Friday, January 20, 2023

México hoy: gobierno y oposición

Diario de incertidumbres México, hoy: gobierno y oposición Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 19/01/2023) https://suplementocampus.com/mexico-hoy-gobierno-y-oposicion/ Impulsada por la rebelión electoral antineoliberal encabezada por AMLO y su partido en 2018, una forma simbólicamente distinta de concepción y ejercicio del poder político se instaló en palacio nacional apoyada por el predomino del partido del presidente en el legislativo federal. Los tiempos del gobierno dividido fueron sustituidos por el tiempo del gobierno cuasi-unificado. El oficialismo morenista logró, mediante diversas estrategias y tácticas -algunas de legalidad dudosa, otras de pragmática negociación política con partidos minúsculos como el PVEM, el PT y el PES-, traducir la coalición electoral “Juntos haremos historia” en una coalición legislativa que ha apoyado sistemáticamente las iniciativas presidenciales, mostrando un alto grado de disciplina partidaria en las votaciones parlamentarias. Ello no obstante, en las elecciones federales intermedias del 2021, el obradorismo no alcanzó su objetivo estratégico: controlar las dos terceras partes de la cámara de diputados para obtener una mayoría calificada y asegurar el éxito de sus iniciativas durante la segunda mitad de su mandato (2021-2024). En estos años, las protestas, bloqueos y movilizaciones callejeras se han mantenido e incluso incrementado durante los años de la “nueva” transición (o ciclo, o etapa) política mexicana. Como ha sugerido el antropólogo Claudio Lomnitz, esas movilizaciones son producto de un doble desplazamiento de carácter estructural: por un lado, las reformas económicas de clara orientación neoliberal experimentadas entre 1989 y 2018, y por otro las reformas político-electorales ocurridas durante el mismo período. Fue una clásica transición bifronte: una fue económica, la otra política. Ambas, sin embargo, confluyeron en un mismo resultado: la desarticulación/desmantelamiento de un sistema de gestión política y corporativa de los asuntos económicos y políticos. Las nuevas reglas de la economía de mercado y las nuevas reglas de la competencia política desmontaron las bases de la obediencia política del viejo régimen basada en un extenso sistema formal o fáctcio de intremediaciones políticas, y a los comportamientos asociados a la economía mixta correspondientes a la lógica de dominación de un sistema de partido hegemónico (PRI). A lo largo de esos años, la oposición política liderada por López Obrador fue alimentándose de las pequeñas y grandes fracturas de los partidos “transicionistas” (PRI/PAN/PRD), pero también del malestar social provocado por la desigualdad, la corrupción, la pobreza y el hartazgo. Visto a la distancia, el antiguo orden político posrevolucionario experimentó un largo proceso de desprendimiento y fragmentación de los mecanismos de cohesión y negociación de los intereses en disputa. Algunas franjas de las organizaciones corporativas tradicionales, sindicatos y grupos locales se fueron sumando a las filas del obradorismo, cuya retórica captó muy bien las causas del malestar en dos frases emblemáticas: “corrupción” y “mafias del poder”. Instalado como oficialismo político, el obradorismo cambió los términos del código gobierno/oposición. El fortalecimiento del liderazago presidencial, la activación de sus poderes constitucionales y meta-constitucionales, el apoyo de un partido político disciplinado que apoya sin reservas las iniciativas presidenciales, conjuntamente con una tercia de partidos aliados, le ha permitido al obradorismo ejercer un poder que resalta claramente en el contexto de una oposición política débil, frecuentemente confundida y desarticulada. Ese giro en la política nacional configuró la hechura de una nueva élite gobernante cohesionada por el poder presidencial, que coexiste con las élites dirigentes y de poder económico que surgieron a lo largo de los últimos treinta años, y que de manera pragmática han negociado sus intereses en el proyecto de la “Cuarta Transformación Nacional”. Las claves de la oposición La oposición política al oficialismo obradorista se ha configurado en torno a cuatro partidos principales: PRI, PAN, PRD y MC. Los tres últimos partidos construyeron en 2018 una alianza electoral (“Por México al frente”) orientada a disminuir o contrarestar los apoyos a MORENA y sus aliados, tanto a nivel federal como en las escalas estatales y municipales. Para las elecciones de 2021, el PRI se sumó a la alianza “Va por México” junto con el PAN. El PRD, sin embargo, MC, decidió mantenerse desde 2020 como partido sin alianzas en los comicios electorales federales, aunque ha mantenido coaliciones en algunas elecciones estatales y municipales. Estas oposiciones no fueron suficientes para alcanzar la mayoría relativa en la cámara de diputados en las elecciones del 2021, pero sí para impedir que el oficialismo alcanzara la mayoría calificada que había conquistado mediante diversas maniobras en 2018. En esas circunstancias, el endurecimiento de las posiciones y reclamos de las oposiciones se ha acompañado frecuentemente de movilizaciones nacionales y locales, bloqueos, protestas, manifiestos y desplegados públicos. En las aguas profundas de estas expresiones yace un amasijo de ideas, creencias, intereses y prácticas que alimentan las narrativas oposicionistas, pero que no conforman una plataforma ideológica coherente, articulada y eficaz en contra del oficialismo. Quizá ese es el precio mayor de las coaliciones electorales y políticas opositoras: el desdibujamiento de las identidades partidistas de las organizaciones a favor de la construcción de una imaginaria y difusa identidad opositora. Si la retórica presidencial está dominada por un maniqueísmo rústico, iluminado en código binario (buenos/malos, conservadores/progresistas, pueblo/élites, neoliberales/transformadores, corrupción/pureza), las retóricas opositoras se alimentan de códigos enfrentados con la narrativa obradorista (pluralismo/uniformidad, democracia/autoritarismo, autonomía/heteronomía). Se trata de un esfuerzo narrativo por contener los alcances de la hegemonía obradoriana y ofrecer una alternativa a poblaciones y sectores que no se identifican con el oficialismo. Sin embargo, luego de cuatro años de contrastes entre estas oposiciones, la identidad neopopulista parece más clara que la identidad oposicionista. Una se alimenta no sólo de imágenes sino también de políticas clientelares para legitimar el ejercicio del poder gubernamental a través de programas sociales y proyectos institucionales dirigidos a poblaciones pobres. La otra es más difusa y desarticulada, que se alimenta básicamente de las insuficiencias, desvíos e ineficacias del ejercicio gubernamental a lo largo de los últimos cuatro años. Una ofrece la imagen de un país con transformación política y bienestar popular. Otra, de imágenes de un cambio regresivo y destructivo, de una sociedad fracturada, donde el malestar social y la confusión política se han acumulado y profundizado.

Thursday, January 05, 2023

México hoy

Diario de incertidumbres México, hoy: protestas sociales y orden político Campus Milenbio, 05/01/2023 El mundo se cierra fríamente con la materialidad de los hechos (David Huerta, Apuntes del tiempo oscuro) Las manifestaciones políticas representan formas específicas de poder social. Organizadas usualmente por grupos y redes en torno a determinados reclamos, demandas o exigencias, son formas de acción directa no sólo más visibles, sino en ocasiones también útiles para sus promotores tanto como incómodas para sus detractores. Simbolizan ideas políticas, creencias, voces y actores que promueven la inclusión/legitimación de ciertos temas e intereses en la esfera pública. Esas prácticas incluyen cierre de calles, bloqueos, toma de instalaciones, huelgas, paros, marchas grandes o pequeñas, mitines en lugares públicos, desplegados y manifiestos en medios públicos y privados. Activistas, partidos políticos, sindicatos, organizaciones religiosas y laicas, asociaciones no gubernamentales, son quienes usualmente utilizan este recurso como forma de protesta, de exigencias de atención a demandas generales o específicas, reclamos políticos o, en tiempos electorales, promoción de candidaturas a puestos de representación popular. Una larga historia de estas manifestaciones de poder organizado en el mundo habitan las trayectorias de legitimación de las protestas públicas y las movilizaciones políticas en la hechura de las democracias y dictaduras, autoritarismos y autocracias contemporáneas. Desde hace varios años, esas formas de manifestación se han expandido de manera acelerada en muchos contextos locales. Son exhibiciones de poder pero también espectáculos públicos, esfuerzos encaminados a compartir preocupaciones privadas, grupales, tribales o mafiosas como intereses comunitarios o colectivos. Muchas siguen los cauces tradicionales y otras son bastante nuevas. Ya no son solamente recursos utilizados por sindicatos y partidos para presionar a patrones por aumentos salariales o la mejora de condiciones de trabajo, o reclamos vigorosos a gobiernos nacionales o locales para reconocer y ejercer derechos, sino también por organizaciones que representan una agenda más amplia y diversificada: contra el cambio climático, por los derechos de las comunidades lésbico-gays, protestas por la violencia contra las mujeres, por la defensa de los animales, contra la construcción de obras públicas, por la defensa del medio ambiente, contra la violencia criminal, por demandas de seguridad pública, por la paz en ciudades, barrios, pueblos, escuelas. Se trata de expresiones públicas de la diversificación de los intereses, percepciones y opiniones de sociedades complejas, heterogéneas y desiguales, es decir, conflictivas y contradictorias. En esas movilizaciones late el corazón político del orden social. Si las sociedades son vistas como un conjunto difuso de redes organizadas de poder, la política se constituye como un territorio de límites imprecisos y cambiantes, donde confluyen distintos intereses, ideas y pasiones, zonas en los cuales esas redes visibilizan su poder e influencia en momentos y espacios concretos. Como sugirió el historiador británico Eric Hobsbawn en algún momento, las movilizaciones sociales incluyen fiestas, rebeliones, desafíos colectivos y organizados, que apuntan siempre a la posibilidad, o la ilusión, de nuevos ciclos o etapas de la historia social. Suelen ser el mecanismo causal de cambios y adaptaciones institucionales, de reformas, de transformaciones grandes o pequeñas. Son también el principio o el final de etapas, ciclos o fases del desarrollo político, que incluyen desenlaces democráticos o autoritarios según sean los contextos y tradiciones nacionales o locales. La arquitectura de la estatalidad y de los regímenes políticos democráticos tradicionales cruje con la multiplicación de los reclamos, y nuevas ofertas políticas se desarrollan entre las fisuras o las ruinas de las estructuras tradicionales de gestión de los conflictos que los gobiernos han configurado en el pasado reciente. Esa suerte de “fenomenología del conflicto” predomina entre las tensiones que caracterizan la transición entre el neoliberalismo y el neopopulismo, o, para decirlo en términos más clásicos, entre la democracia y el autoritarismo, o viceversa. En el caso mexicano, esta nueva transición se asienta, como todas, sobre las herencias de la anterior. La ansiedad y la prisa de las nuevas élites del poder político -el conformado bajo la difusa retórica de la “cuarta transformación nacional”-, urgidas por edificar un nuevo ordenamiento político nacional, supone que este es el producto, o la expresión, de un nueva realidad social, o, más específicamente, representa una construcción política peculiar sobre la realidad social mexicana del pasado reciente. Cada vez parece más claro que esa narrativa política sobre la existencia de un nuevo orden social está compuesta por distintos tipos de conflictividades, cuyas causas son múltiples y difusas. La instituciones tradicionales (partidos, sindicatos, gobiernos nacionales y subnacionales, congresos, órganos judiciales, organizaciones civiles) parecen insuficientes para contener y gestionar los conflictos cotidianos. Existe una suerte de arritmia entre la velocidad y amplitud de la diversificación de las demandas sociales, y la capacidad de gestión institucional para satisfacer reclamos y exigencias. Eso, hace medio siglo, fue denominado por un trío de autores más o menos famosos (Crozier, Huntington y Watanuki) como la crisis de las democracias liberales y representativas, cuya causa más importante era un déficit de gobernabilidad, es decir, un desequilibrio (o desajuste) entre el crecimiento exponencial de las demandas sociales y las limitaciones institucionales de los recursos de gestión asociados a la capacidad de respuesta de los sistemas políticos de las democracias liberal-representativas. Pero los orígenes de las movilizaciones públicas pueden ser muy diferentes. Las formas clásicas son de protestas difusas contra el gobierno, contra el orden político, o contra un estado de cosas que se aprecian como indeseables, inservibles o insuficientes. Hay otras de signo distinto: las promovidas por los gobiernos para legitimar su propio desempeño. Unas son de protesta; otras de celebración. Y en México tuvimos ambas en un solo mes (noviembre de 2022): la defensa del INE, organizada por diversas oposiciones políticas, y la del apoyo a la cuarta transformación nacional justo en el cuarto año del gobierno obradorista, organizada por el oficialismo morenista. Multitudinarias, ruidosas y espectaculares, esas movilizaciones callejeras son el espejo de dos formas enfrentadas de expresión de la conflictividad política mexicana acumulada durante los últimos años. Y por supuesto son expresiones que no surgieron del vacío político-social, sino que se incubaron en las condiciones forjadas a fuego lento en el pasado reciente.

Thursday, December 15, 2022

El fantasma del precariato

Estación de paso El fantasma del precariato Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 15/12/2022) https://suplementocampus.com/el-fantasma-del-precariato/ Un fantasma recorre el mundo: el fantasma de la precarización. La metáfora tiene su origen en las primeras líneas del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, cuando, en plena revolución de 1848, escribieron que el comunismo era “un fantasma que recorre Europa”, como expresión de los conflictos sociales, políticos y económicos que padecía el capitalismo industrial en Francia, Alemania o Inglaterra. Hoy, nuevos tipos de conflictividad y de tensiones recorren a las sociedades en el mundo, y otros fantasmas aparecen en el horizonte. Uno de ellos es el de la precarización de las condiciones de vida de millones de hombres y mujeres en prácticamente todas las sociedades nacionales. El fantasma no es una ilusión. Consiste en el deterioro del ingreso salarial, el incremento de la inseguridad social, la inestabilidad o exclusión laboral, y los problemas de integración y cohesión de jóvenes y adultos al mundo del trabajo y la producción. La precarización es especialmente visible entre los jóvenes con baja escolarización, pero también ha comenzado a aparecer con fuerza entre los jóvenes egresados de las instituciones de educación superior. Aunque la crisis pandémica ha tenido un impacto severo en el deterioro de las oportunidades laborales de los jóvenes universitarios, el fenómeno viene de lejos y de fondo. Las promesas no cumplidas de la globalización económica, la reconfiguración de los “tres mundos” del Estado de Bienestar (como les denominó Esping-Andersen), o la masificación y universalización de la educación superior, son algunos de los factores causales/estructurales que explican el deterioro de las relaciones entre la educación terciaria y el trabajo productivo. En México tenemos nuestros propios fantasmas locales, hechuras de las paradojas, tensiones y contradicciones que se han desarrollado a lo largo del siglo XXI. Esta madeja de relaciones no es sólo metafórica. El crecimiento de la matrícula y de las ofertas públicas y privadas de educación superior se convirtió en una apuesta deliberada (una política pública) por ampliar las oportunidades de educación y empleo para las nuevas generaciones de jóvenes, bajo el supuesto de que la economía crecería y de que se requerirían de poblaciones más escolarizadas y mejor preparadas para los retos de la globalización. La expansión del acceso, el tránsito y el egreso de millones de jóvenes en la educación superior ocurrió en condiciones de una permanente evaluación de la calidad de los programas, del profesorado y el financiamiento público errático e insuficiente a la educación terciaria. Pero todo ha sido, en más de un sentido, un falso amanecer. Más de tres décadas de insistencia sobre la calidad de la educación superior como el aceite de serpiente que aseguraría la empleabilidad y al éxito laboral de los egresados se convirtió en una promesa incumplida de las políticas modernizadoras de la educación superior mexicana. Una economía estancada, la disminución bruta o relativa de oportunidades laborales, el deterioro del valor simbólico y práctico de los títulos universitarios, la ausencia o debilidad de dispositivos institucionales de vinculación entre educación y trabajo, o el peso de los orígenes sociales de las nuevas generaciones, contribuyeron al endurecimiento de las brechas de desigualdad social y a la precarización de los empleos profesionales. Bajo el principio de hierro de la flexibilidad laboral como sinónimo de la modernidad neoliberal, globalizadora y competitiva, los trabajos permanentes y estables fueron sustituidos por los call-center, la “macdonalización” de los trabajos (macjobs), la expansión de la informalidad laboral, y la multiplicación del trabajo sin empleo. Esa es la paradoja central: mejoramos (relativamente) la calidad de la formación de los egresados pero empeoramos (relativamente) el empleo profesional. Como país, hemos invertido mucho tiempo y esfuerzos en mejorar la calidad de la educación superior y tenemos múltiples indicadores de ese proceso institucional y político: programas acreditados nacional e incluso internacionalmente; un profesorado mejor calificado, muchos con estudios de posgrado; cuerpos de funcionarios expertos, asesorados por consultores nacionales e internacionales; multiplicación de convenios de colaboración con empleadores o de movilidad internacional para estudiantes y profesores. Y sin embargo, eso no se expresa con fuerza en el mejoramiento de las expectativas y condiciones de vida de miles de jóvenes que cada año egresan de los programas universitarios con el propósito de asegurar proyectos individuales y familiares satisfactorios y productivos. En el mundo grisáceo de las paradojas, existen diferencias importantes entre disciplinas, áreas, instituciones y espacios laborales. En algunos campos (la medicina, algunas ingenierías, por ejemplo) la precarización es inexistente o es muy baja, mientras que en otras (pertenecientes a las ciencias agropecuarias o a las sociales) la precarización es media y alta. Las brechas de la precarización marcan el territorio de la inserción y exclusión de jóvenes egresados de las más de tres mil instituciones públicas y privadas del sector. Quizá ahí sea posible comprender una de las causas del malestar no sólo con la globalización sino también con las democracias consolidadas o emergentes que se traducen en impulsos neopopulistas y autocráticos que promueven fuerzas políticas que se alimentan del malestar social. Para ahuyentar al fantasma y sus paradojas se ensayan desde hace tiempo nuevas fórmulas, que han formado un lenguaje toda-ocasión, una retórica que promete nuevos amaneceres. Innovación y emprendurismo son los multi-publicitados aceites de serpiente de la temporada. Se asocian a la cuarta revolución industrial, la digitalización, la economía basada en la innovación, el alargamiento de los ciclos formativos de las personas, a la búsqueda del prestigio y el éxito individual en el mundo laboral. Pero el fantasma sigue ahí, y sus apariciones de registran entre brindis, luces navideñas y los inefables jingles de alegrías instantáneas e ilusiones fugaces, que suelen ser el combustible de los sueños plúmbeos del final de cada año.

Thursday, December 01, 2022

Conflicto universitario en Jalisco

Estación de paso Conflicto universitario en Jalisco: la política y lo político Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 01/12/2022) https://suplementocampus.com/conflicto-universitario-en-jalisco-la-politica-y-lo-politico/ Por segunda ocasión en este año, las autoridades de la Universidad de Guadalajara convocaron a una marcha de protesta contra los recortes presupuestales aprobados por el gobierno de Jalisco a esta casa de estudios. Al igual que lo ocurrido el 26 de mayo de este año, el pasado 23 de noviembre las calles del centro de Guadalajara se llenaron de miles de estudiantes, trabajadores, profesores y directivos universitarios, encabezados por el rector y varios exrectores universitarios para expresar su protesta por el maltrato presupuestal del ejecutivo estatal. Por su parte, el gobernador ha insistido en que el pleito no es contra la universidad sino contra el exrector Raúl Padilla, quien ha impulsado proyectos como la red universitaria en Jalisco de la U. de G., la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, o la construcción del Centro Cultural Universitario. Cada vez es más claro que el problema de fondo en el pleito local es de carácter político, no presupuestario, y configura el perfil de una disputa por la legitimidad. Hasta ahora, el argumento del gobernador ha sido que “no dará más recursos para los negocios de Padilla”. Sin embargo, ese argumento requiere de mayores explicaciones públicas y, sobre todo de mayores evidencias y datos. Si hay sospechas o presunciones de desvío de recursos públicos, ¿por qué no actúa jurídicamente el gobernador contra los “negocios” del padillismo? ¿Qué evidencias existen? De tenerlas, el gobierno jalisciense tiene la obligación de presentarlas antes las autoridades competentes, no ante los medios, y no utilizarlas como pretexto para afectar no sólo la imagen o los intereses reales o imaginarios del grupo dirigente universitario, sino también proyectos académicos sustantivos de las diversas comunidades universitarias distribuidos en toda la red institucional de la U de G, constituida por casi 300 mil estudiantes, 19 mil profesores e investigadores, distribuidos en 6 centros universitarios metropolitanos, 10 regionales y una extensa red de preparatorias con presencia en prácticamente todo Jalisco. El endurecimiento de las posiciones es el dato de la coyuntura. “Mafioso” ha llamado el gobernador al exrector, y líderes estudiantiles, sindicales e institucionales universitarios han reclamado la destitución del gobernador. Este los descalifica como “lacayos” del padillismo y aquellos denominan a Alfaro como autoritario y persona non grata para la universidad. El lenguaje de la coyuntura es una narrativa plomiza que entorpece cualquier intento de diálogo racional, de entendimiento público de las razones del pleito, y de negociación de las posiciones e intereses en disputa. El episodio más reciente del conflicto ocurrió en la inauguración de la FIL el pasado 26 de noviembre, en la que el partido del oficialismo local (Movimiento Ciudadano) realizó una manifestación de cientos de militantes y funcionarios públicos de ese partido en los alrededores de la sede del evento para denunciar los “negocios de Padilla”, y el “secuestro” de la Feria por parte del “grupo universidad”. En la inauguración, no hubo representaciones del gobierno municipal, estatal ni federal, a pesar de las invitaciones formales que el comité organizador de la Feria extendió desde hace meses a mútiples instancias gubernamentales, comenzando con el presidente municipal de Guadalajara, el gobernador de Jalisco y el propio presidente de la república. Aunque políticamente enfrentados, el oficialismo local (al alfarismo/MC) y el nacional (obradorismo/MORENA) coinciden en el intento de tratar de deslegitimar la organización y el significado político y cultural de la FIL. Las señales de la estrategia política del alfarismo son claras: la mejor manera de debilitar al padillismo es a través de los recortes al presupuesto de la universidad. El supuesto es que sin dinero público, la redes de control del grupo dirigente universitario se debilitarán y eso abrirá la posibilidad de una crisis de gobernabilidad institucional que sentaría las bases de una nueva reforma política, anti-padillista, en la U de G. Ello incluye una campaña de deslegitimación de la figura del exrector y de proyectos emblemáticos como la FIL. Pero esos cálculos implican también efectos no deseados o perversos, que tienen que ver con la factura de los costos políticos y el deterioro de la imagen institucional que el alfarismo acumula en los últimos meses. El pleito confirma la siempre complicada relación entre las razones, pasiones e intereses que gobiernan la vida pública, donde el campo de lo político (es decir, de las instituciones, leyes y reglas de la vida en común) chocan con el campo de la política (la negociación práctica de conflictos entre actores). En las zonas grises entre ambos espacios se expresan tensiones en forma de espectáculos públicos y pleitos privados. Como se observa en Jalisco y a nivel nacional, el lenguaje de la política se vuelve entonces un léxico de insultos y descalificaciones dirigido a bloquear las cuerdas de comunicación y negociación entre intereses distintos. En el caso de la U. de G., el liderazgo de Raúl Padilla es inocultable, y eso se expresa en su influencia en las decisiones estratégicas universitarias, que incluyen las relacionadas con la vida política local. Sin embargo, los proyectos institucionales no obedecen ciegamente a la voluntad del exrector, sino que involucran los intereses legìtimos de cientos y miles de académicos y estudiantes que alimentan las rutinas básicas de las actividades de docencia, investigación y difusión cultural de la universidad. El panorama de las relaciones entre las autoridades de la U. de G y del gobierno estatal no es alentador. Todo apunta a que en el último tercio del gobierno de Alfaro y del rector Villanueva (2023-2024), la lógica del conflicto se mantendrá entre tensiones políticas, recortes presupuestales, manifestaciones públicas y descalificaciones. Con el inicio del proceso electoral del próximo año, los tambores de guerra llamarán a la movilización de las partes interesadas para ganar posiciones y puestos de representación. Las maquinarias políticas del alfarismo y del padillismo se han activado, explorando, otra vez, los abismos entre lo político y la política.

Thursday, November 24, 2022

Población, territorio y educación

Estación de paso Reloj poblacional, territorios y educación Adrián Acosta Silva Campus-Milenio, 24/11/2022 https://suplementocampus.com/reloj-poblacional-territorios-y-educacion/ A la memoria de Jorge Medina Viedas, por los 20 años de Campus Según estimaciones de la ONU, el martes 15 de noviembre nació el individuo 8 mil millones del mundo. Además, la Organización calcula que ese bebé nació en la República Dominicana y fue un varón. Ambas estimaciones son reveladoras de la dinámica y la distribución del crecimiento poblacional en el siglo XXI. Por un lado, que hoy existen mil millones de hombres y mujeres más que hace una década. Por otro, que el crecimiento demográfico se concentra en los países menos desarrollados. Los miles de bebés que nacieron ese mismo día enfrentarán, como todos en todos los tiempos, un futuro complicado, influido por una combinación de factores no controlables por los individuos y factores relacionados con sus creencias, capacidades y oportunidades vitales. Entre el primer grupo de factores destacan los contextos sociales, culturales, económicos y políticos, los territorios y poblaciones específicas de sus lugares de nacimiento, las características de sus orígenes sociales y familiares, su sexo, factores que influirán de manera decisiva en la configuración de sus trayectorias vitales en los próximos años. Pese a los avances en campos como la salud pública, la educación, o los sistemas de protección social, la desigualdad social es el eje que explica en buena medida las diferencias entre individuos, poblaciones y territorios en todo el mundo. Nacer en Amsterdam o en Gitega (la capital de Burundi, en África oriental) marcará en buena medida el futuro de los niños en uno u otro lugar. Según el informe, el reloj poblacional mundial se ha ralentizado desde el año 2000, y continuará así por lo menos hasta el 2050. El Fondo de Población de las Naciones Unidas calculó hace casi un cuarto de siglo (en 1997) que en octubre de 1999 habitaban el planeta 6 mil millones de personas, y 23 años despúes alcanzamos la cifra de los 8 mil millones. La tendencia es que para el año 2037 lleguemos a 9 mil millones de habitantes. 7 de cada 10 humanos viven en países de ingresos bajos y medios-bajos. La edad promedio en Europa es hoy de 41 años, en contraste con la media de edad del África subsahariana, que es de 17. En México, es de 29 años. Las tendencias registradas marcan un lento pero persistente envejecimiento de la población mundial, aunque con ritmos y composiciones muy diferentes en términos territoriales y socioeconómicos. Se calcula que las brechas de edad se ensancharán de aquí al 2050. La población mayor a los 65 años se concentrará en los países desarrollados, y la menor a esa edad en los pobres, subdesarrollados, periféricos o emergentes, según quieran denominarse. En el campo educativo, sabemos que la desigualdad social se traduce en desigualdad de oportunidades escolares, aprendizajes y procesos formativos a lo largo de la vida. Y un indicador de esa desigualdad es el de las expectativas de vida escolar de la población, que difieren de manera significativa según territorios y países. La esperanza de vida escolar es el cálculo de los años que un individuo puede pasar en aulas escolares, desde el preeescolar hasta el posgrado universitario. Y aquí las diferencias entre poblaciones y regiones es también abismal. Mientras que en Australia los bebés que nacen hoy tendrán una esperanza de vida escolar de 23 años, en Níger es de 5. Eso significa que un hombre o mujer nacido por el azar y contextos en Sidney o en Camberra puede alcanzar un doctorado universitario, mientras que los bebés nacidos en Niamey no podrán terminar ni la primaria. Como suele suceder en muchos casos, fatalmente, origen es destino. El reloj poblacional continuará marcando la pauta de las relaciones entre los entornos sociales y las vidas individuales para los 8 mil millones de habitantes del planeta. Ya desde finales del siglo pasado, la ONU había convocado a un heterógeneo grupo de escritores de distintas lenguas y países para escribir una carta dirigida al “ciudadano 6,000 millones”, cartas que fueron publicadas en 1999 en un libro. Bajo la atmósfera de incertidumbre y esperanza de la transición de fin de siglo y de milenio, las 14 cartas reunidas en esa ocasión tocaban el tema de las ilusiones y las guerras, los peligros del fundamentalismo religioso, los abismos entre pobreza y riqueza, el peso de los contextos culturales y sus representaciones sociales. “¿Quién nos salvará de la ignorancia que salta a escena con cada nueva generación?”, preguntaba en tono de pesimismo György Konrad, mientras que Salman Rushdie enfatizaba el valor de la libertad intelectual, e invitaba al bebé 6 mil millones parafraseando la clásica canción de John Lennon (Imagine) : “Imagina que el cielo no existe, mi querido seis mil millones, y de inmediato verás el cielo abierto”. ¿Qué carta podría escribirse hoy al ciudadano 8 mil millones, ese imaginario bebé de nombre Damián nacido en Santo Domingo el 15 de noviembre pasado? ¿Tendrá la inteligencia y las suficientes oportunidades vitales para alcanzar una existencia satisfactoria? ¿Cuál será su sitio en la intricada red de relaciones sociales que construirá a lo largo de su vida? Quizá un poema escrito por Miguel Hernández en 1939 (Nanas de la cebolla), escrito en la cárcel de Torrijos, y dirigido en una carta a su esposa y a su bebé recién nacido, podría aliviar la incertidumbre de imaginadores e imaginados frente al futuro, asumiendo la carga de fatalidades y esperanzas por venir. Es un manifiesto sentimental sobre la adversidad, dirigida a un niño que enfrentará riesgos, violencias y desplazamientos, pero también experiencias de soledad, pasiones y sueños. Son palabras pronunciadas frente a la cuna de un bebé dormido, al cuidado de su madre y con la sombra en la lejanía del padre. No te derrumbes/No sepas lo que pasa/ Ni lo que ocurre. Es un melancólico recordatorio sobre las virtudes de la paciencia en tiempos difíciles.

Saturday, November 12, 2022

Hachas de guerra

Hachas de guerra: apología de soles negros Adrián Acosta Silva (El Informador, 12/11/2022) https://www.informador.mx/ideas/Hachas-de-guerra-apologia-de-soles-negros-20221112-0022.html Durante su campaña electoral y desde el inicio de su administración, el presidente López Obrador emprendió la cruzada de un enunciado indecible: destruirlo todo para cambiarlo todo. Ese es el sol negro del proyecto de la cuarta transformación nacional, visto en el año 4.0 de su presidencia. Bajo la premisa de que todo lo construído durante las últimas seis administraciones federales son la causa de todos los males de la república, el obradorismo se propuso demoler las hechuras de lo que denomina el período neoliberal (o “neoporfirista”, como suele afirmar a la menor provocación), para sustituirlas por nuevas estructuras, instituciones, programas y acciones de lo que denomina bienestar para el pueblo, o sea, para los pobres. Ese leit motiv justifica todo lo que hace, piensa o se imagina el obradorismo y sus seguidores y aliados. Eso explica también las vergonzosas escenas de vasallaje, lacayismo y subordinación de ciertos intelectuales, periodistas, políticos y funcionarios (ellas y ellos) que aplauden y vitorean al caudillo de la 4TN. Montados en el gran tren de ilusiones de la transformación nacional (que evocan la vieja idea del marxismo de manual de la revolución proletaria como punto cero de la historia social), el conductor, los maquinistas, los carboneros, camaristas y pasajeros miran hacia un horizonte luminoso, la tierra prometida de la república amorosa que dibujó sin rubor y sin piedad AMLO desde antes de su llegada al poder presidencial. Bajo la retórica de una épica patriótica, el morenismo funciona como la correa de transmisión de los deseos presidenciales. El inventario de las demoliciones logradas y las que están en proceso es cuantioso. Primero fueron la contrareforma educativa, la petrolera y la eléctrica. Siguieron con la política ambiental, ahora están con la política y electoral. Desmontaron proyectos avanzados como el AICM, y construyeron un nuevo aeropuerto, de funcionalidad dudosa; desoyen reclamos ambientales y avanzan en la construcción del tren maya; abren nuevas refinerías en tiempos de la transición energética hacia el uso energías limpias; entienden que la lucha contra el calentamiento global radica en plantar arbolitos en zonas pobres. Promueve cartillas morales como sustitutos de una nueva evangelización social y política, como guías para la purificación de la vida pública mexicana luego de décadas de degradación y corrupción “neoliberal”. Bien visto, el obradorismo es un montaje, una colección de escenarios protagonizados por un solo actor, en los que también es el director, productor y espectador de sus propias obras. Utiliza un lenguaje circular, machacón y repetitivo, cuyos ecos son reverberados por no pocos ciudadanos, sus acólitos y súbditos. Es una crónica dirigida a cultivar adeptos, a provocar ilusiones y certezas entre las multitudes. Se alimenta de palabras y frases, pero también de dinero público a través de becas y pensiones. Amplía la base de la recaudación fiscal pero no toca el dinero de las élites económicas del país, que son también las dueñas del capital financiero, inmobiliario, industrial y especulativo que moviliza intereses mundanos y cálculos políticos. Desprecia al poder civil, que incluye a la burocracia gubernamental, a las universidades públicas y a los profesionistas, y fortalece las atribuciones, facultades e intereses del poder militar. En el último tramo de su gestión, el obradorismo ha sacado de sus armarios su extensa colección de hachas de guerra política (insultos cotidianos, recortes presupuestales, militarización de funciones públicas). Convencido de que la política es tan sólo la continuación de la guerra por otros medios, el presidente convoca y alienta a sus partidarios a la fase final de su cruzada transformadora, que se concentra ahora en cambiar las reglas del juego político-electoral. Seguro de su adanismo, de que es el pionero y paladín de la verdadera democracia mexicana, y de que antes de él todo era una farsa, López Obrador descalifica, provoca, desprecia a sus opositores, y se envuelve (¿se enreda?) en el lábaro patrio para marcar distancias y ofrecer paraísos artificiales a sus seguidores. Como sucede con todos los populistas autoritarios, el pluralismo es tóxico para la imaginación y las prácticas políticas de quienes están convencidos de la máxima schmitteriana de conmigo o contra mí. Eso explica la furiosa embestida del obradorismo contra los órganos autónomos y las organizaciones no gubernamentales, los críticos de su gobierno y las manifestaciones de la oposición política. Bravuconadas, majaderías, menosprecio, es el lenguaje dominante de los nuevos caminos de servidumbre inaugurados por el obradorismo en sólo cuatro años. Es una retórica antipolítica, anitisistémica y alucinante. La furia adánica del régimen se recrudece y ahora le toca el turno al INE, que representa todo lo que no cree o no le gusta al presidente. Montado desde sus inicios en la ola de la austeridad salvaje y la venganza política, el obradorismo aspira a sentar las bases de un modelo de dominación basado en el control de los procesos electorales como mecanismo maestro de la invención de un sistema político que mira al pasado clientelar y patrimonialista del siglo XX como la clave del futuro del neoautoritarismo político mexicano del siglo XXI. El obradorismo como movimiento político es una máquina de tiempo, un regreso al futuro cuyas consecuencias son impredecibles para sus propios promotores. La música metálica de la construcción autocrática domina el ambiente político mexicano de estos años de encono y violencias, endulzada por los cantos de sirenas del caudillo y sus corifeos y corifeas. Detrás de la mueca malhumorada, burlona y sarcástica presidencial, exhibida como máscara imperturbable todas las mañanas en cadena nacional, se esconde un proyecto que mira hacia la historia de bronce como horizonte de futuro. El retrato del elefante en la sala es el selfie de un apologista de la destrucción.

Thursday, November 10, 2022

Un pensador fronterizo (II)

Estación de paso Un pensador fronterizo: contra la “luz de gas” (II) Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 10/11/2022) https://suplementocampus.com/un-pensador-fronterizo-contra-la-luz-de-gas-ii/ Esta es la segunda parte del texto leído en la presentación del libro Repensando lo público: Estado, políticas públicas y gobernanza. Ensayos sobre la obra y trayectoria de Luis F. Aguilar Villanueva, coordinado por David Gómez-Álvarez y Claudia Maldonado Trujillo (EAP/Siglo XXI, 2021). CUCEA-U, de G., 19 de octubre de 2022. ************* Durante su etapa “tapatía” (2011-2020), cuando fue invitado para fundar y dirigir el Instituto de Investigación en Políticas Públicas y Gobierno (IIPPG) del CUCEA de la Universidad de Guadalajara, Luis F. Aguilar Villanueva (LFAV) se concentró en la construcción de un espacio universitario abierto al análisis del gobierno, de las políticas públicas y la promoción del enfoque de la nueva goberanza pública. Impulsó diálogos, coloquios, proyectos, encuentros, dirigidos a organizar redes académicas de intercambio sobre múltiples objetos de la acción pública moderna, tanto a nivel internacional como nacional, estatal y local. Fundó una revista especializada (Journal of Public Governance and Policy: Latin American Review), e impulsó la publicación de una numerosa colección de libros relacionados con el tema, productos de los encuentros y conversatorios académicos organizados en el IIPPG. También apoyó el desarrollo de proyectos institucionales multidisciplinarios como Jalisco a Futuro, en el que, personalmente, la amistad, el rigor intelectual, y el interés y respeto de Luis -acompañado siempre de dosis precisas de prudencia y buen humor-, favorecieron la orientación teórica y conceptual de la hechura de los trabajos de diagnóstico y prospectiva de los que colaboramos en ese proyecto. Las aportaciones y hallazgos de LAFV sobre las relaciones entre la política, las políticas públicas y la gobernanza democrática están plasmadas en múltiples sitios: libros, revistas, artículos periodísticos, aulas, conferencias, charlas de café, cubículos universitarios. Son la herencia viva de su espíritu trans-fronterizo, el legado intelectual de sus convicciones, de sus cuestionamientos permanentes e hipótesis de trabajo sobre los déficits, logros y desafíos de la acción pública. Quizá ese espíritu se deba a su sangre campechana, a la época que le tocó vivir en sus años de formación intelectual y política en México, en Alemania e Italia, sus estancias académicas frecuentes en Berkeley, en Madrid, o en Nueva York, a sus habilidades de explorador constante de enfoques y territorios áridos de las ciencias sociales, o quizá se deba a la vieja observación weberiana de la tensión permanente entre las lógicas del político y del científico. Tal vez, también adeuda en alguna medida a su afición por la música clásica (de Franz Schubert y Beethoven a Gustav Mahler), a su gusto insobornable por el whisky JB en las rocas, a su interés culinario para conocer los secretos de los chefs de los buenos restaurantes. Ese bagaje vital, intelectual y mundano, moral y afectivo, donde las aguas de la vida social, pública y privada se entremezclan pero no se confunden, está en la base de la obra fecunda, productiva y siempre en movimiento de Luis. Y el mejor y mayor de los homenajes a esa trayectoria es leerlo a la luz de las tensiones, contradicciones e incertumbres de nuestra vida en común, dominada desde hace tiempo por el mal humor público, la polarización política y no pocos desencuentros privados. Seguramente, la figura de Aguilar Villanueva como maestro, consejero, académico, intelectual, consultor o funcionario, se podrá apreciar en su justa dimensión. Y, estoy seguro, el investigador emérito sigue y seguirá haciendo lo “único que sabe hacer: leer y escribir”, como me dijo en varias de las ocasiones en que lo encontré trabajando en su oficina frente a su computadora, con varios libros abiertos sobre la mesa. En síntesis: racionalidad, acción pública, gobernanza democrática, forman el entramado conceptual y analítico central del pensador de aguas profundas que es LFAV. Pasó de explorar las teorías clásicas del Estado para culminar en la construcción de una teoría contemporánea del gobierno de las sociedades del siglo XXI. Es el autor indiscutido e indispensable de una extensa colección de planos, cartografías, mapas y brújulas elaboradas sobre el intrincado territorio de las relaciones entre el poder público, ciudadanías complejas, desigualdad social, institucionalidad democrática y acción gubernativa, en contextos poblados por nuevos oscurantismos y puritanismos de distintos orígenes y dimensiones, frecuentemente dominados por el efecto o síndrome político de “luz de gas” (political gaslighting) -esa tendencia a tratar de convencer a las personas, grupos y sociedades de algo que no son-, que parece extenderse sin prisas pero sin pausas en varios espacios de nuestra vida pública. Si, como escribió en algún lugar Milan Kundera, “la existencia humana transcurre entre dos abismos; a un lado, el fanatismo; al otro, el escepticismo absoluto”, hoy estamos al filo de uno o de otro, mirando el espacio vacío que se abre entre el agotamiento del neoliberalismo como fórmula económica y el fortalecimiento del neopopulismo como fórmula política. (Es un “entreacto político”, afirma recientemente Aguilar Villanueva). Entre ambos abismos o actos, poblados por lodazales, pantanos y páramos, coexisten el gobierno de la racionalidad y el imperio de las emociones. En el centro, la dirección del estado y la gestión de lo público, orientadas al fortalecimiento de la democracia, son asuntos que reclaman no sólo de explicaciones o enunciados normativos sino de acciones, compromisos y resultados. Son las nuevas hechuras políticas de la tensión permanente entre los laberintos de la razón y los incendios de las pasiones.