Tuesday, March 05, 2024
Música de cañerías
Política electoral: música de cañerías
Adrián Acosta Silva
El proceso electoral mexicano está en plena ebullición. Luego de las precampañas y la selección de candidaturas de las principales agrupaciones políticas, se avecina el turbulento tiempo de las campañas electorales para la renovación de la presidencia, varias gubernaturas, y miles de puestos de representación en el congreso federal, en congresos estatales y ayuntamientos municipales, sin olvidar que detrás de cada puesto político en competencia están también en juego miles de puestos burocráticos que se distribuirán en las distintas oficinas gubernamentales. Las disputas internas, los métodos y rituales de selección de candidatas y candidatos, las reuniones a puertas abiertas y cerradas, los sonoros llamados patrióticos -de la patria grande a las patrias chicas-, los gestos de ocasión, el performance de la toma de protesta de cada candidata o candidato, las giras nacionales o internacionales con las fotos de rigor, inundan redes sociales y portadas de medios de comunicación, alimentan los rumores periodísticos, son el festín de opinadores y analistas políticos profesionales o amateurs.
En el espectáculo contrastan las imágenes de conflicto, ambigüedad y disciplina de las partes interesadas. También las de los indiferentes, aquellos que contemplan de lejos y al fondo, entre bostezos y aburrimientos, los movimientos de los actores de la temporada electoral. Las maquinarias partidistas funcionan con el potente combustible de las razones, las pasiones y los intereses involucrados en el proceso. En el contexto, las costuras institucionales del INE crujen para mantener los mínimos legales de reglas y procedimientos, mientras que desde palacio nacional se envían los inefables mensajes mañaneros que atizan la polarización entre “ellos” y “nosotros”, donde el presidente vuelve a la carga todos los días contra jueces y magistrados, contra medios de comunicación, intelectuales y académicos, exhibiendo un amasijo político de rencores y desconfianzas largamente acumuladas que surgen de la inocultable sangre autocrática que recorre las venas presidenciales y del oficialismo político.
En el escenario principal transcurre el desfile de imposturas, la multiplicación de frivolidades, el uso de las máscaras de ocasión, las retóricas desbordadas, los sketch voluntarios e involuntarios, los trucos de los viejos y nuevos magos de la política mexicana. Todo configura la moralidad elástica del oportunismo, cultivada pacientemente desde los años de la transición. Tránsfugas, tahúres, saltimbanquis y zombis políticos jóvenes y viejos reaparecen en escena, buscando reflectores, posiciones y puestos en la representación política. Las candidaturas son las recompensas del juego de la temporada, y ni la ética ni la estética pesan mucho en las estrategias para alcanzar premios mayores, de consolación o reintegros, aunque las pérdidas también cuentan.
Botargas, muñecos, jingles partidistas, proliferación de encuestas, guerras de bots, marcan los mapas políticos de los territorios reales y virtuales de las contiendas. No obstante, destacan entre el temporal las señales que desde diciembre de 2018 se emiten desde las oficinas presidenciales, que no solo han degradado de manera acelerada el lenguaje del espacio público y la política nacional, sino también erosionado de manera severa las condiciones de equidad electoral que se habían construido lentamente desde la creación del IFE y luego del INE. El presidente y su partido han construido una plataforma de legitimidad que se basa en la descalificación sistemática de sus oposiciones y críticos. La palabra presidencial y los recursos gubernamentales se han utilizado como instrumentos políticos para polarizar las contiendas electorales y desafiar las restricciones legales-constitucionales que delimitan su poder. El más reciente episodio de esa actitud de provocación y desafío presidencial no tiene desperdicio: “Mi autoridad política y moral está por encima de la ley”, afirmó hace unos días cuando le cuestionaron sobre el hecho público de haber exhibido el teléfono privado de una periodista del New York Times que publicó un reportaje sobre las posibles conexiones de dinero ilegal, producto del narcotráfico, a sus campañas electorales.
En ese ambiente envenenado, la ingenuidad política, la honestidad intelectual y las convicciones éticas de algunos participantes políticos también aparecen en escena, pero son irremediablemente opacadas por el ruido y la furia de las disputas internas de los partidos, gobernadas por el cálculo, el oportunismo y el pragmatismo. La obra que se despliega ante nosotros ya la hemos visto en 2018 y 2021, pero eso no le quita el encanto, o el morbo. Desde hace tiempo, la vida política mexicana está hecha por un repertorio de actores que desempeñan papeles lamentables, acompañados con música de cañerías que incluye los lúgubres sonidos de la criminalidad que ha penetrado a los partidos y a los políticos en diversas poblaciones y territorios del país. Las tonalidades de esa música sorprenderían, quizá, al mismísimo Bukowski.
Las redes políticas están en movimiento, activadas en automático al calor del proceso electoral. Sus formas varían, permanecen o se adaptan de acuerdo con los usos y costumbres político-partidistas. La gestión política mezcla las viejas aguas del corporativismo mexicano con las prácticas clientelares y patrimonialistas que están en la base profunda del autoritarismo posrevolucionario mexicano, donde la figura del líder/caudillo/dirigente se coloca en el centro de la gestión, como símbolo político de la cohesión, la coerción y la unidad de partidos, pandillas, mafias, grupúsculos o movimientos. También incluye la sacralización del célebre principio del liberalismo político de un hombre-un-voto que está en la base del pluralismo democrático. Existen desde luego los híbridos de ocasión, que mezclan individualismo y colectivismo, corporativismo y liberalismo, como formas de gestión de las expectativas y los intereses de ciudadanos y grupos.
Pero lo que destaca en el paisaje es el pragmatismo salvaje que ejercen las dirigencias partidistas en la administración de sus organizaciones. Los dirigentes son una mezcla extraña de gerentes y burócratas al servicio de liderazgos permanentes o de ocasión. Sin pudor y sin piedad exhiben los arreglos, la sumisión, el cálculo racional y las ocurrencias del momento. Parafraseando a Keynes, son la encarnación de los “espíritus racionales” de la política mezclados con los “espíritus animales” de las circunstancias. En el paisajismo mexicano, la conjunción de esas prácticas y espíritus configuran el rostro cotidiano del perfil de la desestructuración de un régimen político en el que las líneas de contraste entre el gobierno y sus oposiciones son cada vez más difusas y contradictorias. Las diferencias entre el morenismo, el frente opositor (PAN/PRI/PRD), y el solitario partido MC, se diluyen en el río revuelto de los acontecimientos cotidianos.
Mientras eso sucede, quizá lo mejor opción, para algunos, sea ver desde lejos las múltiples representaciones del espectáculo de los próximos meses, que se decide a nivel nacional (vale decir, en la CDMX), pero que se escenifica en las escalas estatales y municipales. En tiempos en que los llamados a la participación activa, comprometida y militante se vuelven imperativos categóricos para favorecer una u otra causa, el “preferiría no hacerlo” de Bartleby, el célebre personaje de la novela de Melville, es una opción para algunos, aunque para otros la indiferencia sea motivo de un odio gramsciano. Es sentarse en un banco de arena a observar con calma el flujo del río de los acontecimientos, como aconseja con sabiduría una vieja canción de blues de Bob Dylan (Watching the River Flow), mientras los actores de la furia partidista de la temporada electoral hacen lo que hacen.
Thursday, February 22, 2024
Relámpagos en el cielo digital
Diario de incertidumbres
Relámpagos en el cielo digital: el Manifiesto de Liubliana
Adrián Acosta Silva
(Campus Milenio, 22/02/2024)
https://suplementocampus.com/relampagos-en-el-cielo-digital-el-manifiesto-de-liubliana/
En octubre de 2023, en la Universidad de Ljubljana (Liubliana en español), un grupo diverso de intelectuales, académicos y pensadores europeos se reunieron para analizar el impacto de las redes sociales, la inteligencia artificial y la digitalización en la educación y la cultura occidental. Fundada en 1919, esa institución de educación superior es la universidad más antigua e importante de Eslovenia, heredera de los complejos procesos de unificación y separación del imperio austrohúngaro, luego de Yugoslavia y, finalmente, de su constitución como república independiente a raíz de la desaparición de la URSS y, posteriormente, de la sangrienta guerra de Los Balcanes ocurrida a finales del siglo pasado. Hoy, ese país es miembro de la Unión Europea.
Ubicada en la capital de Eslovenia, la Universidad de Liubliana representa el cruce de historias intelectuales y políticas significativas, y tal vez por eso fue seleccionada como el lugar apropiado para una reunión dedicada a tratar de comprender y alertar sobre las oportunidades, incertidumbres y riesgos de la incontenible ola de entusiasmos desbordados que acompaña a las nuevas tecnologías que seducen a funcionarios de gobierno, empresarios, directivos y académicos de campus universitarios y sus alrededores. De esa preocupación se derivó la decisión de promover un pronunciamiento público dirigido a repensar los significados e implicaciones de las innovaciones tecnológicas en los ámbitos de la educación y la cultura.
El “Manifiesto de Ljubljana” es el resultado de esa decisión (https://readingmanifesto.org/?lang=ca). Respaldado por las firmas de más de mil académicos, científicos e intelectuales de todo el mundo, el pronunciamiento expresa una crítica a los impactos negativos de las nuevas tecnologías en la formación del pensamiento crítico contemporáneo. Al igual que en el pasado reciente lo habían hecho pensadores como George Steiner, Susan Sontag, Umberto Eco, o Nuccio Ordine, el documento enfatiza la crítica a la banalización y trivialización de las formaciones intelectuales de las nuevas generaciones, y reclama la importancia de la lectura de textos largos y complejos frente a la cultura de la superficialidad y la urgencia que dictan los usos de las nuevas tecnologías.
La escritora canadiense Margaret Atwood, el filósofo eslovaco Slavoj Zizek, o el politólogo catalán Joan Subirats (exministro de universidades del gobierno español), aparecen entre los firmantes del Manifiesto. El argumento central del pronunciamiento es rescatar el valor de “la atención, la paciencia intelectual y el pensamiento profundo” que se derivan de la lectura de libros clásicos y contemporáneos relacionados con esos valores. Para los firmantes, la digitalización de la formación intelectual y profesional de las nuevas generaciones tiene o puede tener efectos negativos en el desarrollo del pensamiento crítico, la reflexión cuidadosa, la comprensión de la complejidad del presente y el pasado de las diversas disciplinas y campos del conocimiento.
El pronunciamiento en sí mismo es un testimonio de nuestra época, donde la tiranía del pensamiento útil se impone sobre la necesidad del pensamiento profundo. Las prácticas de digitalización de la información y la ciencia de datos oscurecen a menudo la capacidad de cuestionar hechos, acontecimientos y procesos de suyo complejos, y simplifican en ocasiones al absurdo las posibilidades de la curiosidad, la intuición y de la duda metódica que están en la base del pensamiento significativo. Justo por ello, son pertinentes las llamadas de atención contra los efectos perniciosos e inclusive catastróficos de las innovaciones en la educación y en la cultura.
El Manifiesto representa no sólo un posicionamiento intelectual frente al predominio de los fuegos artificiales que promocionan las grandes empresas tecnológicas a través de nuevas plataformas, dispositivos y productos de innovaciones incrementales o disruptivas dirigidas al consumo masivo de mercancías digitales. En realidad, es también un reclamo político a gobiernos y universidades por la defensa del poder de la literatura y las artes para entender la complejidad de los cruces de los ríos mansos y salvajes de la experiencia humana, un acto de resistencia contra el poder de la robotización que penetra en muchos ámbitos de la vida pública y privada. No se trata de un nuevo episodio de las luchas entre tradición y cambio, protagonizadas por conservadores y revolucionarios, por activistas de causas rivales. Se trata del reconocimiento del papel que tienen las escuelas y universidades como espacios públicos en la formación del pensamiento crítico, donde las humanidades, la literatura o las artes contribuyen a la ampliación de las capacidades comprensivas de las tensiones y dilemas de la vida en sociedad.
Ese es el sentido profundo de la declaración de Liubliana y de otras similares que han surgido en el contexto del espectáculo de la innovación en la educación y la cultura. Son relámpagos que iluminan las zonas oscuras del reino de los cielos de la digitalización en las sociedades contemporáneas. El cielo digital no es un cielo vacío. Está habitado por nubes, algoritmos, plataformas y demás hechuras de inteligencia artificial que han dado paso a un nuevo fetichismo tecnológico. Frente al reduccionismo que impone el neo-utilitarismo en la formación de las nuevas generaciones, se formula con energía la defensa del pensamiento pausado, complejo y profundo que sugiere la práctica lectora en las escuelas primarias y en los campus universitarios. En otras palabras, es una apuesta por conciliar las habilidades digitales del presente y del futuro con el reconocimiento del saber clásico y contemporáneo.
Quizá sea una labor imposible, una resistencia simbólica frente al dominio abrumador de las narrativas digitales. En tiempos donde la gestión de la información y el conocimiento se coloca en el centro de la ola digital, en que la velocidad, la eficiencia y la distracción dominan la racionalidad comunicativa, los llamados a reconocer los límites y efectos no deseados del espectáculo de las innovaciones en el vaciamiento cultural de la formación intelectual constituye una preocupación legítima en defensa de las tradiciones lectoras, la reflexión íntima y la conversación pública en el contexto de la cultura digital.
Thursday, February 08, 2024
U de G: Reforma universitaria y fatiga institucional
Diario de incertidumbres
U de G: reforma y fatiga institucional
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 08/02/2024)
https://suplementocampus.com/udeg-reforma-y-fatiga-institucional/
En la agitada noche del 31 de diciembre de 1993, la aprobación por unanimidad de una nueva ley orgánica para la Universidad de Guadalajara por parte del Congreso de Jalisco garantizaba el rumbo jurídico de una importante reforma académica y organizacional para esa institución. Al día siguiente, el 1 de enero de 1994, la nueva ley se publicaba en el diario oficial del gobierno estatal. Con la sustitución de la ley anterior, que databa del año 1952, la U de G iniciaba una época de cambios que prometía un mejor futuro no sólo para la universidad sino también para la sociedad jalisciense. Era la fiesta de las ilusiones.
La aprobación de la ley significaba a la vez la culminación y el inicio de un difícil, conflictivo y áspero proceso de cambios impulsado por la rectoría de Raúl Padilla López en los años previos a la decisión del pleno del congreso. A lo largo de los primeros cuatro años de su rectorado (1989-1995), cabildeos constantes con funcionarios federales de la SEP, de Gobernación y de Hacienda, con diputados locales, con el gobernador electo Guillermo Cosío Vidaurri (1989-1992), y luego con el gobernador sustituto Carlos Rivera Aceves (1993-1995), marcaron la intensa agenda política de Padilla para promover y sumar apoyos al proyecto reformador.
En el mapa interno, los cambios en la geografía de las emociones y las razones políticas dominaban el espíritu de la época. Reajustes tribales, cambios en las alianzas tradicionales, sustitución de organismos representativos de los intereses universitarios tanto estudiantiles como sindicales, pleitos públicos y reclamos privados, toma de edificios, marchas, paro de labores, eran expresiones del complicado proceso de reconstrucción política de los liderazgos universitarios. La coalición padillista emergente colocó sus ideas y sus intereses al frente de los cimientos políticos de la reforma universitaria que se implementaría entre 1994 y 1995, y se consolidaría en los años posteriores. Legalidad y legitimidad fortalecieron la coalición. La nueva ley orgánica y la legitimidad política de los liderazgos reformadores marcarían los crujidos, las tensiones y la lógica de los cambios durante las tres décadas siguientes.
Este año (2024) la U de G celebra el inicio de aquella reforma. Con los claroscuros de siempre, es posible identificar logros y déficits acumulados y emergentes en el transcurso del proceso reformador. Se pueden enumerar elementos significativos de una reforma que se ha sostenido a través de seis administraciones estatales de diferente origen político (PRI/PAN/MC), y bajo la sombra de distintas políticas federales en el campo de la educación superior. Son logros que, sin embargo, se acompañan de algunas señales de fatiga institucional.
1. Una expansión sostenida. El proyecto de red universitaria que impulsó la reforma se ha mantenido a lo largo de tres décadas. Hoy, existen escuelas preparatorias de la U de G en 110 de los 126 municipios de Jalisco, y funcionan 18 centros universitarios metropolitanos y regionales de educación superior ubicados en prácticamente todas las zonas urbanas del estado. Las implicaciones sociales, económicas y políticas de esta expansión son importantes en las escalas estatal y microregionales.
2. Legitimidad social. La matrícula ha crecido de manera constante en todas las regiones de Jalisco. Hoy, la U de G absorbe una matrícula total de más de 300 mil estudiantes de nivel medio superior, superior y posgrado, cuando en 1994 esa matrícula era de 195 mil. La transición demográfica ha alcanzado a la universidad en estos años, y se ha incrementado la población de entre 15 y 23 años en condiciones de incorporarse a la universidad. Desde hace décadas, la U de G es la institución estatal más demandada en el acceso por miles de estudiantes jaliscienses cada semestre.
3. Consolidación de la profesión académica. La población académica también ha crecido. En 1994 el conjunto del profesorado se componía de menos de 10 mil personas, donde el 90% eran profesores de asignatura y no existía la figura de investigador. Hoy, casi 18 mil profesores e investigadores integran la planta académica de la universidad, de los cuales 5 mil son de tiempo completo (incluyendo a 2,800 investigadores), 11 mil de asignatura y el resto (1,600) son técnicos académicos. El 70% de los investigadores universitarios son miembros del SNII.
4. Autonomía política. La dimensión política de la autonomía de la universidad fue contemplada en la ley del ´94, en la cual, por primera vez, la decisión de nombramiento del rector dependía del consejo general universitaria y no, como en la ley anterior, de la decisión del gobernador en turno. Esto incrementó la cohesión del poder institucional alrededor de la coalición promotora de la reforma, aunque han existido episodios de confrontación interna y múltiples tensiones externas con actores políticos locales y nacionales.
La reforma de la U de G coincidió en el tiempo aunque no en las circunstancias con otros procesos reformadores de universidades públicas autónomas estatales como las de Sonora, Puebla o la Veracruzana, e influyó en otras más. No obstante, la peculiaridad de la reforma jalisciense fue la articulación de una lógica política alrededor de un personaje protagónico (Raúl Padilla), quien se erigió no solo como una figura con un poder institucionalizado, sino también como un gestor político de causas intra y extrauniversitarias.
Con su inesperado fallecimiento en abril del año pasado, a la edad de 68 años, la reforma culminó un prolongado ciclo de adaptaciones a entornos complejos. Hoy, una nueva etapa de transición marca el presente y el futuro de la red universitaria. Ninguna reforma es para siempre, y desde hace tiempo se notan síntomas de fatiga institucional en la universidad. Temas como las condiciones del personal académico (insuficiencia, envejecimiento, pensiones y jubilaciones, falta de oportunidades a académicos jóvenes), problemas en la enseñanza y la investigación, vinculación con los entornos culturales, sociales y laborales, políticas de innovación educativa, o crónicos problemas de financiamiento, configuran una agenda que apunta hacia la necesidad de cambios institucionales protagonizados por ideas, actores y lenguajes diferentes, en un contexto estatal y nacional dominado desde hace tiempo por los vientos furiosos de la polarización política.
Thursday, January 25, 2024
El futuro como promesa o basurero
Diario de incertidumbres
PRONES: el futuro como promesa o basurero
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 25/01/2024)
https://suplementocampus.com/prones-el-futuro-como-promesa-o-basurero/
Convencionalmente, el análisis del campo de las políticas públicas contempla mínimamente tres elementos básicos. Uno es la existencia de un sistema de creencias (ideológicas, políticas, teóricas, hipotéticas, normativas) que fundamenta la hechura de las ideas (claras o difusas) que funcionan como guardagujas de la acción pública. Otro es la relación de esas ideas con los intereses que articulan las relaciones entre los gobiernos y los diversos actores sociales y políticos. La tercera es la arquitectura de los programas e instrumentos de las políticas, su conexión lógica y su factibilidad técnica y política. Estos elementos colocan a las políticas frente a escenarios futuros que se antojan como posibles o deseables si se cumplen los objetivos, metas y alcances de las acciones diseñadas. Esa es la promesa de toda política pública: mejorar el estado de cosas, resolver problemas socialmente significativos, anticipar escenarios favorables, proponer utopías organizadas, invocar ilusiones optimistas.
El análisis del Programa Nacional de Educación 2023-2024 (Prones) se inscribe en este contexto de teorías y experiencias de políticas, pero muestra un par de cosas especialmente relevantes. Por un lado, es la síntesis retórica de las creencias, acciones y compromisos formulados por el gobierno obradorista desde 2018. Por otro, es un minucioso prontuario de intencionalidades organizadas en el lenguaje básico de (casi) todas las políticas públicas contemporáneas (objetivos, metas, estrategias, indicadores, resultados esperados). Ambos rasgos apuntan hacia la auto-legitimación de un “nuevo modelo” de políticas de educación superior que, aunque se presenta como transformador, hasta ahora es difuso, contradictorio o insuficiente.
El diagnóstico que sustenta el programa reitera mucho de lo que ya se sabe. La educación superior es un campo de desigualdades sociales agudizadas por la pandemia del Covid-19, donde el acceso, la equidad y la inclusión de las “poblaciones vulnerables” son un objetivo siempre aplazado en el contexto de un financiamento público históricamente errático e insuficiente. Pero la causa principal de esos déficits de financiamiento y cobertura se atribuye a la privatización de la educación superior, el predominio del modelo de las universidades de investigación, la internacionalización y la competencia por los mercados educativos. El lenguaje de la teoría del capitalismo académico de Slaughter y Leslie se filtra en la fundamentación retórica del Prones.
El programa publicado apenas el 28 de diciembre pasado enuncia 5 objetivos prioritarios, 24 estrategias y 149 “acciones puntuales” que amparan el cumplimiento de 5 “metas para el bienestar” y la formulación de 10 parámetros para el seguimiento y evaluación de resultados esperados del Prones. Se afirma que el proceso de evaluación se realizará en el marco del Conaces, con el apoyo de instrumentos de información (Siies) y de acreditación y evaluación (Seaes). Visto en su conjunto, el programa es un recuento de acciones perfiladas o ya realizadas en los cinco años anteriores (2018-2023), pero colocando en el futuro (muy) próximo (2024-2025) o remoto (2040), muchos de los resultados esperados del Prones.
El problema con la publicación tardía del programa es que se trata de una legitimación expost de decisiones y no decisiones de políticas que han marcado el territorio de la educación superior del país. Pandemia, financiamiento, gratuidad, universalización, integración del Conaces y de las instancias de planeación subnacionales, constituyen temas dominantes del pasado reciente. A su vez, el “problema del problema” es que muchas de los objetivos y efectos de las acciones sexenales se proyectan hacia el futuro (2025, 2030, 2040), bajo el supuesto político de que el oficialismo morenista logrará refrendar su predominio en las elecciones de junio de este año, y con ello garantizar la continuidad del programa.
Pero el prinicipal desafío de las políticas que perfila el Prones es bifronte. Por un lado coloca al futuro como una promesa de solución para los problemas del presente. Por otro, que no contempla que el déficit de implementación de las políticas es la bestia negra de toda acción pública. El programa refleja ambas dimensiones del desafío. Vislumbrar un futuro optimista parte de un clásico supuesto ceteris paribus, es decir, de que se puede cumplir siempre y cuando las condiciones permanezcan constantes. Ello implica el cálculo de que los asuntos no resueltos o insuficientemente resueltos del presente y el pasado reciente de la educación superior deberán resolverse de alguna manera en el futuro próximo o remoto.
La segunda dimensión del problema es el de su implementación. Parafraseando una vieja consigna leninista referida a los soviets, “todo el poder al Conaces” parece ser la máxima política y organizativa del Prones. El Consejo es un órgano de gobernanza, un espacio de negociación y acuerdos potencialmente útil si se le dota de instrumentos claros y recursos suficientes de implementación de sus decisiones. El riesgo es que se convierta en un espacio de deliberación improductiva frente al tamaño y complejidad de las restricciones organizativas, políticas o financieras de sus entornos. El Conaces corre el alto riesgo de convertirse en un elefante burocrático en un escenario inmóvil, degradado o catastrófico, tal como ha ocurrido con experiencias similares en el pasado reciente del país.
La “visión hacia el futuro” que dibuja el Prones es el escenario de una fantasía organizada: existe un “espacio común para la educación superior”, la cobertura a la educación es universal y gratuita, el Conaces es un intrumento eficaz en la gobernanza sistémica del sector, existe un financiamiento público creciente, suficiente y estable para las instituciones públicas. Son los rasgos de un futuro que se perfila a partir de este mismo año (2024) y que se proyecta en el porvenir (2040), que no se distrae en los obstáculos sociales e institucionales que se han endurecido en los años recientes; un futuro impermeable a la acumulación de los rezagos e insuficiencias de la acción pública que caracterizan el presente mexicano en la educación superior. En este sentido, el futuro no es solamente un imaginario territorio de cumplimiento de las buenas intenciones gubernamentales. También puede ser visto como un gigantesco basurero donde se pueden depositar, una y otra vez, los problemas del presente.
Wednesday, January 24, 2024
Aguas lodosas
Educación superior y elecciones en 2024: navegar en aguas lodosas
Adrián Acosta Silva
“Suelo hablarles a los mapas, y a veces hasta me contestan”
Abdulrazak Gurnah, A orillas del mar.
(Nexos, 24/01/2024)
https://educacion.nexos.com.mx/educacion-superior-y-elecciones-en-2024-navegar-en-aguas-lodosas/?_gl=1*1vx06cx*_ga*MzE2NTk4NzAxLjE3MDE3Mzk5MDk.*_ga_M343X0P3QV*MTcwNjExMTU1NS4yOS4xLjE3MDYxMTE4ODUuNDUuMC4w
La navegación es un oficio de barcos, tripulaciones y suministros que requiere de tres herramientas básicas: calendarios, mapas y brújulas. Los primeros ayudan a gestionar el tiempo, a calcular movimientos y velocidades con la ayuda de relojes y el conteo de los días y los años. Los mapas son representaciones territoriales. Señalan geografías, orientan búsquedas, proporcionan un sentido del espacio, de las distancias, hasta de las culturas y de sus poblaciones. Las brújulas son artefactos indispensables para la exploración de territorios, de la ubicación de los puntos cardinales territoriales. Antiguamente, los mapas eran hechos a mano por cartógrafos amateurs y expertos, basados en la observación cuidadosa y experiencias de viajeros profesionales y exploradores solitarios. Las brújulas —por su parte— son universos en miniatura de símbolos e imanes, producto de la intuición y la curiosidad científica de astrónomos, matemáticos y físicos. Los mapas nos muestran nuestro lugar en el mundo. Las brújulas, las orientaciones de nuestros recorridos reales o imaginarios. Los calendarios, el sentido del tiempo para desplazarse de un lugar a otro.
Los marineros y los conquistadores apreciaban el extraordinario valor de esos instrumentos, del uso de catalejos, mapas marítimos, astrolabios, faros marinos, relojes y calendarios. Los nostromos, o contramaestres, sabían muy bien cómo organizar los viajes con ayuda de esas herramientas. En las escuelas suelen encontrarse con grandes mapas colgados de las aulas, algún globo terráqueo, mapamundis que circulan de mano en mano, mapas impresos en libros de texto para enseñarnos a ubicar nuestra posición en el mundo. Las brújulas suelen ser utilizadas como juguetes, a veces para imaginar rumbos reales o imaginarios. Los relojes son instrumentos de precisión, útiles para la organización de las relaciones comerciales, sociales o políticas.
Mapas, brújulas y calendarios son herramientas para los extraviados, para los que buscan algo: caminos, brechas, senderos, comprensión, ubicación, extensión. Simbolizan el sentido de comprensión del espacio y del tiempo. Por ello, escritores como Herman Melville, Joseph Conrad o Álvaro Mutis los refieren de manera casi religiosa en sus obras, armas simbólicas contra la desorientación, antídotos frente a los riesgos e incertidumbres que significa navegar en aguas de profundidades desconocidas y mares calmos o embravecidos. Pero esto se aplica también, metafóricamente, a los territorios de la vida social y política, donde esos dispositivos son indispensables para seguir la pista de los actores, la lógica de sus conflictos y acuerdos, de la presiones del “maldito factor tiempo” (Norbert Lechner dixit) para gestionar las incertudumbres, para tomar decisiones y no-decisiones.
Desde esa perspectiva, el 2023 puede ser visto como un año que confirmó pleitos, endureció tendencias y abrió nuevos dilemas que marcan el áspero territorio de la política mexicana en los tiempos del obradorismo. Las señales de una nueva transición desde una democracia frágil hacia un claro autoritarismo político basado en la hegemonía de un partido/movimiento (Morena) —aliado desde hace años con partidos-satélite como el PT y el PVEM— han definido en buena medida el mapa de los juegos políticos nacionales. Los actores principales han mostrado sus cartas. De un lado, la coalición gobernante ha postulado a Claudia Sheinbeaum una probada discípula de López Obrador y miembro conspicuo de su inner circle desde que AMLO fue jefe de gobierno de Ciudad de México. Por otro, una coalición opositora (PAN,PRI,PRD) lanzó como candidata a Xóchitl Gálvez, una apuesta hacia la construcción de cierto liderazgo carismático que sea capaz de atraer votos de decepcionados e indecisos con la gestión del oficialismo morenista. Un poco más al fondo, ubicado en un centro difuso, Movimiento Ciudadano (MC) postuló recientemente al todavía diputado Jorge Álvarez Maynez —luego de la comedia de equivocaciones protagonizada por Samuel García en Nuevo León— con el cálculo de que puede funcionar como un partido-bisagra en las próximas elecciones para la composición de las próximas legislaturas federal y estatales, así como en algunos gobiernos municipales.
En este contexto, la educación superior espera las señales del futuro. Claramente, la coalición oficialista encabezada por Sheinbaum apuesta a la continuidad de las políticas del obradorismo desprendidas de los nuevos marcos legales impulsados por su administración (la Ley General de Educación Superior y la Ley de Humanidades, Ciencia y Tecnología, las reformas al sistema nacional de investigadores, por citar algunas), que coexisten con los proyectos emblemáticos (y polémicos) del sector (las “Universidades del Bienestar Benito Juárez García”), la creación de nuevas formas de instituciones públicas (universidades tipo “Rosario Castellanos”), o el impulso a la reforma de las escuelas normales y de la Universidad Pedagógica Nacional. Desde esta perspectiva, las universidades públicas federales y estatales no parecen estar en la agenda de prioridades de la coalición Sigamos haciendo historia.
Por su parte, la coalición que postula a Gálvez no ha formulado ideas claras respecto de lo que pretende hacer en el campo de la educación terciaria. Hay declaraciones difusas sobre apoyos e innovaciones, algunas intencionalidades de cambios, pero no definiciones, ni acciones contempladas. En la Universidad de Colima, por ejemplo, el pasado 8 de diciembre, la candidata de la alianza Fuerza y corazón por México Va por México, afirmó que desea una educación de “alta calidad para el futuro”, “orientada hacia la ciencia y la tecnología”, ampliar la matrícula y “nuevas oportunidades para el acceso de los jóvenes a las universidades”. Son frases toda-ocasión que en poco ayudan a delinear una idea clara sobre el sector.
Mientras las naves político-electorales van, los desafíos del futuro permanecen y los déficits se acumulan en la educación superior. Cobertura y calidad, gobernanza, financiamiento y coordinación, vinculación social y empleablidad de los egresados, forman parte de esos desafíos y déficits institucionales, que son diferentes en complejidad y dimensiones desde una perspectiva sistémica, regional y territorial. La publicación tardía en el Diario Oficial de la Federación del “Programa Nacional de Educación Superior 2023-2024” (bajo el extraño título de Programa especial derivado del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024) apenas el 28 de diciembre pasado, a nueve meses de la terminación de la administración obradorista, introduce un nuevo factor de contexto en la disputa electoral. En estas circunstancias, mapas, brújulas y relojerías de ocasión relojes dominan la observación y las experiencias de la temporada, para tratar de identificar la tonalidad de las urgencias, la comprensión de las pausas, o el cálculo de los riesgos y las oportunidades, pero también ayudan a identificar los perfiles de la polarización y la confusión que dominan el juego de espejos en que suelen convertirse los patios interiores de la política de las políticas en la educación superior mexicana.
Thursday, January 11, 2024
Programa nacional de educación superior
Diario de incertidumbres
Programa Nacional de Educación Superior 2023-2024
Adrián Acosta Silva
(Campus-Milenio, 11/01/2024)
https://suplementocampus.com/programa-nacional-de-educacion-superior-2023-2024/
El jueves 28 de diciembre, en pleno día de los santos inocentes, fue publicado el “Programa Especial derivado del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024”, en el Diario Oficial de la Federación. Tres días antes del fin del año, y a nueve meses de la terminación de la administración obradorista, la Subsecretaria de Educación Superior de la SEP, la dependencia responsable de la elaboración del programa, incluyó la versión final del documento oficial que marca las pautas operativas de implementación de las disposiciones normativas contenidas en la Ley General de Educación Superior (LGES), aprobada en abril de 2021.
Dos años y ocho meses tardó la elaboración y publicación del programa oficial del sector de la educación terciaria. El extraño, eufemístico y barroco título de “Programa Especial derivado…” es curioso, pero corresponde, en buen cristiano, al Programa Nacional de Educación Superior (PNES), contenido como ordenamiento legal en la LGES. Producto de varios foros y reuniones, de los trabajos del Consejo Nacional para la Coordinación de la Educación Superior (Conaces), de las consultas con especialistas, la publicación del programa es una buena noticia, aunque sea tardía y extraña. ¿Un programa federal que sólo contempla menos de un año para su aplicación?.
Es pertinente recordar que existen antecedentes del PNES. Los más conocidos son el Programa Nacional de Educación Superior (Pronaes), el Programa Integral para el Desarrollo de la Educación Superior (Proides), o el Programa Integral para el Fortalecimiento Institucional (Pifi). Los dos primeros corresponden al sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988), y el Proides continuó parcialmente vigente durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). Ambos instrumentos forman parte del primer ciclo de las políticas de modernización basadas en la planeación y la evaluación que impulsaron cambios importantes en la orientación y estructuras de las universidades y las instituciones de educación terciaria del país, y expresaron de alguna forma las disposiciones normativas contenidas en la Ley para la Coordinación General de la Educación Superior (LCES), formulada en 1978.
Durante el sexenio de Ernesto Zedillo (1994-2000), el peso del Proides se desvaneció, pero se formularon los principios básicos de la segunda etapa o ciclo de modernización de la educación superior con la legitimación de los programas basados en incentivos para mejorar la calidad y pertinencia de las IES. Estos programas significaron la consolidación no sólo de un nuevo lenguaje de las políticas de educación superior, sino que también influyeron de manera importante en las formas de gestión de los recursos y la gobernanza institucional de las universidades e instituciones de educación terciaria, la diferenciación de los programas de evaluación y acreditación de la calidad, la rendición de cuentas, y el establecimiento de las políticas de financiamiento público diferencial, condicionado y competitivo.
El Pifi nació con la administración del sexenio de Vicente Fox (2000-2006), y se alargó durante el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012). Junto con la formulación y aplicación de diversos programas específicos impulsados por los tres últimos gobiernos priistas del siglo XX que acompañaron este instrumento de políticas, el nuevo oficialismo político encabezado por gobiernos panistas continuaron con la ruta de las políticas de modernización anteriores, aunque colocaron en el centro temas como el aseguramiento de la calidad de los programas profesionales, la diversificación institucional, la internacionalización o la innovación de la educación superior. Aunque ni el Pifi ni los diversos programas específicos resolvieron de manera coherente y satisfactoria los problemas críticos del sector, consolidaron lo que a la distancia puede ser considerado como un paradigma de políticas basado en la calidad, la rendición de cuentas y la combinación del financiamiento incremental (presupuesto ordinario) con el condicionado (presupuestos extraordinarios).
El gobierno de Peña Nieto (2012-2018) continuó por los mismos ejes de políticas de los cinco sexenios anteriores, aunque hubo una reducción y reorganización de los programas. La novedad fue el papel de los gobiernos estatales en la gestión y el financiamiento a las universidades públicas autónomas y a los sistemas subnacionales de educación superior. La conflictividad política y la disputa por los recursos se conviertieron en factores contextuales en los que el papel de los gobernadores fue clave para activar o negociar conflictos, en especial con las universidades estatales. Algunos de los casos emblemáticos de este período fueron la Universidad Veracruzana, la de Guadalajara, la de Querétaro, o la de Baja California.
Con estos antecedentes, la llegada de un nuevo oficialismo político encabezado por el presidente López Obrador y su partido (Morena) significaba una ruptura con el paradigma de políticas dominante durante 36 años en el sector, al (des)calificarlo como “neoliberal”. Un nuevo discurso basado en las ideas de la obligatoriedad y gratuidad de la educación superior se dirigió a cambiar abruptamente con las reglas del juego de las políticas federales precedentes. De ahí surgen iniciativas de reformas como la LGES, la LHCyT, del Conacyt y del SNI, pero también de la aplicación de severas políticas de austeridad hacia las universidades públicas federales y estatales. El “Programa especial…”, nace en esas circunstancias, y un análisis de de su lógica de elaboración y contenidos tiene más un aspecto de cierre de la administración obradorista que de una visión del futuro de la gestión gubernamental sobre el sector.
Durante el primer tercio del nuevo gobierno, las señales fueron claras: disminuyeron y prácticamente se extinguieron los programas de financiamiento extraordinario basados en incentivos. Se decidió el apoyo proritario a un nuevo proyecto federal (las Universidades para el Bienestar Benito Juárez), y a la expansión de las políticas de becarización para las franjas más vulnerables de las poblaciones estudiantiles de las IES públicas. Las políticas de gestión de la calidad fueron sustituidas rápidamente por políticas de gestión de la austeridad. Las universidades públicas autónomas fueron las más afectadas por estos cambios en las reglas del juego, y la crisis de la pandemia experimentada entre 2020 y 2022 colocó nuevas prioridades y urgencias en el sector: la transición hacia modalidades virtuales, la atención al problema de los abandonos escolares, la coordinación de las instituciones a las políticas federales y estatales de gestión de la crisis sanitaria.
En este contexto surge el PNES 2023-2024. En la próxima colaboración revisaremos sus prinicipales componentes.
Sunday, January 07, 2024
Hojas de otoño
Hojas de otoño: elogio de la soledad
Adrián Acosta Silva
(El Informador, 07/01/2024)
https://www.informador.mx/ideas/Hojas-de-otono-elogio-de-la-soledad-20240107-0025.html
El mundillo de los pequeños cines urbanos, los circuitos de bares sórdidos donde se bebe cerveza caliente, vodka barato y se practica el karaoke, los recorridos por las calles desoladas y frías del otoño europeo, son los escenarios donde transcurren las vidas de dos personajes solitarios, invisibles, que trabajan en fábricas y tiendas de autoservicio, y cuyas rutinas van de los desplazamientos cotidianos de sus casas al tranvía, al trabajo y viceversa. Uno es un obrero alcohólico. Otra es una trabajadora que pasa de un empleo a otro. Ambos se encuentran y se atraen en la atmósfera sombría de un bar, se conocen brevemente en la sala de una cine de barrio viendo una película de zombies, y finalmente terminan por apostar a una relación como pareja. Esta es la (arbitraria y probablemente injusta) síntesis de Hojas de otoño (2023), la cinta finlandesa dirigida por Aki Kurismäki, y protagonizada por Justi Vatanen (“Holappa”) y Alma Pöysti (“Ansa”).
Se trata de un relato sobre las hechuras de la soledad y la desesperanza, que transcurre en los barrios empobrecidos de Helsinki, una de las capitales europeas que protagoniza, junto con Oslo o Copenhague, la cristalización de los sueños nórdicos del bienestar, el desarrollo y la felicidad. Es la vida de dos solitarios que transcurre gobernada por el azar y las rutinas de una ciudad irreconocible, que muestra las estampas de un proletariado industrial atrapado entre la satisfacción mínima de sus necesidades vitales, la austeridad de sus medios de vida, y la búsqueda impulsiva de algún horizonte de sentido de sus existencias.
Esa búsqueda se acompaña ocasionalmente de pequeños grupos de amigas y amigos, compañeros de trabajo, empleadores despiadados de fábricas de acero y ciudadanos anónimos que forman parte del paisaje cotidiano de sus vidas privadas. Trata también del ejercicio del recurso del humor para suavizar las pequeñas incertidumbres, contradicciones y sinsentidos de toda la vida, un estado de ánimo acompañado por las notas de tangos argentinos, rock inglés, mambos italianos y canciones populares finlandesas.
Hojas de otoño es un elogio de la soledad en la sociedad de masas. Una mirada inquietante, desoladora, a la vez reflexiva pero sin moralinas sobre la experiencia urbana y sus inevitables diversidades, conflictos y contradicciones. Pero también puede ser el producto de una revelación: la de un autor que se niega a repetir los lugares comunes y opta por dirigir la luz hacia los rincones que suelen habitar el anonimato de hombres y mujeres de la sociedad posindustrial. La soledad como único refugio seguro de sentimientos, emociones y razones de quienes viven atrapados por fuerzas invisibles que no controlan y que no entienden.
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