Friday, February 27, 2026

El síndrome de Andrea

Diario de incertidumbres Egresados: el síndrome de Andrea Adrián Acosta Silva Campus-Milenio, 26/02/2026 https://suplementocampus.com/egresados-el-sindrome-de-andrea/ Hace poco, una joven recién egresada de la carrera de sociología de la Universidad de Guadalajara me preguntó que cómo había hecho para conseguir un empleo cuando yo mismo había recién egresado de esa carrera hace más de cuatro décadas. La joven, con las mejores credenciales escolares de su generación (promedio de calificaciones cercano al 100, reconocimientos del programa y de sus profesores, con buen manejo del inglés, con experiencia como asistente de investigación de algunos de sus profesores), seis meses después de su egreso no encontraba trabajo, y la ansiedad y el desánimo comenzaban a aparecer en el horizonte de sus veintitrés años. La situación de la joven (a quien llamaremos, digamos, “Andrea”, un nombre ficticio), no es inusual en la educación superior mexicana desde varios años. Es una paradoja dramática que el énfasis puesto en la calidad de los programas de estudios o en el incremento en la cobertura de la educación superior, no hayan resuelto satisfactoriamente el problema de las oportunidades laborales de los egresados en muchos campos formativos. Según datos del Anuario Estadístico 2024-2025 de la Anuies, durante ese ciclo escolar egresaron de las instituciones de educación superior un poco más de un millón de estudiantes de todas las modalidades públicas y privadas del sistema nacional. De ese total, casi una cuarta parte se ubicaron en dos entidades de la república (Ciudad de México y Estado de México), y otra porción similar se concentró en cuatro entidades más (Jalisco, Nuevo León, Puebla y Veracruz). Es decir, 6 entidades del país concentraron la mitad de la población de egresados de la educación terciaria mexicana. Más de la mitad de esa población son mujeres, lo que confirma la tendencia hacia la feminización de la matrícula de la educación superior observada desde finales del siglo pasado, tendencia que se constituye como uno de los motores de la expansión del sistema nacional. Si se toma el dato de la matrícula del nuevo ingreso durante el mismo ciclo, se observa la fuerza de esa tendencia hacia el predominio de las mujeres en el acceso a la educación terciaria: casi 6 de cada 10 nuevos ingresos son mujeres, lo que indica una tendencia hacia la “des-masculinización” de la educación superior, que seguramente incrementará el peso diferenciador de las mujeres en el egreso en los próximos años. Hay por supuesto desigualdades importantes en términos de ingresos y egresos en las escalas estatales, en las áreas de conocimiento y en las disciplinas preferidas de la formación profesional entre hombres y mujeres. No obstante, la dinámica del comportamiento de las poblaciones en la educación superior revela las nuevas complejidades de las trayectorias vitales de hombres y mujeres en los diversos campos formativos. Cuántos son y cómo se distribuyen son apenas la punta del iceberg de esa complejidad. ¿Quiénes son, porqué están ahí, cómo experimentan sus procesos formativos, cuáles son sus estrategias y oportunidades de inserción laboral en mercados profesionales dominados por nuevas reglas e incertidumbres? Estas preguntas han sido abordadas desde la sociología de la educación y la economía política de los sistemas de educación superior en México y en América Latina, y una cantidad importante de estudios se han realizado al respecto desde los años setenta, justo cuando se registra en muchas regiones el proceso de masificación del acceso a la educación terciaria. Hoy, cuando se observa una tendencia clara hacia la universalización de ese nivel educativo, nuevas preguntas se acumulan en el estudio de los perfiles de acceso y egreso, donde la diversificación y diferenciación institucional, el origen social, el fenómeno de la precarización de los empleos profesionales (el denominado “precariato” juvenil), o formas contradictorias de cohesión y exclusión social, dominan el horizonte grisáceo de las oportunidades laborales de las y los egresados. Frente a este panorama de problemas, oscuridades e incertidumbres se requieren anteojos más potentes para revisar lo que sabemos sobre las realidades estudiantiles y de los egresados universitarios del primer cuarto del siglo XXI. La masificación y la universalización no resuelven por sí mismas las múltiples disparidades en el ejercicio del derecho a la educación o el acceso a empleos profesionales dignos, estables y atractivos para las distintas generaciones de egresados de la educación superior de Oaxaca, Chihuahua, la Ciudad de México o Jalisco. El caso de Andrea es revelador de un síndrome que afecta el imaginario, las expectativas y las incómodas realidades sobre la educación superior contemporánea. De hecho, es posible observar en no pocos países latinoamericanos la disminución del interés de las nuevas generaciones por ingresar a cursar estudios de ese nivel, que se expresa en una discreta pero preocupante tendencia hacia la reducción de la demanda de acceso a la educación superior tradicional, algo que también ha ocurrido en México en los últimos años. La apuesta a las micro-credenciales, las estrategias de educación a lo largo de la vida, la formación dual, la revaloración de los oficios, las innovaciones pedagógicas, la irrupción de la inteligencia artificial generativa en las formaciones técnicas o profesionales universitarias y no universitarias, son parte de las propuestas que se ensayan con mayor o menor validez para mejorar el atractivo de la educación superior para las nuevas generaciones de estudiantes y egresados. Mientras vemos que sucede, Andrea, como muchas y muchos egresados universitarios, continuará preguntando, tocando puertas y buscando oportunidades laborales para ejercer la profesión que eligió. Por lo pronto, se está inclinando a cursar una maestría que pueda apoyarla con una beca, para continuar estudiando y asegurar un ingreso relativamente estable durante los próximos dos años. Es una decisión racional que funciona como una suerte de seguro de desempleo. Ya después, como me dijo con cierta resignación, “dios dirá”.

Thursday, February 12, 2026

Paradojas de la austeridad

Diario de incertidumbres LGES: paradojas de la austeridad Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 12/02/2026) https://suplementocampus.com/ley-general-de-educacion-superior-paradojas-de-la-austeridad/ A cinco años de la promulgación de la Ley General de Educación Superior (LGES), las cosas han cambiado poco en la educación terciaria mexicana. Bien visto, lo que se observa es un campo sembrado de paradojas, es decir, una serie de hechos (comportamientos, tendencias, prácticas), que no corresponden a la lógica de las políticas públicas en educación superior. Como se sabe, el lenguaje y la retórica de la 4T que constituyen el sustrato ideológico de la Ley, fueron acompañados por la fuerza política de la coalición gobernante del morenismo en el Congreso de la Unión, que dio por resultado una aprobación sin mayores complicaciones de la propuesta elaborada por el ejecutivo y cabildeada según los procedimientos correspondientes con las dos cámaras en abril del 2021. El gobierno de la 4T había anticipado el color de su iniciativa con la creación de un nuevo conglomerado de universidades públicas (las Universidades del Bienestar Benito Juárez García, UBBJG), ubicadas en los territorios de las poblaciones más vulnerables del país. Aunque nunca ha sido claro el sentido, los argumentos ni la pertinencia o factibilidad de las 214 sedes locales que tiene hoy esa institución en el país, se convirtió en los hechos en la principal prioridad de la política educativa del obradorismo. Con la continuación del proyecto de la 4T con la presidenta Sheinbaum, se agregó entre las prioridades federales la expansión de las sedes de la Universidad Nacional Rosario Castellanos (UNRC), que hoy funcionan en 13 localidades (11 en la CDMX, 1 en Chiapas y otra en Baja California), más otras 2 en construcción en el Estado de México y en San Luis Potosí. En ambos gobiernos morenistas, las universidades públicas autónomas federales y estatales no fueron consideradas prioritarias, y han sido castigadas sistemáticamente en términos presupuestales antes, durante y después de la aprobación de la LGES. La retórica transformadora se basó en una lógica disruptiva, enfocada en la crítica de las políticas implementadas en los cinco sexenios previos. Sin un diagnóstico técnicamente preciso y racionalmente fundamentado, y entre las aguas revueltas de las descalificaciones políticas e ideológicas al viejo modelo “neoliberal” basado en la búsqueda de la calidad, la internacionalización y la competencia de las universidades por recursos públicos extraordinarios, se propuso un nuevo modelo basado en la justicia social, la austeridad, la gratuidad y la universalización de la educación superior. El eje vertebral del modelo emergente es la búsqueda de la regulación y coordinación efectiva del sistema de educación superior, mediante la estructuración de una serie de agencias de planeación a nivel federal (el CONACES) y a nivel subnacional (COEPES). Se formuló el Programa Nacional de Educación Superior a finales del 2023 (con vigencia sólo hasta el 2024), se propuso un nuevo sistema de acreditación y evaluación federal, y entre 2021 y 2024 se impulsó, desde la CONACES, la “armonización” de las normativas estatales a la LGES (“leyes espejo”), la reactivación de las COEPES, y la formulación de programas estatales de educación superior. La implementación de la LGES ha sido un típico proceso de ordenamiento de arriba hacia abajo, en decisiones tomadas por un órgano federal (un Consejo Nacional) dominado por las autoridades federales y la participación minoritaria de autoridades universitarias públicas federales y estatales. Se han realizado un número importante de reuniones de CONACES, y un número indeterminado de las COEPES a nivel subnacional. En esas reuniones se informa de acuerdos y avances de la ley en distintos rubros (acreditación, evaluación de programas, distribución de espacios escolares para las solicitudes de primer ingreso en las IES públicas), pero aún no se modifican dos de los aspectos críticos que padecen las universidades desde hace más de una década: el financiamiento público y el crecimiento lento pero inexorable de la educación superior privada. Poco a poco, se nota un proceso de “colonización” de las IES privadas sobre el sistema de educación superior en términos de matrícula, profesorado y establecimientos. Hoy, 38 de cada 100 estudiantes están inscritos en programas ofrecidos por IES privadas, 50 de cada 100 profesores laboran en ese sector, y 75 de cada 100 establecimientos de educación superior son particulares. Las ofertas públicas y privadas mantienen un crecimiento inercial desde hace por lo menos una década, y la LGES no ha logrado alterar ese comportamiento a favor del sector público. Respecto del financiamiento, el gasto por alumno y el presupuesto público hacia la educación superior han disminuido en términos reales desde 2021. La cancelación de los programas de apoyos extraordinarios a las universidades que sustentaron las políticas del ciclo “neoliberal”, no fueron sustituidas por el Fondo Nacional para la Gratuidad contemplado en la LGES desde hace un quinquenio, lo que ha significado un duro golpe a las universidades públicas. Aunque dicho fondo, de acuerdo con la propia ley, sería efectivo a partir de 2022, a la fecha no se ha contemplado en la distribución presupuestal federal. La paradoja de las políticas federales es que un discurso centrado en el fortalecimiento de la coordinación sistémica y en la expansión del sector público ha abierto las puertas al sector privado. La otra es que las prioridades políticas del gobierno federal (UBBJG y UNRC) no obedecen a la lógica de las políticas imaginadas en la LGES. La sobre-regulación financiera a las IES públicas ha significado un crecimiento lento pero persistente crecimiento de las ofertas privadas. Pero la paradoja mayor en el campo de las universidades públicas es que se observa una cobertura mayor con un menor financiamiento público; es decir, aunque hay una contención presupuestal federal endurecida desde 2018, la matrícula, el profesorado y los programas de licenciatura y posgrado han crecido. En estas circunstancias, el lenguaje de las políticas no se corresponde con el lenguaje de los hechos. No es nada nuevo bajo el sol mexicano (ha ocurrido antes con otros gobiernos y ciclos de políticas), pero lo que sorprende es cómo bajo la música metálica de la austeridad financiera las fuerzas duras de la continuidad se imponen a las intenciones de los cambios imaginarios de las políticas.

Tuesday, February 03, 2026

Alcantarillas

Tierras raras Alcantarillas Adrián Acosta Silva Reverso, 03/02/2026 https://reverso.mx/tierras-raras-alcantarillas/ La nota periodística habla de individuos que entran y salen rutinariamente de las alcantarillas de Guadalajara para buscar objetos de valor entre las aguas pestilentes y los túneles oscuros que habitan las venas profundas de la ciudad. A tientas recogen metales (monedas, herramientas enmohecidas, cuchillos oxidados), que luego limpian y venden por gramo o por kilo a comerciantes de metales y antigüedades que se interesan por esos objetos. Se trata de una actividad literalmente oculta realizada en silencio por los condenados de las tierras raras que habitan las zonas subterráneas de la capital tapatía. No se sabe con precisión quiénes son, por qué están ahí, ni cuántos de ellos se dedican a esta actividad, pero se intuye que forman parte de la población que cotidianamente duerme y vive de y en la calle: pordioseros, mendigos, marginados, los que vemos todos los días en esquinas y avenidas de la ciudad, pidiendo una moneda a automovilistas y ciudadanos de a pie. Forman el rostro pétreo de la pobreza y la miseria que coexisten con la medianía de muchos y la opulencia de algunos y algunas. Son cristalizaciones individuales de la economía de la pobreza que gobierna la desigualdad mexicana. Personas que buscan formas de supervivencia en las condiciones de precariedad eterna a la que parecen condenados. Entre aguas negras, cucarachas, ratas y alimañas, buscan esperanzas metálicas que les representen formas de resistencia para sobrevivir el día a día. Una moneda vieja de peso o de veinte centavos, un trapo que puede ser reusado, una herramienta a la que se puede sacar cierta utilidad, son los preciados objetos que significan un pequeño triunfo o una satisfacción minúscula obtenida con sus propias manos en la oscuridad de los drenajes. Esa actividad sombría forma parte de nuestra propia música de cañerías, aquella de la que hablaba el viejo Bukowski en sus relatos. Personajes en búsqueda de cosas de algún valor entre las aguas turbias que corren por debajo de calles y edificios, en ambientes sórdidos e invisibles para la mayoría. Son pequeñas tribus de excluidos, alcohólicos, drogadictos, inmigrantes, individuos que por circunstancias propias o ajenas deambulan en penumbras por los pasajes profundos de Guadalajara. Vivir en los sótanos urbanos como estrategia, refugio y dormitorio. Derivación de la palabra árabe Al-qantarah (que significa “pequeño acueducto subterráneo”), las alcantarillas son sitios que han servido de inspiración para cantantes, escritores y poetas, como metáforas de la vida entre lugares que acumulan nuestros deshechos. Y, sin embargo, ahí transcurren las vidas de individuos que representan nuestra memoria del subsuelo, personas que configuran la materia prima de cualquier antropología de la miseria. Entre su soledad y sus necesidades, protagonizan lo que ocurre en los sitios que nadie quiere voltear a ver, escuchando en la oscuridad los ecos apagados de la música de las cloacas.