Thursday, June 15, 2023
Cormac McCarthy: recuerdos y desolaciones
Cormac McCarthy: viejos recuerdos, nuevas desolaciones
Adrián Acosta Silva
(Nexos, blog “Cultura y vida cotidiana”, 15/06/2023)
El pasado 13 de junio falleció a los 89 años en Santa Fe, Nuevo México, el novelista estadounidense Cormac MaCarthy, quizá el último de los grandes escritores que se encadenan con el linaje de las tradiciones narrativas de Herman Melville y William Faulkner. Dueño de un prosa a la vez violenta y cautivadora, buena parte de su obra (La carretera, No es país para viejos, Todos los hermosos caballos), revela los registros literarios de las tierras fronterizas entre EU y México, su fascinación con historias, lenguajes y actores que sobreviven entre desiertos y poblados de California, Arizona, Nuevo México, Texas, frente a los espejos de Tijuana, Nogales, Ciudad Juárez o Reynosa. Este es un pequeño homenaje a partir de la reseña de una de sus novelas emblemáticas, ambientada sombríamente en el lugar donde vivió parte de su niñez: Knoxville, Tennesse.
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“Las formas más primitivas sobreviven”, afirma en tono de revelación el narrador anónimo de la carta de presentación que inicia la lectura de Suttree, la novela del escritor norteamericano Cormac McCarthy (Mondadori, Barcelona, 2004). El protagonista de la historia, Cornelius Suttree, es un personaje solitario, sin expectativas, con un pasado confuso, un presente azaroso, y un futuro imposible. Ambientada en la ciudad de Knoxville, Tennesse, en algún momento de los años cincuenta, la trayectoria del personaje está poblada de equivocaciones, accidentes, muerte, desolación, alegrías instantáneas, salpicado de pocos días felices que pasa encerrado en las sombrías habitaciones de un hotel perdido. Pescador solitario de siluros (“pez teleósteo de agua dulce, de hasta 5 metros de largo, gran depredador, con una boca muy grande rodeada de barbillas”, según lo define Maria Moliner en su indispensable Diccionario del uso del español) la vida diaria de Suttree es un esfuerzo de sobrevivir a las penurias económicas y a los afectos corrosivos, de lidiar con los demonios del olvido y la memoria, habitando en los márgenes de un río contaminado y pestilente, donde la silueta de la ciudad es el paisaje cotidiano de sus travesías, con el fondo metálico de trenes fantasmales que recorren con pesadez las venas de acero de Knoxville, la horrible.
Publicada originalmente en inglés en 1979, esta novela precede en el tiempo a la fama global que alcanzó McCarthy en 2008 con la película No Country For Old Man, (titulada en español como “Sin lugar para los débiles”) inspirada en su propia novela, dirigida por los hermanos Cohen y protagonizada por Javier Bardem. Es anterior también a libros como La Carretera (2006) o Meridiano de Sangre (1985). Pero al igual que los otros textos de McCarthy, es también una obra que recorre con precisión estética lugares, diálogos, imágenes y relaciones que Budd (el apodo del personaje central) establece con su medio a lo largo de su intermitente estadía como outsider de un pueblo de perdedores, bebedores habituales de cerveza caliente y whisky barato, comerciantes de lo que sea, ladrones, putas, chamanes y brujas, “gente austera y diminuta enmarcada por cucuruchos de flores, vendedores ambulantes de artículos esotéricos, electuarios raros ordenados por tarros y elíxires macerados en días sin luna” .
Caminando al filo del abismo, el pescador entabla amistades frágiles con personajes oportunistas cuya vida breve pasa de la cárcel a la calle, del robo en pequeña escala para satisfacer necesidades mínimas al goce de lujillos que hacen llevadera una vida repleta de penurias, de rutinas inexorables y desenlaces previsibles. Condenado a transitar circularmente por “escenarios de viejos recuerdos y nuevas desolaciones”, el solitario convive con pordioseros, intercambia pescado por dinero, ropa o cerveza, bebe en burdeles infames, cosecha mejillones en busca de perlas preciosas, coexistiendo con personajes hundidos en miserias cotidianas, mirando siempre al fondo del desfiladero, con pequeñas pero sistemáticas explosiones de violencia que aturden por su precisión cruda, envueltos en pleitos cotidianos con la policía local.
La estética de McCarthy es la estética literaria del granito, sin matices, de un lenguaje fluido y crudo, exacto y envolvente. Novela de cenizas y de sombras, de túneles subterráneos que sostienen el peso de una ciudad sórdida, la narración de esta obra es una pieza de orfebrería que deslumbra por la solidez del oficio y la imaginación del narrador. En un medio invadido por el predominio apabullante de best-sellers y literatura basura, la prosa que se encuentra en las casi 600 páginas de Suttree es una muestra brillante de que la buena literatura sobrevive, a pesar de la industria literaria, como lo señaló con lucidez moribunda Sándor Márai en sus últimos Diarios.
Thursday, June 08, 2023
Política y educación: ángeles y ruinas
Diario de incertidumbres
Política y educación: buscar ángeles, encontrar ruinas
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 08/06/2023)
https://suplementocampus.com/politica-y-educacion-buscar-angeles-encontrar-ruinas/
El número mil de Campus-Milenio es una buena ocasión para reflexionar sobre el tiempo político y el tiempo educativo. El suplemento ha sido el espacio de exploración sobre esas temporalidades siempre en tensión. Felicitaciones a quienes han hecho posible sostener este excepcional esfuerzo editorial iniciado hace 22 años por nuestro apreciado Jorge Medina Viedas.
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Los calendarios y relojes de la política y la educación no son los mismos. En política, el tiempo se mide por el corto plazo, usando cronómetros de velocidad ajustados a los calendarios electorales. En educación, el tiempo es el largo plazo, que se mide por generaciones completas. En el mundo político, el gobierno en turno y sus oposiciones son actores que juegan siempre pensando en los próximos comicios electorales, atrapados en lógicas competitivas encaminadas a legitimar o deslegitimar sus respectivas actuaciones. En el mundo educativo, los aprendizajes, la experiencia escolar o la formación para la vida son procesos lentos, pautados, encaminados a adquirir conocimientos, habilidades para la socialización, la reflexión solitaria y la conversación pública, que incluyen la gestión por separado de los mundos de la vida activa y de la vida contemplativa.
Esa distinción sociotemporal no parece estar en la mente de los políticos. Los gobiernos en turno, obsesionados con la conquista de presente buscando a los “ángeles de la historia” (según Walter Benjamin), suelen actuar bajo el supuesto de que sus políticas determinan el rumbo de las generaciones que transitan desde el preescolar a la universidad. Convencidos de que sus ideas, retóricas, programas y recursos marcan el tiempo escolar, los políticos suelen estar dominados por un sentido de urgencia, de gravedad, en el cual hay que cambiarlo todo a la brevedad y con eficiencia, a pesar de las confusiones, resistencias y bloqueos que suscitan sus acciones. En México, ningún gobierno ha renunciado a colocar a la educación como parte de su agenda de cambios y transfomaciones, convencidos de que ahí quedará la huella de su paso como administradores sexenales de los recursos públicos.
Sin embargo, las ilusiones del cambio educativo entre los políticos se alimentan de fantasías acumuladas entre los ideólogos, burócratas y activistas cercanos al príncipe de ocasión. Cambiar leyes y políticas, diseñar nuevos programas e instrumentos, formular de manera atropellada libros de texto y modelos pedagógicos incomprensibles para maestros imaginarios que chocan con las prácticas de los maestros realmente existentes, insuflar la nostalgia de tiempos idos, culpando a gobiernos anteriores por desastres reales o imaginarios, son recursos para justificar transformaciones que sólo suelen habitar la mente de los transformadores. En los patios escolares o en los jardínes de los campus universitarios, las comunidades de profesores y alumnos permanecen alejadas de las obsesiones, los sueños y las pesadillas de los políticos. La política, sus tensiones, conflictos y protagonistas, son sólo una parte del paisaje.
Eso no signfica que la escuela sea un espacio alejado de la vida social y de las preocupaciones públicas. Por el contrario, en las escuelas y universidades coexisten asombros, temores y en ocasiones alarmas cotidianas provocadas por temas como las violencias, la criminalidad y la inseguridad que se han multiplicado exponiencialmente desde hace décadas. Generaciones completas han crecido teniendo como ruido de fondo el sonido de metralletas y fusiles, el espectáculos de la presencia de militares y guardias en las calles, la búsqueda de cadáveres en fosas clandestinas, el horror de la desaparición de miles de jóvenes que han sido asesinados o secuestrados por bandas criminales, cuyas secuelas de dolor, angustia y sufrimiento han cambiado para siempre la vida de miles de familiares y amigos de las víctimas. Los niños que vivieron el inicio de la guerra contra las drogas en 2008, son hoy los jóvenes que miran la devastación social de una guerra que parece no tener sentido ni fin. El tiempo escolar está marcado por el debilitamiento acelerado de la cohesión social, por los crujidos y estallidos de la fragmentación social que desde hace tiempo se observa y escucha entre diversos territorios y poblaciones del país.
El futuro de la política está marcado por la búsqueda del triunfo electoral, por tratar de asegurar la gobernabilidad de una sociedad convulsiva bajo el predominio de una fuerza política sobre otras. El futuro de la educación está marcado por el acceso al conocimiento científico y técnico, por sus contribuciones a la movilidad social, a la inserción laboral, a la formación de normas de convivencia, hábitos y valores democráticos, a la ampliación de los horizontes culturales de los individuos. El tiempo político es gobernado por una maquinaria de organizaciones partidistas, ideologías, promesas e intereses que se satisafacen con ilusiones y dinero, puestos y posiciones. El tiempo educativo es gobernado por el ritmo difuso de los aprendizajes, por los complejos procesos de interacción entre estudiantes y profesores, por el inapreciable valor de la reflexión, la curiosidad y las dudas. La arritmia entre política y educación esté en el centro de las disputas entre la política electoral y las políticas educativas.
Encaminados en el túnel de tiempo que confirma un ciclo de politización salvaje de todos los temas, incluído el de la educación, lo que se observa es la profundización de las brechas entre política y educación. En la era del florecimiento de las autocracias populistas -de Trump a Erdogan, de Maduro a Ortega, de Putin a Orbán, de Bolsonaro a Bukele, en una potente ola autoritaria que desafía a las viejas y nuevas democracias pluralistas-, la educación para los políticos es sólo una herramienta más para la legitimación de su imagen y poder. Las palabras ácidas de Cioran en su Escuela del tirano, resuenan en salas repletas de elefantes: “Quien no haya conocido la tentación de ser el primero en la ciudad, no comprenderá el juego de la política, de la voluntad de someter a los otros para convertirlos en objetos, ni adivinará cuáles son los elementos que conforman el arte del desprecio”. El fulgor de ese arte resplandece en tiempos electorales, y enceguece con sus luces al príncipe, a sus seguidores y súbditos.
Acaso por ello, Walter Benjamin alertaba hace casi un siglo sobre el riesgo de que los transformadores que buscan a los “ángeles de la historia” en sus rituales de legitimación, terminen encontrando solamente sus ruinas.
Thursday, May 25, 2023
¿Torres de marfil?
Diario de incertidumbres
¿Torres de marfil?: academia, política y vida pública
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 25/05/2023)
https://suplementocampus.com/torres-de-marfil-academia-politica-y-vida-publica/
Hay una idea sobre la vida académica que suele predominar entre empresarios, políticos y funcionarios relacionados directa o indirectamente con las universidades. Se trata de la creencia de que la ciencia y la academia son espacios apacibles, tranquilos, alejados del mundo turbulento de la política o de los negocios, de la administración y gestión de recursos, relativamente libres del conflictos y pleitos mundanos. Algunos políticos, cuando se retiran, suelen decir que “volverán a la academia” a reposar, cuando su única experiencia ahí, si la tuvieron, fue como estudiantes o profesores ocasionales. La idea y las creencias asociadas son representaciones de la vieja imagen de la “torre de marfil”, ese espacio idealizado donde sus habitantes (intelectuales, científicos y académicos) cultivan sus propios intereses sin interferencias externas, lugares en que se pueden dedicar a sus especulaciones, investigaciones, o a impartir clases en contextos tranquilos, bajos en tensiones, sin contradicciones significativas. María Moliner definió la expresión como “aislamiento intelectual en el que alguien vive voluntariamente”.
La invención del término es interesante. Su origen es impreciso, quizá grecolatino, una metáfora para referirse a una puerta hecha de un material fino y resistente (el marfil), mediante el cual se diferenciaban los “sueños falsos” de los “sueños verdaderos”. Pasó luego a representar espacios específicos de las primeras universidades medievales, luego a la literatura modernista en el siglo XIX, y de ahí al mundo de la academia universitaria contemporánea. En la imaginería religiosa o mística, la torre de marfil era un espacio reservado a los retiros espirituales, para alejarse de las tentaciones mundanas, edificios donde los clérigos se recogían para reflexionar, escribir, leer y orar. En las universidades modernas, élites y oligarquías académicas, escritores y poetas, suelen ser vistos como los actores conspicuos de esas torres imaginarias. Hoy, el término se utiliza de manera peyorativa para criticar a los que se dedican a la vida contemplativa o reflexiva, sin prestar atención a las urgencias públicas o políticas del momento.
Sin embargo, es una imagen falsa. Desde hace tiempo, los científicos y académicos son muchos y diversos, al igual que sus contextos institucionales y sociales. También se han convertido en objetos de políticas dirigidas a evaluar su desempeño, sujetos obligados a rendir cuentas de su desempeño a través de informes y reportes, dedicados a la reunión de evidencias de su productividad académica, de su vinculación con las “necesidades del mercado” y, ahora, para demostrar los “beneficios sociales” de sus actividades. La metáfora de la torre de marfil alude a una realidad que no existe; es una forma de representación social que desprecia la actividad académica e intelectual. Los cubículos, laboratorios, salones de clase, son los espacios reales de los “sueños verdaderos” de científicos y académicos, espacios rodeados por el griterío y los ruidos mundanos de protestas estudiantiles o sindicales, objeto frecuente de críticas de políticos, príncipes y burócratas de ocasión.
Los pleitos dentro y fuera de las torres son, desde hace tiempo, de un origen diferente. Hoy, los reclamos de hostigamiento y violencia de género han paralizado a la UAM durante semanas, y son motivo de protestas y movilizaciones en muchas universidades públicas y privadas. Otros son los que ocurren con los efectos de políticas científicas que se perciben como amenazas o riesgos para las libertades de investigación y enseñanzas universitarias, como ocurre con la recientemente aprobada ley de ciencia en México. Los pleitos ya no son solamente como solían ser: de naturaleza sindical o presupuestal, de amenazas a la autonomía, de conflictos por la elección de rectores, protestas estudiantiles por las políticas de admisión, o la distribución de becas y apoyos. Ahora son también motivados por un nuevo tipo de conflictividades de origen generacional y contextual que desafían las hechuras tradicionales de la gobernabilidad universitaria: acosto y hostigamiento sexual, inclusión de perspectivas de género, inseguridad y violencias dentro del campus
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El otro paquete de tensiones tiene que ver con las políticas científicas y académicas. La nueva legislación científica aprobada por el oficialismo convocó a activistas a favor y en contra que provienen de las comunidades científicas y académicas. Aunque hay una franja significativa de esas comunidades que ha permanecido al margen de las discusiones, es claro que no pocos de sus miembros han adoptado posiciones de apoyo o de crítica a la actuación de quienes diseñaron la nueva normativa en el sector. Esos comportamientos también cuestionan la imagen de las torres de marfil de las universidades y centros de investigación.
Los actores de esas conflictividades sociales, ideológicas y políticas configuran relaciones entre los muros del campus y afectan la utópica tranquilidad de la vida universitaria. Las autoridades y comunidades científicas y académicas trabajan todos los días con ruidos de fondo que alteran las rutinas de la docencia y la investigación, sin muchas posibilidades de gestionar con éxito las demandas, restricciones y condicionamientos a las labores universitarias. En las torres de marfil reales (cubículos, salones, aulas) resuenan los ecos mundanos de la política y la conflictividad social de los tiempos que corren. Y, a pesar de ello, los académicos, científicos, profesores y estudiantes intentan mantener con vida las rutinas propias del oficio y sus procesos de aprendizaje: leer, conversar, pensar, experimentar, interactuar, organizarlas clases, celebrar seminarios, foros y congresos, publicar artículos, reportes, ensayos, libros, capítulos relacionados con sus proyectos de investigación y la difusión de hallazgos, teorías, teoremas, hipótesis, para comprender y resolver problemas del pensamiento, la naturaleza o la vida social.
En estos tiempos gobernados por los riesgos, la confusión y la desmemoria, hay que recordar que la soledad reflexiva y la conversación pública son los ingredientes básicos del oficio académico, actividades que se desarrollan dentro y fuera de espacios que fueron tomados por asalto, sigilosamente y desde hace tiempo, por la rebelión de las masas.
Thursday, May 11, 2023
CONACYT: Polvo en el viento
Diario de incertidumbres
Del Conacyt al Conahcyt: formas, fondos y polvo en el viento
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 11/05/2023)
https://suplementocampus.com/del-conacyt-al-conahcyt-formas-fondos-y-polvo-en-el-viento/
La atropellada, confusa y caótica sesión del senado de la república celebrada durante la larga noche del día difícil del 28 de abril merece colgarse como pieza del museo de los humores políticos mexicanos de los años del obradorismo. Ahí, entre el montón de iniciativas aprobadas de madrugada del día 29 en un escenario inusual -el patio del palacio de Xicóténcantl-, y sólo con la presencia del oficialismo, se aprobó la nueva ley de humanidades, ciencia, tecnología e innovación, que, para decirlo en breve, significó el triunfo (¿momentáneo?) de los políticos y los burócratas sobre los científicos (o una parte de ellos).
La maquinaria autocrática, convenientemente aceitada durante los años del obradorismo, funcionó con eficiencia, a toda velocidad, de madrugada, en espacios que permitieron funcionar sin oposiciones, ruidos mediáticos ni molestas interferencias técnicas o jurídicas. Mientras que la oposición tomaba el salón de plenos y las oficinas de la junta de coordinación política del senado para impedir la sesión, el oficialismo salía a la calle, se reunía con el presidente en palacio nacional, y celebraba con júbilo el preludio del espectáculo nocturno, con todo y fotografías del momento. Horas más tarde, ante el beneplácito presidencial, los senadores de su partido y sus aliados consumaron la tarea.
Más allá de las postales de ocasión -que por sí mismas merecen ser tratadas con atención, por lo que son y lo que representan-, importa revisar la idea central, el procedimiento y el contenido de la iniciativa del oficialismo en el tema de la ciencia. El cambio del nombre del Conacyt por el de Conahcyt no es solo de siglas, pero importa, pues codifica las realidades e ilusiones de un cambio institucional. Pero la manera en que se aprobó la iniciativa del ejecutivo revela las prácticas de un proceso legislativo desaseado, incompleto, contradictorio y potencialmente ilegal, salvo que la abrumada corte suprema de justicia diga otra cosa en el futuro inmediato.
La intención central de la reforma al Conacyt es que los beneficios de la ciencia y la tecnología deben ser universales, para todos, no solo para algunos. La idea es que el neoliberalismo científico impide esos beneficios. Por lo tanto, la ciencia neoliberal es el problema, y la nueva ley (humanista, universalista) es la solución. El problema del problema es que nunca ha quedado claro que significa “ciencia neoliberal”, ni tampoco que es eso de “ciencia humanista”, “humanismo” ni “universalismo” científico. La ciencia es una creatura humana, no alienígena, producto de la racionalidad y el discernimiento, que distingue la metafísica, la superstición y la magia de la racionalidad científica, tiene un alto componente histórico, no actúa en el vacío social ni tampoco es para consumo privado. Sus beneficios son universales y su acceso está limitado por factores no científicos (brechas de escolaridad de la población, desigualdad social, monopolios industriales).
La retórica de la nueva ley es profusa, confusa y contradictoria. Para diferenciarse de la “épica neoliberal” centrada en el mercado, opone la “épica comunitarista” centrada en las comunidades. Aboga por el reconocimiento de la “pluralidad epistemológica” de los saberes y conocimientos, contraria a la diferenciación de epistemologías científicas basadas en métodos rigurosos, discutidos, evaluados y revisados por comunidades epistémicas organizadas.
En cuanto a los contenidos, merecen destacarse por lo menos dos que tienen que ver con la hechura de decisiones estratégicas. Por un lado, el gobierno del denominado “sistema nacional de humanidades, ciencia, tecnología e innovación”. Del otro, la gobernanza del mismo sistema. El primero tiene la característica de una Junta de Gobierno de diseño claramente vertical y centralizada en el gobierno federal, donde se incluyen asientos con voz y voto a 13 secretarías federales, incluyendo a las secretarías de la defensa y de marina, para ponerse a tono con la racionalidad castrense que el obradorismo ha marcado como sello de su administración. Deja fuera a las instituciones académicas como la UNAM, el IPN, a las universidades estatales,o la ANUIES, y reagrupa a los centros públicos de investigación como agencias (¿oficinas?) incorporadas a las secretarías federales que correspondan. Los académicos y sus organizaciones, están fuera del esquema de gobierno del sistema, y solo serán considerados a invitación del Consejo Nacional, o del director o directora en turno, con voz pero sin voto.
En lo que respecta a la gobernanza se desprende un diseño barroco (“democrático” afirma la ley), de arriba a abajo, donde múltiples instancias federales, estatales y municipales, instituciones públicas autónomas y no autónomas, participarán en la elaboración de programas y planes en distinta escala, en el marco de las prioridades y programas estratégicos contemplados en la “Agenda Nacional” que deberá ser diseñada y aprobada por el Conahcyt. Quedan en el aire cuestiones como la capacidad que pueden tener los municipios -el eslabón históricamente más débil de nuestro federalismo- para formular programas y prioridades en el ámbito científico o tecnológico alineados con la Agenda Nacional y sus expresiones estatales.
Estas dos dimensiones del poder institucional del Conahcyt (gobierno/gobernanza) están en el centro del litigio sobre los alcances y eficacia gubernativa de la nueva legislación científica, pues implican un claro desplazamiento del funcionariado federal sobre las comunidades científicas. No obstante, al igual que cualquier ordenamiento jurídico, las leyes no equivalen a las políticas. Ninguna ley tiene efectos mágicos en los comportamientos institucionales y sociales, incluyendo los científicos. La traducción de la ley en políticas tiene une brecha de implementación que requiere de actores, condiciones, instrumentos y recursos, que aparecen enunciados como listados de buenas intenciones sin contenidos específicos.
Si la forma es fondo, lo que puede apreciarse con el procedimiento de aprobación y los contenidos de la nueva ley es la confirmación de la lógica autocrática que gobierna la hechura de las decisiones gubernamentales. Proporciona la fotografía de un artefacto legislativo que revela contrahechuras de forma y de fondo, dominadas por las prisas y urgencias presidenciales, oscurecidas por la densa capa de polvo en el viento que domina desde hace tiempo el paisaje político de la temporada.
Thursday, April 27, 2023
Tiempo, interés, y lectura
Diario de incertidumbres
Tiempo, interés y lectura
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 27/04/2023)
https://suplementocampus.com/tiempo-interes-y-lectura/
Ahora que se acaba de celebrar el día internacional del libro, tal vez sea pertinente echar un vistazo a la situación actual de la lectura en nuestro país. El eslogan de crear un “país de lectores” es una hechura de la imaginación, un buen deseo basado en nobles intenciones, un enunciado que se formula bajo el supuesto de que los mexicanos no leen, o leen poco, o de manera insuficiente de acuerdo a ciertas preferencias estéticas o intelectuales, o medido a la luz de comparaciones internacionales. Hoy mismo, se agrega una creencia más en el oficialismo obradorista: que los mexicanos no leen porque los libros son caros, luego entonces, si se producen libros baratos, se leerá mucho más.
Muchos años han pasado a partir de los propósitos y las creencias que apoyan estas retóricas. Para ponerlos a prueba, se han impulsado festivales y ferias de libro internacionales, nacionales y municipales desde hace medio siglo, donde conviven funcionarios públicos y empresarios de la industria del libro con autores, lectores y editores. Se incluye también la creación de un mercado editorial donde los esfuerzos públicos y privados confluyen en la conquista de viejos y nuevos lectores. Empresas, agrupaciones, asociaciones, clubes de lectura, se han construido a lo largo de este tiempo, pero no sabemos con precisión los niveles, las razones, las desigualdades y brechas de los comportamientos lectores en nuestro país.
A pesar de ello, se han emprendido esfuerzos gubernamentales serios para tratar de identificar los hechos, disipar los mitos y demoler los supuestos heroicos de la lectura entre los mexicanos. A lo largo del siglo XXI diversos proyectos se han instrumentado para tratar de ofrecer datos y evidencias sobre las realidades de la lectura en nuestro país. Sin embargo, los resultados no son claros.
La medición de las prácticas de lectura en México es un asunto que comenzó a tener importancia pública desde 2006, cuando la SEP y el INEGI acordaron realizar un ejercicio de este tipo con la “Encuesta Nacional de Prácticas de Lectura”. El propósito central de la encuesta era identificar el acceso y consumo de publicaciones entre la población mayor a 18 años en distintas regiones y localidades del país, con el objetivo de identificar problemas de los cuales pudieran surgir políticas públicas de fomento a la lectura entre los mexicanos.
El ejercicio fue interesante y dio lugar a un par de proyectos similares en 2012, a cargo de “Funicultura”, y en 2015, a cargo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, quien agregó a la encuesta el tema de la escritura. Desde 2016 y hasta la actualidad, el INEGI incluyó un módulo sobre la lectura en sus sistemas de información estadística, que se actualiza con cierta regularidad cada año. La UNAM realizó una encuesta sobre consumo cultural en 2020, que toca también el tema de la lectura.
Todos estos ejercicios han permitido tener mayor información y datos sobre los hábitos, usos y costumbres en la explicación de los comportamientos lectores. Con esos datos sabemos, por ejemplo, que el 60% de los encuestados en 2016 manifestaron que en la casa familiar tenía entre 1 y 25 libros que no eran de texto. Que, durante su niñez, el 64.9% de ellos respondieron que la madre era la que les leía libros, contra el 35% de los padres. Que los dos motivos principales para no leer tienen que ver con la falta de tiempo (48.5%) y la falta de interés (22.4%). También sabemos que la población con mayor escolaridad es la que suele leer más, o que las redes sociales o los periódicos, más que los libros o la revistas, son las fuentes más utilizadas para leer.
Estos datos permiten formular hipótesis, plantear especulaciones y elaborar opiniones. Como todos los ejercicios de este tipo, los números no dicen mucho en sí mismos si no se colocan en una perspectiva más amplia y comprensiva sobre las prácticas de lectura en México. La importancia de este ejercicio no es la mejora en los niveles lectores de los individuos, sino la identificación de las relaciones de causalidad que explican los problemas, diferencias y brechas de lectura entre la población adulta.
¿Leen más hoy los mexicanos que los de las generaciones anteriores? ¿El incremento en los años promedios de escolaridad influye en el incremento de los niveles de lectura y consumo cultural? ¿Leen más las mujeres que los hombres? ¿El imperio de las aplicaciones y el boom de los teléfonos inteligentes han mejorado el interés y el consumo de lectura entre los jóvenes universitarios y los no universitarios? ¿Ha llegado, ahora sí, el fin de los libros, periódicos y revistas de papel?
Hay algunos puntos de partida con evidencias que tienen relativo consenso. Uno es que la escolaridad determina en buena medida el nivel de lectura de la población. Otro es que los entornos sociales y familiares de los individuos, sus orígenes sociales, son factores que influyen en el desarrollo de los hábitos de lectura. Uno más es que las nuevas generaciones leen más que las anteriores, debido a los nuevos dispositivos digitales. Sin embargo, hay enormes diferencias interpretativas en torno a las brechas entre poblaciones, el tipo de lecturas realizadas, y los propósitos y motivaciones de los lectores.
La lectura es un hábito que combina curiosidad, interés, tiempo y disponibilidad de publicaciones para los individuos. Leer es una flor exótica y delicada, que requiere de contextos favorables, circunstancias, atmósferas intelectuales y sociales propicias para estimular la calidad de los temas de conversación pública entre los ciudadanos, y sobre todo entre escritores y lectores. Después de todo, como decía Borges, “toda lectura implica una colaboración y casi una complicidad”. Y esa relación, en sus diversas tonalidades, no es fácil de encontrar entre las estadísticas y las encuestas, o se pierde entre las imágenes de bibliotecas públicas municipales y escolares abandonadas, desiertas de libros en busca de lectores.
Thursday, April 13, 2023
RPL: el fin de una época
Diario de incertidumbres
Raúl Padilla: el final de una época
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 13/04/2023)
La noticia del suicidio de Raúl Padilla López (1954-2023) se expandió como incendio entre sus amigos, conocidos y medios de Guadalajara. Fue inesperada, sorpresiva, impactante. Representa el triste y dramático fin de una época universitaria y jalisciense. Como exlider estudiantil, exfuncionario y exrector universitario, como promotor de diversos proyectos de expansión y diversificación de la influencia intelectual, política y cultural de la U de G, Raúl jugó un papel destacado y, en más de un sentido, irremplazable.
Más allá de las razones y circunstancias que le llevaron a tomar su mortal decisión áquel domingo 2 de abril a muy temprana hora en su casa del centro de Guadalajara, la larga trayectoria de RPL ilumina las zonas oscuras, grises y brillantes no sólo de una institución universitaria, sino también del contexto social y político jalisciense de la época que le tocó vivir. La capacidad de identificar e impulsar ambiciosos proyectos académicos y culturales, como la reforma que dió origen a la red universitaria de la U de G, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, o la construcción del Centro Cultural Universitario, significaron la conjunción de ideas y poder, de política y gestión, la combinación de imaginación, voluntad e interés. Esos conjuntos de polinomios intelectuales y políticos ayudan a explicar la enorme influencia de RPL en la U de G y en la vida política estatal y, de alguna manera, en la atmósfera intelectual y política nacional.
Entre 1989 y 2023 Raúl construyó pacientemente una densa e intrincada red de alianzas con personalidades y grupos internos y externos a la universidad. Aunque luego de ser rector universitario logró alcanzar una diputación local en el congreso de Jalisco por el PRD (1998-2001), sus pasiones y aspiraciones políticas, personales e institucionales se concentraron en el impulso o consolidación de los grandes proyectos culturales que apoyó antes, durante y después de su paso por la rectoría uiversitaria. Esto le permitió colocarse como el centro simbólico y fáctico de equilibrios entre grupos de poder, personalidades y facciones pertenecientes a muy distintos campos de la acción institucional y política de Guadalajara y de Jalisco.
Las tensiones, pleitos y conflictos que se acumularon, se disiparon o se recrudecieron a lo largo de su trayectoria son legendarios. El rompimiento con el grupo liderado por Álvaro Ramírez Ladewig en 1990 a raíz de sus decisiones como rector de la U de G, sus enfrentamientos y tensiones con los tres gobernadores del largo ciclo del panismo en Jalisco (1994-2013), las relaciones de cooperación que estableció con el gobernador Aristóteles Sandoval, del PRI, durante el ciclo 2013-2018, y la conflictividad latente con el actual gobernador Enrique Alfaro Ramírez desde 2021, marcaron las huellas de la política y el conflicto de la influencia de RPL en Jalisco.
Muchas voces universitarias apoyaron con entusiasmo o con reservas la gestión y el papel de Raúl en la vida política institucional. Para alguien que tenía la claridad política de que los grandes proyectos son inviables sin poder, puras ilusiones sin posibilidades de realización práctica, la acumulación y legitimación de los códigos del poder político institucional se convirtió en la moneda estratégica para persuadir, argumentar y convencer a muchos de apoyar causas y proyectos diversos. Su capacidad de trabajo bordeaba siempre con la obsesión, que partía de una ética laboral que combinaba el cálculo y el riesgo, la virtud y la fortuna, la incertidumbre y la convicción. Por supuesto, también tuvo, tiene y tendrá a sus detractores y críticos, que en tono de denuncia lo identificaron como la causa y origen de todos los males y padecimientos de la vida académica universitaria y la vida política de Jalisco. El suicidio de otro exrector en 2009 (Carlos Briseño), luego de un ácido conflicto institucional universitario durante el gobierno del panista Emilio González Márquez, significó un duro golpe moral y político a RPL. Ese episodio forma parte de los claroscuros de su imagen, prácticas e influencia real o ficticia sobre las decisiones universitarias, que acompañaron durante casi cuatro décadas su trayectoria personal, política y cultural.
La muerte de Padilla López cierra un largo ciclo de la vida contemporánea universitaria y de Jalisco. El balance de sus herencias e influencia ha comenzado. Habrá que esperar más información sobre las circunstancias y razones de la decisión suicida. Sin embargo, más allá de eso, la figura de RPL es y será el registro de los contrastes inevitables de un personaje y una institución, de las maneras, modos y tiempos en que se combinan las biografías individuales, institucionales y políticas, la áspera articulación entre las razones, pasiones e intereses que habitan esas redes organizadas de poder que configuran las sociedades modernas. Es parte de una historia vital, una historia política y una historia social, que ayuda a comprender las complicadas y extrañas relaciones que se construyen en una época y un contexto determinado, encarnadas en la experiencia, las prácticas, los pleitos y las fiestas que personificó un tapatío distinguido, polémico, pero reconocido y respetado.
Ya habrá tiempo y condiciones para el memorial que se merece Raúl. Del balance personal, intelectual y político de su papel como actor político y cultural en la U de G, en Jalisco y a nivel nacional e internacional. Pero se trata de una pérdida significativa entre quienes le conocimos y tratamos en distintos momentos y circunstancias, algunas buenas, otras no tanto. Una ausencia súbita que se traduce inevitablemente en duelo, melancolía y tristeza, que evoca una frase de Sergio Pitol escrita en El mago de Viena, que codifica con exactitud los reclamos contra la muerte: “La muerte es siempre un desastre”. Es el momento preciso del “hachazo invisible y homicida”, del que habló con pesadumbre y dolor el poeta Miguel Hernández en Elegía.
Tuesday, April 04, 2023
Raúl Padilla: fin de época
Raúl Padilla: El fin de una época
Adrián Acosta Silva
(El Informador, 03/04/2023)
El suicidio de Raúl Padilla López representa el triste y dramático fin de una época universitaria. Como exlider estudiantil, exfuncionario y exrector universitario, y como promotor de diversos proyectos de expansión y diversificación de la influencia intelectual, política y cultural de la U de G, Raúl jugó un papel destacado y, en más de un sentido, irremplazable.
Más allá de las razones y circunstancias que le llevaron a tomar su mortal decisión, la trayectoria de RPL ilumina las zonas oscuras, grises y luminosas no sólo de una institución universitaria, sino también del contexto social y político jalisciense de la época que le tocó vivir. La capacidad de identificar e impulsar grandes proyectos académicos y culturales, como la reforma que dió origen a la red universitaria de la U de G, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, o la construcción del Centro Cultural Universitario, significaron la conjunción de ideas y poder, de política y gestión, de la combinación de imaginación, voluntad e interés. Esos conjuntos de polinomios intelectuales y políticos ayudan a explicar la enorme influencia de RPL en la U de G y en la vida política estatal y, de alguna manera, en la atmósfera intelectual y política nacional.
Entre 1989 y 2023 Raúl construyó un densa e intrincada red de alianzas con personalidades y grupos internos y externos a la universidad. Aunque luego de ser rector universitario logró alcanzar una diputación local en el congreso de Jalisco por el PRD (1998-2001), sus aspiraciones políticas, personales e institucionales se concentraron en el impulso o consolidación de los grandes proyectos culturales que apoyó antes, durante y después de su paso por la rectoría uiversitaria. Esto le permitió colocarse como el centro simbólico y fáctico de equilibrios entre grupos de poder, personalidades y facciones pertenecientes a muy distintos campos de la acción institucional y política de Guadalajara y de Jalisco.
Las tensiones, pleitos y conflictos que se acumularon, se disiparon o se recrudecieron a lo largo de su trayectoria son legendarios. El rompimiento del grupo liderado por Álvaro Ramírez Ladewig en 1990 a raíz de sus decisiones como rector de la U de G, sus enfrentamientos y tensiones con los tres gobernadores del largo ciclo del panismo en Jalisco (1994-2013), las relaciones de cooperación que estableció con el gobernador Aristóteles Sandoval, del PRI, durante el ciclo 2013-2018, y la conflictividad latente con el actual gobernador Alfaro Ramírez desde 2021, marcaron las huellas de la política y el conflcito de la influencia de RPL en Jalisco.
Muchas voces universitarias apoyaron abiertamente o con reservas la gestión y el papel de Raúl en la vida política institucional. Para alguien que tenía la claridad política de que los grandes proyectos son inviables sin poder, la acumulación y legitimación de ese poder se convirtió en su moneda estratégica para persuadir, argumentar y convencer a muchos de apoyar causas y proyectos diversos. Su capacidad de trabajo partía siempre de una ética que combinó el cálculo y el riesgo, la virtud y la fortuna, la incertidumbre y la certeza. Por supuesto, también tuvo, tiene y tendrá sus detractores y críticos, que en tono de denuncia lo identificaron como la causa y origen de todos los males y padecimientos de la vida académica universitaria y la vida política de Jalisco. El suicidio de otro exrector en 2009 (Carlos Briseño), luego de un ácido conflicto institucional universitario durante el gobierno del panista Emilio González Márquez, significó un duro golpe moral y político a RPL. Ese episodio forma parte de los claroscuros de su imagen, prácticas e influencia real o ficticia sobre las decisiones universitarias, que acompañaron durante casi cuatro décadas su trayectoria personal, política y cultural.
La muerte de Padilla López cierra un largo ciclo de la vida contemporánea universitaria y de Jalisco. El balance de sus herencias e influencia ha comenzado. Habrá que esperar más información sobre las circuntancias y razones de la decisión suicida. Sin embargo, más allá de eso, la figura de RPL es y será el registro de las luces y sombras de un personaje y una institución, de las maneras y modos en que se combinan las biografías individuales, institucionales y sociales, la articulación entre las razones, pasiones e intereses entre esas redes organizadas de poder que configuran las sociedades modernas. Es parte de una historia vital, una historia política y una historia social, que ayuda a comprender las complicadas y extrañas relaciones que se construyen en una época y un contexto determinado, encarnadas en la experiencia, las prácticas, los pleitos y las fiestas que personificó un tapatío distinguido, polémico, pero reconocido y respetado.
Ya habrá tiermpo y circunstancias del memorial que merece Raúl. Del balance personal, intelectual y político de su influencia en la U de G y en Jalisco. Pero se trata de una pérdida entre quienes le conocimos y tratamos en distintos momentos y circunstancias, que se traduce en duelo, melancolía y tristeza. Evoca una frase de Sergio Pitol escrita en El mago de Viena: “la muerte es siempre un desastre”. Eso.
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