Saturday, November 12, 2022
Hachas de guerra
Hachas de guerra: apología de soles negros
Adrián Acosta Silva
(El Informador, 12/11/2022)
https://www.informador.mx/ideas/Hachas-de-guerra-apologia-de-soles-negros-20221112-0022.html
Durante su campaña electoral y desde el inicio de su administración, el presidente López Obrador emprendió la cruzada de un enunciado indecible: destruirlo todo para cambiarlo todo. Ese es el sol negro del proyecto de la cuarta transformación nacional, visto en el año 4.0 de su presidencia. Bajo la premisa de que todo lo construído durante las últimas seis administraciones federales son la causa de todos los males de la república, el obradorismo se propuso demoler las hechuras de lo que denomina el período neoliberal (o “neoporfirista”, como suele afirmar a la menor provocación), para sustituirlas por nuevas estructuras, instituciones, programas y acciones de lo que denomina bienestar para el pueblo, o sea, para los pobres.
Ese leit motiv justifica todo lo que hace, piensa o se imagina el obradorismo y sus seguidores y aliados. Eso explica también las vergonzosas escenas de vasallaje, lacayismo y subordinación de ciertos intelectuales, periodistas, políticos y funcionarios (ellas y ellos) que aplauden y vitorean al caudillo de la 4TN. Montados en el gran tren de ilusiones de la transformación nacional (que evocan la vieja idea del marxismo de manual de la revolución proletaria como punto cero de la historia social), el conductor, los maquinistas, los carboneros, camaristas y pasajeros miran hacia un horizonte luminoso, la tierra prometida de la república amorosa que dibujó sin rubor y sin piedad AMLO desde antes de su llegada al poder presidencial. Bajo la retórica de una épica patriótica, el morenismo funciona como la correa de transmisión de los deseos presidenciales.
El inventario de las demoliciones logradas y las que están en proceso es cuantioso. Primero fueron la contrareforma educativa, la petrolera y la eléctrica. Siguieron con la política ambiental, ahora están con la política y electoral. Desmontaron proyectos avanzados como el AICM, y construyeron un nuevo aeropuerto, de funcionalidad dudosa; desoyen reclamos ambientales y avanzan en la construcción del tren maya; abren nuevas refinerías en tiempos de la transición energética hacia el uso energías limpias; entienden que la lucha contra el calentamiento global radica en plantar arbolitos en zonas pobres. Promueve cartillas morales como sustitutos de una nueva evangelización social y política, como guías para la purificación de la vida pública mexicana luego de décadas de degradación y corrupción “neoliberal”.
Bien visto, el obradorismo es un montaje, una colección de escenarios protagonizados por un solo actor, en los que también es el director, productor y espectador de sus propias obras. Utiliza un lenguaje circular, machacón y repetitivo, cuyos ecos son reverberados por no pocos ciudadanos, sus acólitos y súbditos. Es una crónica dirigida a cultivar adeptos, a provocar ilusiones y certezas entre las multitudes. Se alimenta de palabras y frases, pero también de dinero público a través de becas y pensiones. Amplía la base de la recaudación fiscal pero no toca el dinero de las élites económicas del país, que son también las dueñas del capital financiero, inmobiliario, industrial y especulativo que moviliza intereses mundanos y cálculos políticos. Desprecia al poder civil, que incluye a la burocracia gubernamental, a las universidades públicas y a los profesionistas, y fortalece las atribuciones, facultades e intereses del poder militar.
En el último tramo de su gestión, el obradorismo ha sacado de sus armarios su extensa colección de hachas de guerra política (insultos cotidianos, recortes presupuestales, militarización de funciones públicas). Convencido de que la política es tan sólo la continuación de la guerra por otros medios, el presidente convoca y alienta a sus partidarios a la fase final de su cruzada transformadora, que se concentra ahora en cambiar las reglas del juego político-electoral. Seguro de su adanismo, de que es el pionero y paladín de la verdadera democracia mexicana, y de que antes de él todo era una farsa, López Obrador descalifica, provoca, desprecia a sus opositores, y se envuelve (¿se enreda?) en el lábaro patrio para marcar distancias y ofrecer paraísos artificiales a sus seguidores. Como sucede con todos los populistas autoritarios, el pluralismo es tóxico para la imaginación y las prácticas políticas de quienes están convencidos de la máxima schmitteriana de conmigo o contra mí. Eso explica la furiosa embestida del obradorismo contra los órganos autónomos y las organizaciones no gubernamentales, los críticos de su gobierno y las manifestaciones de la oposición política.
Bravuconadas, majaderías, menosprecio, es el lenguaje dominante de los nuevos caminos de servidumbre inaugurados por el obradorismo en sólo cuatro años. Es una retórica antipolítica, anitisistémica y alucinante. La furia adánica del régimen se recrudece y ahora le toca el turno al INE, que representa todo lo que no cree o no le gusta al presidente. Montado desde sus inicios en la ola de la austeridad salvaje y la venganza política, el obradorismo aspira a sentar las bases de un modelo de dominación basado en el control de los procesos electorales como mecanismo maestro de la invención de un sistema político que mira al pasado clientelar y patrimonialista del siglo XX como la clave del futuro del neoautoritarismo político mexicano del siglo XXI.
El obradorismo como movimiento político es una máquina de tiempo, un regreso al futuro cuyas consecuencias son impredecibles para sus propios promotores. La música metálica de la construcción autocrática domina el ambiente político mexicano de estos años de encono y violencias, endulzada por los cantos de sirenas del caudillo y sus corifeos y corifeas. Detrás de la mueca malhumorada, burlona y sarcástica presidencial, exhibida como máscara imperturbable todas las mañanas en cadena nacional, se esconde un proyecto que mira hacia la historia de bronce como horizonte de futuro. El retrato del elefante en la sala es el selfie de un apologista de la destrucción.
Thursday, November 10, 2022
Un pensador fronterizo (II)
Estación de paso
Un pensador fronterizo: contra la “luz de gas” (II)
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 10/11/2022)
https://suplementocampus.com/un-pensador-fronterizo-contra-la-luz-de-gas-ii/
Esta es la segunda parte del texto leído en la presentación del libro Repensando lo público: Estado, políticas públicas y gobernanza. Ensayos sobre la obra y trayectoria de Luis F. Aguilar Villanueva, coordinado por David Gómez-Álvarez y Claudia Maldonado Trujillo (EAP/Siglo XXI, 2021). CUCEA-U, de G., 19 de octubre de 2022.
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Durante su etapa “tapatía” (2011-2020), cuando fue invitado para fundar y dirigir el Instituto de Investigación en Políticas Públicas y Gobierno (IIPPG) del CUCEA de la Universidad de Guadalajara, Luis F. Aguilar Villanueva (LFAV) se concentró en la construcción de un espacio universitario abierto al análisis del gobierno, de las políticas públicas y la promoción del enfoque de la nueva goberanza pública. Impulsó diálogos, coloquios, proyectos, encuentros, dirigidos a organizar redes académicas de intercambio sobre múltiples objetos de la acción pública moderna, tanto a nivel internacional como nacional, estatal y local. Fundó una revista especializada (Journal of Public Governance and Policy: Latin American Review), e impulsó la publicación de una numerosa colección de libros relacionados con el tema, productos de los encuentros y conversatorios académicos organizados en el IIPPG. También apoyó el desarrollo de proyectos institucionales multidisciplinarios como Jalisco a Futuro, en el que, personalmente, la amistad, el rigor intelectual, y el interés y respeto de Luis -acompañado siempre de dosis precisas de prudencia y buen humor-, favorecieron la orientación teórica y conceptual de la hechura de los trabajos de diagnóstico y prospectiva de los que colaboramos en ese proyecto.
Las aportaciones y hallazgos de LAFV sobre las relaciones entre la política, las políticas públicas y la gobernanza democrática están plasmadas en múltiples sitios: libros, revistas, artículos periodísticos, aulas, conferencias, charlas de café, cubículos universitarios. Son la herencia viva de su espíritu trans-fronterizo, el legado intelectual de sus convicciones, de sus cuestionamientos permanentes e hipótesis de trabajo sobre los déficits, logros y desafíos de la acción pública. Quizá ese espíritu se deba a su sangre campechana, a la época que le tocó vivir en sus años de formación intelectual y política en México, en Alemania e Italia, sus estancias académicas frecuentes en Berkeley, en Madrid, o en Nueva York, a sus habilidades de explorador constante de enfoques y territorios áridos de las ciencias sociales, o quizá se deba a la vieja observación weberiana de la tensión permanente entre las lógicas del político y del científico. Tal vez, también adeuda en alguna medida a su afición por la música clásica (de Franz Schubert y Beethoven a Gustav Mahler), a su gusto insobornable por el whisky JB en las rocas, a su interés culinario para conocer los secretos de los chefs de los buenos restaurantes.
Ese bagaje vital, intelectual y mundano, moral y afectivo, donde las aguas de la vida social, pública y privada se entremezclan pero no se confunden, está en la base de la obra fecunda, productiva y siempre en movimiento de Luis. Y el mejor y mayor de los homenajes a esa trayectoria es leerlo a la luz de las tensiones, contradicciones e incertumbres de nuestra vida en común, dominada desde hace tiempo por el mal humor público, la polarización política y no pocos desencuentros privados. Seguramente, la figura de Aguilar Villanueva como maestro, consejero, académico, intelectual, consultor o funcionario, se podrá apreciar en su justa dimensión. Y, estoy seguro, el investigador emérito sigue y seguirá haciendo lo “único que sabe hacer: leer y escribir”, como me dijo en varias de las ocasiones en que lo encontré trabajando en su oficina frente a su computadora, con varios libros abiertos sobre la mesa.
En síntesis: racionalidad, acción pública, gobernanza democrática, forman el entramado conceptual y analítico central del pensador de aguas profundas que es LFAV. Pasó de explorar las teorías clásicas del Estado para culminar en la construcción de una teoría contemporánea del gobierno de las sociedades del siglo XXI. Es el autor indiscutido e indispensable de una extensa colección de planos, cartografías, mapas y brújulas elaboradas sobre el intrincado territorio de las relaciones entre el poder público, ciudadanías complejas, desigualdad social, institucionalidad democrática y acción gubernativa, en contextos poblados por nuevos oscurantismos y puritanismos de distintos orígenes y dimensiones, frecuentemente dominados por el efecto o síndrome político de “luz de gas” (political gaslighting) -esa tendencia a tratar de convencer a las personas, grupos y sociedades de algo que no son-, que parece extenderse sin prisas pero sin pausas en varios espacios de nuestra vida pública.
Si, como escribió en algún lugar Milan Kundera, “la existencia humana transcurre entre dos abismos; a un lado, el fanatismo; al otro, el escepticismo absoluto”, hoy estamos al filo de uno o de otro, mirando el espacio vacío que se abre entre el agotamiento del neoliberalismo como fórmula económica y el fortalecimiento del neopopulismo como fórmula política. (Es un “entreacto político”, afirma recientemente Aguilar Villanueva). Entre ambos abismos o actos, poblados por lodazales, pantanos y páramos, coexisten el gobierno de la racionalidad y el imperio de las emociones. En el centro, la dirección del estado y la gestión de lo público, orientadas al fortalecimiento de la democracia, son asuntos que reclaman no sólo de explicaciones o enunciados normativos sino de acciones, compromisos y resultados. Son las nuevas hechuras políticas de la tensión permanente entre los laberintos de la razón y los incendios de las pasiones.
Thursday, October 27, 2022
Un pensador fronterizo: homenaje a Luis F. Aguilar Villanueva (I)
Estación de paso
Un pensador fronterizo: homenaje a Luis F. Aguilar Villanueva (I)
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 27/10/2022)
https://suplementocampus.com/un-pensador-fronterizo-homenaje-a-luis-f-aguilar-villanueva-i/
Este texto fue leído en la presentación del libro Repensando lo público: Estado, políticas públicas y gobernanza. Ensayos sobre la obra y trayectoria de Luis F. Aguilar Villanueva, coordinado por David Gómez-Álvarez y Claudia Maldonado Trujillo (EAP/Siglo XXI, 2021). CUCEA-U, de G., 19 de octubre de 2022.
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Durante buena parte de la obra reciente de Luis F. Aguilar Villanueva (circa 2002-2020), el tema de la gobernanza ocupa un lugar central de sus estudios, reflexiones y exploraciones bibliográficas, académicas e intelectuales. Si durante un intenso ciclo anterior (1990-2000) el tema de las políticas públicas se colocó en el centro de su agenda investigativa, en el contexto de lo que se conoce como la transición política mexicana hacia la democracia, desde el inicio del siglo XXI el análisis del proceso de gobernar, del “gobierno del gobierno”, de los problemas de coordinación gubernamental, de la capacidad de gobernar, o la calidad, eficacia y efectividad de la acción gubernativa en contextos de liberalización y democratización política, configuraron el mapa de las investigaciones que guían el instinto exploratorio, voraz, inquieto de Luis. Es el ciclo más reciente de la larga ruta seguida por el autor de obras anteriores como La idea de ciencia social en Weber (1989), o de su monumental Antología de políticas públicas (1992).
Como todo estudioso curioso y sistemático, Aguilar Villanueva es un pensador fronterizo que rompe con las rigideces disciplinarias y transgrede los límites de la filosofía política, para cruzar los territorios de la economía pública y la ciencia política, la sociología weberiana y el derecho público, las teorías de la administración pública y de la nueva gestión pública. Eso explica, me parece, su transición del énfasis en las políticas públicas como las hechuras racionales adecuadas para sociedades complejas, desiguales y conflictivas, al énfasis en la gobernanza como una lente conceptual pertinente para examinar el proceso de gobernar en las sociedades contemporáneas; la gobernanza como expresión de un conjunto de valores, principios y herramientas lógicas dirigidas al fortalecimiento de las capacidades democraticas de la vida en común.
Las dimensiones normativas, sociales, políticas, económicas, organizacionales y culturales de la gobernanza son identificadas con claridad en la larga trayectoria exploratoria de Luis, y es en su libro Gobernanza y gestión pública (FCE, 2006) cuando esa transición alcanza su punto de quiebre respecto de las formas convencionales de analizar el Estado, la política y la acción del gobierno. Aunque la revisión de la bibliografía clásica anglosajona y europea es el punto de partida de ese giro de las políticas a la gobernanza (autores como Kooiman, Barzelay, Osborne y Gaebler, Peters, Christensen y Laegreid, Mintzberg, Williamson, Majone, junto a la revaloración de las ideas de Weber, Habermas o Rawls), el espacio permanente de observación empírica y de reflexión conceptual es México y América Latina. El combustible del pensamiento de Aguilar sobre la gobernanza es un luminoso ejercicio de lectura y observación, de comparación crítica de autores y enfoques clásicos y contemporáneos, de reflexividad constante sobre los problemas concretos de la acción del gobierno.
Ello conduce a Luis a una ruta que se bifurca a lo largo del tiempo en varios caminos y sendas. Va de la gobernabilidad a la gobernanza; de la gobernanza clásica a la nueva gobernanza pública; de la centralidad de los actores y agendas gubernamentales a las interacciones con actores privados, no gubernamentales y sociales; del gobierno burocrático al postburocrático y a la reinvención del gobierno; de la figura del gobierno-administrador a la emergencia de la figura del gobierno digital; de la nueva gobernanza pública a la “gobernanza algorítimica”, como la ha denominado recientemente Daniel Innerarity. Es un recorrido poblado de ideas, conceptos y teorías que ayudan a comprender la profunda complejidad de las relaciones contemporáneas entre gobierno y sociedad.
La sólida formación filosófica de Aguilar Villanueva es la plataforma cognitiva de su rigor lógico, de su permanente insistencia en la claridad argumentativa, de sus constantes críticas a la banalidad y frivolidad en el uso del lenguaje sobre los asuntos públicos, que incluye su instatisfacción y malestar con los neopopulismos y neoliberalismos tan de moda, pero tan poco comprendidos incluso por sus propios promotores.
Estos rasgos de su potencia intelectual se nutren también de sus experiencias vitales. Como profesor universitario, como investigador, como funcionario público, como consultor o asesor de empresas, gobiernos y políticos, Luis es una voz a la vez atenta, incómoda e indispensable. Los que fuimos sus estudiantes de posgrado durante los primeros años noventa del siglo pasado (en mi caso, en su seminario de políticas públicas en la maestría en ciencias sociales de la FLACSO-México), sabíamos bien del carácter riguroso, exigente de las clases del maestro Aguilar Villanueva. Para los funcionarios públicos y empleados que trabajaron con él, el cuidado en la calidad de sus desempeños y grado de compromiso con las tareas propias de la función pública, fueron una marca indeleble de sus aprendizajes. Para los políticos con los que ha interactuado a lo largo de su trayectoria, Luis era y es siempre un interlocutor crítico, mordaz, a veces irónico, en ocasiones despiadado en sus observaciones y comentarios. Todo eso eleva el valor del pensamiento, la erudición y el capital intelectual de Aguilar Villanueva.
Thursday, October 13, 2022
Dilemas de la reprobación universitaria
Estación de paso
Dilemas de la reprobación universitaria: entre maestros barco y maestros duros
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 13/10/2022)
Según una nota de The Chronicle of Higher Education de la semana pasada (06/10/2022), la Universidad de Nueva York (NYU) despidió a un experimentado profesor de química debido a las protestas que un grupo de sus estudiantes (cerca de un cuarto del total), que se quejaron por la dureza de sus evaluaciones, lo que causaba altas tasas de reprobación en sus cursos. La materia en cuestión es fundamental para el acceso a la carrera de medicina, una de las más solicitadas por los estudiantes norteamericanos, por las mismas razones que un estudiante mexicano, nigeriano o ruso. La respuesta del profesor a las exigencias de sus alumnos fue que consideraba el conocimiento básico de su materia como fundamental para la formación de buenos médicos. La respuesta de la NYU fue el despido liso y llano, considerando el impacto que tiene la reprobación en el abandono de los estudios universitarios.
Usualmente, lo que pasa en Nueva York se queda en Nueva York, pero ahora no fue el caso. La noticia circuló con cierta intensidad por redes y medios, despertando curiosidad entre directivos y profesores universitarios no sólo de NYU sino también de otras latitudes de los EU y del mundo. El hecho plantea varias preguntas incómodas en los tiempos optimistas de la calidad, el emprendurismo y la innovación universitaria: ¿Cuáles son los límites y contenidos de la calidad de la enseñanza universitaria? ¿Qué pasa con los aprendizajes de los estudiantes? ¿La obsesión por la eficiencia terminal y el éxito escolar ha opacado el análisis de la lentitud y complejidad de los procesos formativos?
Visto en perspectiva, las políticas de masificación de la educación superior han coexistido con dificultad con las políticas de calidad de ese nivel educativo. Una apunta hacia la apertura de nuevas opciones profesionales y la ampliación de las oportunidades de acceso a las universidades, mientras que la otra descansa fuertemente en el supuesto meritocrático del ingreso, tránsito y egreso de los estudiantes en los programas universitarios de licenciatura y posgrado. El imperio de los indicadores encuentra en esas tensiones el alimento básico de sus diagnósticos rutinarios (tasas de cobertura, eficiencia terminal, abandono y reprobación, éxito escolar, desempeño de los docentes, eficiencia de los programas), y muchos de esos datos constituyen el núcleo de la imagen de prestigio, reputación y reconocimiento de las universidades públicas y privadas.
Las aguas profundas del fenómeno tienen que ver con el rigor intelectual, las capacidades/habilidades cognitivas e informativas de los estudiantes, las destrezas pedagógicas y experiencia del profesorado universitario, la gestión del tiempo escolar, y los climas sociales e institucionales dominantes en la educación universitaria contemporánea. Es, por supuesto, una ecuación compleja. Aunque los efectos de la pandemia y la crisis económica juegan un papel importante en la explicación del deterioro de las relaciones entre estos factores, el fenómeno viene de lejos. Se trata, entre otras cosas, de las percepciones de los maestros “barco” o “blandos”, y los maestros “duros”, representaciones de dos figuras imaginarias pero muy populares entre las comunidades estudiantiles universitarias de ahora y de antes.
Los primeros tienen la fama de las cosas fáciles: no son exigentes, regalan buenas calificaciones, toleran la indolencia, evalúan con estándares mínimos. Los segundos son su némesis: practican métodos rigurosos de evaluación, exigen mucho a los estudiantes, castigan la apatía y la falta de atención. Como todas las figuras imaginarias, esas representaciones abonan a la simplificación de la realidad, pero se alimentan de una mezcla confusa de experiencias y prácticas fuertemente arraigadas en las universidades. Las exigencias institucionales de “mejora continua” de la enseñanza, la obsesión por el éxito estudiantil, la competencia por las mejores calificaciones, los incentivos para alcanzar altos índices de eficiencia de los programas universitarios, forman los componentes básicos que explican la coexistencia de imaginarios y prácticas contrastantes de la docencia y la enseñanza.
La experiencia de la NYU puede ser sólo una anécdota más de la vida universitaria moderna. Pero el dato primario es que se recrudecen las viejas tensiones entre las exigencias estudiantiles de éxito escolar y la evaluación rigurosa de sus aprendizajes. La reprobación y el abandono son expresiones del fracaso escolar, y sus efectos pueden ser a veces devastadores para los estudiantes y sus familias. Pero la inexistencia o laxitud en las evaluaciones de los aprendizajes, y la aplicación sin piedad de métodos punitivos o depredadores de evaluación de los desempeños escolares, tampoco abonan al equilibrio entre rigor, paciencia y tolerancia como principios centrales de los procesos formativos universitarios.
Los aprendizajes previos, las indecisiones vocacionales, el origen social, los capitales culturales de los estudiantes universitarios, sus deseos, creencias y expectativas también forman parte del cóctel de la complejidad del asunto. Pero la pregunta básica es: ¿todos los estudiantes tienen las mismas capacidades para cursar una carrera universitaria? Y las respuestas suelen ser incendiarias, guiadas más por las pasiones que las razones. El tema va más allá de las creencias, los indicadores o los referentes de la calidad. Tiene que ver con evidencias y experiencias, con el análisis de las condiciones institucionales donde cotidianamente se relacionan profesores y estudiantes en prácticas educativas diversas, en los que la ansiedad por el éxito, la organización del tiempo o la gestión de las incertidumbres, gobiernan el ánimo y los cálculos en los campus universitarios.
Después de todo, las trayectorias estudiantiles no sólo incluyen las prácticas en el aula, la interacción con maestros duros o blandos, o la evaluación constante o esporádica de sus aprendizajes. La enseñanza también consiste, como decía Rousseau, en la “educación de las cosas”, esas experiencias vitales que incluyen el aburrimiento, las rutinas, las emociones fugaces y las pequeñas frustraciones. Esas combinaciones forman parte de los aprendizajes escolares universitarios, que incluyen el abandono, la reprobación, el rezago, la permanencia y el egreso. Los maestros barco y los duros, los profesores buenos, malos y regulares, constituyen parte de los contextos institucionales de esas experiencias, cuyos desenlaces suelen significar cosas distintas para los estudiantes, profesores y directivos de las universidades.
Thursday, September 29, 2022
Los tres doctorados del gobernador García
Estación de paso
Los tres doctorados del gobernador García
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 29/09/2022)
Una nota de Milenio publicada hace un par de semanas (17/09/2022), fue titulada así: “Entrega UANL doctorado a Samuel García como Doctor en Derecho Constitucional y Gobernabilidad”. Se refería al actual gobernador de Nuevo León, exsenador (2018-2020) y exdiputado local (2015-2018) por el partido Movimiento Ciudadano. La noticia tiene su interés, no sólo por la figura del gobernador sino por la trayectoria que representa. Que un joven político (34 años) destaque por sus méritos personales, partidistas o académicos, por su origen social o sus recursos económicos, forma parte de los mecanismos de acceso a las nuevas élites políticas mexicanas.
Según la nota, es la tercera ocasión en que García obtiene un doctorado. El primero lo obtuvo como “Doctor en Política Pública y Administración Pública” por la Escuela de Gobierno y Administración Pública del Tec de Monterrey, institución de la cual también egresó como estudiante de preparatoria, de la licenciatura en derecho, y de la maestría en derecho público. Postriormente, realizó un segundo doctorado en “Derecho fiscal” en el “ITAC Universidad”, una pequeña escuela privada de Monterrey que cerró sus puertas reales y virtuales en algún momento del año 2020 (según se lee en Google, se describe como “escuela del sector privado, de nivel educativo medio superior y de turno vespertino”, que ofrece “títulos electrónicos” en 20 carreras de licenciatura y programas de posgrado). El tercer doctorado es el que le otorgó la UANL en ceremonia solemne con togas y birretes celebrada el pasado 14 de septiembre.
Suponiendo que el Dr. García se tituló de la licenciatura a los 23 años de edad y de la maestría a los 25, eso significa que obtuvo su primer doctorado a los 28 o 29 años, el segundo a los 31 o 32, y el tercero a los 34. Esa trayectoria lineal, sin pausas pero sin prisas (que pudo combinarse de acuerdo a las características de los tres programas doctorales que cursó con éxito en un lapso de sólo 5 o 6 años), la hizo además cuando era, simultáneamente, diputado local en Nuevo León a los 28 años, y luego senador de la república a los 31.Todo eso lo hizo, según sus propias palabras, “por su pasión por el estudio y análisis de las diferentes constituciones”, pero también para “resolver tantos problemas que hay en la sociedad”.
Esa trayectoria y motivaciones ilustran las prácticas, expectativas y creencias de algunos grupos de la clase política surgida durante los años de la alternancia mexicana. Con títulos de licenciaturas, maestrías y doctorados, navegando entre las aguas turbias de los puestos políticos, pero también entre las aguas lodosas del mundo de los negocios, combinan la escolarización avanzada con las hechuras políticas partidistas. Suelen estar muy bien relacionados con figuras, personajes y personajillos de ambos mundos, se mueven con fluidez entre las redes sociales, son famosos, influencers, ídolos de los whitexicans, tienen miles de seguidores, cultivan con esmero nuevas amistades, se toman fotos abrazando niños de algún orfanato en la mañana de un domingo cualquiera. Son individuos que se consideran a sí mismos y por otros como exitosos, ejemplos vivos de que “si se quiere se puede”, presumen capacidad, responsabilidad y compasión por el prójimo.
El gobernador García desafía la distinción canónica entre el político y el científico, entre el académico y el gobernante, entre el poder y el saber. Actúa al mismo tiempo combinando la ética de la responsabilidad y la ética de la verdad, con la objetividad del estudioso y la ambición del político. Como otros en el pasado remoto o reciente, esa trayectoria supone que una mayor escolaridad significa una mejor calidad de la política, por lo que se cree que individuos con mayores niveles académicos serán mejores ciudadanos y políticos más honrados, responsables y eficientes, puesto que son capaces de conocer mejor la realidad de las cosas públicas, sus causas y soluciones. Es la reencarnación del viejo mito del ciudadano bueno y del político virtuoso.
Que las universidades públicas o privadas y los partidos políticos contemporáneos sean los espacios institucionales donde se forjan ese tipo de trayectorias tiene también su interés. Ahí se desarrollan rutinas predecibles y prácticas oportunistas, donde el plagio y las complicidades suelen ser monedas de uso ocasional, según sea el caso y las circunstancias. Maestrías y doctorados al vapor, que favorecen accesos, tránsitos y egresos eficientes para mejorar los indicadores de éxito escolar y los desempeños académicos de las instituciones, donde los doctorados han dejado de ser espacios tradicionales de formación para la investigación (cultivo y producción de nuevo conocimiento), para convertirse en máquinarias organizadas de distribución de certificados y diplomas a los que suelen atribuirse propiedades (casi) mágicas. Son programas apoyados por burocracias eficientes y un profesorado flexible, a veces con doctorados y todas las medallas imaginables de la república de los académicos, que dispensan tratos especiales a estudiantes que incrementen el prestigio de sus programas e instituciones. Son los componentes que configuran el orden académico-institucional en el cual algunos obtienen tres o cuatro licenciaturas, maestrías o doctorados como insignias certificadas de sus pasiones, intereses y saberes.
Se trata de un juego bastante popular entre las nuevas elites políticas y de los negocios. Es el juego de la acumulación de títulos nobiliarios representados por los doctorados universitarios, la obtención de papeles para enmarcarse y mostrarse en las paredes de las oficinas de políticos, empresarios y funcionarios públicos. Es un juego que implica pérdidas (relativas) para la legitimidad de la vida académica y sus rutinas -seminarios, lecturas, discusión, reflexiones solitarias y a veces colectivas-, y ganancias (también relativas) para quienes ven en las universidades sólo como espacios pragmáticos de legitimación de sus propios cálculos políticos y personales. El Doctor-Gobernador García (el orden de los títulos no altera el producto) es el fruto exótico de este juego de espejos. Es una de las figuras de cera exhibidas en el gran museo de nuestras perplejidades políticas contemporáneas.
Thursday, September 15, 2022
Explorando universidades
Estación de paso
Explorando universidades: más allá del campus
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 15/09/2022)
https://suplementocampus.com/explorando-universidades-mas-alla-del-campus/
Este año se celebran 30 años de la creación del “Área de Sociología de las Universidades” (ASU) de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco. Para quienes participan en el análisis, el estudio y la discusión de los problemas universitarios, la ASU ha sido desde su origen un espacio vital para la reflexión e investigación sistemática de los procesos, actores y políticas que influyen en los modos y comportamientos institucionales universitarios, pero también una suerte de observatorio académico permanente de los impactos sociales, económicos, culturales y políticos de la educación superior mexicana durante las últimas tres décadas.
El origen de ASU asumió desde el principio la decisión de reconocer a la universidad como objeto de investigación. Cuando a comienzos de los años noventa las universidades públicas eran motivo de desconfianza y recelos gubernamentales, y justo en el contexto de las políticas de modernización impulsadas por el gobierno de Salinas de Gortari, investigadores y académicos de las UAM y de otras universidades emprendieron un esfuerzo por conocer más que por juzgar, por aportar datos, conocimiento y evidencias sobre las universidades por encima de actos de fe, creencias, anécdotas o prejuicios sobre las mismas. En un contexto reacio a reconocer la complejidad, diversidad y heterogeneidad de las universidades, de sus aportes al desarrollo culltural, económico y político, pero también de sus déficits sociales y problemas institucionales, la legitimidad de la universidad como objeto de investigación ha sido sin duda uno de los aportes más significativos del ASU a nivel nacional.
Como parte del festejo treintañero, los integrantes de ASU organizaron en el último año un seminario dedicado a examinar temas estratégicos de la educación superior universitaria contemporánea. Con 29 participantes en seis sesiones de trabajo -7 integrantes del ASU y 22 académicos pertenecientes a otras universidades e instituciones de educación superior tanto federales como estatales, además de algunos expertos internacionales-, el seminario “Los dilemas de la educación superior mexicana en el siglo XXI: 30 años de investigación del Area de Sociología de las Universidades de las UAM-Azcapotzalco” se convirtió en un ejercicio de balance y perspectivas sobre algunas de las nuevas cuestiones críticas de la educación superior del país.
“Desigualdad e ingreso a la educación superior”, “SNI ¿medio o fin?”, “Los sistemas de pago por mérito y la regulación del trabajo académico”, “Impacto de la heterogeneidad institucional del sistema de educación superior en las oportunidades laborales y de la movilidad social”, “Trascendencia de la autonomía en la gestión y desarrollo de las funciones universitarias”, y “Las aspiraciones de los estudiantes universitarios desde una perspectiva de desigualdad multidimensional”, fueron los temas de cada una de las seis sesiones del seminario organizado por ASU, que fueron realizados entre agosto del 2021 y marzo del 2022, y que culminó este 14 de septiembre con una reunión de perspectivas sobre los distintos temas y sus abordajes. La selección temática revela las líneas de investigación que han desarrollado las y los investigadores que integran el Área, y que han permitido impulsar redes académicas de conocimiento sobre distintos objetos de investigación de la educación superior mexicana.
A lo largo de su existencia, ASU se ha consolidado como un espacio importante del análisis sociológico de las universidades y sus entornos. Las características de los actores (estudiantes y profesorado), funciones institucionales (investigación, docencia, difusión), formas de organización (autonomía, gobierno), impactos políticos y sociales (hechuras e implementación de políticas públicas o procesos de movilidad social o de inserción laboral de los egresados), son parte de los estudios que han alimentado los intereses académicos y vitales de un grupo de investigación que, a pesar de los cambios generacionales o de las difíciles condiciones que experimenta el trabajo académico universitario, ha realizado aportaciones sustanciales al debate público y al desarrollo del conocimiento sobre las universidades mexicanas.
Hoy, luego de la fiesta y el festejo de ASU, queda delineado un horizonte poblado por nuevos desafíos políticos, intelectuales y académicos para el estudio de la educación superior mexicana. Bajo los tiempos nublados de la polarización ideológica y política, donde las narrativas neo-utilitaristas de las élites gobernantes se han desplazado del mercado a la comunidad, en condiciones donde las universidades públicas vuelven a ser objeto de descalificaciones y recelos de las nuevas élites políticas y las políticas de austeridad gobiernan el trato hacia las universidades, y las brechas de la desigualdad social y heterogeneidad institucional permanecen como factores causales en la explicación de los comportamientos universitarios, las contribuciones del conocimiento acumulado sobre estas organizaciones son indispensables para definir nuevas líneas o profundizar en las ya existentes.
Después de todo, el trabajo académico es un oficio caracterizado por obsesiones intelectuales gobernadas por las dudas y la crítica. La cultura académica es una lenta hechura de trabajo, rutinas, persistencia y ánimos compartidos, fuente de nuevas preguntas y escepticismos, de tensiones permanentes y conflictos ocasionales. El ASU es una buena muestra de esos rasgos culturales, representativos de los modos en que la sociología de las universidades ha conquistado un lugar en la mesa de las ciencias sociales de nuestro país, junto a distinguidos comensales pertenecientes a disciplinas como la demografía, la economía, la antropología, la historia o la ciencia política. En tiempos de sorderas gubernamentales y griteríos políticos de distintas tonalidades, las voces de los académicos de esta gran mesa son necesarias para imprimir calidad, prudencia y claridad al debate público.
Thursday, September 01, 2022
La universidad y la nueva escuela
Estación de paso
La universidad y la nueva escuela mexicana
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 01/09/2022)
https://suplementocampus.com/la-universidad-y-la-nueva-escuela-mexicana/
Como se sabe, la reforma al marco curricular y los nuevos libros de texto gratuitos constituyen la columna vertebral del proyecto de “Nueva Escuela Mexicana” (NEM) impulsada por las autoridades de la SEP. Ese es el núcleo duro de los propósitos enunciados desde hace meses por asesores y funcionarios gubernamentales del sector, aunque permanezcan muchas reservas, críticas, dudas y escepticismos sobre la factibilidad política, la consistencia técnica, pedagógica y organizativa del proyecto, los contenidos de los programas de estudio, o el conocimiento de los profesores sobre los alcances, tiempos, modos y estrategias de implementación de la reforma educativa que impulsa el oficialismo. Las propias burocracias federal y estatales de la SEP aguardan aún por definiciones básicas, decisiones operativas, recursos y organización del proyecto. Después de todo, el profesorado, los cuerpos burocráticos intermedios y los funcionarios de ventanilla del sector educativo constituyen los eslabones clave de la implementación de los cambios anunciados.
La NEM representa un sistema de creencias articulado en torno a los valores promovidos por el oficialismo político de la “cuarta transformación nacional”. Son creencias orientadas por los intentos de una nueva forma de politización de los niños mexicanos, donde se mezclan sermones comunitaristas, pedagogías difusas, lemas de campaña y revisionismos históricos. El abandono de la evaluación comparada de los aprendizajes, la equiparación de los saberes comunitarios con los saberes científicos, los énfasis en la identidad y la pertenencia por sobre los valores de la libertad y la autonomía intelectual, forman parte de las tensiones que habitan la caja negra de la reforma imaginada por el oficialismo. Para decirlo en breve, se trata de sustituir las tradiciones de la educación laica, científica y liberal del pasado por una educación política, comprometida e ideológica para el presente y el futuro de los niños y adolescentes mexicanos.
Pero el proyecto no afecta solamente a los niveles de primaria y secundaria de la educación pública nacional. También lo hará en el sector de la educación privada y, con el tiempo, en los niveles del bachillerato y licenciaturas universitarias y no universitarias, cuando las generaciones educadas en los misterios de la “decolonización”, la inclusión social, el compromiso educativo con la “realidad social”, o la promoción de las bases epistémicas igualitarias de todo conocimiento, sean las herramientas de la formación básica con la cual los niños de hoy ingresarán a las prepas, licenciaturas y posgrados de los distintos subsistemas públicos y privados de la educación media y superior.
El principio de gratuidad y universalización de la educación superior incluido en las reformas al artículo tercero, la Ley General de Educación, y la Ley General de Educación Superior, impulsados el comienzo del sexenio por el ejecutivo federal, serán las bases legales del tránsito de niños y niñas hacia la educación media y superior, independientemente de los aprendizajes adquiridos o de la consistencia de la formación intelectual y técnica de los egresados del sistema educativo básico. Aunque las ilusiones de la homogeneización de la educación contenidas en todo proyecto reformador se estrellan una y otra vez contra los muros de las realidades de la desigualdad, heterogeneidad y diversidad de los procesos formativos entre estratos, grupos y clases sociales en contextos, poblaciones y territorios muy diferentes, los efectos de largo plazo de los objetivos de la reforma curricular alcanzarán en algún momento a las universidades públicas, a los institutos tecnológicos y a las propias escuelas normales, es decir, a los espacios de formación de las nuevas generaciones de profesores de educación básica que experimentarán los cambios de las enseñanzas y aprendizajes en las aulas de alguna escuela pública de Cerocahui, de San Juan Chamula, o de la Ciudad de México.
Es heroico o ingenuo pensar que los cambios en la educación básica no afectarán al nivel superior, tal y como ha ocurrido con reformas educativas anteriores. En especial, es difícil imaginar que las universidades públicas serán impermeables a los efectos de la reforma en las orientaciones y prácticas educativas de las generaciones que, según los cálculos del oficialismo, comenzarán con el nuevo plan de estudios y los nuevos libros de texto gratuitos en todo el país a partir del ciclo escolar 2023-2024, luego del “pilotaje” del modelo educativo que se hará durante el presente ciclo escolar (2022-2023). Sin reprobaciones (abolidas por la pedagogía crítica que anima la retórica de la NEM), ni abandonos escolares (por el apoyo de las becas del bienestar), una gran parte de esos niños y niñas ingresarán a las prepas hacia el año de 2032, y a las licenciaturas en 2035. Será la primera generación de los egresados del modelo educativo del obradorismo, un modelo que no es “para armar” (como sugiere en su inteligente artículo Roberto Rodríguez en Campus), sino que es un modelo armado en busca de una realidad a modo.
Pero hay variables de contexto que influirán en la configuración de los desafíos futuros para la educación superior universitaria. Variables macro como los resultados de los procesos político-electorales del próximo sexenio (2024-2030), variables meso como el financiamiento público del sistema de educación media y superior, o variables micro como los procesos de selección/admisión de las universidades públicas, serán algunos factores de causalidad de los efectos claros o difusos, deliberados, contradictorios o perversos, de la NEM en la educación terciaria. Aunque el futuro es siempre un territorio lleno de sorpresas, imprecisiones, sucesos inesperados y actores desconocidos, parece inevitable considerar escenarios poco favorables para las universidades públicas, donde los temas de la calidad, la evaluación, la autonomía política, académica e intelectual, son los ejes históricos de su quehacer institucional.
El presente siempre está poblado de futuros, de señales que son el resultado de la incertidumbre, la acción de fuerzas emergentes y el legado de tradiciones históricas. Son factores que configuran los escenarios del porvenir. Descifrar esas señales obliga a las universidades a repensar, otra vez, sus propios futuros institucionales.
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