Thursday, June 18, 2026

Futbol, masa y poder

Diario de incertidumbres Futbol, masa y poder: apuntes desde las gradas Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 18/06/2026) https://suplementocampus.com/futbol-masa-y-poder-apuntes-desde-las-gradas/ 1. Mientras transcurre entre aplausos, cánticos y bostezos el mundial de futbol en canchas de México, Canadá y Estados Unidos, el espectáculo consume la atención de medios, aficionados y empresas. La parafernalia y los negocios del futbol se alimentan de las ilusiones de millones de personas que forman masas fugaces encerradas en estadios, a la que se suman multitudes que siguen los partidos en sus casas o en plazas públicas, cines, bares y restaurantes. La imagen hipnótica de 22 jugadores disputando la posesión de un balón es la postal deslumbrante del verano mediático. 2. Practicar ese deporte forma parte de la educación sentimental de muchas generaciones. Supone el respeto de reglas básicas dirigidas a contener y guiar los impulsos, el ejercicio de un código de ética no escrito, poderoso para organizar micro-interacciones sociales, pero también una práctica lúdica de racionalización de rivalidades reales o imaginarias, donde ganar o perder no es lo importante. Lo que importa es el juego mismo, los sentimientos de confrontación de habilidades, competencia, cooperación y solidaridad que se desarrollan en una cascarita o en un partido de liga, con o sin uniformes, con o sin árbitro, en canchas empastadas, de tierra, en el pavimento o en los patios escolares. Para no pocos, practicar u observar un partido es (casi) una experiencia religiosa. 3. La violencia también es parte del juego, el riesgo siempre latente de un deporte de masas. Aparece esporádicamente en el juego mismo o en las gradas de estadios, entre protagonistas o entre espectadores. Ese ingrediente, junto con el sentido cooperativo y civilizatorio de un partido llanero o profesional, configura el corazón secreto del poder del fútbol en las sociedades de masas. 4. La relación entre masa y poder fue objeto de un clásico texto del pensador alemán Elias Canetti, publicado a comienzos de los años sesenta del siglo pasado. Aunque el centro de la atención intelectual de Canetti es la dimensión política de esa relación entre líderes y gobernados, entre individuos y masas, su exploración permite apreciar los varios tipos de masas que se configuran a lo largo del tiempo, en diferentes espacios y circunstancias. “Masas abiertas”, “masas cerradas”, “masas fugaces”, “masas como anillo”, son parte de la clasificación básica que propuso para comprender los diversos códigos y lógicas del comportamiento del poder colectivo, y constituyeron en su momento estimulantes aportaciones para el desarrollo de la sociología del poder en las sociedades contemporáneas. 5. Desde esta perspectiva, las masas que congrega el futbol cabrían en la categoría de “anillo” que propone la clasificación canettiana: masas que se congregan en estadios o arenas, con una “densidad preestablecida” (el límite es el tamaño del estadio que contiene a la masa), en la que miles de seguidores ven de frente o a los lados a otras masas. No obstante, es una densidad que se expande con la elasticidad de los límites. Los medios han trasladado la atención más allá de los estadios para instalarse entre públicos mucho más amplios que siguen con interés tribal el desarrollo de un espectáculo de 90 minutos, con el drama y las rutinas futbolísticas de siempre. 6. Ver un partido significa ser parte de una maquinaria que desde hace tiempo es gobernada por el poder de empresas, clubes de futbol y desde luego por la FIFA. Ello no quiere decir que aficionados y jugadores sean convidados de piedra en el espectáculo, sino conglomerados de individuos que configuran masas heterogéneas, complejas en su composición, intereses y emociones. Si Canetti viviera, tal vez podría ver en estos gigantescos rituales cuatrianuales las pesadas estructuras de economía, política y poder que soportan el peso de masas futboleras que beben cerveza en los estadios. 7. El futbol es una industria que mueve miles de millones de dólares alrededor del mundo. Jugadores y aficionados son productores y consumidores que están en la base de la gran pirámide futbolera, cuyos gerentes y operadores son promotores de futbolistas, empresas automovilísticas, refrescos y cervezas, comida rápida, bancos, casas de apuestas, compañías aéreas, fábricas de uniformes, supermercados, vendedores de golosinas, teléfonos inteligentes, lociones y perfumes, pantallas de alta definición, proveedores de aplicaciones y plataformas digitales. Millones de aficionados coleccionan estampas y álbumes con rostros de jugadores como héroes modernos, similares a santos y dioses paganos. 8. La dictadura de los patrocinadores se impone a todo lo demás. Los relatos de los partidos son una sucesión interminable de anuncios comerciales de duración precisa, administrados velozmente entre tiros al arco, jugadas espectaculares, patadas arteras y, desde luego, goles. Los narradores puedan ser graciosos o aburridos, pero los que importa es que promocionen cosas. En esas circunstancias, el misterio, magia y belleza del futbol y el orden de lealtades que encierra se pierden entre las luces del lenguaje publicitario. 9. Los sentimientos nacionalistas se encienden con nitidez en el futbol. El yo y el otro se disfrazan con camisetas, cánticos, agitando banderas, aplaudiendo, gritando, abucheando. Gobernantes y empresarios explotan esos símbolos entre las masas, procurando diluir temporalmente las fronteras entre gobernantes y gobernados, entre vendedores y consumidores, entonando himnos nacionales y rituales patrióticos. El mundial es ocasión para demostrar la unidad y cohesión de la masa con sus dirigentes políticos y económicos. Ese es el poder del futbol en la sociedad del espectáculo: la ilusión de la fusión. 10. A pesar de su carácter popular, el futbol es una crónica de multitudes que también muestra sesgos de clase, visibles en el consumo de símbolos, ropajes y asistencia a estadios mundialistas. El precio de prendas de marca o de boletos representan los filtros de clase que marcan las gradas en los estadios. Esos sesgos son resultado de la mercantilización que gobierna desde hace décadas la industria futbolera, aunque no borran el entusiasmo que anima a la gran mayoría de aficionados y jugadores de barrio. La fe futbolera de las masas coexiste con las aguas heladas del cálculo egoísta de las élites y sus espejos.

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