Thursday, August 03, 2023
Oppenheimer: ciencia y poder
Diario de incertidumbres
Oppenheimer: una historia de ciencia y poder
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 03/08/2023)
https://suplementocampus.com/oppenheimer-una-historia-de-ciencia-y-poder/
Todo ha cambiado, cambió por completo;
una belleza terrible ha nacido
W.B. Yeats, Pascua 1916
Las relaciones entre el mundo académico y la vida política en tiempos de guerra o de paz siempre han sido díficiles. Pero la imagen de la ciencia como una actividad apacible, alejada de los conflictos mundanos y las presiones propias de las decisiones políticas, suele desvanecerse en contextos bélicos donde el conocimiento se vuelve parte del arsenal de guerra de gobiernos y militares. Una larga historia registra los dilemas éticos y políticos que enfrentan los científicos cuando sus hallazgos y descubrimientos se usan o se pueden utilizar como instrumentos de guerrra.
Oppenheimer, la película dirigida por Christopher Nolan (2023), es un retrato dramático sobre el complejo de relaciones entre la academia, la política y la milicia. Situada en el contexto de la segunda guerra mundial, la cinta narra la historia del “Proyecto Manhattan” desarrollado entre 1942 y 1947, codirigido por el general Leslie Groves y el físico teórico Robert Oppenheimer al frente de un grupo compacto de científicos norteamericanos y europeos, que culminó con la invención de la bomba atómica y su aplicación militar en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1946.
Científicos, políticos y militares protagonizan una historia de conflictos y dilemas, de confusión moral, incertidumbre política y racionalidades enfrentadas. Es una colección de estampas que transcurre entre los pasillos y aulas de universidades e institutos de investigación de Princeton y de Berkeley, del Caltech, de Leiden, Cambridge y Gotinga, en las cuales los humos y estallidos de la guerra mundial se filtran entre los altos muros y jardines verdísimos de los campus universitarios. La atmósfera de la vida académica cambia veloz y dramáticamente en un entorno de preocupaciones vitales marcado por decisiones díficiles. Oppenheimer y muchos de sus colegas (químicos, ingenieros, físicos, matemáticos) toman posiciones políticas y se involucran en acciones a favor de los republicanos españoles y en contra del nazismo, pero también luchan por la formación de un sindicato de académicos cercano políticamente a la formación del partido comunista de los Estados Unidos.
Esa historia marca el ritmo de la larga película de Nolan, en la cual desfilan personajes como Albert Einstein y Niels Bohr, los presidentes Truman y Roosevelt, almirantes inescrupulosos como Strauss y generales pura sangre castrense como Groves. Al centro de todos ellos se sitúa la vida de cientifico de Oppenheimer, un personaje complejo que se involucra no sólo en sus indagaciones de física teórica sino también en el activismo político, mientras comparte con sus colegas y estudiantes sus descubrimientos, conjeturas e hipótesis sobre la física cuántica. Entre aulas, laboratorios y oficinas militares, la vida del científico es sacudida por la violencia de la guerra y las presiones políticas, los chantajes emocionales y las dudas racionales. El caudaloso río de los acontecimientos coyunturales arrastra a los protagonistas hacia las aguas lodosas de la incertidumbre sobre los posibles desenlaces de la segunda guerra mundial.
Los Álamos, en Nuevo México, es el epicentro del proyecto, un pueblo ficticio, el sitio de pruebas y laboratorio militar del proyecto Manhattan. En ese lugar se condensan las relaciones entre espionaje y libertad académica, entre el poder del dinero y el poder de la ciencia, entre la eficiencia militar y el rigor científico. Acosados por las urgencias del tiempo político gobernado por los relojes y calendarios de la guerra, el grupo de científicos trabaja a marchas forzadas para satisfacer los intereses bélicos de los aliados, mientras que las sombras de la guerra fría y del macartismo estadounidense se ciernen sobre la complicada vida de Oppenheimer y su equipo, afectando irreparablemente sus existencias públicas y privadas. Egoísmos, rencores, luchas por reputación y prestigio entre los científicos, hogueras de vanidades entre políticos y militares, intrigas políticas, pequeñas mezquindades, ingenuidad y convicción, son parte de las razones y las pasiones que emergen a lo largo de los lenguajes del poder que encubren intereses que tienen el peso del plomo.
A casi ocho décadas de esos acontecimientos, es posible advertir las huellas que dejó esa historia en las relaciones entre las universidades, los gobiernos y los militares. Son huelllas encapsuladas entre el oropel de los homenajes, rituales y ceremonias universitarias y los cálculos de los presupuestos públicos y privados, entre las urgencias del tiempo político y las necesidades del tiempo académico. Pero también quedan en el fondo de esas aguas revueltas las estelas profundas de tensiones persistentes entre las libertades académicas y las prioridades de gobiernos y empresas, donde la ciencia se puede convertir en un arma, una pasión intelectual, o una mercancía.
Oppenheimer es por supuesto una película que admite múltiples lecturas. Y una de ellas es la lectura política de las complejas relaciones entre la ciencia, el poder y la guerra. Desde esa perspectiva, la cinta de Nolan representa las tensiones que habitan las zonas grises de los espacios que conectan las libertades de investigación con los intereses gubernamentales, los dilemas entre el político y el científico, la dinámica de lógicas difusas encarnadas por actores concretos que habitan campos de acción y estilos de vida distintos y distantes. Es una historia sin moralina ni sermones de ningún tipo. Un relato cinematográfico del poder social de la ciencia y sus aplicaciones, de consecuencias deliberadas y efectos perversos, protagonizada por fantasmas, racionalidades y comportamientos gobernados por una lógica política metálica, propia de tiempos malditos, donde “nubes hambrientas pesan sobre las profundidades”, como escribió William Blake en El matrimonio del cielo y el infierno.
Thursday, July 06, 2023
Nueva ruralidad
Diario de incertidumbres
Nueva ruralidad y educación superior
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 06/07/2023)
https://suplementocampus.com/nueva-ruralidad-y-educacion-superior/
Desde hace tiempo, economistas, sociólogos y antropólogos latinoamericanos debaten en torno a la existencia de nuevas estructuras y formas rurales en las sociedades contemporáneas de la región. Los procesos de globalización y reestructuración productiva, la acelerada urbanización de las poblaciones, los flujos migratorios regionales e internacionales, o las nuevas señales que las políticas públicas y los mercados ocupacionales emiten para la reorganización de las relaciones entre lo rural y lo urbano, son algunos de los factores que explican la emergencia de lo que se denomina como las “nuevas ruralidades” latinoamericanas.
El concepto de “nueva ruralidad” es definido a partir de cuatro componentes: la existencia de un sistema territorial complejo, la diversificación productiva, la diversificación funcional, y la percepción de lo rural como un ámbito de acción que genera nuevas oportunidades individuales y colectivas. Desde esta perspectiva conceptual y analítica, el Consejo Económico para América Latina (CEPAL) ha impulsado en los últimos años diversos estudios sobrte el tema, y el más reciente de ellos es el libro Las brechas estructurales de bienestar y la nueva ruralidad en México (CEPAL, 2023, Santiago de Chile), de la autoría de Carlos Barba, académico de la Universidad de Guadalajara.
Frente a la imagen de colapso de las sociedades rurales como efecto de las políticas de liberalización económica y comercial, la persistencia empírica de formas y prácticas de reorganización de la vida rural registran un fenómeno mucho más profundo y complejo de lo que se imagina. La tradicional dicotomía entre lo rural como sinónimo de lo campesino/tradicional, y lo urbano como sinónimo de lo moderno/industrial, es desde hace tiempo insuficiente para explicar la capacidad de supervivencia de las prácticas rurales. Dicho de otro modo, la asociación de figuras como rancheros, campesinos, ganaderos y agricultores como los actores principales de la vida rural, y de los ciudadanos (obreros industriales, empresarios, funcionarios públicos) como figuras dominantes de la vida urbana, es una falsa dicotomía.
Las nuevas ruralidades no existen fuera de los grandes centros urbanos y metropolitanos: han penetrado a éstos. En las medianas y grandes ciudades latinoamericanas, las ruralidades coexisten en forma de barrios, enclaves productivos, tianguis, espacios que reproducen la fuerza de viejas tradiciones y prácticas rurales en el corazón de las grandes urbes latinoamericanas, pero también en las grandes ciudades y espacios semiurbanos de California, Illinois, Florida, Nebraska o Nueva York. Esa persistencia es a la vez la expresión de una fuerza de transformación y adaptación a nuevas estructuras organizativas en distintos territorios, formas productivas y procesos identitarios en los cuales lo rural asume nuevos roles, actores y funciones.
¿Cómo ha responido la educación superior a estas nuevas ruralidades?. Históricamente, la figura de institutos y universidades especializadas en la producción agrícola y ganadera fueron la respuesta del sistema educativo terciario a las necesidades del mundo rural mexicano. Desde finales del siglo XIX y comienzos del XX, la Escuela Nacional de Agricultura (1854) -hoy Universidad Autónoma de Chapingo (1923)-, la Antonio Narro de Coahuila (1923), o la Escuela de Agricultura Hermanos Escobar en Ciudad Juárez (1906), fueron ofertas públicas dirigidas a la formación de profesionistas en campos como la veterinaria, la pesquería, la agricultura y la ganadería, que se desarrollaban por fuera de los grandes centros urbanos. Ingenieros agrónomos, forestales y pesqueros, veterinarios zootecnistas, extensionistas, fueron las figuras profesionales que dominaron las respuestas institucionales para el desarrollo de las actividades productivas relacionadas con el mundo rural del siglo XX.
En las universidades públicas federales y estatales, carreras similares también fueron incorporadas a la estructuras de formación profesional y de posgrado, y muchas de ellas (Sonora, Sinaloa, Guadalajara, Puebla, Guerrero, Zacatecas), impulsaron centros de investigación y laboratorios en conjunto com empresas privadas y agencias gubernamentales del sector, para desarrollar proyectos, innovaciones, estudios dirigidos a mejorar la productividad y competitividad de las actividades del sector primario de la economía. Por su parte, las escuelas normales rurales también se sumaron desde los años cuarenta del siglo pasado a la estrategia de alfabetización y educación de los niños de las comunidades alejadas de los grandes centros poblacionales.
Sin embargo, desde los años setenta del siglo pasado se comenzó a experimentar un pronunciado declive de las matrículas de las carreras tradicionalmente asociadas al sector rural. Nuevas reformas y orientaciones profesionales se incorporaron en la educación superior (colegios, centros e institutos tecnológicos agropecuarios, hoy agrupados en el Tecnológico Nacional de México), para tratar de atender el fenómeno de las nuevas ruralidades, a través de la diversificación de las opciones formativas de ciclo corto (CONALEP, CEBATIS, CBETAS), como espacios de formación técnica más que universitaria. Estos esfuerzos han sido contribuciones valiosas y relevantes al sector, experiencias que vale la pena apreciar en el contexto actual.
Ello no obstante, las nuevas ruralidades forman parte de la modernidad mexicana del siglo XXI. Son expresiones de las brechas de desigualdad y de bienestar que cruzan el campo y la ciudad, a sus actores, estructuras y procesos. Aunque pescadores, leñadores, ganaderos y agricultores siguen formando una parte de la población no urbana, nuevos oficios y actividades se han instalado en el corazón de las grandes ciudades. Bosques y parques urbanos, cuestiones socioambientales, techos verdes, huertos domésticos, artesanos que trabajan con recursos naturales (ceramistas, carpinteros, ebanistas), cultivadores de berries y de flores, forman circuitos de producción, distribución y consumo que se han “urbanizado” de manera silenciosa pero persistente desde hace décadas.
¿Qué opciones formativas ofrecen las instituciones de educación superior a estas poblaciones? ¿Cómo se articulan oficios y profesiones de la nueva ruralidad en los circuitos de la economía formal e informal? ¿Qué tipo de modelos formativos son necesarios para atender a estas poblaciones arraigadas entre las culturas rurales y urbanas? ¿Quiénes ingresan a las carreras técnicas y universitarias de este sector? ¿Qué tipo de trayectorias laborales caracterizan a los egresados de las profesiones agropecuarias? Estas cuestiones forman el núcleo de desafíos que reclaman examinar otra vez las relaciones entre la educación superior y la nueva ruralidad mexicana.
Thursday, June 22, 2023
Nuccio Ordine
Diario de incertidumbres
Nuccio Ordine: las paradojas de la inteligencia
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 22/06/2023)
https://suplementocampus.com/nuccio-ordine-las-paradojas-de-la-inteligencia/
La semana pasada falleció a los 64 años el profesor italiano Nuccio Ordine. Se trata de uno de los pensadores europeos más sólidos de comienzos del siglo XXI, cuya atención se centró en los últimos años en los dilemas éticos e intelectuales de las sociedades contemporáneas, sumergidas desde hace tiempo en las aguas lodosas del pensamiento único neoliberal o las del simplismo neopopulista, en los abismos de los reduccionismos culturales, la profundización de nuevas formas de desigualdad social, el auge de los fetichismos tecnológicos y el fracaso educativo. Al igual que otros pensadores contemporáneos ya fallecidos como George Steiner, Susan Sontag, Hans Magnus Enzesberger, Christopher Hitchens, Umberto Eco y Martin Amis, o vivos como el coreano Byung-Chul Han, la española Irene Vallejo, o el británico John Gray, Ordine representa una tradición literaria e intelectual anclada en la sólida defensa de la ilustración como una forma de resistencia frente a los fanatismos dogmáticos y las mitologías neoutilitaristas.
Durante los últimos años de su vida, el profesor nacido en la pequeña población de Diamante, en la región de Calabria, al sur de Italia, se convirtió en un activista intelectual de “la utilidad de lo inútil”, como se titula uno de sus libros más conocidos, publicado en 2013. Años después, continuó con su empresa intelectual de defensa de la literatura en la era de la tecnoinformática y la sociedad digital en dos obras relevantes: Clásicos para la vida (2017) y, apenas el año pasado, Los hombres no son islas (2022). Esta trilogía de textos configuran todo un mapa de la literatura clásica orientada a estimular el pensamiento reflexivo, crítico, sobre buena parte de los problemas contemporáneos, un esfuerzo deliberado focalizado en los jóvenes y adultos de las sociedades modernas.
Ordine no sólo fue un profesor universitario apasionado de su oficio, sino también un erudito capaz de plantear constantemente preguntas, dudas e incertidumbres frente a los extremismos de todo tipo, desde al individualismo salvaje promovido por los fundamentalistas del mercado, hasta la masificación ciega de ideologías populistas internacionales, desde Trump hasta Bolsonaro, pasando por movimientos políticos neofalangistas como “Vox” en España, o fascistas como “Hermanos de Italia”, (encabezados por la hoy primer ministra, la política ultraconsevadora Giorgia Meloni).
Partidario del rescate de las utopías como legítimos ejercicios reflexivos, el filósofo y ensayista planteó una sistemática defensa de la lectura como práctica civilizatoria. En una entrevista reciente publicada a comienzos de mayo pasado en el semanario español Ethic, formulaba sus certezas, incertidumbres y preocupaciones por las amenazas a la democracia que plantea el fin de las utopías, desplazadas desde hace tiempo por la tiranía de lo útil. En esa entrevista, también hacía un repaso por las implicaciones que los cambios tecnológicos, la ideología del éxito escolar, o el desprecio a los saberes clásicos, tienen en la formación de las nuevas generaciones. El poder de la mirada directa (el poder de los ojos) y de la conversación cara a cara (el poder de las palabras), son reivindicados por Ordine como prácticas esenciales para construir mejores climas intelectuales en tiempos de confusión dominados por las pantallas, la inteligencia artificial y los algoritmos, eso componentes centrales de la “sociedad de la inteligencia” que, para muchos, constituye la fase superior de la sociedad del conocimiento. (https://ethic.es/2023/04/entrevista-nuccio-ordine-individualismo/)
“Estoy convencido de que como explico en las páginas que he escrito sobre la interpretación de El Principito, toda relación humana, para ser tal, exige un contacto material; es decir, dos personas que se miran a los ojos, que se hablan directamente.
“Ninguna plataforma virtual puede cambiar la vida de los estudiantes: la vida de los estudiantes solo la puede cambiar un buen profesor.
“La mercantilización de la educación es un tema internacional. En todo el mundo hay esta idea de pensar que el estudio debe estar al servicio de una profesión.
“Es verdad que tenemos muchas posibilidades de aprender mediante las nuevas tecnologías pero… hoy en día hay también un desprecio en nuestra sociedad hacia los saberes que no producen un beneficio económico. Esta es la paradoja.
“No existe una Europa de la cultura. Existe una del comercio, de las finanzas, de los bancos, pero no de la cultura. Y esa situación es fruto de una política de partidos nacionalistas que han tenido una influencia enorme en las decisiones comunes”.
Estas viñetas recogen parte de los principios éticos e impresiones políticas de un pensador que desafió las modas intelectuales. En una época deslumbrada por las ilusiones del éxito individual y la competencia por posiciones y dinero, por los avances tecnológicos y la precarización del trabajo, Ordine subraya el hecho de que la revolución informática, la ciencia de datos y la inteligencia artificial son herramientas que hay que utilizar a la sombra de la sabiduría de los antiguos y de los modernos. El escepticismo ilustrado sobre las propiedades mágicas del emprendurismo y la innovación que se propagan desde hace tiempo por escuelas y universidades, es una potente luz de alerta contra las simplificaciones de manual de la nuevas formas del pensamiento único.
Esa es quizá la mayor aportación de la obra de Ordine: colocar la lente en las paradojas de la inteligencia, un llamado a desconfiar de las ilusiones y promesas de los nuevos aceites de serpiente que ofrecen la política o el mercado, en la que el pragmatismo de lo útil o las trampas del nacionalismo se imponen sobre lo que se considera irrelevante, estorboso o inútil para los jóvenes. Es un recordatorio para voltear la atención a los escritos de autores clásicos y modernos, que antes, en otro tiempos y circunstancias, reflexionaron sobre los mismos temas. Una invitación para valorar a la luz de nuestras circunstancias y problemas, la enorme utilidad de la inútil.
Thursday, June 15, 2023
Cormac McCarthy: recuerdos y desolaciones
Cormac McCarthy: viejos recuerdos, nuevas desolaciones
Adrián Acosta Silva
(Nexos, blog “Cultura y vida cotidiana”, 15/06/2023)
El pasado 13 de junio falleció a los 89 años en Santa Fe, Nuevo México, el novelista estadounidense Cormac MaCarthy, quizá el último de los grandes escritores que se encadenan con el linaje de las tradiciones narrativas de Herman Melville y William Faulkner. Dueño de un prosa a la vez violenta y cautivadora, buena parte de su obra (La carretera, No es país para viejos, Todos los hermosos caballos), revela los registros literarios de las tierras fronterizas entre EU y México, su fascinación con historias, lenguajes y actores que sobreviven entre desiertos y poblados de California, Arizona, Nuevo México, Texas, frente a los espejos de Tijuana, Nogales, Ciudad Juárez o Reynosa. Este es un pequeño homenaje a partir de la reseña de una de sus novelas emblemáticas, ambientada sombríamente en el lugar donde vivió parte de su niñez: Knoxville, Tennesse.
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“Las formas más primitivas sobreviven”, afirma en tono de revelación el narrador anónimo de la carta de presentación que inicia la lectura de Suttree, la novela del escritor norteamericano Cormac McCarthy (Mondadori, Barcelona, 2004). El protagonista de la historia, Cornelius Suttree, es un personaje solitario, sin expectativas, con un pasado confuso, un presente azaroso, y un futuro imposible. Ambientada en la ciudad de Knoxville, Tennesse, en algún momento de los años cincuenta, la trayectoria del personaje está poblada de equivocaciones, accidentes, muerte, desolación, alegrías instantáneas, salpicado de pocos días felices que pasa encerrado en las sombrías habitaciones de un hotel perdido. Pescador solitario de siluros (“pez teleósteo de agua dulce, de hasta 5 metros de largo, gran depredador, con una boca muy grande rodeada de barbillas”, según lo define Maria Moliner en su indispensable Diccionario del uso del español) la vida diaria de Suttree es un esfuerzo de sobrevivir a las penurias económicas y a los afectos corrosivos, de lidiar con los demonios del olvido y la memoria, habitando en los márgenes de un río contaminado y pestilente, donde la silueta de la ciudad es el paisaje cotidiano de sus travesías, con el fondo metálico de trenes fantasmales que recorren con pesadez las venas de acero de Knoxville, la horrible.
Publicada originalmente en inglés en 1979, esta novela precede en el tiempo a la fama global que alcanzó McCarthy en 2008 con la película No Country For Old Man, (titulada en español como “Sin lugar para los débiles”) inspirada en su propia novela, dirigida por los hermanos Cohen y protagonizada por Javier Bardem. Es anterior también a libros como La Carretera (2006) o Meridiano de Sangre (1985). Pero al igual que los otros textos de McCarthy, es también una obra que recorre con precisión estética lugares, diálogos, imágenes y relaciones que Budd (el apodo del personaje central) establece con su medio a lo largo de su intermitente estadía como outsider de un pueblo de perdedores, bebedores habituales de cerveza caliente y whisky barato, comerciantes de lo que sea, ladrones, putas, chamanes y brujas, “gente austera y diminuta enmarcada por cucuruchos de flores, vendedores ambulantes de artículos esotéricos, electuarios raros ordenados por tarros y elíxires macerados en días sin luna” .
Caminando al filo del abismo, el pescador entabla amistades frágiles con personajes oportunistas cuya vida breve pasa de la cárcel a la calle, del robo en pequeña escala para satisfacer necesidades mínimas al goce de lujillos que hacen llevadera una vida repleta de penurias, de rutinas inexorables y desenlaces previsibles. Condenado a transitar circularmente por “escenarios de viejos recuerdos y nuevas desolaciones”, el solitario convive con pordioseros, intercambia pescado por dinero, ropa o cerveza, bebe en burdeles infames, cosecha mejillones en busca de perlas preciosas, coexistiendo con personajes hundidos en miserias cotidianas, mirando siempre al fondo del desfiladero, con pequeñas pero sistemáticas explosiones de violencia que aturden por su precisión cruda, envueltos en pleitos cotidianos con la policía local.
La estética de McCarthy es la estética literaria del granito, sin matices, de un lenguaje fluido y crudo, exacto y envolvente. Novela de cenizas y de sombras, de túneles subterráneos que sostienen el peso de una ciudad sórdida, la narración de esta obra es una pieza de orfebrería que deslumbra por la solidez del oficio y la imaginación del narrador. En un medio invadido por el predominio apabullante de best-sellers y literatura basura, la prosa que se encuentra en las casi 600 páginas de Suttree es una muestra brillante de que la buena literatura sobrevive, a pesar de la industria literaria, como lo señaló con lucidez moribunda Sándor Márai en sus últimos Diarios.
Thursday, June 08, 2023
Política y educación: ángeles y ruinas
Diario de incertidumbres
Política y educación: buscar ángeles, encontrar ruinas
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 08/06/2023)
https://suplementocampus.com/politica-y-educacion-buscar-angeles-encontrar-ruinas/
El número mil de Campus-Milenio es una buena ocasión para reflexionar sobre el tiempo político y el tiempo educativo. El suplemento ha sido el espacio de exploración sobre esas temporalidades siempre en tensión. Felicitaciones a quienes han hecho posible sostener este excepcional esfuerzo editorial iniciado hace 22 años por nuestro apreciado Jorge Medina Viedas.
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Los calendarios y relojes de la política y la educación no son los mismos. En política, el tiempo se mide por el corto plazo, usando cronómetros de velocidad ajustados a los calendarios electorales. En educación, el tiempo es el largo plazo, que se mide por generaciones completas. En el mundo político, el gobierno en turno y sus oposiciones son actores que juegan siempre pensando en los próximos comicios electorales, atrapados en lógicas competitivas encaminadas a legitimar o deslegitimar sus respectivas actuaciones. En el mundo educativo, los aprendizajes, la experiencia escolar o la formación para la vida son procesos lentos, pautados, encaminados a adquirir conocimientos, habilidades para la socialización, la reflexión solitaria y la conversación pública, que incluyen la gestión por separado de los mundos de la vida activa y de la vida contemplativa.
Esa distinción sociotemporal no parece estar en la mente de los políticos. Los gobiernos en turno, obsesionados con la conquista de presente buscando a los “ángeles de la historia” (según Walter Benjamin), suelen actuar bajo el supuesto de que sus políticas determinan el rumbo de las generaciones que transitan desde el preescolar a la universidad. Convencidos de que sus ideas, retóricas, programas y recursos marcan el tiempo escolar, los políticos suelen estar dominados por un sentido de urgencia, de gravedad, en el cual hay que cambiarlo todo a la brevedad y con eficiencia, a pesar de las confusiones, resistencias y bloqueos que suscitan sus acciones. En México, ningún gobierno ha renunciado a colocar a la educación como parte de su agenda de cambios y transfomaciones, convencidos de que ahí quedará la huella de su paso como administradores sexenales de los recursos públicos.
Sin embargo, las ilusiones del cambio educativo entre los políticos se alimentan de fantasías acumuladas entre los ideólogos, burócratas y activistas cercanos al príncipe de ocasión. Cambiar leyes y políticas, diseñar nuevos programas e instrumentos, formular de manera atropellada libros de texto y modelos pedagógicos incomprensibles para maestros imaginarios que chocan con las prácticas de los maestros realmente existentes, insuflar la nostalgia de tiempos idos, culpando a gobiernos anteriores por desastres reales o imaginarios, son recursos para justificar transformaciones que sólo suelen habitar la mente de los transformadores. En los patios escolares o en los jardínes de los campus universitarios, las comunidades de profesores y alumnos permanecen alejadas de las obsesiones, los sueños y las pesadillas de los políticos. La política, sus tensiones, conflictos y protagonistas, son sólo una parte del paisaje.
Eso no signfica que la escuela sea un espacio alejado de la vida social y de las preocupaciones públicas. Por el contrario, en las escuelas y universidades coexisten asombros, temores y en ocasiones alarmas cotidianas provocadas por temas como las violencias, la criminalidad y la inseguridad que se han multiplicado exponiencialmente desde hace décadas. Generaciones completas han crecido teniendo como ruido de fondo el sonido de metralletas y fusiles, el espectáculos de la presencia de militares y guardias en las calles, la búsqueda de cadáveres en fosas clandestinas, el horror de la desaparición de miles de jóvenes que han sido asesinados o secuestrados por bandas criminales, cuyas secuelas de dolor, angustia y sufrimiento han cambiado para siempre la vida de miles de familiares y amigos de las víctimas. Los niños que vivieron el inicio de la guerra contra las drogas en 2008, son hoy los jóvenes que miran la devastación social de una guerra que parece no tener sentido ni fin. El tiempo escolar está marcado por el debilitamiento acelerado de la cohesión social, por los crujidos y estallidos de la fragmentación social que desde hace tiempo se observa y escucha entre diversos territorios y poblaciones del país.
El futuro de la política está marcado por la búsqueda del triunfo electoral, por tratar de asegurar la gobernabilidad de una sociedad convulsiva bajo el predominio de una fuerza política sobre otras. El futuro de la educación está marcado por el acceso al conocimiento científico y técnico, por sus contribuciones a la movilidad social, a la inserción laboral, a la formación de normas de convivencia, hábitos y valores democráticos, a la ampliación de los horizontes culturales de los individuos. El tiempo político es gobernado por una maquinaria de organizaciones partidistas, ideologías, promesas e intereses que se satisafacen con ilusiones y dinero, puestos y posiciones. El tiempo educativo es gobernado por el ritmo difuso de los aprendizajes, por los complejos procesos de interacción entre estudiantes y profesores, por el inapreciable valor de la reflexión, la curiosidad y las dudas. La arritmia entre política y educación esté en el centro de las disputas entre la política electoral y las políticas educativas.
Encaminados en el túnel de tiempo que confirma un ciclo de politización salvaje de todos los temas, incluído el de la educación, lo que se observa es la profundización de las brechas entre política y educación. En la era del florecimiento de las autocracias populistas -de Trump a Erdogan, de Maduro a Ortega, de Putin a Orbán, de Bolsonaro a Bukele, en una potente ola autoritaria que desafía a las viejas y nuevas democracias pluralistas-, la educación para los políticos es sólo una herramienta más para la legitimación de su imagen y poder. Las palabras ácidas de Cioran en su Escuela del tirano, resuenan en salas repletas de elefantes: “Quien no haya conocido la tentación de ser el primero en la ciudad, no comprenderá el juego de la política, de la voluntad de someter a los otros para convertirlos en objetos, ni adivinará cuáles son los elementos que conforman el arte del desprecio”. El fulgor de ese arte resplandece en tiempos electorales, y enceguece con sus luces al príncipe, a sus seguidores y súbditos.
Acaso por ello, Walter Benjamin alertaba hace casi un siglo sobre el riesgo de que los transformadores que buscan a los “ángeles de la historia” en sus rituales de legitimación, terminen encontrando solamente sus ruinas.
Thursday, May 25, 2023
¿Torres de marfil?
Diario de incertidumbres
¿Torres de marfil?: academia, política y vida pública
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 25/05/2023)
https://suplementocampus.com/torres-de-marfil-academia-politica-y-vida-publica/
Hay una idea sobre la vida académica que suele predominar entre empresarios, políticos y funcionarios relacionados directa o indirectamente con las universidades. Se trata de la creencia de que la ciencia y la academia son espacios apacibles, tranquilos, alejados del mundo turbulento de la política o de los negocios, de la administración y gestión de recursos, relativamente libres del conflictos y pleitos mundanos. Algunos políticos, cuando se retiran, suelen decir que “volverán a la academia” a reposar, cuando su única experiencia ahí, si la tuvieron, fue como estudiantes o profesores ocasionales. La idea y las creencias asociadas son representaciones de la vieja imagen de la “torre de marfil”, ese espacio idealizado donde sus habitantes (intelectuales, científicos y académicos) cultivan sus propios intereses sin interferencias externas, lugares en que se pueden dedicar a sus especulaciones, investigaciones, o a impartir clases en contextos tranquilos, bajos en tensiones, sin contradicciones significativas. María Moliner definió la expresión como “aislamiento intelectual en el que alguien vive voluntariamente”.
La invención del término es interesante. Su origen es impreciso, quizá grecolatino, una metáfora para referirse a una puerta hecha de un material fino y resistente (el marfil), mediante el cual se diferenciaban los “sueños falsos” de los “sueños verdaderos”. Pasó luego a representar espacios específicos de las primeras universidades medievales, luego a la literatura modernista en el siglo XIX, y de ahí al mundo de la academia universitaria contemporánea. En la imaginería religiosa o mística, la torre de marfil era un espacio reservado a los retiros espirituales, para alejarse de las tentaciones mundanas, edificios donde los clérigos se recogían para reflexionar, escribir, leer y orar. En las universidades modernas, élites y oligarquías académicas, escritores y poetas, suelen ser vistos como los actores conspicuos de esas torres imaginarias. Hoy, el término se utiliza de manera peyorativa para criticar a los que se dedican a la vida contemplativa o reflexiva, sin prestar atención a las urgencias públicas o políticas del momento.
Sin embargo, es una imagen falsa. Desde hace tiempo, los científicos y académicos son muchos y diversos, al igual que sus contextos institucionales y sociales. También se han convertido en objetos de políticas dirigidas a evaluar su desempeño, sujetos obligados a rendir cuentas de su desempeño a través de informes y reportes, dedicados a la reunión de evidencias de su productividad académica, de su vinculación con las “necesidades del mercado” y, ahora, para demostrar los “beneficios sociales” de sus actividades. La metáfora de la torre de marfil alude a una realidad que no existe; es una forma de representación social que desprecia la actividad académica e intelectual. Los cubículos, laboratorios, salones de clase, son los espacios reales de los “sueños verdaderos” de científicos y académicos, espacios rodeados por el griterío y los ruidos mundanos de protestas estudiantiles o sindicales, objeto frecuente de críticas de políticos, príncipes y burócratas de ocasión.
Los pleitos dentro y fuera de las torres son, desde hace tiempo, de un origen diferente. Hoy, los reclamos de hostigamiento y violencia de género han paralizado a la UAM durante semanas, y son motivo de protestas y movilizaciones en muchas universidades públicas y privadas. Otros son los que ocurren con los efectos de políticas científicas que se perciben como amenazas o riesgos para las libertades de investigación y enseñanzas universitarias, como ocurre con la recientemente aprobada ley de ciencia en México. Los pleitos ya no son solamente como solían ser: de naturaleza sindical o presupuestal, de amenazas a la autonomía, de conflictos por la elección de rectores, protestas estudiantiles por las políticas de admisión, o la distribución de becas y apoyos. Ahora son también motivados por un nuevo tipo de conflictividades de origen generacional y contextual que desafían las hechuras tradicionales de la gobernabilidad universitaria: acosto y hostigamiento sexual, inclusión de perspectivas de género, inseguridad y violencias dentro del campus
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El otro paquete de tensiones tiene que ver con las políticas científicas y académicas. La nueva legislación científica aprobada por el oficialismo convocó a activistas a favor y en contra que provienen de las comunidades científicas y académicas. Aunque hay una franja significativa de esas comunidades que ha permanecido al margen de las discusiones, es claro que no pocos de sus miembros han adoptado posiciones de apoyo o de crítica a la actuación de quienes diseñaron la nueva normativa en el sector. Esos comportamientos también cuestionan la imagen de las torres de marfil de las universidades y centros de investigación.
Los actores de esas conflictividades sociales, ideológicas y políticas configuran relaciones entre los muros del campus y afectan la utópica tranquilidad de la vida universitaria. Las autoridades y comunidades científicas y académicas trabajan todos los días con ruidos de fondo que alteran las rutinas de la docencia y la investigación, sin muchas posibilidades de gestionar con éxito las demandas, restricciones y condicionamientos a las labores universitarias. En las torres de marfil reales (cubículos, salones, aulas) resuenan los ecos mundanos de la política y la conflictividad social de los tiempos que corren. Y, a pesar de ello, los académicos, científicos, profesores y estudiantes intentan mantener con vida las rutinas propias del oficio y sus procesos de aprendizaje: leer, conversar, pensar, experimentar, interactuar, organizarlas clases, celebrar seminarios, foros y congresos, publicar artículos, reportes, ensayos, libros, capítulos relacionados con sus proyectos de investigación y la difusión de hallazgos, teorías, teoremas, hipótesis, para comprender y resolver problemas del pensamiento, la naturaleza o la vida social.
En estos tiempos gobernados por los riesgos, la confusión y la desmemoria, hay que recordar que la soledad reflexiva y la conversación pública son los ingredientes básicos del oficio académico, actividades que se desarrollan dentro y fuera de espacios que fueron tomados por asalto, sigilosamente y desde hace tiempo, por la rebelión de las masas.
Thursday, May 11, 2023
CONACYT: Polvo en el viento
Diario de incertidumbres
Del Conacyt al Conahcyt: formas, fondos y polvo en el viento
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 11/05/2023)
https://suplementocampus.com/del-conacyt-al-conahcyt-formas-fondos-y-polvo-en-el-viento/
La atropellada, confusa y caótica sesión del senado de la república celebrada durante la larga noche del día difícil del 28 de abril merece colgarse como pieza del museo de los humores políticos mexicanos de los años del obradorismo. Ahí, entre el montón de iniciativas aprobadas de madrugada del día 29 en un escenario inusual -el patio del palacio de Xicóténcantl-, y sólo con la presencia del oficialismo, se aprobó la nueva ley de humanidades, ciencia, tecnología e innovación, que, para decirlo en breve, significó el triunfo (¿momentáneo?) de los políticos y los burócratas sobre los científicos (o una parte de ellos).
La maquinaria autocrática, convenientemente aceitada durante los años del obradorismo, funcionó con eficiencia, a toda velocidad, de madrugada, en espacios que permitieron funcionar sin oposiciones, ruidos mediáticos ni molestas interferencias técnicas o jurídicas. Mientras que la oposición tomaba el salón de plenos y las oficinas de la junta de coordinación política del senado para impedir la sesión, el oficialismo salía a la calle, se reunía con el presidente en palacio nacional, y celebraba con júbilo el preludio del espectáculo nocturno, con todo y fotografías del momento. Horas más tarde, ante el beneplácito presidencial, los senadores de su partido y sus aliados consumaron la tarea.
Más allá de las postales de ocasión -que por sí mismas merecen ser tratadas con atención, por lo que son y lo que representan-, importa revisar la idea central, el procedimiento y el contenido de la iniciativa del oficialismo en el tema de la ciencia. El cambio del nombre del Conacyt por el de Conahcyt no es solo de siglas, pero importa, pues codifica las realidades e ilusiones de un cambio institucional. Pero la manera en que se aprobó la iniciativa del ejecutivo revela las prácticas de un proceso legislativo desaseado, incompleto, contradictorio y potencialmente ilegal, salvo que la abrumada corte suprema de justicia diga otra cosa en el futuro inmediato.
La intención central de la reforma al Conacyt es que los beneficios de la ciencia y la tecnología deben ser universales, para todos, no solo para algunos. La idea es que el neoliberalismo científico impide esos beneficios. Por lo tanto, la ciencia neoliberal es el problema, y la nueva ley (humanista, universalista) es la solución. El problema del problema es que nunca ha quedado claro que significa “ciencia neoliberal”, ni tampoco que es eso de “ciencia humanista”, “humanismo” ni “universalismo” científico. La ciencia es una creatura humana, no alienígena, producto de la racionalidad y el discernimiento, que distingue la metafísica, la superstición y la magia de la racionalidad científica, tiene un alto componente histórico, no actúa en el vacío social ni tampoco es para consumo privado. Sus beneficios son universales y su acceso está limitado por factores no científicos (brechas de escolaridad de la población, desigualdad social, monopolios industriales).
La retórica de la nueva ley es profusa, confusa y contradictoria. Para diferenciarse de la “épica neoliberal” centrada en el mercado, opone la “épica comunitarista” centrada en las comunidades. Aboga por el reconocimiento de la “pluralidad epistemológica” de los saberes y conocimientos, contraria a la diferenciación de epistemologías científicas basadas en métodos rigurosos, discutidos, evaluados y revisados por comunidades epistémicas organizadas.
En cuanto a los contenidos, merecen destacarse por lo menos dos que tienen que ver con la hechura de decisiones estratégicas. Por un lado, el gobierno del denominado “sistema nacional de humanidades, ciencia, tecnología e innovación”. Del otro, la gobernanza del mismo sistema. El primero tiene la característica de una Junta de Gobierno de diseño claramente vertical y centralizada en el gobierno federal, donde se incluyen asientos con voz y voto a 13 secretarías federales, incluyendo a las secretarías de la defensa y de marina, para ponerse a tono con la racionalidad castrense que el obradorismo ha marcado como sello de su administración. Deja fuera a las instituciones académicas como la UNAM, el IPN, a las universidades estatales,o la ANUIES, y reagrupa a los centros públicos de investigación como agencias (¿oficinas?) incorporadas a las secretarías federales que correspondan. Los académicos y sus organizaciones, están fuera del esquema de gobierno del sistema, y solo serán considerados a invitación del Consejo Nacional, o del director o directora en turno, con voz pero sin voto.
En lo que respecta a la gobernanza se desprende un diseño barroco (“democrático” afirma la ley), de arriba a abajo, donde múltiples instancias federales, estatales y municipales, instituciones públicas autónomas y no autónomas, participarán en la elaboración de programas y planes en distinta escala, en el marco de las prioridades y programas estratégicos contemplados en la “Agenda Nacional” que deberá ser diseñada y aprobada por el Conahcyt. Quedan en el aire cuestiones como la capacidad que pueden tener los municipios -el eslabón históricamente más débil de nuestro federalismo- para formular programas y prioridades en el ámbito científico o tecnológico alineados con la Agenda Nacional y sus expresiones estatales.
Estas dos dimensiones del poder institucional del Conahcyt (gobierno/gobernanza) están en el centro del litigio sobre los alcances y eficacia gubernativa de la nueva legislación científica, pues implican un claro desplazamiento del funcionariado federal sobre las comunidades científicas. No obstante, al igual que cualquier ordenamiento jurídico, las leyes no equivalen a las políticas. Ninguna ley tiene efectos mágicos en los comportamientos institucionales y sociales, incluyendo los científicos. La traducción de la ley en políticas tiene une brecha de implementación que requiere de actores, condiciones, instrumentos y recursos, que aparecen enunciados como listados de buenas intenciones sin contenidos específicos.
Si la forma es fondo, lo que puede apreciarse con el procedimiento de aprobación y los contenidos de la nueva ley es la confirmación de la lógica autocrática que gobierna la hechura de las decisiones gubernamentales. Proporciona la fotografía de un artefacto legislativo que revela contrahechuras de forma y de fondo, dominadas por las prisas y urgencias presidenciales, oscurecidas por la densa capa de polvo en el viento que domina desde hace tiempo el paisaje político de la temporada.
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