Friday, May 01, 2026

Dylan

Tierras raras Dylan Adrián Acosta Silva (Reverso, 30/04/2026) https://reverso.mx/tierras-rarasdylan2/ El próximo 24 de mayo Bob Dylan cumplirá exactamente 85 años. Símbolo y mito generacional, explorador infatigable, apóstata sofisticado, navegante de todos los mares musicales imaginables, el nacido en 1941 entre señales cruzadas bajo los cielos azules de Minnesota representa, quizá como ningún otro músico de la segunda mitad del siglo XX y el primer cuarto del siglo XXI, el cruce de caminos entre la literatura, el blues, el folk, el swing, el country y el rock and roll como los principales afluentes de los aportes dylanescos a la reinvención de la música y la poesía desde los baby boomers hasta los centennials. El espectro sonoro de Dylan ha influido en varias generaciones, desde Los Beatles a los Rolling Stones y The Band, de Eric Clapton a Patti Smith, desde Jimi Hendrix hasta Nina Simone, Bruce Springsteen, Tom Petty, Tom Waits, Nick Cave, Lady Gaga o Billie Eilish. El eje de su trayectoria de más de casi siete décadas es la combinación de sonidos, tonalidades y palabras como hechuras de una imaginación cosida a mano entre las mezclas bastardas de la poesía de Dylan Thomas y Arthur Rimbaud con la lectura de la Biblia y la Torá, de notas periodísticas, escuchando estaciones de radio, viajando por carreteras, entablando conversaciones ocasionales con amigos y extraños en cafés y bares de la costa este de los Estados Unidos. En sus 40 discos de estudio grabados entre 1962 y 2020 se desprenden relatos e historias que cristalizan en canciones. Bien vista, es una obra dispersa y desigual, heterogénea, con una prosa incandescente que se entrecruza con poesía, que roba indiscriminadamente y sin pudor frases de Walt Withman, Edgar Allan Poe, Saul Bellow, Virgina Woolf, Herman Melville, J.D Salinger o Thomas Wolf. Incomprensible, confuso, contradictorio, Dylan es un mago de las máscaras. Puede ser un payaso de circo, un mago, un chamán, un político, un boxeador, un trabajador del ferrocarril, un campesino, un activista, un hombre de negocios, un nómada, un ciudadano X, un ermitaño urbano, un profeta, un judío desterrado, un suicida. Pero las máscaras sirven para ocultar el hecho de que se siente cómodo en las penumbras del anonimato. El lenguaje de sus canciones pone sobre la mesa de cualquier comensal emociones y reflexiones, frases envenenadas, sarcasmos, paradojas e ironías acompañadas con una guitarra acústica y una armónica vieja, como lo hizo en Subterranean Homesick Blues, escrita en 1965: No necesitas un meteorólogo para saber hacia dónde sopla el viento/Veinte años de escuela y te ponen a parir/Cuidado muchacho, lo tienen todo escondido/Mejor métete en un pozo/Enciende una vela, no lleves sandalias/Evita los escándalos/ No seas un parásito, masca chicle. Maestro de los disfraces, ese Dylan joven es el Dylan adulto, pero también es el otro Dylan, el viejo, que luego de rodar más de seis décadas continúa ofreciendo conciertos en auditorios pequeños, y el que reapareció sin maquillajes en Rough and Rowdy Ways, su disco más reciente (2020). Es el mismo Dylan que hace unos meses llamó “cobarde” a Donald Trump. Pero como todo actor circense, el verdadero rostro de Dylan es un misterio escondido entre las tierras raras de una obra monumental y fragmentaria, que reposa entre los lodos de una cultura hecha de nostalgias, cenizas e ilusiones, cultivadas en atmósferas de polvo y óxido propias de tiempos difíciles.

No comments: