Tuesday, January 06, 2026

Mortalidad

Tierras raras Mortalidad Adrián Acosta Silva (Reverso, 06/01/2026) https://reverso.mx/tierras-raras-mortalidad/ Morir es un proceso; la muerte, un acto. Así describía el poeta inglés Philip Larkin (1922-1985) el tiempo fúnebre de la vida. Son ambas caras de las monedas negras que todos compartimos, experimentamos o enfrentaremos en algún momento. Monedas amontonadas: físicas, materiales, intelectuales. Arrugas, pequeñas manchas en la piel, canas, enfermedades, declive de la energía sexual, son algunas de las monedas físicas. Objetos perdidos, papeles amarillentos, libros olvidados, discos extraviados, canciones viejas, juguetes de los hijos arrumbados en cajas polvorientas, camisas pasadas de moda, son parte de los objetos que representan nuestra acumulación de monedas oxidadas. El olvido, la imprecisión, la renuncia a las modas, el desconcierto ante lo nuevo, las reservas frentes a las ilusiones del futuro: esas son parte de nuestras desgastadas monedas intelectuales. Representan nuestro propio camino a la muerte. Luego de los cuarenta, muchos ya tendrán más pasado que futuro, y habrá que ajustarse a esa predicción demográfica sombría. Cada nuevo cumpleaños será un año menos, no un año más, en nuestros trayectos vitales. Calendarios y relojes nos marcan el ritmo de nuestros envejecimientos, generalmente acompañados por pérdidas y padecimientos de diverso tipo. Ver crecer a los hijos es otro síntoma de nuestro propio camino a la tumba (o al crematorio) como padres, aunque sabemos que la muerte siempre está a la vuelta de la esquina. Justo por ello, Larkin afirmaba, como muchos otros filósofos, poetas y escritores antes y después que él, que la muerte es un acontecimiento que marcará el colapso de nuestro pequeño mundo personal. Pero morir es un proceso lento, que acumula imágenes, dudas y facturas a lo largo de los años. La muerte es una artista que se dibuja poco a poco, y que va dejando su huella helada a lo largo del tiempo en nuestros cuerpos y en los objetos que acumulamos: menor vigor físico, un par de zapatos viejos, un reloj olvidado, nombres que no recordamos, una fotografía perdida entre las páginas de algún libro, una postal, una carta. La industria del antienvejecimiento es una cruzada contra la muerte que nunca ganará. Cremas “antiedad”, vitaminas, ejercicio, chequeos médicos, pruebas de laboratorio, botox, alimentación sana, campañas contra la drogadicción o el consumo del alcohol, son los remedios que se multiplican en redes, medios y establecimientos para lidiar contra las sombras de la muerte lenta que representa el envejecimiento. Una novela de Don DeLillo habla de esa obsesión contra la muerte. Cero K (2016) es un libro de ciencia ficción basada en el hiperrealismo de la industria contra el envejecimiento. Pero la lucha contra la muerte es una ilusión que se desvanece con el paso de los años. “La muerte es una nube sola frente al sol”, escribió Larkin en 1946. Y tenía toda la razón poética de su lado. Nadie sobrevive a su hachazo homicida. Pero la vida social seguirá con otros soles, paisajes y actores. Y llegará el tiempo de los epitafios, de lápidas y urnas donde se depositarán las cenizas y el olvido.