Thursday, January 09, 2025
Encrucijadas: pesimismo y voluntad
Diario de incertidumbres
Encrucijadas de año nuevo: pesimismo y voluntad
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 09/01/2025)
https://suplementocampus.com/encrucijadas-de-ano-nuevo-pesimismo-y-voluntad/
Luego de los brindis, fiestas y celebraciones rituales del año viejo y del año nuevo, las instituciones de educación superior y sus principales actores vuelven a las rutinas para enfrentar los desafíos de un nuevo ciclo de decisiones, complicadas por la configuración de los contextos internos y externos de la vida institucional. Con la continuidad de la retórica, las acciones y los proyectos gubernamentales derivados del triunfo electoral del morenismo y su proyecto de la 4T, las universidades públicas tendrán que adaptarse a la prolongación de las políticas de austeridad impuestas desde el gobierno federal, y a la reducción de los márgenes de gestión de sus autonomías derivada de las prioridades gubernamentales.
En el horizonte del 2025 destacan los problemas crónicos y los emergentes. Los primeros tienen que ver con la acumulación de los déficits presupuestales y la ausencia de programas compensatorios a las universidades. Los de carácter emergente son de naturaleza jurídica y política. El presupuesto de egresos del 2025 continua la tónica restrictiva observada desde 2015, agudizada en 2018 y renovada en 2024, es decir, se cumplirá una década de políticas de restricción financiera a las universidades públicas autónomas, mediante la eliminación de los programas de apoyo asociados a bolsas de financiamiento extraordinario, condicionadas al cumplimiento de indicadores de desempeño. De alguna manera, la década 2015-2025 puede ser considerada como la nueva “década perdida” del financiamiento público a la educación superior, a pesar de la sostenida expansión de la matrícula y del crecimiento de las instituciones públicas y privadas.
Pero son también los problemas jurídicos y políticos los que nublan el horizonte de la educación superior. Las reformas a las leyes orgánicas de las universidades públicas derivadas de la implementación de la Ley General de Educación Superior aprobada en 2021 se abrieron paso entre conflictos y protestas en varias universidades públicas estatales durante 2023 y 2024. La aprobación de la reforma a la ley orgánica de la Universidad Autónoma de Sinaloa a finales del año pasado, luego de un largo litigio político y judicial con el gobierno del estado, constituye el episodio más reciente de esa microhistoria de la implementación de la LGES.
Con esos antecedentes, el 2025 es un año de enormes desafíos para las IES. El publicitado “segundo piso” de la cuarta transformación mencionado por la presidenta Sheinbaum desde su campaña electoral no significa para la educación superior más que la continuación de los proyectos de las universidades del bienestar Benito Juárez García, y la creación de dos nuevas universidades federales: la Universidad de la Salud, y la Universidad Nacional Rosario Castellanos. Este nuevo conjunto de ofertas universitarias públicas constituye el núcleo del imaginario “segundo piso” de la educación superior. El resto de las ofertas públicas tradicionales permanecerán en los pisos inferiores y los sótanos de la 4T, entre el abandono, los condicionamientos y la austeridad del gobierno federal.
En esas circunstancias, el escenario del año que inicia apunta hacia el endurecimiento de las brechas de calidad y cobertura de los circuitos públicos y privados de la educación superior. No es claro que las nuevas ofertas públicas incrementen la cobertura, calidad, equidad o pertinencia en las diversas escalas territoriales y poblacionales del país. El “segundo piso” se poblará de universidades públicas heterónomas, no autónomas, como expresiones institucionales de la idea del compromiso con las prioridades políticas del ejecutivo federal en las escalas subnacionales.
Las sugerencias que ha hecho la presidenta en torno a la posibilidad de que las universidades autónomas eliminen las pruebas de acceso a las carreras de licenciatura, o de que se elimine el costo de las matrículas para los estudiantes universitarios como mecanismos para incrementar las tasas de ingreso a la educación superior, son llamados para mimetizar las políticas de acceso universitario a las que ya se hacen en las universidades instaladas en el piso superior del proyecto de la 4T. El modelo de universidades no autónomas, de orientación técnico-profesional, con bajos presupuestos, orientadas por los programas públicos gubernamentales de becas y apoyos, parece imponerse en el resto del sexenio que recién comienza.
Las encrucijadas parecen claras. Por un lado, la de someterse a los topes del financiamiento público dictaminados por el ejecutivo y el legislativo federal, o movilizarse para negociar incrementos extraordinarios que permitan no solamente combatir los déficits presupuestales acumulados en la “década perdida”, sino también para contribuir al incremento de las metas de cobertura universal y mínimos de calidad contempladas por las propias universidades en el ejercicio de su autonomía académica. Por el otro, condicionar las reformas de los ordenamientos jurídicos universitarios al fortalecimiento de las libertades de cátedra y de investigación, y de las libertades políticas de autogobierno institucional contempladas en el tercero constitucional.
En otras palabras, la fórmula de intercambiar la legitimidad política del régimen por mayores recursos públicos a las universidades parece reaparecer con fuerza en el escenario del 2025. Es una fórmula que dominó las relaciones entre el Estado y las universidades en los años sesenta y setenta, y que fue sustituida por las fórmulas gerenciales de las políticas de modernización desde los años noventa hasta el final de la segunda década del siglo XXI. Con un régimen político que desde hace tiempo camina con pasos de gigante hacia una clara fisonomía autocrática, las universidades tienen pocas oportunidades para cambiar el estado de las cosas que se han construido desde el sexenio anterior.
No obstante, la complejidad de las encrucijadas exige a los actores prudencia política, capacidad interpretativa y voluntad de acción. La tensión permanente entre la razón y la voluntad marca el territorio de la educación superior, ante lo cual quizá conviene tener presente aquella frase escrita por el viejo Gramsci en las circunstancias de su propio tiempo: al “pesimismo de la inteligencia” hay que oponer siempre “el optimismo de la voluntad”.
Thursday, December 12, 2024
Un futuro líquido
Diario de incertidumbres
Un futuro líquido
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 12/12/2024)
https://suplementocampus.com/un-futuro-liquido/
La expansión de la educación superior en América Latina y el Caribe (ALyEC) observada a lo largo del siglo XXI es un dato relevante cuando se mira el tamaño y la complejidad de los obstáculos que han enfrentado las sociedades, las instituciones y los gobiernos de la región por mejorar las condiciones de acceso de sus poblaciones a ese nivel educativo. A pesar de crisis económicas, políticas, ambientales o de salud pública (como la pandemia del Covid-19), acceder a una institución pública o privada de educación terciaria sigue siendo una aspiración potente para millones de jóvenes en la región. Hoy como ayer, obtener un título universitario se convierte en la joya de la corona individual y familiar para muchas y muchos jóvenes que desean mejorar sus posibilidades de ingreso económico, prosperidad y bienestar para el resto de sus vidas.
Los datos que ofrecen distintas fuentes y estudios al respecto son elocuentes. En términos de instituciones que ofrecen servicios de educación superior, se estima que existen casi 19 mil establecimientos de ese tipo, tanto públicos como privados, universitarios y no universitarios. En esos lugares, estudian 30 millones de estudiantes, que representan el 57% de los jóvenes en edad de cursar estudios superiores (18-22 años), lo que significa que, en promedio, la región de ALyEC ya alcanzó la tasa bruta de cobertura denominada como “universalización”, es decir, cuando la mitad o más de los jóvenes en edad correspondiente están matriculados en alguna modalidad de enseñanza superior. En términos del personal académico, en la región existen un millón y medio de profesores y más de 600 mil investigadores que desarrollan labores de docencia e investigación propias del oficio académico.
Este panorama general está lleno de contrastes y desigualdades no solo entre países sino también en las escalas subnacionales. Mientras países como Uruguay, Argentina o Chile superan la tasa de cobertura promedio de la región, hay países como Guatemala, Paraguay o El Salvador que están muy por debajo de ella. México o Brasil, los países con más instituciones, profesorado y matrículas del subcontinente están todavía en la fase de la masificación, diez puntos porcentuales por debajo del promedio regional. Ello se agrava por los problemas de rezago, abandonos escolares, reprobación y bajos aprendizajes, factores comúnmente asociados a problemas de orden cualitativo como la rigidez de los programas, las deficiencias del profesorado, o las malas condiciones institucionales de las universidades y establecimientos de la educación terciaria.
Un fenómeno relevante tiene que ver con el género. Es conocido el hecho de que uno de los motores de la masificación y universalización de la matrícula está asociado a la feminización del acceso a este nivel educativo desde los años sesenta del siglo pasado. Hoy, el 67% de las mujeres se incorporan a la educación superior, contra el 48% de los hombres. El punto de quiebre del equilibrio de género en el acceso ocurrió hace 30 años (entre 1994 y 1995) donde por primera vez en la región el acceso de las mujeres superó al de los hombres. La nueva brecha de género se ha incrementado paulatinamente a lo largo de los últimos años, lo que tiene múltiples implicaciones en la vida cultural, económica y política de las sociedades nacionales y locales.
Otro factor que considerar en el estudio del acceso a la educación superior es el grupo de ingreso económico de quienes lo hacen. En la escala subcontinental, 6 de cada 10 individuos pertenecientes al quintil de ingresos más alto (el “quintil 5”), logran ingresar a estudios universitarios, mientras que solo 2 de cada 10 de los individuos pertenecientes a los grupos de menores ingresos (“quintil 1”) pueden hacerlo. La jaula de hierro de la desigualdad estructural muestra que el origen social (escolaridad alcanzada por los padres) y el ingreso económico de las familias de pertenencia de los individuos, determinan en alto grado las oportunidades de estudiar una carrera de educación superior.
El financiamiento a la educación superior es otro de los puntos críticos en el panorama regional. Entre 2013 y 2021 el gasto total en relación con el PIB no rebasó el 0.014%, y entre 2017 y 2021 bajó de manera lenta pero continua (0.012%). Ello significa que no sólo el impacto de la pandemia del Covid-19 tuvo efectos en el financiamiento al sector, sino que el raquítico porcentaje de recursos destinados viene de más atrás y causado por otros factores. Es una paradoja latinoamericana: la transición de la masificación a la universalización de la educación superior ha ocurrido en un contexto de restricciones constantes en términos de gasto público.
Estos son algunos de los factores que explican el hecho de que la cristalización del derecho a tener oportunidades para una educación superior suficiente y de calidad contenida como ideal normativo o aspiración política de gobiernos y sociedades es aún una meta por cumplir en muchos países latinoamericanos y caribeños. La desigualdad en el acceso, las oportunidades disponibles de formación técnica o profesional, las capacidades institucionales para procesar la diversidad de las poblaciones escolares, o el fenómeno relativamente reciente de la precariedad de las inserciones laborales de los egresados, configuran en su conjunto un panorama complicado para quienes acceden o egresan de algún programa de educación superior. En esas circunstancias, el pasado reciente de la expansión educativa de nivel terciario se oscurece de cara al futuro. Para decirlo en pocas palabras: el futuro sólido asociado a las promesas de la educación superior se convierte en un futuro líquido dado el peso de los rezagos acumulados, nuevas brechas de género y endurecimiento de nuevos contextos de incertidumbre socioeconómica y política en la región en las escalas nacionales, subnacionales y locales.
Thursday, November 28, 2024
Universidades en tiempos difíciles
Diario de incertidumbres
Universidades en tiempo difíciles: las sombras de Pedro Krotsch
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 28/11/2024)
https://suplementocampus.com/universidades-en-tiempo-dificiles-las-sombras-de-pedro-krotsch/
Hace unos días, del 13 al 15 de noviembre, se celebró en la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina, el IX Encuentro nacional y VI Latinoamericano La universidad como objeto de investigación. Ahí, alrededor de 800 académicos y académicas de diversas universidades argentinas, chilenas, uruguayas, peruanas y mexicanas nos reunimos para conversar sobre los muchos temas que habitan el quehacer docente e investigativo de las universidades contemporáneas, en el contexto de las enormes incertidumbres, presiones y exigencias que caracterizan los entornos sociopolíticos e intelectuales locales, nacionales y regionales desde comienzos de la tercera década del siglo XXI.
El Encuentro fue a la vez un ejercicio de reflexión, balance y celebración. Se trataba de recordar los 75 años de la promulgación de la gratuidad universitaria argentina (ocurrida en 1949), de celebrar los 40 años de la normalidad democrática luego de la amarga experiencia de la dictadura militar (1984), y de los 30 años de una revista pionera en reconocer a la universidad como objeto de investigación (Pensamiento universitario, cuyo primer número apareció en 1993). Además, el evento se asumió como una expresión de resistencia y rebeldía contra las críticas, amagos y amenazas que el gobierno del actual presidente argentino Milei ha lanzado contra las universidades públicas de su país.
Organizado por seis universidades nacionales argentinas y el equipo editorial de la revista Pensamiento Universitario, el evento fue también dedicado a la memoria del destacado sociólogo argentino Pedro Krotsch (1942-2009), quien fue reconocido como uno de los principales impulsores de los estudios relacionados con la universidad como objeto de investigación, convencido del relativo abandono que las ciencias sociales habían acumulado en América Latina sobre la especial complejidad de las universidades de la región. Krotsch, quien fuera exiliado en Brasil y en México durante la época de la dictadura, desarrolló un interés especial sobre los estudios sociológicos de la universidad y de las políticas universitarias justamente en México (se asumía luego de su experiencia mexicana como un orgulloso argenmex), y fue quien organizó el primer Encuentro en 1995 en la Universidad de Buenos Aires, y fue también fundador de la revista Pensamiento… un par de años antes.
La herencia intelectual y académica de Krotsch estuvo flotando en el ánimo del encuentro. Temas como el cambio institucional, el análisis de las políticas universitarias, las relaciones de las universidad con sus entornos, el estudio de los rasgos de la diversidad de sus principales actores (estudiantes, profesorado), el análisis de las relaciones entre la gobernabilidad y la evaluación institucional, los nuevos enfoques sobre la calidad de las universidades, o los giros en los modos de regulación pública sobre el desempeño universitario, contribuyeron a imprimir densidad conceptual y analítica a las nuevas dimensiones de la complejidad de la universidad en los tiempos de la postpandemia, el ascenso de los neopopulismos políticos, y la irrupción de las nuevas tecnologías digitales, expresadas en recursos didácticos, herramientas, algoritmos y plataformas educativas que han modificado las prácticas de enseñanza, aprendizaje e investigación en los campus universitarios.
Esos temas, entre otros, nutrieron la agenda del evento y permitieron un ejercicio de reconocimiento sobre la necesidad de explorar con mayor detalle y profundidad los procesos que desde hace tiempo se desarrollan en los diferentes contextos universitarios nacionales y subnacionales en América Latina. También fortalecieron la idea “krotschiana” de relacionar la producción del conocimiento académico sobre la universidad con el diseño y ejecución de políticas institucionales y nacionales que incidan en el mejoramiento de las funciones universitarias de docencia, investigación y vinculación con los entornos locales, colocando en el centro el reconocimiento del valor público de las universidades en las sociedades nacionales.
Algunos de los participantes juraron haber visto la figura de Krotsch deambulando por los pasillos y aulas del edificio Karakachoff de la UNLP, ubicado en el centro de esa hermosa ciudad. En esos espacios académicos, las pálidas sombras de quien fuera director del Instituto Gino Germani de la UBA y miembro de la Comisión Nacional para la Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU), se filtraban entre las intensas discusiones que se desarrollaron en el evento, animadas por la curiosidad académica, el interés, las preocupaciones y preguntas sobre el quehacer universitario. Después de todo, pensar a la universidad consiste en un esfuerzo intelectual sistemático, orientado a la formulación de preguntas, hipótesis y búsqueda de explicaciones, a la identificación y discusión de nuevos enfoques teóricos y perspectivas analíticas, de señalar los vacíos y déficits de conocimiento e información sobre las funciones e impactos de las universidades entre sus comunidades y entornos sociales, o las preocupaciones académicas sobre las nuevas políticas que amenazan no sólo la autonomía política e intelectual de las universidades latinoamericanas sino también su propia legitimidad social.
El saldo del evento fue un renovado interés y compromiso por continuar los estudios y discusiones sobre la pertinencia de las universidades en las sociedades contemporáneas latinoamericanas. No cejar en el empeño de seguir insistiendo en la importancia de la universidad en contextos donde el endurecimiento de las desigualdades sociales, la emergencia de nuevos autoritarismos políticos, o la experiencia de los modos de gestión de las economías, han modificado las relaciones entre el poder del estado, el poder del mercado y el poder académico.
(Para los interesados en revisar las aportaciones de Krotsch sobre la universidad se puede consultar una reciente compilación de algunos de sus textos emblemáticos, editada por CLACSO: https://bibliotecarepositorio.clacso.edu.ar/bitstream/CLACSO/251631/1/Pensar-la-Universidad.pdf. Asimismo, vale la pena revisar el número de aniversario de la revista Pensamiento Universitario: https://www.pensamientouniversitario.com.ar/)
Friday, November 15, 2024
Rectorias universitarias: poder y representación
Diario de incertidumbres
Rectorías universitarias: el poder y sus representaciones
Adrián Acosta Silva
A la memoria de Humberto Muñoz
(Campus-Milenio, 14/11/2024)
https://suplementocampus.com/rectorias-universitarias-el-poder-y-sus-representaciones/
El próximo 22 de noviembre el Consejo General Universitario de la Universidad de Guadalajara se reunirá para tomar una decisión estratégica sobre el futuro de la institución. Se trata de la elección del rector o rectora que representará a la U de G durante los próximos seis años (2025-2031). Al igual que todas las universidades públicas, la autonomía política de la institución se expresa en la facultad de autogobernarse, es decir, de seleccionar a sus propias autoridades y de establecer los métodos y procedimientos que considere adecuados para garantizar la estabilidad, la cohesión y el funcionamiento de las tareas sustantivas universitarias de docencia, investigación, extensión y difusión.
Todas las universidades combinan mecanismos formales e informales para la construcción de la legitimidad del máximo órgano unipersonal de representación de sus comunidades. Después de todo, las rectorías son espacios de poder institucional, desde los cuales se impulsan proyectos de desarrollo universitario y se gestionan múltiples asuntos cotidianos y estratégicos de la vida universitaria. En el caso de la U de G, una larga historia acompaña la construcción de esos liderazgos, sus redes de apoyo y expresiones políticas, y sus peculiares formas de legitimación antes, durante y después de los períodos sexenales.
La historia reciente tiene que ver con la influencia del “padillismo“ en la compleja estructuración de las relaciones políticas universitarias. Como es conocido, la figura del exrector Raúl Padilla López influyó en el impulso a una reforma institucional que cambió de manera significativa a la U de G durante poco más de tres décadas (1989-2023) y, hasta su sorpresivo fallecimiento en abril del año pasado, las reglas de la elección de su máxima autoridad de representación se mantuvieron estables y básicamente sin conflictos.
Con su muerte, se pensaba que podría desatarse una crisis política en la universidad por la disputa del poder institucional. Sin embargo, ello no ha ocurrido así. El proceso electoral de un nuevo rector o rectora ha transcurrido sin incidentes, de acuerdo con los usos y costumbres heredadas desde la era padillista. La renovación del consejo general universitario en octubre pasado, donde fueron electos por votación de sus respectivas comunidades los representantes estudiantiles y académicos de los 19 centros universitarios regionales y temáticos de la Red universitaria de la U de G, más los representantes del sistema de educación media superior de la propia universidad, junto con. la permanencia exoficio de los rectores y directores de división de los centros en el CGU, fueron el paso previo para organizar la fase crítica de la elección rectoral.
Los 193 consejeros tienen una representación proporcional de los diversos sectores universitarios: un tercio son estudiantes, otro tercio son académicos y uno más son directivos universitarios. También se incluyen los representantes de los sindicatos académico y administrativo de la U de G. Este proceso electoral previo y la configuración resultante es la clave para entender cómo funciona la política universitaria, pues es la expresión de la capacidad de los liderazgos universitarios y sus redes políticas para impulsar las candidaturas de los consejeros estudiantiles, académicos y funcionarios que integran el CGU, y que influirán en la decisión de nombrar a un nuevo rector o rectora.
Bajo estas reglas, el CGU expidió a finales de octubre la convocatoria para la elección de “la persona titular” de la rectoría general durante el período 2025-2031. Inicialmente, expresaron sus intenciones de buscar la rectoría universitaria nueve interesados, pero al final solo se inscribieron cinco: tres mujeres y dos hombres. Todas y todos ellos cuentan con los requisitos establecidos, y los perfiles de capacidad y experiencia universitaria considerados. Además (y aquí está la otra clave del proceso), contaron con el apoyo de las firmas de apoyo de por lo menos el 15% de los consejeros universitarios. Lo que sigue es que durante esta semana cada candidato y candidata deberá exponer su proyecto de trabajo al pleno del CGU, y el 22 de noviembre habrá una sesión especial para someter a votación las candidaturas registradas.
Estas formalidades procedimentales no son menores ni sencillas. Reflejan un arduo, probado y prolongado proceso para garantizar la gobernabilidad institucional, la cohesión política de los liderazgos surgidos en la era del padillismo, y evitar los riesgos de intromisiones indeseables y potencialmente desestabilizadoras. En contextos caracterizados por la continuidad de los oficialismos nacional (Morena) y estatal (Movimiento Ciudadano), los liderazgos universitarios han asentado los códigos de sus relaciones políticas. Ello forma parte del ejercicio de la autonomía política universitaria como uno de los componentes sustantivos de las universidades públicas, más allá de estar de acuerdo o no en los métodos de elección o en el perfil de los liderazgos universitarios tapatíos realmente existentes.
En estas condiciones, las candidatas y los candidatos a ocupar las oficinas de la rectoría universitaria son la expresión más o menos fiel de las redes políticas y académicas que están en la base del orden institucional de la U de G. Todos son o han sido rectores o rectoras de centros universitarios, poseen estudios de posgrado o grado doctoral, algunos son miembros del SNII, son directivos de primer nivel de la administración central en varios períodos previos, o han desarrollado en distintos momentos trayectorias importantes en sus respectivos campos disciplinarios o en puestos públicos a nivel estatal o federal.
Durante este proceso electoral, los liderazgos y sus redes en el CGU se movilizan intensamente para establecer alianzas y compromisos políticos para orientar el sentido de sus votos. Pero no pocas señales apuntan hacia la posibilidad de que una mujer sea la primera rectora universitaria en la historia de la U de G, lo que coincidiría justamente con la celebración de los primeros 100 años de la refundación de la universidad el próximo año. ¿Esto representaría un cambio significativo en la estructura de las relaciones políticas, los liderazgos y las redes del poder universitario? Eso es lo que estaría por verse.
Thursday, October 31, 2024
Un día en la vida universitaria
Diario de incertidumbres
Un día en la vida universitaria
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 31/10/2024)
https://suplementocampus.com/un-dia-en-la-vida-universitaria/
Parafraseando el título de aquella clásica canción de los Beatles de 1967 (incluida en su álbum Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band), el registro de las pequeñas cosas de la vida cotidiana en las universidades permite darse una idea de los hechos, usos y costumbres que acompañan sus existencias institucionales, es decir, las que desarrollan un día cualquiera los estudiantes, trabajadores, profesores o directivos universitarios. Como se sabe, la canción que compuso John Lennon se inspiró en la lectura de las noticias de un diario londinense, y las relata a un muchacho imaginario. Entre banalidades, reparaciones de edificios históricos, guerras y suicidios, un lector de periódicos de la época se prepara un café antes de salir a trabajar, mientras fija la atención en algunas de las principales noticias del día. “A Day in The Life” es el retrato costumbrista de un hombre cualquiera, en una ciudad cualquiera, algún día cualquiera.
Veamos el caso de un día en la vida de las universidades públicas mexicanas. Celebraciones y festejos solemnes como los 50 años de la UAM en la Ciudad de México coexisten con los conflictos políticos y la violencia criminal que amenazan con paralizar las actividades en la UAS en Culiacán o en Los Mochis. Ese mismo día, en universidades como la de Guadalajara se anuncian noticias sobre el proceso de elección de un nuevo rector, mientras que un grupo de directivos de la ANUIES y rectores de varias universidades públicas se reúnen en la capital del país con la titular de la nueva agencia de ciencia, tecnología e innovación para plantear sus preocupaciones y propuestas de política científica y de educación superior.
Una rectora o un rector se levanta ese mismo día para continuar trabajando la agenda de los pendientes de la semana, esperando que no estalle algún conflicto de alta intensidad que altere la gestión institucional. Al mismo tiempo, una joven estudiante se levanta muy temprano para tomar el camión, un Uber o el metro que la llevará a tomar sus clases en la universidad de una gran ciudad, mientras que un muchacho de Sonora se sube a su viejo vehículo para trasladarse al campus de su universidad, situado a muchos kilómetros del sitio al que asiste para sus trabajos de laboratorio, esperando que su profe no les avise de última hora que suspende la clase presencial porque se le complicaron las cosas, y les pida que se conecten a la plataforma del curso.
En Saltillo, Coahuila, una trabajadora administrativa va pensando en las rutinas de la oficina, mientras que, en Tuxtla Gutiérrez, en Chiapas, un jardinero va hacia su trabajo esperando que las tijeras y la podadora que solicitó desde hace varios días ya hayan sido reparadas. La profesora de Guadalajara también se levanta temprano para llevar a sus hijos a la escuela, mientras que va pensando en la clase de matemáticas que más tarde debe impartir a sus alumnos, recordando que tiene pendiente evaluar los trabajos que le entregaron la semana pasada. Al mismo tiempo, en Oaxaca, un estudiante considera la posibilidad de abandonar sus estudios decepcionado de la carrera que apenas un año antes había comenzado a cursar.
En Veracruz, el sorpresivo fallecimiento de un respetado académico entristece a sus colegas y alumnos, mientras que en Tijuana una joven estudiante de doctorado presenta la defensa de su tesis luego de varias semanas de tensión, temor y ansiedad por el posible resultado de la evaluación que hagan los sinodales. Mientras tanto, en Acapulco el director de una facultad se levanta pensando en lo que hará si sigue sin haber energía eléctrica en el puerto, y, en Tampico, la madre de un joven estudiante de la carrera de ingeniería se despierta preocupada para ver si su hijo amaneció con menos fiebre que la noche anterior.
En Zacatecas, los estudiantes toman clases al mediodía, con la noticia de que un compañero o compañera fue secuestrado por algún comando criminal de la región, engrosando la lista de los desaparecidos. En Acámbaro, Guanajuato, una estudiante universitaria se despierta con la noticia del estallido de un autobomba frente a las oficinas de la policía municipal. Mas tarde, ese mismo día, un grupo de egresados de una carrera universitaria de Colima celebran una década de haber salido de la universidad, recordando las anécdotas y brindando desde alguna playa de Tecomán por los buenos y no tan buenos momentos de su experiencia universitaria. A cientos de kilómetros de ahí, en las afueras de la rectoría de la UNAM, un grupo de estudiantes realizan una ruidosa protesta por alguna causa del contexto o del momento.
Un día en la vida representa la configuración azarosa de relaciones de espacio y tiempo donde se desarrollan múltiples historias paralelas en las universidades. Son historias cotidianas, habitadas por las rutinas, incertidumbres y complicaciones de siempre, protagonizadas por los actores de todos los días. En las aulas y laboratorios, en las plataformas y pantallas de computadoras o teléfonos celulares, en las oficinas de los directivos o en los auditorios universitarios, el ritual de lo habitual de la vida en el campus transcurre entre silencios y alborotos, entre tristezas y alegrías, entre las banalidades, la paciencia intelectual y los pensamientos profundos que algún estudiante o un profesor desarrollan en la soledad de una biblioteca o entre los jardines de la universidad.
La sociología de la vida cotidiana es una ventana a las múltiples prácticas que simultáneamente se realizan en las universidades mexicanas. Son prácticas que no se someten a las métricas de la calidad ni forman parte de los indicadores institucionales, que poco tienen que ver con el lenguaje de la innovación, y que se alejan de los relatos épicos sobre la experiencia universitaria. Son hechuras de la “universidad invisible”, las que hacen que el orden institucional universitario (complejo, contradictorio, a veces fracturado, en ocasiones cohesivo), funcione con cierta regularidad y se exprese en los comportamientos diarios de sus protagonistas cotidianos, que son los que alimentan todos los días el sentido de la vida misma de las universidades.
Thursday, October 17, 2024
Desigualdad en educación superior: el laboratorio latinoamericano
Diario de incertidumbres
Desigualdad en educación superior: el laboratorio latinoamericano
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 17/10/2024)
https://suplementocampus.com/desigualdad-en-educacion-superior-el-laboratorio-latinoamericano/
Desde hace décadas América Latina y el Caribe se considera la región más desigual del planeta. Es una desigualdad que se expresa de muchos modos: en el ingreso económico de las personas, en el acceso a los bienes públicos (empleo, vivienda, salud, educación), en el consumo de bienes privados, en los procesos de movilidad social, en las oportunidades laborales, en los niveles de bienestar y prosperidad a los que pueden acceder las distintas generaciones. Ese contexto de desigualdad persistente, donde los grupos de más altos ingresos y mejores condiciones sociales concentran las mayores ventajas del desarrollo y de la globalización, explica en gran parte los problemas de la pobreza multidimensional, exclusión social y migración forzada que hoy se observan en la región.
Ese mismo contexto explica el hecho de que la desigualdad sea el eje de los principales problemas de la educación superior en América Latina y el Caribe, que se expresa en varias dimensiones y produce diversos efectos sistémicos. Las dimensiones que usualmente son consideradas como críticas en el análisis de la desigualdad en este campo son: a) la equidad en el acceso, la permanencia y el egreso en la educación terciaria; b) los procesos de inserción laboral de los egresados; c) la calidad de los aprendizajes obtenidos en educación superior; d) el origen social de los estudiantes; e) el costo de los estudios educación superior, que incluye el análisis de los financiamientos públicos y privados al sector.
Existen por supuesto más dimensiones y variables consideradas en el estudio de las desigualdades, que tienen que ver, por ejemplo, con las perspectivas de género o con las perspectivas socio-étnicas, que han contribuido a profundizar la comprensión de los complejos fenómenos de las desigualdades regionales. Muchos gobiernos y organizaciones nacionales o internacionales realizan de manera sistemática reportes sobre las situaciones de desigualdad que caracterizan a cada país, que incluyen en ocasiones enfoques regionales y micro-regionales sobre las distintas maneras en que se expresa ese fenómeno en poblaciones y territorios específicos. Esta diversidad de perspectivas y enfoques ha alimentado el diseño e implementación de políticas nacionales para combatir la desigualdad en la educación superior, lo que ha hecho de la región de América Latina y el Caribe un auténtico laboratorio de políticas durante los últimos cuarenta años.
Pero quizá algunas de las evidencias más elocuentes sobre las desigualdades tienen que ver con la relación entre el acceso a la educación terciaria y la distribución del ingreso económico de los estudiantes y de sus familias. Algunos datos recientes muestran la magnitud de esta dimensión en la explicación de las múltiples desigualdades imperantes en la región.
Según información contenida en la “Base de datos socioeconómicos para América Latina y el Caribe” (SEDLAC, por sus siglas en inglés) en los últimos datos disponibles (2021), el acceso a la educación superior, medido por grupos de ingreso económico (usualmente denominados quintiles), el grupo más rico (poblaciones ubicadas en el quintil 5) tiene un acceso considerablemente mayor que el grupo más pobre (quintil 1). Se estima que, en promedio regional, más del 60% de los grupos más ricos acceden a la educación superior, mientras que menos del 20% de los más pobres pueden hacerlo.
Si se desglosa por países, los porcentajes más altos de acceso de los grupos sociales de mejores ingresos corresponden a Costa Rica (75%), Chile (73%), Uruguay (70%), Brasil (61%) y Argentina (68%). México tiene un porcentaje del 58%. En contraste, la proporción de los grupos sociales de más bajo ingreso que acceden a la educación superior son Guatemala (1%), Uruguay (8%), Brasil (10%), Costa Rica (11%), México (21%), Argentina (25%), y el relativamente más equitativo es Chile (42%).
Si se miran estos datos en sus contextos nacionales, puede confirmarse, como se ha hecho con muchos estudios previos a lo largo de los años por organizaciones como Cepal, OECD, IESALC-Unesco, etc., que la asistencia a la educación superior en la región está determinada poderosamente (aunque no exclusivamente) por el ingreso económico de los estudiantes y de sus familias. Eso significa que un individuo proveniente de grupos sociales de ingresos relativamente altos tiene tres veces más probabilidades de ingresar a la educación terciaria que los individuos pertenecientes a los grupos de menores ingresos del subcontinente.
Pero esta distribución se polariza de manera dramática si la vemos en la escala nacional. El caso de Costa Rica es uno de los más claros: 75 de cada 100 individuos del quintil más rico acceden a la educación terciaria, contra solo 11 de cada 100 del quintil más pobre. Uruguay es otro caso similar: 70 de cada 100 ricos ingresan a la ES, contra solo 8 de cada 100 de los más pobres. Chile es un caso atípico: aunque 73 de los individuos ricos se matriculan en alguna institución de educación superior, 42 de cada 100 de los más pobres también lo hacen, lo que significa que la brecha de desigualdad en el acceso es menos pronunciada que en América Latina. México no se aleja mucho del porcentaje regional: 58 de cada 100 de los más ricos se inscriben en educación superior, contra 21 de cada 100 de los más pobres.
Estas brechas de desigualdad trazan el mapa de las inequidades en el acceso al que, en teoría, es, o debería ser, un bien público. Pero ello es sólo el efecto, y no la causa, de un problema mayor: el de la distribución del ingreso, que es un tema clásico de la economía política del desarrollo. Aunque se han hecho esfuerzos notables para enfrentar el problema en los últimos años en Latinoamérica (que incluyen reformas legislativas, programas públicos, incentivos fiscales o financieros a IES públicas o privadas, masificación de becas estudiantiles, reformas a las políticas de ingreso), estos han sido claramente insuficientes para disminuir de manera significativa las desigualdades existentes. En este sentido, el laboratorio latinoamericano de la educación superior aún no produce los resultados esperados en el combare a la desigualdad.
Monday, October 14, 2024
Rios profundos, dioses salvajes
Ríos profundos, dioses salvajes
Adrián Acosta Silva
(Nexos, Blog de música, 14/10/2024)
https://musica.nexos.com.mx/2024/10/14/mark-knopfler-y-nick-cave-rios-profundos-dioses-salvajes/?_gl=1*1kbhbrp*_ga*MTA0ODczNjQ0NC4xNzIyNzc0MzM1*_ga_M343X0P3QV*MTcyODkzMzc3Ni40OC4wLjE3Mjg5MzM3NzYuNjAuMC4w
El arte de la contemplación es una rareza en tiempos dominados por las furias de las polarizaciones políticas, las guerras, o la dictadura de un presente gobernado por las fuerzas digitales, la confusión tecnológica y el desconcierto a secas. En un horizonte habitado desde hace tiempo por la multiplicación de incertidumbres, vacíos y desesperanzas, los hábitos contemplativos son mal vistos, pues suelen ser considerados sinónimos de apatías, escepticismos y lejanías inexplicables con los problemas del presente. Los contempladores suelen ser individuos retraídos, desconfiados, escépticos, que se alejan del ruido y el escándalo mediático para sumergirse en las aguas profundas de la reflexión solitaria. Y, sin embargo, la estética de la contemplación y sus hechuras sobreviven entre los incendios de un presente avasallado por los estruendos de la confusión.
En algunas zonas de la música contemporánea los hábitos contemplativos permanecen en tiempos donde (casi) todos exigen tomas de posición aquí y ahora. Ese rasgo exótico confirma la necesidad existencial del escepticismo, de voltear la mirada hacia otro lado o, frecuentemente, escarbar en pasados reales o imaginarios para buscar, con mayor o menor éxito, “el futuro de la nostalgia”, como afirma la historiadora rusa Svetlana Boym. En esa búsqueda no hay ruta segura ni mapas trazados. Se trata de una exploración a oscuras, con velas y antorchas encendidas, dirigida por una mezcla imprecisa de intuiciones, razones y emociones.
Mark Knopfler y Nick Cave son contempladores profesionales, un par de músicos cuya veteranía y trayectorias les proporcionan cierta autoridad sobre el tema. Sus obras más recientes son muestras diversas de esa autoridad, hechuras forjadas en sus largos recorridos sonoros por accidentados caminos paralelos, que ofrecen imágenes impresionistas sobre el pasado remoto, el pasado reciente y la vida contemporánea, cada uno de esos tiempos recreados con sus propias atmósferas, mitos, lugares, personajes y figuras de ocasión. One Deep River, de Knopfler, y Wild God, de Cave (con su viejo grupo, The Bad Seeds), ofrecen los registros puntuales de exploraciones personales sobre los misterios de la contemplación en tiempos de la hoguera de las pasiones políticas, de guerras asesinas, y de espejismos provocados por las fuerzas de la naturaleza, las ilusiones del pensamiento religioso, o por los lados luminosos, oscuros y grises de la digitalización y la inteligencia artificial en la vida de sociedades e individuos.
El disco del fundador, líder y sepulturero de la mítica banda británica Dire Straits (1977-1993) es una obra hecha de pausas sin prisas. En One Deep River, Knopfler (Glasgow, 1949) revisa el presente con los anteojos del pasado, a través de un recorrido realizado tranquilamente desde el puente del principal río de la ciudad de su infancia (Newcastle). Lejos están los días de la maestría de sus espectaculares requintos en Dire Straits, pero aún conserva uno de sus rasgos distintivos: tocar las cuerdas de su Fender Stratocaster sin la ayuda de púas, solo con las yemas de sus largos dedos. A través de 12 canciones, Knopfler destila la sabiduría acumulada de sus 75 años y de 11 álbumes previos en solitario a través de melodías suaves, acompañadas con la discreción acostumbrada de flautas, bajo, batería, piano, sax y coros.
Llanuras extendidas, silenciosos rieles de acero donde corren trenes que van y vienen sobre ríos profundos, bajo cuyas aguas calmas y suaves superficies se esconden historias y misterios (One Deep River); sensaciones de agotamiento y cansancio relatadas con la tonada melancólica del blues, sobre muchachas de pelo largo que florecen entre esperanzas y decepciones (Ahead the Game); registro de emociones de circularidades eternas ligadas a los abrazos y despedidas que siempre acompañan a los viajeros y sus fantasmas (Watch Me Gone). Nostalgias, memorias, recuerdos fragmentados y premoniciones fugaces configuran el disco duodécimo de Knopfler, una obra que marca líneas de continuidad y profundización de los sonidos y las letras de la estética de la contemplación que marcaron su disco previo (Down The Road Wherever), de 2018.
El australiano Nick Cave, por su parte, llega a los 67 años en plenitud de facultades, compartiendo con los comensales de ocasión un decálogo de canciones que evocan la historia de dioses salvajes y moribundos que recorren como grandes pájaros el planeta, y que nacen en corazones solitarios; aires marítimos de lugares de aguas calmas, observados desde ventanas empañadas por el vapor de chimeneas hogareñas; caballos salvajes color canela que cabalgan sueltos por caminos desolados (Cinnamon Horses); ranas que saltan bajo lluvias dominicales en busca de sus charcos, mientras un hombre solitario camina recordando alegrías, dolor y lágrimas (Frogs); fábulas de llamaradas místicas, iluminadas por luces de sodio bajo las cuales aparece un dios viejo, enfermo y moribundo “que se mueve a través de las formas de la anarquía” y que se desplaza por “los vientos de la tiranía” alimentando “ideas podridas” (Wild God).
Luego de 17 álbumes grabados con The Bad Seeds, Cave confirma sus viejas obsesiones religiosas y místicas, alimentadas indistintamente por la fe y la razón, por creencias y convicciones, por sentimientos de abandonos y extravíos, en la búsqueda de algún sentido de comprensión a lo que observa en sus entornos. Al igual que Knopfler, busca en los viejos relatos de escritores y pueblos olvidados imágenes que ayuden a ordenar sus visitaciones, no narrativas que las expliquen. Sus esfuerzos producen la impresión que Robert Walser plasmó en uno de sus cuentos: “El mundo entero y yo mismo me parecieron extraordinariamente viejos y jóvenes; de pronto vi la tierra y la vida terrenal como en un sueño, y todo se me antojó fácilmente comprensible y, al mismo tiempo, completamente inexplicable” (Robert Walser, La tía).
Los libros y los discos son espejos que no solo reflejan algo, sino que lo reinventan, y los registros de la sonoridad con imágenes poéticas que ofrecen Cave y Knopfler son espejos que se alimentan en dosis imprecisas de la soledad (loneliness) y de la intimidad (solitude), ambas fuentes de creatividad y curiosidad intelectual, como argumenta la historiadora de la cultura Fay Bound en Una biografía de la soledad. La experiencia colectiva de la pandemia, de hallazgos y pérdidas personales, la aparición en el horizonte vital de los barcos negros de la muerte y las luces débiles de la esperanza, la reinvención de la soledad y el futuro de la nostalgia, configuran algunos de los referentes que unen las costuras simbólicas de One Deep River y Wild God. Quizá sea un ejercicio de sobre-interpretación, o el producto de algún exceso metafórico, afirmar que las obras referidas sean el resultado de esos sentimientos de soledad y solitud que habitan las historias, los espíritus y las experiencias tan diferentes de Cave y Knopfler. No obstante, se puede sostener sin vacilaciones que son el testimonio de que la contemplación reflexiva sigue siendo un recurso legítimo en tiempos en los que todo mundo afirma tener la razón; un lenguaje propio de quienes han hecho de la música el espejo de un oficio cultural y un código interpretativo. Y que los espejos son indispensables para voltear a ver los reflejos de realidades dominadas por el asombro, el cansancio y a veces por el hastío.
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