacidades individuales de estudiantes y egresados. En tono dramático, organizaciones como el Foro Económico Mundial subrayan el impacto que la ciencia de datos o la inteligencia artificial generativa tendrán hacia el 2030 en la desaparición de empleos para ciertas disciplinas (literatura, periodismo, contaduría) debido a las nuevas cualificaciones profesionales relacionadas con la robotización de los procesos productivos en las empresas, según opinan los más de mil empleadores considerados en el reporte (https://reports.weforum.org/docs/WEF_Future_of_Jobs_Report_2025.pdf). En su conjunto, este mosaico de explicaciones al fenómeno ofrece distintos ángulos de observación. No obstante, el problema se incrementa año con año a lo largo del siglo XXI, y no se perciben soluciones estables en el tratamiento de las relaciones entre educación y empleo como un problema sistémico que requiere de decisiones políticas y de política pública.
Según el más reciente informe del Observatorio de Políticas de Educación Superior de la UNESCO (https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000398124), no existen datos suficientes para determinar con precisión el índice del desempleo entre los egresados universitarios, dada la diversidad de contextos, campos profesionales y programas de educación terciaria. Aunque es notable el crecimiento de la matrícula de educación superior en todo el mundo (en 2024 se registraron 269 millones de estudiantes de ese nivel), no se tienen datos comparables en cuanto al número de egresados de la educación superior, y menos aún se sabe con certeza el grado del “éxito” o “fracaso” laboral de esos egresados. Factores como el abandono escolar, el rezago acumulado, la rigidez de los programas académicos, el género, la raza, el origen social de los egresados, el tipo de instituciones y programas cursados, o el perfil de empresas y empleadores, configuran los múltiples rostros de la extraordinaria complejidad de esas poblaciones y determinan en grado significativo las posibilidades de sus inserciones laborales tempranas o tardías.
Como todo problema complejo, el empleo profesional tiene que ver con los diversos tipos de inserción de los egresados, lo que supone condiciones sociales, trayectorias vitales, contextos laborales, instituciones de egreso, áreas del conocimiento, creencias y estrategias individuales, y oportunidades objetivas para acceder a un empleo satisfactorio al término de los estudios del pregrado o, cada vez más, de posgrado. La obtención de títulos, diplomas y certificaciones es insuficiente para garantizar el acceso a empleos estables y bien pagados que permitan cristalizar expectativas y aspiraciones a sus poseedores. Aunque la escolaridad universitaria marca diferencias significativas en las oportunidades de empleo respecto de quienes no la tienen, la masificación de la educación superior ha generado cambios en la calidad y cantidad de los flujos de acceso a los empleos profesionales.
Ello no significa que la masificación sea la causa y el desempleo o subempleo profesional el problema. La causalidad compleja del fenómeno tiene que ver con las transformaciones sistémicas en el propio mercado laboral donde empleadores públicos y privados han generado nuevas exigencias de desempeño que colocan restricciones estructurales al ingreso de poblaciones cada vez más escolarizadas y con mayores expectativas de movilidad social y ocupacional. En esas circunstancias, la retórica del emprendurismo se promueve como el nuevo aceite de serpiente para tratar de remediar los males del desempleo, cuando en realidad los que tenemos es un problema de gobernanza de los mercados laborales profesionales.
Según el citado Informe de la UNESCO, ello es resultado del debilitamiento de los vínculos entre el Estado, las instituciones de educación superior y los mercados profesionales. Sin embargo, es una afirmación demasiado general. Existen campos profesionales donde la relación es y ha sido muy fuerte. El campo de las ciencias de la salud, por ejemplo, es un caso de relación históricamente consistente entre los tres componentes citados. Sin embargo, hay un debilitamiento notable en carreas relacionadas con las ciencias sociales y las humanidades, así como en el de ciertos programas de las ciencias económicas y administrativas. Ello ha impulsado la promoción de cambios en las preferencias y opciones profesionales hacia la formación en las denominadas disciplinas STEM (Science, Technology, Engineering and Mathemathics). Paradójicamente, los empleos relacionados con los sistemas de cuidados (educación, atención a los adultos mayores, mantenimiento de infraestructuras domésticas, comerciales e industriales, repartidores) seguirán siendo actividades apreciadas por empresas y empleadores.
En México, de acuerdo con datos del Anuario Estadístico 2024-2025 de la ANUIES (https://anuario.anuies.mx), durante ese ciclo escolar egresaron de las instituciones de educación superior un poco más de un millón de estudiantes de todas las modalidades públicas y privadas del sistema nacional. Del total, casi una cuarta parte se ubicaron en dos entidades de la república (Ciudad de México y Estado de México), y otra porción similar se concentró en cuatro entidades más (Jalisco, Nuevo León, Puebla y Veracruz). Es decir, 6 entidades del país concentraron la mitad de la población de egresados de la educación terciaria mexicana.
Más de la mitad de esa población son mujeres, lo que confirma la veloz feminización de la matrícula de la educación superior observada desde finales del siglo pasado, que constituye uno de los motores de la expansión del sistema nacional. Si se toma el dato de la matrícula del nuevo ingreso durante el mismo ciclo, se observa la fuerza de esa tendencia hacia el predominio femenino en el acceso a la educación terciaria: casi 6 de cada 10 nuevos ingresos son mujeres, lo que indica el proceso de “des-masculinización” de la educación superior, que seguramente incrementará el peso diferenciador de las mujeres en el egreso en los próximos años.
La apuesta a las micro-credenciales, estrategias de educación a lo largo de la vida, formación dual, revaloración de los oficios, innovaciones pedagógicas, incorporación de la inteligencia artificial generativa en las formaciones técnicas o profesionales universitarias y no universitarias, forman parte de las propuestas que se ensayan para mejorar el atractivo de la educación superior para las nuevas generaciones de estudiantes y futuros egresados. El Programa Nacional de Educación Superior 2026-2030 del gobierno federal (https://educacionsuperior.sep.gob.mx/programas/programa-nacional-de-educacion-superior),contempla parte de esas acciones, e incluye la instrumentación de un sistema nacional de seguimiento de egresadas y egresados de la educación superior para identificar los problemas de sus trayectorias laborales después de sus estudios profesionales, una herramienta que puede aportar datos relevantes sobre las estrategias y oportunidades de los procesos de inserción laboral, y de las causas del desempleo o subempleo profesional. Mientras tanto, miles de jóvenes graduados seguirán tocando puertas que no se abren, aguardando oportunidades imaginarias en condiciones de incertidumbre, reservando decisiones vitales que dependen de situaciones reales. Son escenarios de egresados buscando empleo con empleadores que no los contratan. Representaciones de una paradoja sin moralejas.
Thursday, August 13, 2026
Grietas en la oscuridad
Diario de incertidumbres
Luego del examen: grietas en la oscuridad
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 13/08/2026)
https://suplementocampus.com/luego-del-examen-grietas-en-la-oscuridad/
La crisis activada por los resultados de examen de admisión en la UNAM tiene múltiples lecturas técnicas y políticas. Muchos especialistas han señalado las fallas en la supervisión y las complejidades asociadas al ejercicio de las miles de pruebas virtuales que aplicó la Nacional para el proceso de admisión, que apuntan hacia una complicada combinación de debilidades técnicas en el diseño, vigilancia y supervisión de la prueba, con las limitaciones y estrategias utilizadas por decenas de aspirantes para burlar los dispositivos de control y responder a los reactivos con ayuda de herramientas de inteligencia artificial, acordeones bajados de la nube, o asesorías de terceros presenciales o remotos.
La creación de una comisión de especialistas convocada por el Rector Lomelí para enfrentar la crisis fue una respuesta institucional rápida y adecuada para enfrentarla, y una clara señal de la autonomía de la universidad para gestionar sus problemas institucionales. La credibilidad y el prestigio de la UNAM estaba en entredicho. En pocos días, la Comisión cumplió su encargo y, como se sabe, recomendó la aplicación de una “prueba de control” de carácter presencial a más de 50 mil aspirantes, lo que provocó, como era de esperarse, diversas reacciones entre las y los jóvenes que presentaron su prueba virtual. Las causas y el origen de los fallos en el examen masivo aún están por esclarecerse.
Los efectos de la crisis tuvieron repercusiones internas. La secretaria general de la UNAM presentó su renuncia, y el contrato con la empresa Territorium Life (responsable del diseño y validación de la prueba) fue cancelado, y se han anunciado varias auditorías para establecer que sucedió con el sistema empleado por esa empresa. A pesar de la pertinencia, velocidad, contundencia y fuerza pública de estas decisiones, la imagen de la Nacional quedó dañada, y el impacto de las limitaciones y efectos no deseados de las pruebas robóticas en los procesos educativos quedó marcado en la memoria de medios y redes. En las próximas semanas, las lecciones, debates y reflexiones derivadas de los hechos, seguramente alimentarán nuevas perspectivas sobre las potencialidades y limitaciones de la aplicación de las herramientas virtuales en las políticas institucionales asociadas a la educación superior.
Para no pocos críticos habituales de las universidades públicas, el hecho mostró las debilidades institucionales para prevenir comportamientos anómalos de estudiantes, directivos y profesores. Para otros, los déficits éticos de las conductas tramposas de algunos aspirantes a ingresar a las carreras más prestigiadas de la UNAM (medicina, derecho, contaduría) son producto del deterioro de la cultura cívica y del sistema educativo nacional. Para algunos más, las pruebas son mecanismos injustificables de exclusión deliberada de los sectores más pobres y vulnerables de los jóvenes mexicanos para el acceso a las universidades públicas. Es curioso, o paradójico, que, desde las derechas privatizadoras hasta las izquierdas populistas, la UNAM y las universidades públicas autónomas en general son, han sido y seguramente seguirán siendo objeto de críticas y descalificaciones por sus procesos, estructuras y resultados. No obstante, el desarrollo de políticas de admisión que combinen exigencias basadas en puntajes y méritos académicos de los aspirantes, con los deseos de las y los jóvenes, y con capacidades institucionales objetivas en términos de suficiencia y calidad para seleccionar a los aspirantes, es siempre una ecuación complicada para distribuir suficientes oportunidades en las diversas disciplinas profesionales, y exige la renovación de herramientas virtuales y controles presenciales que permitan establecer con claridad la gestión de las miles de solicitudes que cada año se realizan en el ingreso a las universidades públicas federales y estatales.
Lo que puede advertirse en el centro de la tormenta mediática, técnica y política desatada por el examen de admisión, es la tensión entre el ejercicio de la autonomía universitaria en situaciones de conflicto y crisis, y la heteronomía deseada por actores internos y externos a la UNAM. Las crónicas debilidades presupuestales, el escepticismo de las elites de derechas e izquierdas (tradicionales y emergentes) sobre la racionalidad autonómica universitaria, o las descalificaciones sobre cualquier intento de reforma universitaria impulsada por sus autoridades con las limitaciones, ambigüedades y fortalezas propias del gobierno colegiado que caracteriza la autonomía de la universidad, sean utilizadas para descalificar y denostar la imagen y las prácticas universitarias.
Las acusaciones de “sistema enfermo”, “corrupción acumulada”, “elitismo disfrazado”, “burocracia irreformable” se han multiplicado en el paisaje mediático de estos días agitados dentro y fuera de la UNAM, y se han replicado con diversa fuerza e intensidad en los campus de las universidades públicas autónomas federales y de los estados. Hoy como ayer, rudos y técnicos reaparecen en la arena del debate universitario, poblando el escenario de lenguajes, símbolos y acciones que colocan en el centro la discusión sobre la naturaleza misma de la autonomía universitaria en tiempos de cólera.
Como en otras ocasiones, la “crisis de las pruebas” es uno más de los episodios institucionales que enfrenta la UNAM en su historia reciente. La reflexión, el debate crítico, la revisión y ajuste de políticas y acciones institucionales propias de un gobierno colegiado son las herramientas más poderosas de la autonomía universitaria contemporánea para gestionar sus crisis. Resistir los embates ideológicos, los rencores políticos y los escepticismos acumulados en sus entornos, es el desafío fundamental de la UNAM y las universidades públicas para defenderse de sus enemigos. Para quienes afirman que la inteligencia artificial es un lugar sin límites, el episodio de crisis es una oportunidad valiosa sobre los aprendizajes institucionales que se pueden (y deben) extraer en torno las limitaciones prácticas y los efectos perversos y no deseados de la inteligencia artificial aplicada a los procesos educativos universitarios. Son imágenes de grietas en la oscuridad, pequeños espacios donde siempre se puede filtrar la luz.
Saturday, August 01, 2026
Rutinas
Tierras raras
Rutinas
Adrián Acosta Silva
(Reverso, 31/07/2026)
https://reverso.mx/tierras-raras-rutinas/
“Rutinas: esas grandes desconocidas de la historia”, escribió hace tiempo el historiador francés Fernand Braudel (1902-1985). La frase alude a la importancia del estudio de las prácticas habituales, cotidianas, que realizan individuos, grupos y clases sociales para la comprensión de las estructuras y coyunturas de las vidas públicas y privadas en diferentes contextos históricos. La hechura de rutinas como mecanismo de estabilización del orden social que representan sus instituciones formales e informales, sus rupturas y cambios como parte de las adaptaciones prácticas de los individuos a entornos de incertidumbre y confusión que gobiernan el horizonte vital de hombres y mujeres de todos los tiempos.
Las rutinas no gozan de buena fama, pues suelen ser vistas como sinónimo de repetición y aburrimiento. Pero las rutinas reflejan el poder de las circunstancias. Obedecen a la importancia simbólica y práctica de imprimir sentido a lo que hacemos todos los días. Por ello se vuelven parte de nuestra colección de trivialidades existenciales, usos y costumbres que se invisibilizan a través del tiempo, y su importancia sólo se aprecia en momentos críticos: un accidente, la muerte de un ser querido, una guerra, una enfermedad, una ruptura amorosa, crisis económicas o políticas que afectan las vidas de individuos y sociedades.
Sin embargo, el peso de las rutinas es distinto para hombres y mujeres, dependiendo del azar, el origen social o las circunstancias. La división sexual del trabajo determina en buena medida el tipo de rutinas que realizan, y muestra las estructuras de la desigualdad social expresadas en prácticas individuales e imaginarios colectivos. Pero son las cosas que hacen todos los días las que determinan el peso específico de las desigualdades de género o de clase.
La historia del presente es una de las corrientes que se han desprendido del estudio de las rutinas en la estructuración del orden social. Las rutinas políticas, por ejemplo, descansan en una serie de supuestos éticos, normativos y prácticos que hacen posible la negociación de acuerdos y la solución más o menos pacífica de los conflictos, esos componentes básicos de las repúblicas mafiosas contemporáneas, democráticas o no. Formar o afiliarse a un partido político, promover ciertas ideas e intereses, participar en procesos electorales, apoyar a un candidato, seguir a un líder, alcanzar un puesto público: actividades sujetas a rutinas y reglas de actuación estructuradas por creencias profundamente enraizadas en contextos sociales.
También existe su némesis: la indiferencia. Los casos más representativos son Ulrich, el personaje central de El hombre sin atributos, de Musil, o Bartleby, el personaje del relato de Melville. “Preferiría no hacerlo” como frase central de un manifiesto silencioso a la indiferencia, la forma más contundente de rebelión contra las rutinas, dicha con parsimonia, sin mayores explicaciones ni justificaciones, apartándose de la dictadura de las obligaciones rutinarias. El minúsculo placer de imponer el logro racional sobre la lógica costumbrista, en una era en que activismos furiosos de distinta naturaleza y alcances exigen con energía compromisos morales a favor de cualquier causa imaginable.
Thursday, July 30, 2026
Libros por todos lados
Diario de incertidumbres
Libros por todos lados
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 30/07/2026)
https://suplementocampus.com/libros-por-todos-lados/
Una nota periodística publicada hace unas semanas informa sobre la demanda de desalojo que un arrendador exigió al inquilino de un departamento de su propiedad, situado muy cerca de Central Park en Nueva York (https://www.lavanguardia.com/internacional/20260715/11592388/siempre-leyendo-desahuciado-piso-nueva-york-acumular-10-000-libros.html). El pleito es uno de los muchos que ocurren cotidianamente en la gigantesca metrópoli en las zonas habitacionales más codiciadas y caras de la ciudad. El motivo de la demanda es lo curioso del asunto: la enorme cantidad de libros que el inquilino ha acumulado y que, a juicio del dueño, representan “inminentes” riesgos de incendio y daños a su propiedad y al propio edificio.
Según el reclamo del demandante, se estima que los más de 10 mil libros acumulados en los 56 metros cuadrados del departamento pesan entre 3 y 10 toneladas, lo que pone en riesgo la seguridad del inmueble. El inquilino, un joven escritor y traductor judío de 31 años, ha entablado un litigio de protección a sus derechos, argumentando que los libros forman parte de su existencia, y que no puede vivir sin ellos (“siempre estoy leyendo”; “los libros son mis manuales para la vida”). En un entorno doméstico sin mobiliario y donde miles de ejemplares han sido colocados hasta en el baño y en la cocina, el bibliófilo/bibliómano duerme en un pequeño espacio en el suelo, siempre, según dice, “con un libro entre las manos”. El asunto está en tribunales.
El caso ilumina un tema pertinente en los tiempos de la transición de los libros de papel a los libros digitales, y de los problemas de quienes, por amor a los libros, por su oficio o profesión, prefieren la compra de libros de papel a los libros de luz. Comprar y acumular libros representa una práctica adictiva, asociada a diferentes razonamientos y emociones. El placer o la obligación de la lectura es un hábito enraizado entre individuos muy diversos, que se asocia comúnmente a ciertos rasgos básicos: escolaridad universitaria, tradición familiar, entornos que comparten con individuos similares, profesiones u oficios ligados a la divulgación cultural, la hechura de proyectos culturales, la enseñanza o la investigación.
La cultura libresca es un rasgo asociado también en distintos momentos e intensidades a la autoridad, el privilegio y el poder. Por ello, también constituyen una fuente histórica del poder social de las universidades medievales, modernas y contemporáneas, donde cientos o miles de ejemplares eran resguardados celosamente en las bibliotecas de seminarios, claustros y escuelas. Hoy, los repositorios digitales coexisten en la nube con los recintos bibliotecarios tradicionales de los campus universitarios.
No pocos intelectuales, escritores y académicos suelen aparecer en imágenes rodeados de libros como evidencias de prestigio y autoridad. El aura del libro como fetiche y fuente de sabiduría traducida en poder, es utilizado con frecuencia en el teatro, en películas y series de televisión, donde los personajes de actores y actrices se acompañan de escenas con bibliotecas repletas de libros de utilería como respaldo a la imagen de conocimiento que irradian libros cuidadosamente ordenados en estantes, como parte del paisaje escenográfico de las obras.
A la sombra de los libros se establecen relaciones prácticas o imaginarias entre capital, poder y cultura. Comprar y acumular libros supone invertir pequeñas o grandes fortunas para hacer de la lectura un hábito civilizatorio, un pretexto para la conversación, una herramienta de trabajo, o un recurso para la contemplación solitaria o la interacción social. Los libros son la “memoria vegetal” de la que hablaba Umberto Eco, una colección de obras que alimentan la biblioteca personal como proyecto de lectura a que se refería Borges, o simplemente la oportunidad de tachar, anotar, releer estilos, ideas, relatos, frases que quedan marcadas en la memoria de sus lectores. Los libros son espacios para la imaginación y la reflexión, combustible de tinta y papel para la exploración de temas y perspectivas, sembradíos de dudas, bazar de asombros o fuentes inagotables de interrogaciones.
Tal vez esas son tal vez algunas de las razones que explican la compulsión acumuladora de libros como la que representa el hombre que vive sepultado entre paredes y montículos de libros en Nueva York. Son las voces de libros que llaman a sus lectores, el canto de sirenas que los seduce y atrapa una y otra vez. Y son las voces que probablemente escuchan otros individuos en muchos otros lugares, en distintas escalas y volúmenes, que viven en alguna ciudad o pueblo de México, o en Praga, Viena, Estambul, Bogotá o Buenos Aires. Los libros como mapas del mundo personal, como riesgos incendiarios, como llamados irresistibles, o como intuiciones gobernadas por el libre albedrío. Son algunas de las distintas caras del poder de los libros.
Thursday, July 16, 2026
Homo academicus
Diario de incertidumbres
Académicos: trazos del homo academicus
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 16/07/2026)
https://suplementocampus.com/academicos-trazos-del-homo-academicus/
La profesión académica es un campo de actores, estructuras y procesos extraordinariamente complejo. Coexisten en ese territorio representaciones de académicos imaginarios y experiencias de académicos muy reales. A diferencia de la profesión docente que se ejerce en las escuelas de educación básica, en la educación superior no hay un espacio de formación profesional orientado explícitamente a la combinación de la enseñanza con el desarrollo de la investigación. Si las escuelas normales fueron la gran invención del “Estado educador” en el siglo XIX, las universidades se configuraron como espacios de formación profesional y científica que derivaron por obra del azar o por accidente en la construcción de la profesión académica moderna como un efecto no planeado pero ocurrido a lo largo del siglo XX.
Eso tiene mucho que ver con la historia intelectual del siglo pasado. Las hechuras políticas e ideológicas del liberalismo dieron paso a la figura del académico moderno, cuyo perfil combina experiencia docente, conocimientos especializados, interés por la investigación orientada hacia la producción de nuevos conocimientos en las diversas disciplinas en contextos de libertad y autonomía, y un inevitable sentido práctico para combinar herramientas, pedagogías y estrategias de enseñanza e investigación apropiadas para los diversos contextos sociales e institucionales universitarios.
Desde sus orígenes la profesión docente se asemeja más a un oficio que a una profesión propiamente dicha. El proceso de aprendizaje del oficio vuelto profesión sucede en las aulas universitarias, observando los estilos, herramientas y métodos que utilizan los profesores universitarios y las redes a las cuales pertenecen, marcadas por códigos de identidad, prácticas compartidas y líneas claras o difusas de los territorios donde se cruzan el ejercicio de la docencia y la investigación.
Este largo proceso no surgió del vacío histórico. La antiguas universidades medievales y coloniales estructuraron prácticas que configuraron la autoridad intelectual y práctica del profesorado universitario entre los círculos del poder político, eclesiástico y civil, entre reyes y papas, entre monarquías e iglesias. Sin embargo, el liberalismo cambió las formas de legitimidad del ejercicio de la profesión al estructurar trayectorias basadas en el mérito: licenciaturas, especialidades, maestrías, doctorados, posdoctorados. La lógica meritocrática como forma de legitimación del poder del saber y la autoridad se impuso en la conformación del académico contemporáneo.
La larga y fascinante historia de la profesión académica ha llegado a nuestros días de formas extrañas, confusas y contradictorias. En México, la masificación de la educación superior ha significado también la masificación de la profesión docente. Entre una población estimada en casi medio millón de individuos, coexisten el profesorado de tiempo completo y el de tiempo parcial, profesores universitarios de instituciones públicas autónomas o de establecimientos privados, con títulos de pregrado o de posgrado, que sólo se concentran en la docencia o se dedican principalmente a la investigación, donde predominan hombres o mujeres, jóvenes o ya no tanto. Los contextos institucionales donde laboran también son diversos, con formas de contratación variables, pocas oportunidades de acceso a empleos académicos, en que los salarios suelen ser bajos y compensados por otras formas de ingresos adicionales condicionados a la cualificación de los individuos (en México, bonos de antigüedad, programas de estímulos, acceso al SNII).
Desde los años setenta aparecieron los sindicatos y asociaciones de académicos como espacios gremiales para mejorar las condiciones del trabajo del profesorado. Estabilidad, prestaciones, derechos, contratos colectivos, se convirtieron en el centro de las demandas del nuevo sindicalismo universitario, a las que se añadieron exigencias de mayores espacios de participación y representación en los órganos de gobierno de las universidades.
En los escenarios actuales, construir una carrera académica es un largo y sinuoso camino que asegura mucho a algunos y poco a la mayoría. Coexisten ciertas oligarquías y élites académicas con masas profesorales trabajando a destajo en condiciones de precariedad. Quienes aspiran a construir una carrera saben que deben cursar licenciaturas y posgrados bajo la guía de mentores que ofrezcan oportunidades de acceso a las redes y tabernas académicas, llenas de humo, egos desatados o discretos, grillas tribales, ánimos cambiantes, lugares donde se cultivan amistades, indiferencias, pleitos ocasionales y silencios prolongados. El horizonte para los jóvenes académicos es complicado. Coexisten y compiten con acumuladores compulsivos que coleccionan diplomas universitarios como títulos nobiliarios: cursan dos licenciaturas, tres maestrías y otros tantos doctorados para mostrar el poder de sus inteligencias reales o imaginarias para adquirir prestigio, fama y dinero, frente a aquellos que cultivan el entusiasmo por el conocimiento mismo y que aspiran a vivir satisfactoriamente de ello.
No existe más aquella figura del profesor/intelectual universitario que refería Saul Bellow en El legado de Humboldt (1975), que es la representación más fiel del académico imaginario químicamente puro: “un magnífico conversador, un improvisador de monólogos frenético e incesante, detractor de primera…El dinero constituía para él una constante fuente de inspiración…Había leído miles de libros. Decía que la historia no era más que una pesadilla durante la cual intentaba pasar una simple noche de descanso. Su insomnio lo hacía más erudito”.
Frente a esa representación novelística, contrastan los espejos de académicos reales: personas que construyen trayectorias de inserción laboral en condiciones difíciles, que se esfuerzan por obtener certificaciones y grados para concursar por puestos o acceder a estímulos, sujetos a oportunidades escasas, con salarios insuficientes e inestables, evaluados de manera sistemática, que rinden informes una y otra vez ante las instancias proveedoras de fondos y apoyos, buscando participar en congresos, seminarios o talleres, y tratando de publicar de manera regular para obtener visibilidad, reconocimientos y oportunidades. Es un prolongado período de “acumulación originaria” de capital académico.
Entre esos mundos de representaciones y prácticas heterogéneas, las trayectorias de los académicos expresan la complejidad de sus perfiles, aspiraciones y condiciones laborales. La masificación de la profesión ha traído consigo dificultades crecientes a los empleos académicos, debilitando los sentidos de identidad y pertenencia que caracterizan al profesorado universitario en los tiempos nebulosos de la austeridad institucional que resuena entre los estruendos digitales y los relámpagos de la inteligencia artificial. Es el nuevo corazón de las tinieblas del homo academicus.
Thursday, July 02, 2026
Futbol
Tierras raras
Futbol
Adrián Acosta Silva
El mundial del futbol que se desarrolla en el verano cada cuatro años es un circo de varias pistas. Es, al mismo tiempo, un negocio, un espectáculo y un deporte que captura la atención de las masas por diferentes razones y circunstancias. Aficionados, empresas, clubes, promotores, jugadores, entrenadores, directivos y gobiernos nacionales y locales configuran una gigantesca maquinaria dirigida desde hace décadas por la FIFA, una organización cuasi-mafiosa que determina las reglas, condiciones y beneficios públicos y privados de los involucrados. Son componentes de la lógica del capitalismo deportivo que ha penetrado el mundo del entretenimiento futbolero.
Lo que vemos en estos días en los estadios mundialistas de México, Canadá y los Estados Unidos es la representación de los intereses comerciales, deportivos y políticos que están detrás de un deporte de masas profundamente enraizado entre niños y jóvenes, y cuya práctica se transmite de generación en generación desde hace más de un siglo. Como todo deporte masivo, el futbol es un campo de ilusiones, cuya magia se descubre en las calles de barrios y colonias, en campos deportivos empastados o polvorientos, en los patios escolares, en los jardines de un parque cualquiera.
El carácter popular de las prácticas futboleras ha alimentado el interés por su organización y beneficios económicos, y los eventos mundialistas son la expresión más clara de cómo los deportes masivos son fuentes de explotación comercial de grandes dimensiones. Televisoras, plataformas digitales, empresas de refrescos, de cervezas y de comida rápida, casas de apuestas que alimentan prácticas de casino, han convertido a los estadios en gigantescos escaparates que promueven y financian el consumo, mientras gobiernos, empresas y la propia FIFA se benefician de la acumulación de las emociones y entusiasmos populares y los réditos políticos y económicos que se extraen o pueden extraer de ellas.
En Guadalajara, fiesta y espectáculo se combinaron durante tres semanas para enmarcar las relaciones entre política y negocios que tienen un balón como símbolo. Mientras el estadio se llenó cuatro veces para albergar otros tantos partidos de selecciones nacionales, el gobierno emecista desplegó sus cálculos e instintos políticos-empresariales para aprovechar el momento y organizó con recursos públicos conciertos masivos en la Minerva para promover a algunas glorias municipales que han alcanzado cierta fama internacional.
Más allá de los gustos musicales, referencias deportivas y cálculos político-empresariales del mundial y sus eventos (Fan Fest, conciertos, celebraciones), el evento mostró los usos políticos y económicos de la explotación de los sentimientos futboleros en el siglo XXI. Mientras miles de aficionados se divertían en estadios y calles tapatías, los directivos de la FIFA, empresas y gobernantes locales disfrutaban de los beneficios obtenidos: dinero, popularidad, entusiasmos de ocasión que opacaron fugazmente problemas sociales que no se resuelven en un partido ni se disuelven en una fiesta. La música de las emociones y el desmadre colectivo como parte del paisaje que adorna el sonido metálico del show-bussines entre banderas, botargas y rostros pintados amontonados en los estadios y espacios públicos.
El poder de las circunstancias
Diario de incertidumbres
Universidades: el poder de las circunstancias
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 02/07/2026)
https://suplementocampus.com/universidades-el-poder-de-las-circunstancias/
Como sucede tanto en los diversos campos de la acción social como en la esfera de las vidas individuales, las universidades son territorios marcados por el poder de las circunstancias. Ese poder se expresa en el peso específico de dilemas, posibilidades, incertidumbres y restricciones contextuales de diverso tipo y alcances: financiamiento, reconocimientos, oportunidades, apoyos, legitimidad. La vida cotidiana en los campus presenciales o virtuales se despliega entre rutinas y prácticas tradicionales que cambian poco a pesar de las voces que alertan sobre la urgencia de la innovación, la adaptación y el cambio institucional en la era digital.
No es una situación inédita en la historia de las universidades. De hecho, esa coexistencia entre la conservación de prácticas y el deseo de reformas e innovaciones habita el corazón de los procesos académicos que se desarrollan en las aguas profundas de la vida universitaria. Profesores que imparten cursos tradicionales en espacios tradicionales y costumbres al uso, frente a estudiantes tradicionales, curiosos o indiferentes, escuchando y tomando notas, mientras miran sus apuntes o se distraen con el celular. Datos y textos de papel o de luz forman el material sólido de la vida académica, que se discuten con la ayuda de plataformas, pizarrones, proyectores y pantallas que ilustran ideas, perspectivas, fórmulas y esquemas para organizar la reflexión y comprensión colectiva durante un tiempo establecido.
En la era digital, se observa una fiebre por ofrecer o tomar cursos de actualización docente diseñados por autoridades educativas para mejorar las capacidades instrumentales del profesorado, y una mensajería electrónica incesante para convencer a los profesores de reinventar la pedagogía de las enseñanzas y los procesos de aprendizaje. Literacidad, plataformas, usos de inteligencia artificial, nuevos instrumentos, formatos y recursos didácticos, se promueven en los pasillos y auditorios universitarios alertando en tono grave sobre la inminencia del desastre educativo que se avecina si no cambian las prácticas y actitudes académicas tradicionales.
Y, sin embargo, el duende de las rutinas impone el orden en la vida del campus. Pequeños rituales de organización de las actuaciones de profesores, estudiantes y directivos son espejos del peso de las rutinas en la formación de los hábitos académicos y escolares. Seminarios, talleres, laboratorios, coloquios, son espacios de representación de las prácticas escolares que permanecen desde hace siglos en los campus universitarios, aunque cambien los conocimientos, las formas y herramientas que los cristalizan en las diversas disciplinas y campos formativos.
¿Qué es lo que ha cambiado? Las circunstancias. Una parte de ellas tiene que ver con las ideas. En las últimas décadas, las ideas de modernización, evaluación y calidad gobernaron la vida en el campus, aunque sus traducciones prácticas fueron heterogéneas e influyeron con variada intensidad en las rutinas universitarias. Hoy, las ideas de innovación, gratuidad y obligatoriedad se abren paso de manera confusa en entornos dominados por la compleja combinación de la masificación de la educación superior con la ya crónica austeridad presupuestal de las universidades públicas.
La música de plomo de la austeridad obliga a que las prácticas académicas permanezcan entre un profesorado insuficiente y mayoritariamente mal pagado, con infraestructuras que se mantienen con dificultades, y con cambios en las percepciones de las nuevas generaciones estudiantiles sobre el sentido mismo de la formación universitaria y sus propias creencias, deseos y expectativas sobre el futuro. El deterioro de la autoridad del profesor, los abandonos, el rezago y la baja de solicitudes de ingreso a varias carreras universitarias en las instituciones públicas, junto al crecimiento de instituciones privadas que ofrecen programas de bajo costo, alta flexibilidad y corta duración, forman parte de las circunstancias que rodean las rutinas cotidianas de las universidades públicas.
Las alarmas del cambio y las urgencias de movilización institucional resuenan como relámpagos entre las aguas calmas de la vida rutinaria universitaria. Caminar entre los pasillos y jardines del campus, conversar en aulas, cafeterías y cubículos universitarios, leer en silencio, o navegar en las pantallas de las computadoras y teléfonos inteligentes, son hábitos que permanecen entre muchos profesores y estudiantes. Son rutinas que sorprenden a los promotores del innovacionismo digital, esa nueva religión que gobierna el mundo de la política, los negocios y la educación. Para no pocas de estas fuerzas promotoras del cambio, la lentitud de las rutinas universitarias tradicionales puede conducir al abismo de las ruinas institucionales.
A la luz de las circunstancias -que siempre son combinaciones complejas de exigencias de cambio con la permanencia de usos y costumbres endurecidas por el tiempo y la incertidumbre-, en muchos rincones del campus flota la impresión de que el cielo digital puede esperar. La robotización de la educación superior y la gestión institucional de la innovación forman parte de las fuerzas que marcan las tensiones entre las prácticas costumbristas y las fuerzas de la velocidad disruptiva. Tradición y cambio son las dos caras de la moneda universitaria. Parafraseando las palabras (tradicionales) del viejo Serrat: eso puede tener alguna explicación; lo que no tiene es remedio.
Thursday, June 18, 2026
Futbol, masa y poder
Diario de incertidumbres
Futbol, masa y poder: apuntes desde las gradas
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 18/06/2026)
https://suplementocampus.com/futbol-masa-y-poder-apuntes-desde-las-gradas/
1. Mientras transcurre entre aplausos, cánticos y bostezos el mundial de futbol en canchas de México, Canadá y Estados Unidos, el espectáculo consume la atención de medios, aficionados y empresas. La parafernalia y los negocios del futbol se alimentan de las ilusiones de millones de personas que forman masas fugaces encerradas en estadios, a la que se suman multitudes que siguen los partidos en sus casas o en plazas públicas, cines, bares y restaurantes. La imagen hipnótica de 22 jugadores disputando la posesión de un balón es la postal deslumbrante del verano mediático.
2. Practicar ese deporte forma parte de la educación sentimental de muchas generaciones. Supone el respeto de reglas básicas dirigidas a contener y guiar los impulsos, el ejercicio de un código de ética no escrito, poderoso para organizar micro-interacciones sociales, pero también una práctica lúdica de racionalización de rivalidades reales o imaginarias, donde ganar o perder no es lo importante. Lo que importa es el juego mismo, los sentimientos de confrontación de habilidades, competencia, cooperación y solidaridad que se desarrollan en una cascarita o en un partido de liga, con o sin uniformes, con o sin árbitro, en canchas empastadas, de tierra, en el pavimento o en los patios escolares. Para no pocos, practicar u observar un partido es (casi) una experiencia religiosa.
3. La violencia también es parte del juego, el riesgo siempre latente de un deporte de masas. Aparece esporádicamente en el juego mismo o en las gradas de estadios, entre protagonistas o entre espectadores. Ese ingrediente, junto con el sentido cooperativo y civilizatorio de un partido llanero o profesional, configura el corazón secreto del poder del fútbol en las sociedades de masas.
4. La relación entre masa y poder fue objeto de un clásico texto del pensador alemán Elias Canetti, publicado a comienzos de los años sesenta del siglo pasado. Aunque el centro de la atención intelectual de Canetti es la dimensión política de esa relación entre líderes y gobernados, entre individuos y masas, su exploración permite apreciar los varios tipos de masas que se configuran a lo largo del tiempo, en diferentes espacios y circunstancias. “Masas abiertas”, “masas cerradas”, “masas fugaces”, “masas como anillo”, son parte de la clasificación básica que propuso para comprender los diversos códigos y lógicas del comportamiento del poder colectivo, y constituyeron en su momento estimulantes aportaciones para el desarrollo de la sociología del poder en las sociedades contemporáneas.
5. Desde esta perspectiva, las masas que congrega el futbol cabrían en la categoría de “anillo” que propone la clasificación canettiana: masas que se congregan en estadios o arenas, con una “densidad preestablecida” (el límite es el tamaño del estadio que contiene a la masa), en la que miles de seguidores ven de frente o a los lados a otras masas. No obstante, es una densidad que se expande con la elasticidad de los límites. Los medios han trasladado la atención más allá de los estadios para instalarse entre públicos mucho más amplios que siguen con interés tribal el desarrollo de un espectáculo de 90 minutos, con el drama y las rutinas futbolísticas de siempre.
6. Ver un partido significa ser parte de una maquinaria que desde hace tiempo es gobernada por el poder de empresas, clubes de futbol y desde luego por la FIFA. Ello no quiere decir que aficionados y jugadores sean convidados de piedra en el espectáculo, sino conglomerados de individuos que configuran masas heterogéneas, complejas en su composición, intereses y emociones. Si Canetti viviera, tal vez podría ver en estos gigantescos rituales cuatrianuales las pesadas estructuras de economía, política y poder que soportan el peso de masas futboleras que beben cerveza en los estadios.
7. El futbol es una industria que mueve miles de millones de dólares alrededor del mundo. Jugadores y aficionados son productores y consumidores que están en la base de la gran pirámide futbolera, cuyos gerentes y operadores son promotores de futbolistas, empresas automovilísticas, refrescos y cervezas, comida rápida, bancos, casas de apuestas, compañías aéreas, fábricas de uniformes, supermercados, vendedores de golosinas, teléfonos inteligentes, lociones y perfumes, pantallas de alta definición, proveedores de aplicaciones y plataformas digitales. Millones de aficionados coleccionan estampas y álbumes con rostros de jugadores como héroes modernos, similares a santos y dioses paganos.
8. La dictadura de los patrocinadores se impone a todo lo demás. Los relatos de los partidos son una sucesión interminable de anuncios comerciales de duración precisa, administrados velozmente entre tiros al arco, jugadas espectaculares, patadas arteras y, desde luego, goles. Los narradores puedan ser graciosos o aburridos, pero los que importa es que promocionen cosas. En esas circunstancias, el misterio, magia y belleza del futbol y el orden de lealtades que encierra se pierden entre las luces del lenguaje publicitario.
9. Los sentimientos nacionalistas se encienden con nitidez en el futbol. El yo y el otro se disfrazan con camisetas, cánticos, agitando banderas, aplaudiendo, gritando, abucheando. Gobernantes y empresarios explotan esos símbolos entre las masas, procurando diluir temporalmente las fronteras entre gobernantes y gobernados, entre vendedores y consumidores, entonando himnos nacionales y rituales patrióticos. El mundial es ocasión para demostrar la unidad y cohesión de la masa con sus dirigentes políticos y económicos. Ese es el poder del futbol en la sociedad del espectáculo: la ilusión de la fusión.
10. A pesar de su carácter popular, el futbol es una crónica de multitudes que también muestra sesgos de clase, visibles en el consumo de símbolos, ropajes y asistencia a estadios mundialistas. El precio de prendas de marca o de boletos representan los filtros de clase que marcan las gradas en los estadios. Esos sesgos son resultado de la mercantilización que gobierna desde hace décadas la industria futbolera, aunque no borran el entusiasmo que anima a la gran mayoría de aficionados y jugadores de barrio. La fe futbolera de las masas coexiste con las aguas heladas del cálculo egoísta de las élites y sus espejos.
Thursday, June 04, 2026
UNESCO 2026: Una lectura política
Diario de incertidumbres
Informe Unesco 2026: una lectura política
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 04/06/2026)
https://suplementocampus.com/informe-unesco-2026-una-lectura-politica/
El Observatorio de Políticas de Educación Superior de la UNESCO publicó recientemente el Informe mundial sobre tendencias de la educación superior: hacia una educación inclusiva, equitativa y de calidad en un panorama de movilidad internacional (https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000398124). Se trata de un estudio relevante pues proporciona un diagnóstico general de logros, tendencias y realidades actuales de la educación terciaria a nivel global, y ofrece algunas claves analíticas sobre los principales problemas y desafíos que enfrentan los gobiernos y las instituciones de educación superior en las distintas regiones. Ello significa un insumo importante para marcar la “cancha” de la discusión pública internacional, identificando los ejes estratégicos de la educación superior pero también estimulando el re-diseño de políticas para este campo de la acción pública.
El Informe puede leerse desde diversas perspectivas: documento técnico, diagnóstico global, herramienta de políticas, conjunto de reflexiones útiles para organizar acciones y propuestas. Pero también se puede hacer una lectura política del reporte, que consiste en identificar los puntos conflictivos, tensiones y zonas grises de la educación superior contemporánea y sus posibles escenarios futuros. Este tipo de lectura significa colocar los datos, afirmaciones y recomendaciones en términos de su traducción de las relaciones entre gobernanza y financiamiento en las distintas escalas y dimensiones de la educación superior.
La tonalidad del estudio es descriptiva e indicativa, pero también contiene recomendaciones dirigidas a la construcción de agendas de políticas para las distintas regiones. Las tendencias relevantes identificadas son tres: la acelerada internacionalización de la educación superior, el crecimiento veloz de la matrícula del sector, y la proliferación de instituciones, programas y modalidades públicas y privadas de la educación terciaria en todo el mundo.
Estas tendencias están marcadas por diversos tipos de brechas y desigualdades. En términos de internacionalización y de equidad, la débil inclusión de grupos vulnerables (poblaciones migrantes, personas con discapacidades, desigualdades de origen social y de género), y el incremento de los costos de las colegiaturas, producen una internacionalización asimétrica que endurece las desigualdades sociales en el acceso a los beneficios y oportunidades de la educación superior. Respecto al crecimiento de las matrículas, aunque se señala la velocidad del ritmo de la expansión (en 2024 se registraron 269 millones de estudiantes de ese nivel, más del doble de los que existían a comienzos del siglo XXI), también se identifican disparidades regionales en las tasas brutas de acceso a la educación terciaria.
A nivel global, se estima que un 35% de los jóvenes en edad correspondiente están inscritos en alguna modalidad de educación superior (universitarias y no universitarias, públicas y privadas). No obstante, muy por encima de este promedio están las regiones de América del Norte y Europa Occidental (65%), América Latina y el Caribe (53%), y por debajo de la media están regiones como Asia Meridional y Occidental.
Desde una perspectiva política, la relación entre gobernanza y financiamiento constituye el núcleo duro de los problemas asociados a las disparidades en el acceso, tránsito y egreso de los sistemas de educación superior. Ello también influye en la calidad de la educación terciaria en los diversos territorios y poblaciones. Específicamente, la diversidad, debilidad e insuficiencias de los marcos regulatorios, las externalidades negativas de carácter económico y sociopolítico, y la insuficiencia de los financiamientos públicos entre regiones y países, marcan las líneas rojas de las limitaciones estructurales de la educación superior, y sus reales o potenciales contribuciones al desarrollo y bienestar de sus poblaciones.
En el promedio mundial, se destina el 0.8% del gasto público en relación con el PIB a este sector, cuando la propia UNESCO ha recomendado un mínimo de 1% desde finales del siglo pasado. Solamente dos regiones del mundo (América del Norte y Europa occidental) destinan el 1.1%, contra el 0.7% de América Latina y el Caribe, o el 0.47% de Asia Central. Estas distancias indican que la importancia declarativa que hacen muchos gobiernos nacionales sobre la importancia para el desarrollo de la educación terciaria, no se traduce en un financiamiento público estable y creciente hacia ese campo de las políticas.
Las diferencias porcentuales en el gasto público contrastan con la velocidad del crecimiento de las matrículas, establecimientos, programas y personal académico y administrativo de los sistemas nacionales. Los datos muestran que ese crecimiento se sostiene sobre un mayor gasto privado, lo que acentúa las desigualdades estructurales del acceso a la educación terciaria por parte de las poblaciones más pobres de cada país. La incapacidad de atención a la demanda de las opciones públicas es un estímulo a la privatización de la educación superior, lo que constituye un obstáculo para el acceso de los deciles de más bajos ingresos de la población. La región latinoamericana y caribeña es el territorio donde más ha crecido el ritmo de la privatización, que ya absorbe en promedio a casi la mitad de las matrículas y los establecimientos del sector.
En síntesis, pueden identificarse seis factores de tensión entre financiamiento y gobernanza que configuran el problema político central de la educación superior mundial: 1) costos incrementales de la expansión que se sostienen no mediante gasto público (gobiernos) sino privado (familias e individuos); 2) privatización acelerada mediante la proliferación de programas e instituciones de costo bajo y medio, potenciadas por nuevas tecnologías y plataformas; 3) exclusión de poblaciones vulnerables del acceso a la educación terciaria; 4) endurecimiento de las brechas de calidad educativa de los programas; 5) sobrecarga de exigencias al personal académico y no académico de las instituciones de educación superior; 6) dificultades crecientes en los procesos de inserción laboral de los egresados de sistema masificados.
Las tensiones clásicas entre estado y mercado no han desparecido ni con las promesas incumplidas de la globalización y la internacionalización, ni con el ascenso de los neopopulismos políticos nacionalistas. En realidad, son tensiones políticas y dilemas de políticas que se han recrudecido en profundidad y complejidad. De ahí se desprende una agenda que requiere de decisiones políticas que contribuyan a revisar los recursos, las condiciones y las reglas del juego de la educación superior.
Tuesday, June 02, 2026
Luz de gas
Tierras raras
Luz de gas
Adrián Acosta Silva
(Reverso, 02/06/2026)
https://reverso.mx/tierras-raras-luz-de-gas/
¿Qué significa hoy el término “democracia”? En una era donde el lenguaje político expresa lo que cada quien quiera que signifique, como afirma sin rubor y con sarcasmo Humpty Dumpty en Alicia en el País de las Maravillas, la palabra democracia se ha vaciado de significado. En un mundo donde las guerras en Ucrania, la Franja de Gaza, Líbano o Irán, o las invasiones a Venezuela o las amenazas a Cuba se justifican en nombre de la democracia, la retórica pseudo-democrática esconde un lenguaje francamente autoritario, totalitario y neofascista.
En los mapas geopolíticos contemporáneos del mundo, Putin, Netanyahu, Trump, Milei, Bukele, Ortega, Erdogan, o Xi Jinping, personifican el resurgimiento estelar de los autoritarismos de izquierdas y derechas del siglo XXI. La democracia como un sistema de equilibrios, de pesos y contrapesos, que se nutre del pluralismo y las libertades de expresión y manifestación, con principios y valores como la tolerancia, el respeto a las ideas de otros, la igualdad, la justicia y el imperio de la ley, tiene la apariencia de un edificio en estado de demolición. Nuevos sistemas de creencias, mentalidades e ideologías han contribuido a generar prácticas que desdibujan el orden político democrático construido desde la segunda guerra mundial, y que se edificó sobre un mínimo de consensos normativos básicos en torno a los límites del poder y las reglas de la convivencia democrática.
La fiebre autoritaria configura una ola que conquista el poder bajo las reglas electorales formales de la competencia política, pero que una vez transformada en gobierno descalifica y niega a sus oposiciones y actúa como una fuerza política antisistema. Nuevos medios y fines (invocaciones nacionalistas, instintos depredadores, neopopulismos, redes sociales, corrupción, demagogia) se alimentan de un electorado decepcionado, insatisfecho, enojado con las aburridas reglas democráticas y con los pobres resultados de las democracias en el bienestar y aspiraciones de muchos sectores políticamente dispuestos a aceptar las alternativas no democráticas. En esas circunstancias, el credo autoritario se impone al credo democrático.
El lenguaje de la violencia, las bombas, las amenazas y la intimidación se ha consolidado como el vocabulario dominante de la ola autoritaria. A su amparo se invocan paradójicamente valores como la libertad, la justicia, la prosperidad o la grandeza. Empresarios vueltos políticos se han adueñado de los escenarios internacionales y locales con el apoyo de ciudadanos hechizados con el espectáculo y la oposición férrea de ciudadanos horrorizados e indignados con los protagonistas y sus palabras y acciones.
Como en otras ocasiones y con otros actores, la democracia enfrenta tensiones y contradicciones que amenazan con su destrucción. La fragilidad democrática se acentúa en épocas de crisis ideológicas, culturales y económicas. Las creencias y certezas de que la democracia no es la mejor sino la menos mala de las formas de gobierno parece atrapada en los callejones sin salida del fanatismo y la estupidez humana. En esa ruta, la racionalidad democrática es una luz débil frente al gaslighting que parece dominar el espíritu de la época.
Saturday, May 30, 2026
Vender puentes
Vender puentes
Adrián Acosta Silva
Laberinto-Milenio, 30/05/2026
https://www.milenio.com/cultura/laberinto/somebody-tried-to-sell-bridge-morrison-alma-humana
Es difícil entender el alma humana,
pero más difícil aún es entender la propia
A. Chéjov, Un drama de caza
Los títulos de los discos esconden secretos. Son ventanas hacia obras cuya autoría está hecha de claves interpretativas, sonidos, palabras e imágenes que configuran el ingenio y la creatividad de los productores, músicos, compositores, cantantes y publicistas involucrados en sus hechuras. Detrás de cada título yacen los restos de un tiempo traducido en estados de ánimo, ritmos, pausas y profundidades sonoras que configuran pequeñas postales creativas del talento o limitaciones de sus autores.
Algo así pasa con la obra de músicos como Van Morrison (Belfast,1945). “Gira con el golpe”, aconseja un viejo dicho popular boxístico que fue tomado por Morrison como título de uno de sus discos (Rollin´ With the Punches, 2017). Antes, había tomado otra frase sobre el cambio y las pérdidas: “¿Qué está mal en esta foto?” (What´s Wrong With This Picture?, 2003). Ahora, la historia de una antigua y popular anécdota neoyorquina encabeza su disco más reciente: “Alguien intentó venderme un puente” (Somebody Tried to Sell Me a Bridge, 2026).
Los títulos de los discos transmiten ideas. Hay algo parecido a hilo conductor de una pedacería dispersa reunida a lo largo de 49 discos de estudio grabados a ritmos de rock, soul, folk, blues y jazz. Sólo el viejo León de Belfast sabe si eso es cierto, pero a sus (casi) ochenta y un años (los cumplirá el próximo agosto), una misma idea de tonalidades cambiantes flota en el río caudaloso de las composiciones acumuladas en el tortuoso camino de luces, autopistas, fango y lodo que ha recorrido en los últimos sesenta años. Esa idea es el alma humana, sus misterios, profundidades y abismos.
Los títulos de los discos son atisbos de curiosidad a los contenidos y estados de ánimo que habitan las creaciones de Morrison. Desde sus primeros discos “¡Te va a volar la cabeza!” (Blowin´ Your Mind!, 1967) y el deslumbrante “Semanas astrales” (Astral Weeks, 1968), hasta “Sin gurú sin maestro, sin método” (No Guru, No Teacher, No Method,1986), el “Desarticulado discurso del corazón” (Inarticulate Speech of the Heart,1983), “Nacido para cantar: sin plan B” (Born to Sing: no Plan B, 2012), o “¿Qué se va a hacer?” (What´s it Gonna Take?, 2022), constituyen los registros de una vida forjada metódicamente entre los ecos del blues norteamericano, el folk irlandés, el sonido Motown de Detroit, y las gaitas celtas, entre violines londinenses y saxofones de Chicago, entre armónicas, pianos, clarinetes, coros y baterías. Sus influencias también se nutren de la rebeldía espiritual de los años sesenta y la sensibilidad poética de finales del siglo XIX a través de los textos de W.B. Yeats.
Su disco más reciente recurre a viejos temas de amor y nostalgia relatados en primera persona, en la eterna búsqueda por comprender las complejidades del alma humana, pero ahora recreados con la vieja anécdota del truco que un neoyorkino hábil, cínico y desesperado intentó hacer en algún momento de la década de los años veinte del siglo pasado para vender el puente de Brooklyn a ciudadanos ingenuos y también desesperados. En esta obra, Morrison incluye 20 piezas que incluye colaboraciones con legendarios guitarristas de blues de su generación como Taj Mahal y Buddy Guy, el maestro del country-blues Elvin Bishop, y el tecladista John Allair. Con su pandilla de músicos, Morrison reinterpreta y reinventa canciones de John Lee Hooker (Deep Blue Sea), Leadbelly (On a Monday), B.B. King (Rock Me Baby), Fats Domino (Ain´t That a Shame), e incluye un puñado de sus propias canciones.
Aunque se trata de un disco marcado por la heterogeneidad y en algunos casos por la reiteración de ritmos y tonalidades, Somebody Tried to Sell Me a Bridge es la confirmación de una trayectoria sonora que profundiza las huellas cuidadosamente marcadas en el largo camino recorrido por el músico irlandés, que en abril pasado se hizo merecedor del premio Lifetime Achievement Award 2026 otorgado por Jazz FM, una organización británica representada por el veterano músico, productor y promotor Jools Holland.
Somebody tried to sell me a bridge/ Like they said money, money means everything/ They tried to play me, play me for a fool/ But they weren´t really listening/They tried to sell me a bridge
Hoy, la venta de puentes sigue siendo una estafa que utilizan empresarios sin escrúpulos vueltos políticos con máscaras de profetas para vender ilusiones y falsas grandezas, prácticas propias de tiempos de confusión e incertidumbre sobre presentes y futuros de individuos y sociedades. Quizá ese sea el secreto mejor guardado de Sir Van Morrison a lo largo del tiempo: la persistencia de la ingenuidad y la codicia como monedas de cambio en las aguas profundas de las sociedades contemporáneas, donde canallas, truhanes, mafiosos y carteristas de toda calaña coexisten con individuos ambiciosos, inocentes e ilusos que siempre están a la espera de un milagro, dispuestos a vender sus almas al diablo, sin importar demasiado el precio a pagar.
Thursday, May 21, 2026
Trayectorias universitarias (4): los años recientes, 2000-2026
Diario de incertidumbres
Trayectorias universitarias (IV): los años recientes, 2000-2026.
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 21/05/2026)
https://suplementocampus.com/trayectorias-universitarias-iv-los-anos-recientes-2000-2026/
Al comienzo del siglo XXI las universidades Nacional y la de Guadalajara experimentaron una serie de ajustes derivados de un entorno político y de políticas públicas centrado en la promoción de cambios en diversas arenas de la acción académica, la gestión y el gobierno institucional. Durante esta etapa, las tensiones derivadas de los riesgos de ingobernabilidad se mezclaron con la emergencia de problemas de gobernanza universitaria, una mezcla asociada a las políticas de modernización, evaluación y calidad impulsadas por gobiernos surgidos de procesos de alternancia política correspondientes a la etapa denominada como la “transición democrática” mexicana.
Durante tres administraciones gubernamentales consecutivas, gobiernos encabezados por partidos políticos distintos (PAN, 2000-2012, y PRI, 2012-2018), mantuvieron el esquema de políticas de modernización de la educación superior derivado de los últimos gobiernos priistas del siglo XX. No obstante, el financiamiento público hacia las universidades se mantuvo con altibajos a lo largo del período, y desde 2015 fue posible observar una disminución paulatina en el porcentaje del presupuesto público a la educación superior respecto del PIB. No obstante, el crecimiento en las matrículas tanto de la UNAM como de la U de G se mantuvo lento pero constante en el mismo período.
Esta brecha entre el déficit de financiamiento público y el crecimiento de las matrículas universitarias se amplió a partir de la segunda década del nuevo siglo. Indicadores como tasa de cobertura, gasto por alumno y contratación del profesorado muestran algunas dimensiones de esa brecha, a los que se agregaron limitaciones crecientes de inversiones en infraestructura, jubilaciones, pensiones, y exigencias de mejoras salariales de los trabajadores universitarios. No obstante, tanto la UNAM como la U de G se destacaron como dos de las universidades públicas con mayor demanda en el acceso a la educación superior, pero con tasas de absorción que promediaron sólo un tercio de dicha demanda.
La ruptura en el modelo de políticas basadas en incentivos ocurrió con la llegada al gobierno del partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) al poder en diciembre del 2018, un partido político que desmanteló las políticas implementadas durante casi 30 años, e impulsó nuevas reglas del juego en las políticas para las universidades públicas federales y estatales. La fuerza político-electoral del neo-oficialismo le permitió articular una coalición política con mayoría en el senado y la cámara de diputados, y ello se expresó en la promoción de una serie de cambios normativos para formular un nuevo ciclo de políticas en educación superior.
Con reformas al artículo tercero constitucional en 2019, la expedición de la Ley General de Educación Superior en 2021, y el Programa Nacional de Educación Superior en 2023, el nuevo gobierno estableció las bases de sus políticas de educación terciaria. La creación de las “Universidades para el Bienestar Benito Juárez García”, también perfiló con claridad cuáles serían las prioridades políticas del oficialismo en este campo. Las ideas de austeridad, obligatoriedad y gratuidad de la educación superior pública se instalaron en el corazón de las políticas gubernamentales, obligando a las universidades a ajustar sus políticas institucionales tanto académicas como administrativas.
En este contexto, la crisis de salud pública originada por la irrupción del COVID-19 obligó a las universidades a gestionar fórmulas para mantener el funcionamiento de las universidades mediante el diseño de plataformas de docencia e investigación que permitieran pasar rápidamente de prácticas presenciales a prácticas virtuales. Durante casi dos años (2020-2021) tanto la UNAM como la U de G experimentaron cambios obligados por las circunstancias, en un entorno político marcado por la desconfianza en la autonomía de las universidades públicas. Posteriormente, cambios tecnológicos y exigencias de innovación (representados por la IA) colocaron en el centro nuevas narrativas sobre la reforma de las prácticas académicas de las universidades.
Los esporádicos amagos de diversas corrientes del oficialismo político por modificar la ley orgánica de la UNAM, o por cambiar el orden político-institucional en la U de G, así como los crecientes condicionamientos financieros públicos a ambas instituciones, significaron un período de tensiones presupuestales entre autoridades gubernamentales y universitarias. En términos de gobernabilidad, una nueva agenda de demandas estudiantiles (protestas contra la inseguridad en los campus, violencias de género, exigencias de gratuidad total en licenciaturas y posgrados), se combinó con ajustes en los modos de gobernanza institucional (acreditación y evaluación de programas, coordinación, cooperación, participación). Esa combinación ha significado una nueva ola de restricciones que modificaron los perfiles de la autonomía universitaria.
En términos políticos, ambas universidades mantuvieron estabilidad en sus esquemas de gobierno, aunque los fantasmas de la apatía participativa de sus comunidades en los órganos colegiados parecen haberse adueñado de sus respectivos escenarios. Otro elemento destacado es un discreto, pero persistente descenso en la demanda de acceso a muchos programas de licenciatura y posgrado derivado de factores causales aún poco identificados. A ello se puede incluir el tema del profesorado universitario, donde el inevitable envejecimiento va de la mano de la presión por la renovación de sus plantas académicas, dominada desde hace tiempo por el predominio de profesores por asignatura sobre el profesorado de tiempo completo.
Actualmente, estos temas forman parte de las agendas de cambio de la UNAM y la U de G. En el primer caso, se ha impulsado un proceso de reflexión sobre una posible reforma universitaria centrada en varios de los temas sustantivos de la institución. En el caso de la U de G, el fallecimiento en abril del 2023 de quien fuera el impulsor de la Red universitaria en Jalisco de la U de G (Raúl Padilla), y la elección de la primera mujer rectora de esa universidad en su centenaria historia moderna, han significado un período de grandes expectativas sobre el futuro de la universidad.
Las historias paralelas de la UNAM y la U de G son representativas de los problemas, tensiones y desafíos presentes y futuros de las universidades públicas autónomas del país. De la manera que se aborden hoy dependerán en buena medida sus propios escenarios futuros, en un contexto político y de políticas sembrado, como siempre, de oportunidades, incertidumbres y riesgos.
Thursday, May 07, 2026
Trayectorias univeritarias (3). Del 68 al fin de siglo
Diario de incertidumbres
Trayectorias universitarias (3): del 68 al fin del siglo
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio 07/05/2026)
https://suplementocampus.com/trayectorias-universitarias-iii-del-68-al-fin-del-siglo/
El movimiento estudiantil de 1968 y el auge del sindicalismo universitario en la década de los setenta fueron las expresiones más claras del nuevo orden político-institucional que se configuraba en las aulas, pasillos y auditorios de las universidades públicas en el contexto de la masificación de la UNAM y de la UdeG. En el primer caso, las reformas impulsadas durante las rectorías de Pablo González Casanova (1970-1972) con la creación de los Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH´s) correspondientes a la educación media superior en la zona metropolitana de la Ciudad de México, y de Guillermo Soberón Acevedo (1973-1981) con varias sedes de la Escuela Nacional de Educación Profesional (ENEP) y las Facultades de Estudios Superiores (FES), configuraron un nuevo tipo de ofertas institucionales que incrementaron y diversificaron las oportunidades de acceso a la universidad de estratos y grupos sociales pertenecientes a las clases medias de la capital del país.
Por su parte, en la U de G la consolidación de los campus del Instituto Tecnológico y del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades en la zona metropolitana de Guadalajara, reorganizaron las ofertas de la formación profesional de la capital tapatía, y sembraron los gérmenes de la investigación humanística, científica y el desarrollo tecnológico en la universidad. Junto a ellos, el núcleo de ciencias de la salud conformado por las relaciones entre el Hospital Civil de Guadalajara (un hospital universitario) con la Facultad de Medicina y las Escuelas de Odontología y la de Enfermería, conformarían la estructura básica de la formación profesional y el posgrado de la U de G. Asimismo, la multiplicación de las escuelas preparatorias en la capital de Jalisco y en algunos municipios del estado incrementaron las oportunidades de acceso a la universidad en diversas regiones jaliscienses.
A lo largo de esta prolongada transición entre los modelos universitarios, la autonomía política universitaria coexistió entre tensiones con la autonomía intelectual y académica de sus comunidades. En el caso de la Nacional, la consolidación de las figuras de autoridad colegiadas y unipersonales (Junta de Gobierno, Consejo Universitario, Rectoría, Directivos y Consejos de Escuelas y Facultades) fueron hechuras del gobierno compartido universitario sin la representación corporativa de una organización estudiantil pero con el predominio de los grupos académicos en los diversos campos del conocimiento, mientras que en el caso de la U de G esas figuras eran representadas por la Rectoría, el Consejo General Universitario, autoridades y Consejos de Escuelas y Facultades, donde la FEG se consolidó como el espacio corporativo estratégico de socialización política de dirigentes estudiantiles pero con débil influencia de liderazgos académicos. Ello explica que muchos líderes estudiantiles serían posteriormente altos funcionarios universitarios.
Las décadas de los años ochenta y noventa son emblemáticas de los cambios que ocurrirían a finales del siglo en las universidades públicas mexicanas. El agotamiento del largo ciclo desarrollista surgido de las ruinas de la segunda posguerra, impulsado por cambios importantes en la economía internacional, fue sustituido por las políticas de ajuste inspiradas por neoliberalismo económico y demandas de democratización política, lo que configuró un nuevo entorno político y de políticas para la educación superior. Ello significó un proceso acelerado de reformas de las capacidades estatales que afectaron el volumen y distribución del financiamiento público a las universidades federales y estatales, y dieron paso a un nuevo ciclo de políticas públicas basadas en incentivos, evaluación de la calidad, y financiamientos públicos diferenciados, condicionados y competitivos. Basadas en estos ejes, las políticas de modernización de la educación superior fueron diseñadas bajo un nuevo enfoque de regulación pública (la “Nueva Gerencia Pública”), que significó un cambio en las reglas del juego de las relaciones entre el Estado y las universidades, y activaron tensiones, conflictos y reformas de diversa naturaleza, intensidad y magnitud en el subsistema de universidades públicas.
En el caso de la UNAM, se pueden identificar dos grandes episodios de conflictos que marcaron desenlaces institucionales distintos. Uno fue el movimiento estudiantil que se opuso a las reformas impulsadas por el rector Jorge Carpizo (1985-1989) y que dio por resultado la celebración del Congreso Universitario; el otro fue el movimiento de un grupo radicalizado de estudiantes contra las reformas impulsadas por el rector Barnés (1997-1999), que incluyó el violento secuestro de Ciudad Universitaria durante casi un año (1999-2000), y que terminó con la irrupción de la policía federal al campus universitario y la renuncia del rector Barnés.
En el caso de la U de G, durante el mismo período ocurre un episodio que marcaría su más importante reforma institucional de la segunda mitad del siglo XX: la construcción de la Red Universitaria de Jalisco de la U de G, bajo el rectorado de Raúl Padilla López. Luego de un período de bloqueos, enfrentamientos y paros entre grupos favorables y grupos opositores a la reforma padillista ocurridos entre 1989 y 1990, fue posible establecer una coalición reformadora que centró la atención en tres dimensiones estratégicas. La primera fue organizacional: se transitó de un modelo tradicional de escuelas y facultades vigente desde la expedición de la Ley Orgánica de 1952 a un modelo de centros universitarios metropolitanos (temáticos) y regionales (multi-temáticos), basados en divisiones, departamentos, centros e institutos de investigación. La segunda dimensión fue académica: se estableció la figura de profesor-investigador de tiempo completo y un reglamento para estimular la carrera académica universitaria.
La tercera fue de carácter político: se desplazó a la antigua FEG como el eje de la gobernabilidad corporativa universitaria y se constituyó una nueva organización estudiantil (FEU), así como dos organizacionales sindicales: el Sindicato Único de Trabajadores de la Universidad de Guadalajara (SUTUdeG) para el caso de los trabajadores administrativos, y el Sindicato de Trabajadores Académicos de la UdeG (STAUdeG) para los docentes e investigadores. Además, se impulsó una reforma a la gobernanza institucional al desconcentrar y descentralizar múltiples decisiones en nuevos cuerpos colegiados en los distintos centros universitarios y del sistema de educación media superior. El resultado de esa reforma fue la promulgación de una nueva Ley Orgánica en 1994.
Friday, May 01, 2026
Dylan
Tierras raras
Dylan
Adrián Acosta Silva
(Reverso, 30/04/2026)
https://reverso.mx/tierras-rarasdylan2/
El próximo 24 de mayo Bob Dylan cumplirá exactamente 85 años. Símbolo y mito generacional, explorador infatigable, apóstata sofisticado, navegante de todos los mares musicales imaginables, el nacido en 1941 entre señales cruzadas bajo los cielos azules de Minnesota representa, quizá como ningún otro músico de la segunda mitad del siglo XX y el primer cuarto del siglo XXI, el cruce de caminos entre la literatura, el blues, el folk, el swing, el country y el rock and roll como los principales afluentes de los aportes dylanescos a la reinvención de la música y la poesía desde los baby boomers hasta los centennials.
El espectro sonoro de Dylan ha influido en varias generaciones, desde Los Beatles a los Rolling Stones y The Band, de Eric Clapton a Patti Smith, desde Jimi Hendrix hasta Nina Simone, Bruce Springsteen, Tom Petty, Tom Waits, Nick Cave, Lady Gaga o Billie Eilish. El eje de su trayectoria de más de casi siete décadas es la combinación de sonidos, tonalidades y palabras como hechuras de una imaginación cosida a mano entre las mezclas bastardas de la poesía de Dylan Thomas y Arthur Rimbaud con la lectura de la Biblia y la Torá, de notas periodísticas, escuchando estaciones de radio, viajando por carreteras, entablando conversaciones ocasionales con amigos y extraños en cafés y bares de la costa este de los Estados Unidos.
En sus 40 discos de estudio grabados entre 1962 y 2020 se desprenden relatos e historias que cristalizan en canciones. Bien vista, es una obra dispersa y desigual, heterogénea, con una prosa incandescente que se entrecruza con poesía, que roba indiscriminadamente y sin pudor frases de Walt Withman, Edgar Allan Poe, Saul Bellow, Virgina Woolf, Herman Melville, J.D Salinger o Thomas Wolf.
Incomprensible, confuso, contradictorio, Dylan es un mago de las máscaras. Puede ser un payaso de circo, un mago, un chamán, un político, un boxeador, un trabajador del ferrocarril, un campesino, un activista, un hombre de negocios, un nómada, un ciudadano X, un ermitaño urbano, un profeta, un judío desterrado, un suicida. Pero las máscaras sirven para ocultar el hecho de que se siente cómodo en las penumbras del anonimato. El lenguaje de sus canciones pone sobre la mesa de cualquier comensal emociones y reflexiones, frases envenenadas, sarcasmos, paradojas e ironías acompañadas con una guitarra acústica y una armónica vieja, como lo hizo en Subterranean Homesick Blues, escrita en 1965:
No necesitas un meteorólogo para saber hacia dónde sopla el viento/Veinte años de escuela y te ponen a parir/Cuidado muchacho, lo tienen todo escondido/Mejor métete en un pozo/Enciende una vela, no lleves sandalias/Evita los escándalos/ No seas un parásito, masca chicle.
Maestro de los disfraces, ese Dylan joven es el Dylan adulto, pero también es el otro Dylan, el viejo, que luego de rodar más de seis décadas continúa ofreciendo conciertos en auditorios pequeños, y el que reapareció sin maquillajes en Rough and Rowdy Ways, su disco más reciente (2020). Es el mismo Dylan que hace unos meses llamó “cobarde” a Donald Trump. Pero como todo actor circense, el verdadero rostro de Dylan es un misterio escondido entre las tierras raras de una obra monumental y fragmentaria, que reposa entre los lodos de una cultura hecha de nostalgias, cenizas e ilusiones, cultivadas en atmósferas de polvo y óxido propias de tiempos difíciles.
Thursday, April 23, 2026
Trayectorias universitarias (2)
Diario de incertidumbres
Trayectorias universitarias (2): autonomía, política y gobernabilidad
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 23/04/2026)
https://suplementocampus.com/trayectorias-universitarias-ii-autonomia-politica-y-gobernabilidad/
Las trayectorias sociohistóricas de la UNAM y de la U de G son historias paralelas. Con distintas intensidades, modalidades y contextos, ambas instituciones representan las relaciones que se configuran entre las ideas, los intereses y los actores que están en la base de sus idearios y prácticas políticas y académicas en diversas etapas. Esas historias ayudan a entender los procesos de legitimación de la autoridad de las universidades en las dimensiones académica, intelectual, social y política.
Luego de conquistar la primera autonomía universitaria en 1929, plasmada en la Ley Orgánica de ese mismo año, la UNAM experimentó diversas tensiones con los gobiernos posrevolucionarios durante la etapa del maximato (cuya figura central era el denominado “jefe máximo” de la Revolución, Plutarco Elías Calles, 1928-1934) y luego con el proyecto de la educación socialista impulsada por el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940). En 1933 hubo una nueva reforma a la Ley Orgánica de la Universidad, que desligó a la institución del apoyo financiero del Estado, y fue hasta 1945 cuando se vuelve a reformar la Ley para definirla como organismo descentralizado del Estado mexicano y dotarla de la autonomía que hasta hoy sigue vigente.
De manera paralela, la U de G experimentó desde su refundación en 1925 hasta el año de 1937 una etapa convulsiva, con la fractura ocurrida en el seno del consejo universitario a raíz del apoyo de las autoridades universitarias con el proyecto de educación socialista del cardenismo, y la salida de la universidad de un grupo de consejeros, docentes y estudiantes que fundaron la primera universidad privada de México, la UAG, en 1935. Una nueva ley orgánica fue promulgada en el año de 1937 y posteriormente ocurriría otra reforma a la normativa universitaria en 1952, que estaría vigente durante más de cuarenta años.
En la dimensión política, las trayectorias seguirían cauces y lógicas distintas. En el caso de la Nacional, diversos movimientos estudiantiles se organizaron en escuelas y facultades para demandas específicas, mientras que en la U de G se desarrolla un modelo de gobernabilidad corporativa basado en la formación de federaciones estudiantiles que tendrían una influencia estratégica y en ocasiones determinante en las formas de socialización política de los dirigentes estudiantiles, y en las prácticas de gobierno y la gobernabilidad universitaria: el Frente de Estudiantes Socialistas de Occidente, (FESO,1934-1948), la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG, 1948-1991), y la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU, 1991-actual).
Las décadas de los años cincuenta, sesenta y setenta constituyen el ciclo de expansión y legitimación de la educación superior universitaria en el país. Son treinta años de un claro crecimiento y diversificación de las universidades públicas federales y estatales, que inauguran nuevas sedes, programas, campus, escuelas y facultades, centros e institutos de investigación en toda la república, lo que se tradujo en un crecimiento explosivo de estudiantes, profesores, directivos y trabajadores administrativos cuyo volumen y composición social modificarían sustancialmente la demografía y los perfiles políticos y socioculturales de las comunidades universitarias.
En el caso de la Nacional, la inauguración de Ciudad Universitaria en 1954 representa como ningún otro acontecimiento la importancia simbólica, académica y sociopolítica de la Universidad en el contexto del “milagro mexicano” de los años de la posguerra, ocurrido paralelamente con el fortalecimiento del régimen autoritario mexicano surgido de la Revolución mexicana, un régimen de partido prácticamente único. La mudanza de las escuelas y facultades del barrio universitario hacia el campus construido al sur de la Ciudad de México en un espacio prácticamente deshabitado de la capital se constituyó como la señal más potente de lo que representaba la Nacional en el proyecto de desarrollo político y económico de los regímenes posrevolucionarios después de la segunda guerra mundial.
En el caso de la U de G, la identificación con el régimen de la revolución significaba el hecho de que la autonomía no fuera una demanda impulsada por autoridades, profesores o estudiantes. Los gobiernos estatales establecieron un pacto no escrito pero funcional con las autoridades y dirigencias de la U de G que cristalizaba en apoyos en infraestructuras, donación de terrenos, presupuesto público, oportunidades de empleo para egresados universitarios, y canales de movilidad política para los liderazgos estudiantiles y docentes. Aunque nunca se impulsó un proyecto parecido a la construcción de una ciudad universitaria como la UNAM, se fundaron espacios universitarios como el Instituto Tecnológico (1949) o el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (1961), y se fortaleció el vínculo orgánico entre las facultades de medicina, odontología y la escuela de enfermería con el Hospital Civil de Guadalajara.
El ritmo del crecimiento de la matrícula es el indicador más potente del valor público de ambas universidades durante esas tres décadas, etapa que bien puede ser descrita como la “era de oro” del fortalecimiento de la legitimidad académica, social y política de dichas instituciones. En el caso de la UNAM, en 1960 alcanzó la cifra de 58 mil estudiantes, en 1969 se rebasó la cifra de 100 mil y en 1980 los 270 mil. Por su parte, en la U de G hacia el año de 1955 se registraban apenas 3,733 estudiantes universitarios, cifra que se quintuplicó una década después (1965), cuando se alcanza una matrícula de 15,157 estudiantes, y para el año de 1971 llegaban ya a más de 42 mil.
Esta transición de universidades de élite hacia la configuración de universidades de masas implicó una suerte de modernización no planeada de las prácticas y estructuras de la universidad, que cambió de manera irreversible la idea misma de la universidad pública y alteró de forma significativa las formas de gobierno y gobernabilidad institucional de distintas maneras e intensidades. La cantidad, calidad y complejidad de las demandas estudiantiles y del profesorado por mayores recursos y participación en la toma de decisiones hacia el gobierno universitario se multiplicaron, y configuraron una agenda compleja que implicó una relación diferente con los poderes públicos externos a la universidad, específicamente con el gobierno federal y con los gobiernos estatales.
Thursday, April 09, 2026
Trayectorias universitarias
Diario de incertidumbres
Trayectorias universitarias: sociedad, historia y política
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 09/04/2026)
https://suplementocampus.com/trayectorias-universitarias-sociedad-historia-y-politica/
Las conmemoraciones universitarias constituyen momentos relevantes de reflexión y balance para las instituciones. Autoridades y comunidades suelen destacar en los calendarios de sus celebraciones aquellos eventos que representan la historia y los trayectos institucionales que marcan la identidad de una organización, sus personajes y símbolos, logros y desafíos. En el campo de la educación universitaria, este año se celebran los aniversarios de creación, fundación o establecimiento de varias universidades públicas en México, entre las que destacan los 475 años de la UNAM, o los 234 años de la Universidad de Guadalajara, las dos instituciones universitarias más antiguas y grandes de nuestro país.
Ambas universidades representan las trayectorias históricas y socio-institucionales de buena parte de las universidades públicas mexicanas contemporáneas, aunque cada caso tiene su propia singularidad y complejidad. Esas trayectorias incluyen diversas dimensiones, entre las que destacan por lo menos tres: 1) la académica, expresada en el desarrollo de sus disciplinas, escuelas, facultades y centros e institutos de investigación; 2) la social, relacionada con la composición sociodemográfica de sus comunidades estudiantiles, docentes y de egresados; y, 3) la política, ligada a sus formas de gobierno y gobernabilidad, al ejercicio de la autonomía y sus relaciones con los entornos locales y nacionales.
Esta última dimensión es particularmente relevante en los momentos celebratorios, pues es la resultante política de la legitimidad académica e intelectual del desarrollo del conocimiento y la formación de profesionales que constituyen el núcleo profundo del sentido institucional de la universidad, y de la configuración social de sus actores centrales (estudiantes, profesores e investigadores). El autogobierno y la construcción de la autonomía es el corolario de la historia universitaria, la representación de la legitimidad política de la universidad en los contextos de la sociedad nacional y las sociedades regionales del México colonial, republicano y moderno.
En el caso de la UNAM, existen dos momentos centrales de su origen como Real y Pontificia Universidad de México (RPUM). Uno es la expedición de la cédula real de fundación del 21 de septiembre de 1551 otorgada por el rey del imperio español, y otro su inauguración oficial, ocurrida el 23 de enero de 1553. Junto con las Universidades de Santo Domingo (1538) y la de San Marcos de Lima (1551), la Universidad de México se constituyó como parte de la tríada institucional fundada por la Corona española y la iglesia católica en el proceso de colonización derivado de la conquista de las tierras americanas desde comienzos del siglo XVI.
Posteriormente, se fundarían otras 31 universidades en las colonias españolas de los territorios conquistados hasta el año de 1812, y una de las últimas del largo período colonial fue la Real Universidad de Guadalajara (RUdeG) en 1792. Inspiradas en gran parte por el modelo y los estatutos de la Universidad de Salamanca, tanto las universidades de México como la de Guadalajara (así como otras universidades coloniales hispanoamericanas) establecieron desde su origen relaciones de cooperación, subordinación y tensión con los poderes políticos y eclesiásticos coloniales y peninsulares.
Destaca el peso que tuvo la RPUM en la organización de los estudios superiores durante el virreinato de la Nueva España, y el de la RUdeG en el reino de la Nueva Galicia, creada como una región relativamente autónoma en 1531. Surgidas de una variedad de experiencias educativas previas (escuela-convento, seminario-escuela, claustro-escuela), las primeras universidades fueron el resultado de la gestión política conjunta de élites criollas, arzobispados locales y autoridades virreinales frente a la corona española. Esa gestión revela el poder político de los fundadores de las primeras universidades novohispana y novogalaica, respectivamente, apoyados por actores políticos locales como los representados en ayuntamientos y Audiencias.
En el caso de la RPUM es posible distinguir tres grandes períodos: orígenes (1551-1604); expansión y consolidación de su legitimidad institucional (1604-1810), y crisis, decadencia y clausura definitiva (1810-1863). En el caso de la RUdeG, esa periodización es mucho más breve y, en algún sentido, paradójica y dramática: orígenes (1792-1810), crisis y clausura (1810-1821), inestabilidad y cierre definitivo (1821-1860). Esto significa que mientras la Universidad de México tuvo una existencia de más de 300 años desde su fundación hasta su clausura, la de Guadalajara tuvo una existencia como universidad colonial de apenas 58 años.
En la etapa republicana (1821-1875) y durante el porfiriato (1876-1911), ambas universidades enfrentaron la crítica de las fuerzas liberales que obligaron a sus clausuras definitivas casi al mismo tiempo (1863 y 1860). Aunque los cierres de las reales universitarias representaban un acto independentista propio de la constitución de las primeras repúblicas americanas, la vida académica siguió latente bajo la forma de escuelas libres, centros e institutos de educación superior, así como en espacios como la Escuela Nacional Preparatoria en la capital del país (1867), o la Escuela Preparatoria de Jalisco (1914). Bajo esa morfología académico-institucional impulsada por pensadores positivistas y élites liberales, la educación superior sobrevivió a los cierres de la universidad tanto en la capital nacional como en la capital jalisciense.
La apertura o refundación de ambas universidades ocurrió a comienzos del siglo XX, cuando la larga dictadura porfirista y el auge de la revolución mexicana imprimieron un perfil socio-institucional diferente a las nacientes Universidad Nacional de México (1910) y la Universidad de Guadalajara (1925). Cada una a su modo representa dos versiones de las reformas modernizadoras que caracterizarían nuevas trayectorias e identidades a las universidades. En el caso de la Nacional, esa saga institucional se desarrollaría en el convulso período ocurrido entre 1910 y 1929, cuando se conquista la primera autonomía universitaria. En el caso de la universidad tapatía, el primer período (1925-1937) se caracteriza por el conflicto político e ideológico ocurrido en el marco del primer congreso de universitarios mexicanos celebrado en 1933, y que culminó en una crisis que derivó en el cierre de la U de G durante tres años (1934-1937), a causa de una fractura entre sus dirigentes que llevó a la creación de la Universidad Autónoma de Occidente, que luego cambiaría de denominación al de Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG) en 1935, la primera universidad privada de México.
Saturday, April 04, 2026
Beber
Tierras raras
Beber
Adrián Acosta Silva
(Reverso, 01/04/2026)
https://reverso.mx/tierras-raras-beber/
Santos demonios, cabroncísimos demonios
David Huerta, Incurable
La historia social de la ebriedad es milenaria, aunque sus formas y rituales sean muy diversos. En todos los tiempos y contextos imaginables, las experiencias vitales de la sobriedad y la ebriedad son compañeras de viaje, antípodas que iluminan con tonos grises las tierras raras del consumo de alcohol, sus usos y costumbres. El alcohol es la moneda de uso legal en el reino de Baco.
Es (casi) un principio universal el impulso a beber por diversos motivos. Celebraciones religiosas o paganas, funerales, aburrimiento, hartazgo, ocio, decepciones, frustración, angustia, miedo, incertidumbres, son emociones que alimentan o justifican la necesidad de beber. También está su némesis, la necesidad de la sobriedad para desarrollar actividades, para pensar con claridad, para sopesar riesgos y tomar decisiones en medio de tormentas públicas, privadas o secretas. Para algunos bebedores, la sobriedad que llega después de la ebriedad es combustible inesperado para la reflexión y la acción.
Beber es la posibilidad de mirar las cosas de otro modo, de imaginar soluciones, de entusiasmarse con proyectos o ideas. La historia de bebedores legendarios muestra la potencia del alcohol en sus vidas. Dylan Thomas, Edgar Allan Poe, Charles Bukowski, son algunos ejemplos de dipsómanos célebres que combinaron etapas de ebriedad con episodios de sobriedad, aunque ninguno de ellos escribía cuando bebía.
Ebriedad y sobriedad comparten en ocasiones el mismo silencio fúnebre de la vida cotidiana, frecuentemente aburrida, insignificante y solemne. La única diferencia es la cruda, la resaca, que sigue fatalmente a la borrachera. También es importante diferenciar varios tipos de bebedores: moderados, regulares, compulsivos, los que beben solos, los que lo hacen acompañados. Entre esa variedad se mezclan comportamientos según la edad, el sexo o las circunstancias.
Cantinas, bares, piqueras, congales, antros son algunos de los sitios diseñados para organizar el consumo de alcohol. Pero es el acto de beber lo que realmente importa. Sus motivaciones, cantidades, oportunidades son asuntos de cada quién. El recorrido por la historia de la ebriedad muestra la complejidad del hábito de emborracharse, y que vino, whisky, pulque, vodka, cerveza, tequila, mezcal, coñac, sotol o bacanora, son sólo variaciones etílicas de la misma vieja canción de la ebriedad humana.
La contundencia de una frase que leí en una pared del centro de Buenos Aires hace algunos años sacude las buenas conciencias de la sobriedad, con humor borgiano: “La realidad es una alucinación provocada por la falta de alcohol”.
Lequoc -uno de los personajes de Un drama de caza, de Chéjov-, al brindar efusivamente con un viejo amigo: ¡Que el diablo nos lleve! ¡Hacía mucho tiempo que no bebía una copa! ¡Volvamos a portarnos como en los viejos tiempos!
O quizá, como afirmó en una entrevista el legendario futbolista irlandés George Best ya en su retiro y sumido en la ruina, cuando un reportero le preguntó que había hecho con la enorme fortuna que había ganado en su paso por el futbol británico: “Lo gasté en alcohol, mujeres y coches; el resto lo despilfarré”.
En estos días de santidad espiritual y peregrinaciones paganas, recordar las propiedades mundanas del alcohol y sus representaciones es un refugio para escuchar la música de lo que pasa.
Thursday, March 26, 2026
Habermas y la universidad
Diario de incertidumbres
Habermas y la reforma de la universidad
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 26/03/2026)
https://suplementocampus.com/habermas-y-la-reforma-de-la-universidad/
El reciente fallecimiento del filósofo alemán Jürgen Habermas (1929-2026) revivió una potente ola de reflexiones en torno a su trayectoria y obra intelectual en el mundo de las ciencias sociales. Considerado como el último sobreviviente de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, Habermas es uno de los pensadores más influyentes del siglo XX en campos tan diversos como la filosofía política, la teoría política o la sociología. Su Teoría de la acción comunicativa (1981) es quizá el súmmum de sus aportaciones y reflexiones al debate sobre las democracias capitalistas posteriores a la segunda guerra mundial, estructuradas a partir de las tensiones y contradicciones entre la esfera pública (el mundo de la deliberación y la opinión pública), la esfera privada (el mundo de los negocios y del mercado), y la esfera de lo social (el mundo de vida de individuos, asociaciones y grupos).
No es fácil la lectura de la monumental obra de Habermas, ni tampoco clasificarla en el mapa de las teorías sociales del siglo XX. Sus escritos combinan rigurosidad intelectual, revisión histórica, debate, contextualización de las relaciones entre las ideas, las representaciones y las realidades, el papel del Estado, del mercado y de la sociedad en la construcción de los regímenes de bienestar en las sociedades de masas. No obstante, es posible rastrear un hilo conductor que cruza permanentemente la obra habermasiana, y tiene que ver con la importancia de la racionalidad argumentativa en la construcción de la legitimidad de las democracias en el capitalismo tardío.
En su obra, el papel de la educación y de sus instituciones más representativas (la escuela, la universidad), juega un papel decisivo en el desarrollo de esa racionalidad argumentativa, que tiene un carácter estructural, comunicativo y dialógico. Aunque no ocupó un lugar permanente y destacado en el conjunto de sus reflexiones y aportaciones teóricas, para el filósofo de Düsseldorf la figura de la universidad como institución se ubica como uno los espacios estratégicos de interrelaciones/interacciones entre la esfera pública, la esfera de los privados y la esfera social. Quizá su aportación más importante al respecto fue plasmada en un breve artículo, escrito en tono de discusión, sobre la reforma de la universidad alemana publicado originalmente en alemán 1981 y traducido al español en 1987 por Francisco Gil Villegas, que fue publicado en la revista Sociológica de la UAM-Azcapotzalco (“La idea de la universidad-procesos de aprendizaje”).
En ese texto, la crítica de Habermas se centra en el cuestionamiento a la validez de la afirmación según la cual la universidad, en cuanto forma organizativa institucionalizada, es la encarnación de una idea. Derivada de las aportaciones que Wilhelm von Humboldt había realizado hacia comienzos del siglo XIX en torno a la reforma de la universidad alemana, considerando el papel de la ciencia y la investigación en la hechura de los procesos de aprendizajes tecnocientíficos de las escuelas superiores, la discusión de los años de la posguerra que inició con el provocador título de un artículo del filósofo Karl Jaspers (¡La idea de la universidad está muerta!, publicado originalmente en 1923 y actualizado en 1946), fue revivida en los años sesenta y setenta con la discusión de la reforma universitaria en la Alemania occidental, previa a la caída del muro de Berlín.
En ese ambiente político e intelectual, Habermas cuestionaba la afirmación de que la universidad fuera la representación de un ideal, y criticaba tanto a Humboldt como a Jaspers como exponentes de las viejas raíces del idealismo alemán. Para Habermas, la universidad del siglo XX no era la expresión de una idea, sino el reflejo de una profunda transformación estructural y funcional de la universidad, transformación que obedecía a cambios organizativos profundos en las prácticas cada vez más especializadas y diversificadas de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Esos cambios, a su vez, tenían como raíz causal de carácter estructural la veloz transición de las universidades de élite a las universidades de masas.
En esa transición, la universidad no era más “la cristalización de una forma de vida ideal”, como lo señalaban con tonalidades distintas Humboldt y Jaspers. Por el contrario, la universidad de la segunda mitad del siglo XX era el reflejo de una profunda y compleja diversificación de los saberes derivada del proceso de racionalización tecnocientífica y profesional experimentada por la sociedad, la economía y las formas de autoridad estatal en la configuración del Estado de bienestar surgido entre las ruinas de la segunda posguerra en Alemania y otros países de la Europa occidental.
Para Habermas, la universidad debía ser repensada desde la complejidad de sus realidades y no desde las ideas; es decir, desde la inevitable masificación y diferenciación sistémica y funcional de sus prácticas, y de las permanentes e inevitables tensiones entre las esferas pública, privada y social; específicamente, en el desarrollo de nuevas formas de publicidad comunicativa (el interés público), el mundo de los negocios (el mercado), y el mundo de la vida (lo social, como horizonte en que los agentes comunicativos interactúan libremente).
Esa vigorosa discusión alimentó la ruta y los alcances de la reforma universitaria europea de los años previos a la caída del muro de Berlín, y las críticas de Habermas fueron una de las fuentes intelectuales de la argumentación racional de los distintos modos de pensar a la universidad, una discusión que tuvo repercusiones que traspasaron las fronteras alemanas. Hoy que se abre la posibilidad de una nueva reforma en la UNAM y en otras universidades públicas mexicanas y latinoamericanas, tal vez sea útil revisar las reflexiones de Habermas a la luz de las nuevas realidades, complejidades y contextos que han cambiado de manera silenciosa (o estruendosa) el perfil de los actores, los conflictos y las prácticas que recorren los campus universitarios de todo el mundo. Y hacerlo desde una perspectiva post-habermasiana significa repensar a la universidad de manera deliberativa y racional, contrastando (o relacionando) el mundo de las representaciones sobre la universidad con el mundo de vida de las realidades universitarias.
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