Wednesday, September 02, 2026
Poder
Tierras raras
Poder
Adrián Acosta Silva
(Reverso, 02/09/2026)
https://reverso.mx/tierras-raras-poder/
En cualquier programa universitario de sociología o de ciencia política se enseña que el poder político no es una cosa sino una relación. Ello significa que los actores protagónicos de la política como espectáculo forman parte de un entramado institucional que, en contextos democráticos, incluye componentes de legitimidad, eficacia y eficiencia, valores como la honestidad, el respeto, la tolerancia, y la capacidad de cohesionar voluntades y prácticas cooperativas entre políticos y ciudadanos.
No obstante, las brechas entre estos componentes suelen ser confusas y contradictorias. Las imágenes de políticos altruistas y ciudadanos virtuosos solo caben en la imaginación de los dirigentes y liderazgos políticos, cuyo pragmatismo es el lubricante de la maquinaria institucional. El tiempo y las circunstancias, las creencias y las ideas, la voluntad y la virtud, configuran un territorio donde los comportamientos de las élites políticas se cocinan al fuego lento de presiones, incertidumbres y urgencia de resultados.
El largo sainete protagonizado por el gobernador de Sinaloa, Rubèn Rocha Moya, es un magnífico ejemplo de los misterios bufos políticos mexicanos. Un episodio sin moralejas, que se mueve entre las aguas lodosas de la comedia, la farsa y la tragedia. Vínculos de corrupción, narcotráfico y delincuencia organizada flotan en el ambiente político sinaloense desde hace décadas, y en esa atmósfera surgió la figura del exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, con una larga carrera como académico y con un doctorado como su carta de presentación.
En 2013 publicó una novela titulada El disimulo: así nació el narco (Editorial GSE) que narra la historia de los personajes de un pueblo de la sierra sinaloense basada en la propia historia de Badiraguato, el lugar de nacimiento de Rocha Moya y el Chapo Guzmàn. Ese libro llamó la atención de Andrés Manuel Lòpez Obrador cuando era dirigente del naciente Movimiento de Regeneración Nacional en 2015, quién invitó a Rocha Moya a construir la nueva organización política en Sinaloa a partir de ese año.
Con olfato político admirable, Rocha se subió al tren de la cuarta transformación en un contexto de desgaste de los partidos tradicionales, para ser electo como senador entre 2018 y 2021, y luego gobernador en 2021. Como todos los políticos astutos y pragmáticos, formó alianzas con muchos grupos de poder locales para respaldar sus gestiones como gobernador, hasta los acontecimientos de violencia y sangre que se desencadenaron con la captura del Chapo Guzmàn, el secuestro del Mayo Zambada, y el asesinato de su antiguo compañero de luchas políticas universitarias y extrauniversitarias y luego adversario político (Héctor Melesio Cuèn), quien también fue rector de la UAS.
Cercado por sus propios demonios, atrapado por sus compromisos confesados e inconfesables, el Dr. Rocha y el rochismo que representa se acercaron al desfiladero y ahora al abismo político. Abandonado y solitario, sin capacidad de maniobra para restructurar complicidades, alianzas y acuerdos, perdida su legitimidad y autoridad, la figura del gobernador en desgracia es la representación sin disfraces de los límites de la política pragmática que se practica en los pasillos, callejones y sótanos de la república mafiosa.
No es, como pregona en estos días de manera insistente la presidenta Sheinbaum, un asunto de responsabilidad personal, un extravío de los principios de la 4T, o una traición a los “compromisos con el pueblo” que lo eligió, argumentos que intentan deslindar al régimen morenista del exrector sinaloense. Es algo más profundo y complejo: la lógica de un sistema de creencias endurecido en el lodazal de las tierras raras de nuestras prácticas políticas, que ha sustituido la política como relación a la política como cosa.
Quizá, en estos días aciagos, de pérdidas y lamentos, Rocha y sus aliados se vean en el espejo líquido de las palabras del viejo Hobbes, cuando en los tiempos felices de sus ascensos al poder se percibían a sí mismos como los hombres que disfrutan sus viciosas fantasías presentes esperando realizarlas efectivamente en el futuro, cuando tengan el poder. En Culiacán, ese momento del futuro es ahora parte del pasado inmediato.
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