Friday, August 14, 2026

Puertas que no abren

Tocar puertas que no se abren: la paradoja de egresados y empleadores Adrián Acosta Silva (Nexos, agosto 2026) https://www.nexos.com.mx/puertas-que-no-se-abren/ Aquí no hay dueño de casa; aquí reina el desorden Antón Chéjov, Un drama de caza Un par de fantasmas recorren penosamente los campus universitarios y sus alrededores: el desempleo y el subempleo de sus egresados. Son fantasmas extraños. Desde hace tiempo, el énfasis puesto en la evaluación de la calidad de los programas universitarios, o el empeño en incrementar el acceso, la inclusión y la equidad a las instituciones de educación superior, desplazaron del centro de la atención pública (y política) el tema de los egresados universitarios. No obstante, con frecuencia se escucha el lamento por la falta de oportunidades de empleo digno y estable de una población altamente escolarizada que enfrenta desafíos persistentes al momento de egresar de programas a los que ha dedicado varios años para formarse profesionalmente, con la esperanza, o la certeza, de mejorar sus presentes y futuras condiciones de vida. El vínculo entre egresados y empleadores en los mercados laborales ha sido objeto de estudios desde finales del siglo pasado. Economistas, demógrafos y sociólogos han abonado numerosos argumentos y perspectivas de análisis para explicar el fenómeno. Algunos ofrecen explicaciones que acentúan la brecha entre la calidad de la formación universitaria y los cambios en el mundo del trabajo como el factor causal más importante del problema de empleabilidad de los egresados. Otras perspectivas sostienen el argumento de que la ausencia o insuficiencia de políticas institucionales que reconozcan el problema es la causa del desempleo o subempleo profesional, lo que afecta las posibilidades de movilidad social ascendente tradicionalmente relacionada con la acumulación de capital escolar de los individuos. Algunos relatos sostienen que el problema se origina en la saturación de los mercados profesionales en ciertos campos formativos, áreas y disciplinas, sobre todo de las ciencias sociales y las humanidades. Otras atribuyen la causa de la falta de oportunidades laborales al origen social, la obsolescencia de los programas de estudios, o a los perfiles y capacidades individuales de estudiantes y egresados. En tono dramático, organizaciones como el Foro Económico Mundial subrayan el impacto que la ciencia de datos o la inteligencia artificial generativa tendrán hacia el 2030 en la desaparición de empleos para ciertas disciplinas (literatura, periodismo, contaduría) debido a las nuevas cualificaciones profesionales relacionadas con la robotización de los procesos productivos en las empresas, según opinan los más de mil empleadores considerados en el reporte (https://reports.weforum.org/docs/WEF_Future_of_Jobs_Report_2025.pdf). En su conjunto, este mosaico de explicaciones al fenómeno ofrece distintos ángulos de observación. No obstante, el problema se incrementa año con año a lo largo del siglo XXI, y no se perciben soluciones estables en el tratamiento de las relaciones entre educación y empleo como un problema sistémico que requiere de decisiones políticas y de política pública. Según el más reciente informe del Observatorio de Políticas de Educación Superior de la UNESCO (https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000398124), no existen datos suficientes para determinar con precisión el índice del desempleo entre los egresados universitarios, dada la diversidad de contextos, campos profesionales y programas de educación terciaria. Aunque es notable el crecimiento de la matrícula de educación superior en todo el mundo (en 2024 se registraron 269 millones de estudiantes de ese nivel), no se tienen datos comparables en cuanto al número de egresados de la educación superior, y menos aún se sabe con certeza el grado del “éxito” o “fracaso” laboral de esos egresados. Factores como el abandono escolar, el rezago acumulado, la rigidez de los programas académicos, el género, la raza, el origen social de los egresados, el tipo de instituciones y programas cursados, o el perfil de empresas y empleadores, configuran los múltiples rostros de la extraordinaria complejidad de esas poblaciones y determinan en grado significativo las posibilidades de sus inserciones laborales tempranas o tardías. Como todo problema complejo, el empleo profesional tiene que ver con los diversos tipos de inserción de los egresados, lo que supone condiciones sociales, trayectorias vitales, contextos laborales, instituciones de egreso, áreas del conocimiento, creencias y estrategias individuales, y oportunidades objetivas para acceder a un empleo satisfactorio al término de los estudios del pregrado o, cada vez más, de posgrado. La obtención de títulos, diplomas y certificaciones es insuficiente para garantizar el acceso a empleos estables y bien pagados que permitan cristalizar expectativas y aspiraciones a sus poseedores. Aunque la escolaridad universitaria marca diferencias significativas en las oportunidades de empleo respecto de quienes no la tienen, la masificación de la educación superior ha generado cambios en la calidad y cantidad de los flujos de acceso a los empleos profesionales. Ello no significa que la masificación sea la causa y el desempleo o subempleo profesional el problema. La causalidad compleja del fenómeno tiene que ver con las transformaciones sistémicas en el propio mercado laboral donde empleadores públicos y privados han generado nuevas exigencias de desempeño que colocan restricciones estructurales al ingreso de poblaciones cada vez más escolarizadas y con mayores expectativas de movilidad social y ocupacional. En esas circunstancias, la retórica del emprendurismo se promueve como el nuevo aceite de serpiente para tratar de remediar los males del desempleo, cuando en realidad los que tenemos es un problema de gobernanza de los mercados laborales profesionales. Según el citado Informe de la UNESCO, ello es resultado del debilitamiento de los vínculos entre el Estado, las instituciones de educación superior y los mercados profesionales. Sin embargo, es una afirmación demasiado general. Existen campos profesionales donde la relación es y ha sido muy fuerte. El campo de las ciencias de la salud, por ejemplo, es un caso de relación históricamente consistente entre los tres componentes citados. Sin embargo, hay un debilitamiento notable en carreas relacionadas con las ciencias sociales y las humanidades, así como en el de ciertos programas de las ciencias económicas y administrativas. Ello ha impulsado la promoción de cambios en las preferencias y opciones profesionales hacia la formación en las denominadas disciplinas STEM (Science, Technology, Engineering and Mathemathics). Paradójicamente, los empleos relacionados con los sistemas de cuidados (educación, atención a los adultos mayores, mantenimiento de infraestructuras domésticas, comerciales e industriales, repartidores) seguirán siendo actividades apreciadas por empresas y empleadores. En México, de acuerdo con datos del Anuario Estadístico 2024-2025 de la ANUIES (https://anuario.anuies.mx), durante ese ciclo escolar egresaron de las instituciones de educación superior un poco más de un millón de estudiantes de todas las modalidades públicas y privadas del sistema nacional. Del total, casi una cuarta parte se ubicaron en dos entidades de la república (Ciudad de México y Estado de México), y otra porción similar se concentró en cuatro entidades más (Jalisco, Nuevo León, Puebla y Veracruz). Es decir, 6 entidades del país concentraron la mitad de la población de egresados de la educación terciaria mexicana. Más de la mitad de esa población son mujeres, lo que confirma la veloz feminización de la matrícula de la educación superior observada desde finales del siglo pasado, que constituye uno de los motores de la expansión del sistema nacional. Si se toma el dato de la matrícula del nuevo ingreso durante el mismo ciclo, se observa la fuerza de esa tendencia hacia el predominio femenino en el acceso a la educación terciaria: casi 6 de cada 10 nuevos ingresos son mujeres, lo que indica el proceso de “des-masculinización” de la educación superior, que seguramente incrementará el peso diferenciador de las mujeres en el egreso en los próximos años. La apuesta a las micro-credenciales, estrategias de educación a lo largo de la vida, formación dual, revaloración de los oficios, innovaciones pedagógicas, incorporación de la inteligencia artificial generativa en las formaciones técnicas o profesionales universitarias y no universitarias, forman parte de las propuestas que se ensayan para mejorar el atractivo de la educación superior para las nuevas generaciones de estudiantes y futuros egresados. El Programa Nacional de Educación Superior 2026-2030 del gobierno federal (https://educacionsuperior.sep.gob.mx/programas/programa-nacional-de-educacion-superior),contempla parte de esas acciones, e incluye la instrumentación de un sistema nacional de seguimiento de egresadas y egresados de la educación superior para identificar los problemas de sus trayectorias laborales después de sus estudios profesionales, una herramienta que puede aportar datos relevantes sobre las estrategias y oportunidades de los procesos de inserción laboral, y de las causas del desempleo o subempleo profesional. Mientras tanto, miles de jóvenes graduados seguirán tocando puertas que no se abren, aguardando oportunidades imaginarias en condiciones de incertidumbre, reservando decisiones vitales que dependen de situaciones reales. Son escenarios de egresados buscando empleo con empleadores que no los contratan. Representaciones de una paradoja sin moralejas.

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