Saturday, May 30, 2026

Vender puentes

Vender puentes Adrián Acosta Silva Laberinto-Milenio, 30/05/2026 https://www.milenio.com/cultura/laberinto/somebody-tried-to-sell-bridge-morrison-alma-humana Es difícil entender el alma humana, pero más difícil aún es entender la propia A. Chéjov, Un drama de caza Los títulos de los discos esconden secretos. Son ventanas hacia obras cuya autoría está hecha de claves interpretativas, sonidos, palabras e imágenes que configuran el ingenio y la creatividad de los productores, músicos, compositores, cantantes y publicistas involucrados en sus hechuras. Detrás de cada título yacen los restos de un tiempo traducido en estados de ánimo, ritmos, pausas y profundidades sonoras que configuran pequeñas postales creativas del talento o limitaciones de sus autores. Algo así pasa con la obra de músicos como Van Morrison (Belfast,1945). “Gira con el golpe”, aconseja un viejo dicho popular boxístico que fue tomado por Morrison como título de uno de sus discos (Rollin´ With the Punches, 2017). Antes, había tomado otra frase sobre el cambio y las pérdidas: “¿Qué está mal en esta foto?” (What´s Wrong With This Picture?, 2003). Ahora, la historia de una antigua y popular anécdota neoyorquina encabeza su disco más reciente: “Alguien intentó venderme un puente” (Somebody Tried to Sell Me a Bridge, 2026). Los títulos de los discos transmiten ideas. Hay algo parecido a hilo conductor de una pedacería dispersa reunida a lo largo de 49 discos de estudio grabados a ritmos de rock, soul, folk, blues y jazz. Sólo el viejo León de Belfast sabe si eso es cierto, pero a sus (casi) ochenta y un años (los cumplirá el próximo agosto), una misma idea de tonalidades cambiantes flota en el río caudaloso de las composiciones acumuladas en el tortuoso camino de luces, autopistas, fango y lodo que ha recorrido en los últimos sesenta años. Esa idea es el alma humana, sus misterios, profundidades y abismos. Los títulos de los discos son atisbos de curiosidad a los contenidos y estados de ánimo que habitan las creaciones de Morrison. Desde sus primeros discos “¡Te va a volar la cabeza!” (Blowin´ Your Mind!, 1967) y el deslumbrante “Semanas astrales” (Astral Weeks, 1968), hasta “Sin gurú sin maestro, sin método” (No Guru, No Teacher, No Method,1986), el “Desarticulado discurso del corazón” (Inarticulate Speech of the Heart,1983), “Nacido para cantar: sin plan B” (Born to Sing: no Plan B, 2012), o “¿Qué se va a hacer?” (What´s it Gonna Take?, 2022), constituyen los registros de una vida forjada metódicamente entre los ecos del blues norteamericano, el folk irlandés, el sonido Motown de Detroit, y las gaitas celtas, entre violines londinenses y saxofones de Chicago, entre armónicas, pianos, clarinetes, coros y baterías. Sus influencias también se nutren de la rebeldía espiritual de los años sesenta y la sensibilidad poética de finales del siglo XIX a través de los textos de W.B. Yeats. Su disco más reciente recurre a viejos temas de amor y nostalgia relatados en primera persona, en la eterna búsqueda por comprender las complejidades del alma humana, pero ahora recreados con la vieja anécdota del truco que un neoyorkino hábil, cínico y desesperado intentó hacer en algún momento de la década de los años veinte del siglo pasado para vender el puente de Brooklyn a ciudadanos ingenuos y también desesperados. En esta obra, Morrison incluye 20 piezas que incluye colaboraciones con legendarios guitarristas de blues de su generación como Taj Mahal y Buddy Guy, el maestro del country-blues Elvin Bishop, y el tecladista John Allair. Con su pandilla de músicos, Morrison reinterpreta y reinventa canciones de John Lee Hooker (Deep Blue Sea), Leadbelly (On a Monday), B.B. King (Rock Me Baby), Fats Domino (Ain´t That a Shame), e incluye un puñado de sus propias canciones. Aunque se trata de un disco marcado por la heterogeneidad y en algunos casos por la reiteración de ritmos y tonalidades, Somebody Tried to Sell Me a Bridge es la confirmación de una trayectoria sonora que profundiza las huellas cuidadosamente marcadas en el largo camino recorrido por el músico irlandés, que en abril pasado se hizo merecedor del premio Lifetime Achievement Award 2026 otorgado por Jazz FM, una organización británica representada por el veterano músico, productor y promotor Jools Holland. Somebody tried to sell me a bridge/ Like they said money, money means everything/ They tried to play me, play me for a fool/ But they weren´t really listening/They tried to sell me a bridge Hoy, la venta de puentes sigue siendo una estafa que utilizan empresarios sin escrúpulos vueltos políticos con máscaras de profetas para vender ilusiones y falsas grandezas, prácticas propias de tiempos de confusión e incertidumbre sobre presentes y futuros de individuos y sociedades. Quizá ese sea el secreto mejor guardado de Sir Van Morrison a lo largo del tiempo: la persistencia de la ingenuidad y la codicia como monedas de cambio en las aguas profundas de las sociedades contemporáneas, donde canallas, truhanes, mafiosos y carteristas de toda calaña coexisten con individuos ambiciosos, inocentes e ilusos que siempre están a la espera de un milagro, dispuestos a vender sus almas al diablo, sin importar demasiado el precio a pagar.

Thursday, May 21, 2026

Trayectorias universitarias (4): los años recientes, 2000-2026

Diario de incertidumbres Trayectorias universitarias (IV): los años recientes, 2000-2026. Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 21/05/2026) https://suplementocampus.com/trayectorias-universitarias-iv-los-anos-recientes-2000-2026/ Al comienzo del siglo XXI las universidades Nacional y la de Guadalajara experimentaron una serie de ajustes derivados de un entorno político y de políticas públicas centrado en la promoción de cambios en diversas arenas de la acción académica, la gestión y el gobierno institucional. Durante esta etapa, las tensiones derivadas de los riesgos de ingobernabilidad se mezclaron con la emergencia de problemas de gobernanza universitaria, una mezcla asociada a las políticas de modernización, evaluación y calidad impulsadas por gobiernos surgidos de procesos de alternancia política correspondientes a la etapa denominada como la “transición democrática” mexicana. Durante tres administraciones gubernamentales consecutivas, gobiernos encabezados por partidos políticos distintos (PAN, 2000-2012, y PRI, 2012-2018), mantuvieron el esquema de políticas de modernización de la educación superior derivado de los últimos gobiernos priistas del siglo XX. No obstante, el financiamiento público hacia las universidades se mantuvo con altibajos a lo largo del período, y desde 2015 fue posible observar una disminución paulatina en el porcentaje del presupuesto público a la educación superior respecto del PIB. No obstante, el crecimiento en las matrículas tanto de la UNAM como de la U de G se mantuvo lento pero constante en el mismo período. Esta brecha entre el déficit de financiamiento público y el crecimiento de las matrículas universitarias se amplió a partir de la segunda década del nuevo siglo. Indicadores como tasa de cobertura, gasto por alumno y contratación del profesorado muestran algunas dimensiones de esa brecha, a los que se agregaron limitaciones crecientes de inversiones en infraestructura, jubilaciones, pensiones, y exigencias de mejoras salariales de los trabajadores universitarios. No obstante, tanto la UNAM como la U de G se destacaron como dos de las universidades públicas con mayor demanda en el acceso a la educación superior, pero con tasas de absorción que promediaron sólo un tercio de dicha demanda. La ruptura en el modelo de políticas basadas en incentivos ocurrió con la llegada al gobierno del partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) al poder en diciembre del 2018, un partido político que desmanteló las políticas implementadas durante casi 30 años, e impulsó nuevas reglas del juego en las políticas para las universidades públicas federales y estatales. La fuerza político-electoral del neo-oficialismo le permitió articular una coalición política con mayoría en el senado y la cámara de diputados, y ello se expresó en la promoción de una serie de cambios normativos para formular un nuevo ciclo de políticas en educación superior. Con reformas al artículo tercero constitucional en 2019, la expedición de la Ley General de Educación Superior en 2021, y el Programa Nacional de Educación Superior en 2023, el nuevo gobierno estableció las bases de sus políticas de educación terciaria. La creación de las “Universidades para el Bienestar Benito Juárez García”, también perfiló con claridad cuáles serían las prioridades políticas del oficialismo en este campo. Las ideas de austeridad, obligatoriedad y gratuidad de la educación superior pública se instalaron en el corazón de las políticas gubernamentales, obligando a las universidades a ajustar sus políticas institucionales tanto académicas como administrativas. En este contexto, la crisis de salud pública originada por la irrupción del COVID-19 obligó a las universidades a gestionar fórmulas para mantener el funcionamiento de las universidades mediante el diseño de plataformas de docencia e investigación que permitieran pasar rápidamente de prácticas presenciales a prácticas virtuales. Durante casi dos años (2020-2021) tanto la UNAM como la U de G experimentaron cambios obligados por las circunstancias, en un entorno político marcado por la desconfianza en la autonomía de las universidades públicas. Posteriormente, cambios tecnológicos y exigencias de innovación (representados por la IA) colocaron en el centro nuevas narrativas sobre la reforma de las prácticas académicas de las universidades. Los esporádicos amagos de diversas corrientes del oficialismo político por modificar la ley orgánica de la UNAM, o por cambiar el orden político-institucional en la U de G, así como los crecientes condicionamientos financieros públicos a ambas instituciones, significaron un período de tensiones presupuestales entre autoridades gubernamentales y universitarias. En términos de gobernabilidad, una nueva agenda de demandas estudiantiles (protestas contra la inseguridad en los campus, violencias de género, exigencias de gratuidad total en licenciaturas y posgrados), se combinó con ajustes en los modos de gobernanza institucional (acreditación y evaluación de programas, coordinación, cooperación, participación). Esa combinación ha significado una nueva ola de restricciones que modificaron los perfiles de la autonomía universitaria. En términos políticos, ambas universidades mantuvieron estabilidad en sus esquemas de gobierno, aunque los fantasmas de la apatía participativa de sus comunidades en los órganos colegiados parecen haberse adueñado de sus respectivos escenarios. Otro elemento destacado es un discreto, pero persistente descenso en la demanda de acceso a muchos programas de licenciatura y posgrado derivado de factores causales aún poco identificados. A ello se puede incluir el tema del profesorado universitario, donde el inevitable envejecimiento va de la mano de la presión por la renovación de sus plantas académicas, dominada desde hace tiempo por el predominio de profesores por asignatura sobre el profesorado de tiempo completo. Actualmente, estos temas forman parte de las agendas de cambio de la UNAM y la U de G. En el primer caso, se ha impulsado un proceso de reflexión sobre una posible reforma universitaria centrada en varios de los temas sustantivos de la institución. En el caso de la U de G, el fallecimiento en abril del 2023 de quien fuera el impulsor de la Red universitaria en Jalisco de la U de G (Raúl Padilla), y la elección de la primera mujer rectora de esa universidad en su centenaria historia moderna, han significado un período de grandes expectativas sobre el futuro de la universidad. Las historias paralelas de la UNAM y la U de G son representativas de los problemas, tensiones y desafíos presentes y futuros de las universidades públicas autónomas del país. De la manera que se aborden hoy dependerán en buena medida sus propios escenarios futuros, en un contexto político y de políticas sembrado, como siempre, de oportunidades, incertidumbres y riesgos.

Thursday, May 07, 2026

Trayectorias univeritarias (3). Del 68 al fin de siglo

Diario de incertidumbres Trayectorias universitarias (3): del 68 al fin del siglo Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio 07/05/2026) https://suplementocampus.com/trayectorias-universitarias-iii-del-68-al-fin-del-siglo/ El movimiento estudiantil de 1968 y el auge del sindicalismo universitario en la década de los setenta fueron las expresiones más claras del nuevo orden político-institucional que se configuraba en las aulas, pasillos y auditorios de las universidades públicas en el contexto de la masificación de la UNAM y de la UdeG. En el primer caso, las reformas impulsadas durante las rectorías de Pablo González Casanova (1970-1972) con la creación de los Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH´s) correspondientes a la educación media superior en la zona metropolitana de la Ciudad de México, y de Guillermo Soberón Acevedo (1973-1981) con varias sedes de la Escuela Nacional de Educación Profesional (ENEP) y las Facultades de Estudios Superiores (FES), configuraron un nuevo tipo de ofertas institucionales que incrementaron y diversificaron las oportunidades de acceso a la universidad de estratos y grupos sociales pertenecientes a las clases medias de la capital del país. Por su parte, en la U de G la consolidación de los campus del Instituto Tecnológico y del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades en la zona metropolitana de Guadalajara, reorganizaron las ofertas de la formación profesional de la capital tapatía, y sembraron los gérmenes de la investigación humanística, científica y el desarrollo tecnológico en la universidad. Junto a ellos, el núcleo de ciencias de la salud conformado por las relaciones entre el Hospital Civil de Guadalajara (un hospital universitario) con la Facultad de Medicina y las Escuelas de Odontología y la de Enfermería, conformarían la estructura básica de la formación profesional y el posgrado de la U de G. Asimismo, la multiplicación de las escuelas preparatorias en la capital de Jalisco y en algunos municipios del estado incrementaron las oportunidades de acceso a la universidad en diversas regiones jaliscienses. A lo largo de esta prolongada transición entre los modelos universitarios, la autonomía política universitaria coexistió entre tensiones con la autonomía intelectual y académica de sus comunidades. En el caso de la Nacional, la consolidación de las figuras de autoridad colegiadas y unipersonales (Junta de Gobierno, Consejo Universitario, Rectoría, Directivos y Consejos de Escuelas y Facultades) fueron hechuras del gobierno compartido universitario sin la representación corporativa de una organización estudiantil pero con el predominio de los grupos académicos en los diversos campos del conocimiento, mientras que en el caso de la U de G esas figuras eran representadas por la Rectoría, el Consejo General Universitario, autoridades y Consejos de Escuelas y Facultades, donde la FEG se consolidó como el espacio corporativo estratégico de socialización política de dirigentes estudiantiles pero con débil influencia de liderazgos académicos. Ello explica que muchos líderes estudiantiles serían posteriormente altos funcionarios universitarios. Las décadas de los años ochenta y noventa son emblemáticas de los cambios que ocurrirían a finales del siglo en las universidades públicas mexicanas. El agotamiento del largo ciclo desarrollista surgido de las ruinas de la segunda posguerra, impulsado por cambios importantes en la economía internacional, fue sustituido por las políticas de ajuste inspiradas por neoliberalismo económico y demandas de democratización política, lo que configuró un nuevo entorno político y de políticas para la educación superior. Ello significó un proceso acelerado de reformas de las capacidades estatales que afectaron el volumen y distribución del financiamiento público a las universidades federales y estatales, y dieron paso a un nuevo ciclo de políticas públicas basadas en incentivos, evaluación de la calidad, y financiamientos públicos diferenciados, condicionados y competitivos. Basadas en estos ejes, las políticas de modernización de la educación superior fueron diseñadas bajo un nuevo enfoque de regulación pública (la “Nueva Gerencia Pública”), que significó un cambio en las reglas del juego de las relaciones entre el Estado y las universidades, y activaron tensiones, conflictos y reformas de diversa naturaleza, intensidad y magnitud en el subsistema de universidades públicas. En el caso de la UNAM, se pueden identificar dos grandes episodios de conflictos que marcaron desenlaces institucionales distintos. Uno fue el movimiento estudiantil que se opuso a las reformas impulsadas por el rector Jorge Carpizo (1985-1989) y que dio por resultado la celebración del Congreso Universitario; el otro fue el movimiento de un grupo radicalizado de estudiantes contra las reformas impulsadas por el rector Barnés (1997-1999), que incluyó el violento secuestro de Ciudad Universitaria durante casi un año (1999-2000), y que terminó con la irrupción de la policía federal al campus universitario y la renuncia del rector Barnés. En el caso de la U de G, durante el mismo período ocurre un episodio que marcaría su más importante reforma institucional de la segunda mitad del siglo XX: la construcción de la Red Universitaria de Jalisco de la U de G, bajo el rectorado de Raúl Padilla López. Luego de un período de bloqueos, enfrentamientos y paros entre grupos favorables y grupos opositores a la reforma padillista ocurridos entre 1989 y 1990, fue posible establecer una coalición reformadora que centró la atención en tres dimensiones estratégicas. La primera fue organizacional: se transitó de un modelo tradicional de escuelas y facultades vigente desde la expedición de la Ley Orgánica de 1952 a un modelo de centros universitarios metropolitanos (temáticos) y regionales (multi-temáticos), basados en divisiones, departamentos, centros e institutos de investigación. La segunda dimensión fue académica: se estableció la figura de profesor-investigador de tiempo completo y un reglamento para estimular la carrera académica universitaria. La tercera fue de carácter político: se desplazó a la antigua FEG como el eje de la gobernabilidad corporativa universitaria y se constituyó una nueva organización estudiantil (FEU), así como dos organizacionales sindicales: el Sindicato Único de Trabajadores de la Universidad de Guadalajara (SUTUdeG) para el caso de los trabajadores administrativos, y el Sindicato de Trabajadores Académicos de la UdeG (STAUdeG) para los docentes e investigadores. Además, se impulsó una reforma a la gobernanza institucional al desconcentrar y descentralizar múltiples decisiones en nuevos cuerpos colegiados en los distintos centros universitarios y del sistema de educación media superior. El resultado de esa reforma fue la promulgación de una nueva Ley Orgánica en 1994.

Friday, May 01, 2026

Dylan

Tierras raras Dylan Adrián Acosta Silva (Reverso, 30/04/2026) https://reverso.mx/tierras-rarasdylan2/ El próximo 24 de mayo Bob Dylan cumplirá exactamente 85 años. Símbolo y mito generacional, explorador infatigable, apóstata sofisticado, navegante de todos los mares musicales imaginables, el nacido en 1941 entre señales cruzadas bajo los cielos azules de Minnesota representa, quizá como ningún otro músico de la segunda mitad del siglo XX y el primer cuarto del siglo XXI, el cruce de caminos entre la literatura, el blues, el folk, el swing, el country y el rock and roll como los principales afluentes de los aportes dylanescos a la reinvención de la música y la poesía desde los baby boomers hasta los centennials. El espectro sonoro de Dylan ha influido en varias generaciones, desde Los Beatles a los Rolling Stones y The Band, de Eric Clapton a Patti Smith, desde Jimi Hendrix hasta Nina Simone, Bruce Springsteen, Tom Petty, Tom Waits, Nick Cave, Lady Gaga o Billie Eilish. El eje de su trayectoria de más de casi siete décadas es la combinación de sonidos, tonalidades y palabras como hechuras de una imaginación cosida a mano entre las mezclas bastardas de la poesía de Dylan Thomas y Arthur Rimbaud con la lectura de la Biblia y la Torá, de notas periodísticas, escuchando estaciones de radio, viajando por carreteras, entablando conversaciones ocasionales con amigos y extraños en cafés y bares de la costa este de los Estados Unidos. En sus 40 discos de estudio grabados entre 1962 y 2020 se desprenden relatos e historias que cristalizan en canciones. Bien vista, es una obra dispersa y desigual, heterogénea, con una prosa incandescente que se entrecruza con poesía, que roba indiscriminadamente y sin pudor frases de Walt Withman, Edgar Allan Poe, Saul Bellow, Virgina Woolf, Herman Melville, J.D Salinger o Thomas Wolf. Incomprensible, confuso, contradictorio, Dylan es un mago de las máscaras. Puede ser un payaso de circo, un mago, un chamán, un político, un boxeador, un trabajador del ferrocarril, un campesino, un activista, un hombre de negocios, un nómada, un ciudadano X, un ermitaño urbano, un profeta, un judío desterrado, un suicida. Pero las máscaras sirven para ocultar el hecho de que se siente cómodo en las penumbras del anonimato. El lenguaje de sus canciones pone sobre la mesa de cualquier comensal emociones y reflexiones, frases envenenadas, sarcasmos, paradojas e ironías acompañadas con una guitarra acústica y una armónica vieja, como lo hizo en Subterranean Homesick Blues, escrita en 1965: No necesitas un meteorólogo para saber hacia dónde sopla el viento/Veinte años de escuela y te ponen a parir/Cuidado muchacho, lo tienen todo escondido/Mejor métete en un pozo/Enciende una vela, no lleves sandalias/Evita los escándalos/ No seas un parásito, masca chicle. Maestro de los disfraces, ese Dylan joven es el Dylan adulto, pero también es el otro Dylan, el viejo, que luego de rodar más de seis décadas continúa ofreciendo conciertos en auditorios pequeños, y el que reapareció sin maquillajes en Rough and Rowdy Ways, su disco más reciente (2020). Es el mismo Dylan que hace unos meses llamó “cobarde” a Donald Trump. Pero como todo actor circense, el verdadero rostro de Dylan es un misterio escondido entre las tierras raras de una obra monumental y fragmentaria, que reposa entre los lodos de una cultura hecha de nostalgias, cenizas e ilusiones, cultivadas en atmósferas de polvo y óxido propias de tiempos difíciles.