Thursday, January 29, 2026

Informes académicos: datos y relatos

Diario de incertidumbres Informes académicos: datos y relatos Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 29/01/2026) https://suplementocampus.com/informes-academicos-datos-y-relatos/ Una de las rutinas que caracterizan el oficio académico contemporáneo es la elaboración de informes. Se trata del ejercicio de reportes individuales del desempeño académico a lo largo de un ciclo escolar, organizados en formatos donde se describen puntualmente la cantidad y calidad de las actividades realizadas y los logros obtenidos, acompañados por las evidencias correspondientes. Aunque los informes de los académicos son una práctica más o menos antigua en el ámbito universitario, su auge ocurre con la evaluación del desempeño del profesorado asociado a la permanencia o promoción laboral y, sobre todo, a la competencia por las recompensas económicas y simbólicas que representan los programas de estímulos pecuniarios a las/los académicos. Esos informes suelen ser la base de las estadísticas que las autoridades universitarias y gubernamentales utilizan para mostrar los avances, estancamientos y retrocesos de la productividad académica de sus comunidades e instituciones. También sirven parcialmente para que las grandes empresas que promueven los rankings de las mejores universidades y programas profesionales o de posgrado realicen sus tablas de competencia cada año, que producen indicadores de calidad, reputación y prestigio en el campo de la educación superior nacional, regional o internacional. La idea de “universidades de clase mundial” se alimenta de la información estadística que producen las universidades a partir de los informes anuales de sus propios académicos. El resultado es un generalizado ejercicio colectivo, entre académico y burocrático, cuyo sentido se diluye entre papeles, certificaciones, constancias, formatos electrónicos, números y estadísticas. Los informes convertidos en prácticas de memoria escolar y asedio burocrático muestran los límites de la libertad académica del profesorado, prácticas llenas de contradicciones, paradojas y absurdos de la vida universitaria, que en más de un sentido muestran el perfil de un relato kafkiano. ¿Para qué sirven constancias de participación en gestión colegiada de actividades, número de estudiantes tutorados o dirigidos per cápita, o las distinciones entre actividades de difusión o divulgación (nadie sabe muy bien cuál es su diferencia) realizadas por el profesorado en un semestre o año escolar? ¿A alguien le interesa saber a cuántos congresos, seminarios, talleres y cursos asistió un profesor en un año escolar? ¿Qué significado tiene todo eso? En la vorágine de reportes anuales al SNII, a las autoridades universitarias o a la SEP, los informes se han convertido en aburridas crónicas académicas dirigidas a satisfacer objetivos difusos, repetitivos y frecuentemente contradictorios. Y en esos momentos de soledad y ansiedad gobernados por la urgencia de elaborar documentos que deberán ser rigurosamente firmados en tinta azul, es tentador volver la atención a Un informe para una Academia, uno de los relatos más célebres y quizá menos comprendidos de Franz Kafka, el gran escritor checo. Trata del informe de un simio que relata la experiencia de intentar convertirlo en un individuo medianamente educado, adiestrado en las pequeñas artes de los buenos modales, la deferencia hacia los demás, el aprendizaje de la lectura, la escritura y el habla. Es el testimonio de un experimento de cinco años que tiene el propósito de transformar a los animales en humanos, en el cual permanecen los instintos básicos de supervivencia y adaptación natural, donde los reflejos salvajes de un “mono libre” (como se autodenomina en primera persona el personaje de Kafka) coexisten con los comportamientos civilizados de los hombres. Después de todo, en el clásico relato kafkiano se mezclan la ironía y la ficción, los rituales y los instintos, la exhibición y el consumo diseñado para el espectáculo de un simio humanizado. El relato es, en sí mismo, insuperable. Pero se inspira en las rutinas y rituales que forman parte de los hábitos del homo academicus, los cuales conocía (y padecía) muy bien el propio Kafka a través de sus estudios universitarios en el campo del derecho y su experiencia profesional en varios bufetes de abogados en Praga. Rendir informes es una función no declarada de los académicos cada fin de año o ciclo escolar, que contemplan actividades como las conclusiones de un proyecto de investigación, las tesis dirigidas, las tutorías a alumnos, los cursos de actualización, la productividad individual (libros, artículos, capítulos de libro), la gestión colegiada, las distinciones obtenidas. Desde hace décadas, esos informes a la academia se han convertido en actividades dirigidas a alimentar la rendición de cuentas sobre el desempeño del profesorado, y engrosar así las estadísticas institucionales que año tras año las autoridades universitarias elaboran para dar cuenta de la utilización de los recursos públicos que reciben. No obstante, los informes a la academia se parecen cada vez más al relato kafkiano. No se sabe muy bien para que sirve llevar un conteo de actividades de una profesión ejercida por individuos muy diversos, en condiciones muy distintas. Un buen amigo catalán -académico también- lo describe con una metáfora afortunada: tratar de ordenar los comportamientos del profesorado es como tratar de pastorear gatos. Celosos de su libertad académica, los profesores desarrollan sus actividades de muy diversas maneras, difícilmente cuantificables en formatos y estadísticas. La naturaleza del oficio es su complejidad y adaptabilidad a las diversas circunstancias socio-institucionales y a las características de las culturas académicas de disciplinas y profesiones. La desconfianza o el escepticismo que subyace a todo ejercicio evaluador se traduce en el críptico lenguaje de las métricas derivadas del soborno de los incentivos asociados a las políticas académicas contemporáneas. Tal vez los informes académicos consistan en algo mucho más general y ambiguo, y quizá más interesante, que consiste en ejercicios erráticos para tratar de “internarse en la espesura” de datos y relatos, como recuerda el personaje de Kafka. Tal como concluye el simio frente al grupo de científicos que escuchan con interés los resultados del experimento: “Que nadie diga que no valió la pena. Por lo demás, no busco el juicio de los hombres; solamente quiero difundir conocimientos”.

Thursday, January 15, 2026

Crisis de la educación superior en Venezuela

Diario de incertidumbres La crisis de la educación superior en Venezuela Adrián Acosta Silva Campus Milenio, 15/01/2026 https://suplementocampus.com/la-crisis-de-la-educacion-superior-en-venezuela/ La captura del presidente devenido en dictador Nicolás Maduro en la madrugada del 2 de enero de este año en Caracas como resultado de un operativo militar ordenado por el gobierno de Donald Trump, ha generado un efecto inmediato internacional y local que coloca en el centro el balance de las diversas dimensiones políticas y sociales del largo predomino del chavismo en ese país. Una de ellas tiene que ver con la educación superior. ¿Cuál es el panorama de ese sector en la actualidad? En realidad, hay pocos datos consistentes y confiables en torno a lo que ha ocurrido en la educación superior venezolana a lo largo del predominio del chavismo desde 1999 a la actualidad. Ese suele ser uno de los componentes que caracterizan los contextos no democráticos de los regímenes políticos autoritarios: la ausencia de información objetiva, sistemática y comparable. A pesar de ello, y en virtud de los esfuerzos que algunas instituciones y académicas/os han realizado respecto al tema en los últimos años, es posible identificar algunos rasgos básicos de las políticas chavistas de educación superior y sus efectos en la configuración política y socio-institucional de la educación terciaria venezolana. Cuatro son las dimensiones que constituyen el mínimo irreductible del análisis de lo ocurrido en las universidades venezolanas a lo largo de más de un cuarto de siglo de hegemonía del chavismo: centralización y control gubernamental, expansión y cobertura, calidad y desempeño, y autonomía universitaria. Exploraremos brevemente esas dimensiones. Centralización y control. Desde la promulgación de la constitución bolivariana de 1999 impulsada por el entonces presidente Hugo Chávez se impulsaron una serie de cambios normativos e instrumentales orientados a fortalecer el control del gobierno nacional sobre la educación superior. El rasgo más destacado de esos cambios fue la configuración de un “tercer sector”, distinto al tradicional sector público (dominado por las universidades autónomas públicas como la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar o la Universidad de Los Andes) y las pertenecientes al sector privado (por ejemplo, la Universidad Católica Andrés Bello). El “tercer” sector se constituyó como un conjunto de universidades nacionales controladas por el Ministerio de Educación Superior, conformado por las “Aldeas Universitarias”, las “Universidades Territoriales”, la “Universidad Bolivariana” y la ampliación de la “Universidad de las Fuerzas Armadas”. Bajo los principios del “Motor Moral y Luces” enunciado en 2007, ese sector se constituyó como el centro de las políticas gubernamentales, que aspiraban a un “cambio revolucionario” basado en el “desprendimiento de los antivalores del sistema capitalista” y la construcción de una “concepción de vida fundamentada en valores”. Expansión y cobertura. Según datos oficiales, la tasa bruta de cobertura de la educación superior venezolana es la más alta de América Latina: 96.5% en 2021. Con 2.1 millones de estudiantes matriculados en 98 instituciones de educación superior públicas y privadas, el sistema venezolano se presenta como un sistema inclusivo, equitativo, gratuito, de calidad, y democrático. No obstante, no hay datos ni evidencias consistentes sobre estos atributos auto-conferidos por el oficialismo. Desde hace décadas, no se realizan prácticas de evaluación a las IES, y según varias fuentes, existen serios problemas en la retención de profesores (se calcula que 4 de cada diez han emigrado del país o de profesión), se ha desplomado la inversión pública en el sector, hay severos problemas de deserción y baja eficiencia terminal de los estudiantes, y las universidades operan en contextos de infraestructuras deterioradas, con problemas de conectividad digital, bibliotecas envejecidas, y muy poca inversión en ciencia básica y aplicada en todos los campos del conocimiento. Calidad y desempeño. La ausencia de mecanismos e instrumentos públicos de evaluación ha significado el desconocimiento sobre indicadores clave de las relaciones entre la calidad académica de las funciones sustantivas universitarias y el desempeño institucional del sector. No obstante, según clasificaciones internacionales de los rankings universitarios como el QS Latin America & Caribbean Ranking 2025, universidades públicas autónomas como la Universidad Central de Venezuela (UCV) o la Universidad Simón Bolívar (USB) aparecen en las posiciones 34 y 51, respectivamente, entre las 200 mejores de la región, un logro no menor dadas las carencias presupuestales y de infraestructura que padecen desde hace más de dos décadas, y de los bajísimos salarios que perciben sus cuerpos docentes y de investigación. Autonomía universitaria. Las restricciones gubernamentales han disminuido significativamente los grados de autonomía de las universidades públicas venezolanas. La creación en 2005 del Ministerio de Educación Superior significó la subordinación del Consejo Nacional de Universidades a las decisiones y orientaciones gubernamentales, lo que se tradujo en la pérdida de la autonomía académica y de gestión de las grandes universidades públicas como la UCV o la USB. Al concentrar la atención presupuestal en las universidades del tercer sector, el chavismo apostó a la heteronomía institucional para la construcción de su proyecto educativo universitario, debilitando la autonomía de las universidades públicas tradicionales. Temas como la gratuidad, la eliminación de los exámenes de selección de alumnos, y la democratización de los gobiernos universitarios, provocaron tensiones y conflictos en las universidades públicas autónomas. La intervención estadounidense no garantiza la recuperación de la educación superior venezolana ni un cambio en el comportamiento de los actores públicos, privados y del tercer sector de ese campo de acción pública. Es necesario contar con información confiable sobre lo que ha ocurrido realmente con la educación terciaria venezolana. En esas circunstancias, lo que despunta en el horizonte es una recomposición acelerada de esos sectores y la complicada configuración de una nueva agenda política y de políticas que aborde soluciones a los problemas heredados del prolongado autoritarismo chavista. Los cambios contextuales del sector en los próximos meses definirán el tono, las posibilidades y los tiempos de un nuevo ciclo de políticas y gobernanza de educación superior enfocadas en la gestión de la crisis.

Tuesday, January 06, 2026

Mortalidad

Tierras raras Mortalidad Adrián Acosta Silva (Reverso, 06/01/2026) https://reverso.mx/tierras-raras-mortalidad/ Morir es un proceso; la muerte, un acto. Así describía el poeta inglés Philip Larkin (1922-1985) el tiempo fúnebre de la vida. Son ambas caras de las monedas negras que todos compartimos, experimentamos o enfrentaremos en algún momento. Monedas amontonadas: físicas, materiales, intelectuales. Arrugas, pequeñas manchas en la piel, canas, enfermedades, declive de la energía sexual, son algunas de las monedas físicas. Objetos perdidos, papeles amarillentos, libros olvidados, discos extraviados, canciones viejas, juguetes de los hijos arrumbados en cajas polvorientas, camisas pasadas de moda, son parte de los objetos que representan nuestra acumulación de monedas oxidadas. El olvido, la imprecisión, la renuncia a las modas, el desconcierto ante lo nuevo, las reservas frentes a las ilusiones del futuro: esas son parte de nuestras desgastadas monedas intelectuales. Representan nuestro propio camino a la muerte. Luego de los cuarenta, muchos ya tendrán más pasado que futuro, y habrá que ajustarse a esa predicción demográfica sombría. Cada nuevo cumpleaños será un año menos, no un año más, en nuestros trayectos vitales. Calendarios y relojes nos marcan el ritmo de nuestros envejecimientos, generalmente acompañados por pérdidas y padecimientos de diverso tipo. Ver crecer a los hijos es otro síntoma de nuestro propio camino a la tumba (o al crematorio) como padres, aunque sabemos que la muerte siempre está a la vuelta de la esquina. Justo por ello, Larkin afirmaba, como muchos otros filósofos, poetas y escritores antes y después que él, que la muerte es un acontecimiento que marcará el colapso de nuestro pequeño mundo personal. Pero morir es un proceso lento, que acumula imágenes, dudas y facturas a lo largo de los años. La muerte es una artista que se dibuja poco a poco, y que va dejando su huella helada a lo largo del tiempo en nuestros cuerpos y en los objetos que acumulamos: menor vigor físico, un par de zapatos viejos, un reloj olvidado, nombres que no recordamos, una fotografía perdida entre las páginas de algún libro, una postal, una carta. La industria del antienvejecimiento es una cruzada contra la muerte que nunca ganará. Cremas “antiedad”, vitaminas, ejercicio, chequeos médicos, pruebas de laboratorio, botox, alimentación sana, campañas contra la drogadicción o el consumo del alcohol, son los remedios que se multiplican en redes, medios y establecimientos para lidiar contra las sombras de la muerte lenta que representa el envejecimiento. Una novela de Don DeLillo habla de esa obsesión contra la muerte. Cero K (2016) es un libro de ciencia ficción basada en el hiperrealismo de la industria contra el envejecimiento. Pero la lucha contra la muerte es una ilusión que se desvanece con el paso de los años. “La muerte es una nube sola frente al sol”, escribió Larkin en 1946. Y tenía toda la razón poética de su lado. Nadie sobrevive a su hachazo homicida. Pero la vida social seguirá con otros soles, paisajes y actores. Y llegará el tiempo de los epitafios, de lápidas y urnas donde se depositarán las cenizas y el olvido.