Thursday, March 26, 2026

Habermas y la universidad

Diario de incertidumbres Habermas y la reforma de la universidad Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 26/03/2026) https://suplementocampus.com/habermas-y-la-reforma-de-la-universidad/ El reciente fallecimiento del filósofo alemán Jürgen Habermas (1929-2026) revivió una potente ola de reflexiones en torno a su trayectoria y obra intelectual en el mundo de las ciencias sociales. Considerado como el último sobreviviente de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, Habermas es uno de los pensadores más influyentes del siglo XX en campos tan diversos como la filosofía política, la teoría política o la sociología. Su Teoría de la acción comunicativa (1981) es quizá el súmmum de sus aportaciones y reflexiones al debate sobre las democracias capitalistas posteriores a la segunda guerra mundial, estructuradas a partir de las tensiones y contradicciones entre la esfera pública (el mundo de la deliberación y la opinión pública), la esfera privada (el mundo de los negocios y del mercado), y la esfera de lo social (el mundo de vida de individuos, asociaciones y grupos). No es fácil la lectura de la monumental obra de Habermas, ni tampoco clasificarla en el mapa de las teorías sociales del siglo XX. Sus escritos combinan rigurosidad intelectual, revisión histórica, debate, contextualización de las relaciones entre las ideas, las representaciones y las realidades, el papel del Estado, del mercado y de la sociedad en la construcción de los regímenes de bienestar en las sociedades de masas. No obstante, es posible rastrear un hilo conductor que cruza permanentemente la obra habermasiana, y tiene que ver con la importancia de la racionalidad argumentativa en la construcción de la legitimidad de las democracias en el capitalismo tardío. En su obra, el papel de la educación y de sus instituciones más representativas (la escuela, la universidad), juega un papel decisivo en el desarrollo de esa racionalidad argumentativa, que tiene un carácter estructural, comunicativo y dialógico. Aunque no ocupó un lugar permanente y destacado en el conjunto de sus reflexiones y aportaciones teóricas, para el filósofo de Düsseldorf la figura de la universidad como institución se ubica como uno los espacios estratégicos de interrelaciones/interacciones entre la esfera pública, la esfera de los privados y la esfera social. Quizá su aportación más importante al respecto fue plasmada en un breve artículo, escrito en tono de discusión, sobre la reforma de la universidad alemana publicado originalmente en alemán 1981 y traducido al español en 1987 por Francisco Gil Villegas, que fue publicado en la revista Sociológica de la UAM-Azcapotzalco (“La idea de la universidad-procesos de aprendizaje”). En ese texto, la crítica de Habermas se centra en el cuestionamiento a la validez de la afirmación según la cual la universidad, en cuanto forma organizativa institucionalizada, es la encarnación de una idea. Derivada de las aportaciones que Wilhelm von Humboldt había realizado hacia comienzos del siglo XIX en torno a la reforma de la universidad alemana, considerando el papel de la ciencia y la investigación en la hechura de los procesos de aprendizajes tecnocientíficos de las escuelas superiores, la discusión de los años de la posguerra que inició con el provocador título de un artículo del filósofo Karl Jaspers (¡La idea de la universidad está muerta!, publicado originalmente en 1923 y actualizado en 1946), fue revivida en los años sesenta y setenta con la discusión de la reforma universitaria en la Alemania occidental, previa a la caída del muro de Berlín. En ese ambiente político e intelectual, Habermas cuestionaba la afirmación de que la universidad fuera la representación de un ideal, y criticaba tanto a Humboldt como a Jaspers como exponentes de las viejas raíces del idealismo alemán. Para Habermas, la universidad del siglo XX no era la expresión de una idea, sino el reflejo de una profunda transformación estructural y funcional de la universidad, transformación que obedecía a cambios organizativos profundos en las prácticas cada vez más especializadas y diversificadas de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Esos cambios, a su vez, tenían como raíz causal de carácter estructural la veloz transición de las universidades de élite a las universidades de masas. En esa transición, la universidad no era más “la cristalización de una forma de vida ideal”, como lo señalaban con tonalidades distintas Humboldt y Jaspers. Por el contrario, la universidad de la segunda mitad del siglo XX era el reflejo de una profunda y compleja diversificación de los saberes derivada del proceso de racionalización tecnocientífica y profesional experimentada por la sociedad, la economía y las formas de autoridad estatal en la configuración del Estado de bienestar surgido entre las ruinas de la segunda posguerra en Alemania y otros países de la Europa occidental. Para Habermas, la universidad debía ser repensada desde la complejidad de sus realidades y no desde las ideas; es decir, desde la inevitable masificación y diferenciación sistémica y funcional de sus prácticas, y de las permanentes e inevitables tensiones entre las esferas pública, privada y social; específicamente, en el desarrollo de nuevas formas de publicidad comunicativa (el interés público), el mundo de los negocios (el mercado), y el mundo de la vida (lo social, como horizonte en que los agentes comunicativos interactúan libremente). Esa vigorosa discusión alimentó la ruta y los alcances de la reforma universitaria europea de los años previos a la caída del muro de Berlín, y las críticas de Habermas fueron una de las fuentes intelectuales de la argumentación racional de los distintos modos de pensar a la universidad, una discusión que tuvo repercusiones que traspasaron las fronteras alemanas. Hoy que se abre la posibilidad de una nueva reforma en la UNAM y en otras universidades públicas mexicanas y latinoamericanas, tal vez sea útil revisar las reflexiones de Habermas a la luz de las nuevas realidades, complejidades y contextos que han cambiado de manera silenciosa (o estruendosa) el perfil de los actores, los conflictos y las prácticas que recorren los campus universitarios de todo el mundo. Y hacerlo desde una perspectiva post-habermasiana significa repensar a la universidad de manera deliberativa y racional, contrastando (o relacionando) el mundo de las representaciones sobre la universidad con el mundo de vida de las realidades universitarias.

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