Thursday, May 21, 2026

Trayectorias universitarias (4): los años recientes, 2000-2026

Diario de incertidumbres Trayectorias universitarias (IV): los años recientes, 2000-2026. Adrián Acosta Silva (Campus Milenio, 21/05/2026) https://suplementocampus.com/trayectorias-universitarias-iv-los-anos-recientes-2000-2026/ Al comienzo del siglo XXI las universidades Nacional y la de Guadalajara experimentaron una serie de ajustes derivados de un entorno político y de políticas públicas centrado en la promoción de cambios en diversas arenas de la acción académica, la gestión y el gobierno institucional. Durante esta etapa, las tensiones derivadas de los riesgos de ingobernabilidad se mezclaron con la emergencia de problemas de gobernanza universitaria, una mezcla asociada a las políticas de modernización, evaluación y calidad impulsadas por gobiernos surgidos de procesos de alternancia política correspondientes a la etapa denominada como la “transición democrática” mexicana. Durante tres administraciones gubernamentales consecutivas, gobiernos encabezados por partidos políticos distintos (PAN, 2000-2012, y PRI, 2012-2018), mantuvieron el esquema de políticas de modernización de la educación superior derivado de los últimos gobiernos priistas del siglo XX. No obstante, el financiamiento público hacia las universidades se mantuvo con altibajos a lo largo del período, y desde 2015 fue posible observar una disminución paulatina en el porcentaje del presupuesto público a la educación superior respecto del PIB. No obstante, el crecimiento en las matrículas tanto de la UNAM como de la U de G se mantuvo lento pero constante en el mismo período. Esta brecha entre el déficit de financiamiento público y el crecimiento de las matrículas universitarias se amplió a partir de la segunda década del nuevo siglo. Indicadores como tasa de cobertura, gasto por alumno y contratación del profesorado muestran algunas dimensiones de esa brecha, a los que se agregaron limitaciones crecientes de inversiones en infraestructura, jubilaciones, pensiones, y exigencias de mejoras salariales de los trabajadores universitarios. No obstante, tanto la UNAM como la U de G se destacaron como dos de las universidades públicas con mayor demanda en el acceso a la educación superior, pero con tasas de absorción que promediaron sólo un tercio de dicha demanda. La ruptura en el modelo de políticas basadas en incentivos ocurrió con la llegada al gobierno del partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) al poder en diciembre del 2018, un partido político que desmanteló las políticas implementadas durante casi 30 años, e impulsó nuevas reglas del juego en las políticas para las universidades públicas federales y estatales. La fuerza político-electoral del neo-oficialismo le permitió articular una coalición política con mayoría en el senado y la cámara de diputados, y ello se expresó en la promoción de una serie de cambios normativos para formular un nuevo ciclo de políticas en educación superior. Con reformas al artículo tercero constitucional en 2019, la expedición de la Ley General de Educación Superior en 2021, y el Programa Nacional de Educación Superior en 2023, el nuevo gobierno estableció las bases de sus políticas de educación terciaria. La creación de las “Universidades para el Bienestar Benito Juárez García”, también perfiló con claridad cuáles serían las prioridades políticas del oficialismo en este campo. Las ideas de austeridad, obligatoriedad y gratuidad de la educación superior pública se instalaron en el corazón de las políticas gubernamentales, obligando a las universidades a ajustar sus políticas institucionales tanto académicas como administrativas. En este contexto, la crisis de salud pública originada por la irrupción del COVID-19 obligó a las universidades a gestionar fórmulas para mantener el funcionamiento de las universidades mediante el diseño de plataformas de docencia e investigación que permitieran pasar rápidamente de prácticas presenciales a prácticas virtuales. Durante casi dos años (2020-2021) tanto la UNAM como la U de G experimentaron cambios obligados por las circunstancias, en un entorno político marcado por la desconfianza en la autonomía de las universidades públicas. Posteriormente, cambios tecnológicos y exigencias de innovación (representados por la IA) colocaron en el centro nuevas narrativas sobre la reforma de las prácticas académicas de las universidades. Los esporádicos amagos de diversas corrientes del oficialismo político por modificar la ley orgánica de la UNAM, o por cambiar el orden político-institucional en la U de G, así como los crecientes condicionamientos financieros públicos a ambas instituciones, significaron un período de tensiones presupuestales entre autoridades gubernamentales y universitarias. En términos de gobernabilidad, una nueva agenda de demandas estudiantiles (protestas contra la inseguridad en los campus, violencias de género, exigencias de gratuidad total en licenciaturas y posgrados), se combinó con ajustes en los modos de gobernanza institucional (acreditación y evaluación de programas, coordinación, cooperación, participación). Esa combinación ha significado una nueva ola de restricciones que modificaron los perfiles de la autonomía universitaria. En términos políticos, ambas universidades mantuvieron estabilidad en sus esquemas de gobierno, aunque los fantasmas de la apatía participativa de sus comunidades en los órganos colegiados parecen haberse adueñado de sus respectivos escenarios. Otro elemento destacado es un discreto, pero persistente descenso en la demanda de acceso a muchos programas de licenciatura y posgrado derivado de factores causales aún poco identificados. A ello se puede incluir el tema del profesorado universitario, donde el inevitable envejecimiento va de la mano de la presión por la renovación de sus plantas académicas, dominada desde hace tiempo por el predominio de profesores por asignatura sobre el profesorado de tiempo completo. Actualmente, estos temas forman parte de las agendas de cambio de la UNAM y la U de G. En el primer caso, se ha impulsado un proceso de reflexión sobre una posible reforma universitaria centrada en varios de los temas sustantivos de la institución. En el caso de la U de G, el fallecimiento en abril del 2023 de quien fuera el impulsor de la Red universitaria en Jalisco de la U de G (Raúl Padilla), y la elección de la primera mujer rectora de esa universidad en su centenaria historia moderna, han significado un período de grandes expectativas sobre el futuro de la universidad. Las historias paralelas de la UNAM y la U de G son representativas de los problemas, tensiones y desafíos presentes y futuros de las universidades públicas autónomas del país. De la manera que se aborden hoy dependerán en buena medida sus propios escenarios futuros, en un contexto político y de políticas sembrado, como siempre, de oportunidades, incertidumbres y riesgos.

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