Friday, February 01, 2019

Tiempo y reformas

Estación de paso

Tiempo y reformas

Adrián Acosta Silva

(Campus-Milenio, 31/01/2019)

Hace un cuarto de siglo, varias universidades públicas estatales experimentaron procesos reformadores de distinto significado, orientación y alcance. Como todos los procesos similares, las reformas fueron el efecto de factores contextuales e institucionales generales y específicos, que se combinaron de distinta forma para modelar las condiciones, las percepciones y las creencias que activaron proyectos de cambio institucional al interior de las comunidades universitarias.

La dimensión simbólica, el lenguaje al uso, los actores e intereses en juego, los diagnósticos, las agendas de las transformaciones, determinaron el origen de las reformas de los primeros años noventa del siglo pasado. Pero es la dimensión política la que explica la lógica de las reformas, el peso de los intereses y de los interesados, el papel de las fuerzas externas a las universidades, o la manera en que el pasado remoto o reciente determinó la configuración política que hizo posible el rumbo y la viabilidad de las reformas universitarias del fin del siglo XX mexicano.

Los casos de las Universidades de Guadalajara, Puebla y Sonora representan experiencias institucionales que de algún modo se constituyeron en referentes para otras universidades públicas del país. Luego de momentos de crisis, de conflicto y tensión entre sus comunidades, y en un contexto marcado por el escepticismo gubernamental en torno a las capacidades transformadoras de las universidades públicas, en esas tres instituciones se desarrollaron reformas que terminaron no solamente por legitimar proyectos y agendas, sino también para adaptar sus estructuras de gobierno y gestión institucional a un contexto político y de políticas que ya no era lo que solía ser.

En la Universidad de Guadalajara, por ejemplo, la expedición de una nueva Ley Orgánica en los primeros días del mes de enero de 1994 fue el resultado de intensos años de negociación y cabildeo entre diversos sectores de la comunidad universitaria, y entre las autoridades de esa universidad con los gobiernos estatal y federal. Luego de casi cinco largos años de diagnósticos, foros, consultas, integración de propuestas, de ásperos conflictos internos que terminaron en fracturas entre los grupos políticos tradicionales universitarios, la nueva Ley permitió no solamente legitimar el proyecto reformador universitario, sino también implementar lo que hoy se conoce como la Red Universitaria de Jalisco de la U. de G.

Un cuarto de siglo después, la Red es un proyecto institucional con resultados importantes, algunos esperados, otros no tanto. La coalición reformadora que impulsó la transformación de la U. de G. hace tres décadas, se convirtió con los años en una coalición estabilizadora y hoy, en una coalición conservadora. El tiempo, las circunstancias, los actores e intereses involucrados explican esa metamorfosis. Pero hay también poderosas fuerzas externas a la universidad que influyeron para comprender ese proceso interno. Tres sexenios de gobiernos estatales panistas (1995-2012) marcaron un perfil de tensiones continuas entre el proyecto reformador y sus promotores, y entre autoridades federales priistas y panistas cautelosas con el rumbo y alcances del proyecto reformador.

Hoy, la U. de G. ha configurado una Red de 6 centros metropolitanos temáticos y 9 regionales, y ha expandido su presencia en el nivel medio superior en la gran mayoría de los 126 municipios del estado. Su oferta de programas de licenciatura y posgrado, la multiplicación de centros e institutos de investigación en todas las áreas del conocimiento, el crecimiento de sus comunidades estudiantiles y de la planta académica de profesores e investigadores, forman parte del balance positivo de la reforma del ´94.

En el campo cultural, la Universidad sostiene proyectos como la Feria Internacional del Libro, o el Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Asimismo, desde 2005 inició la construcción del Complejo Cultural Universitario, que incluye las instalaciones de la Biblioteca Pública de Jalisco, el Auditorio Metropolitano, el Centro de Artes Escénicas, y el Museo de Ciencias Ambientales que será concluido este mismo año. Pese a la oposición de sus críticos y con las reservas de los escépticos, estos proyectos están asociados a la consolidación de las reformas iniciadas hace más de un cuarto de siglo.

Pero existe también un lado problemático en el proceso reformador. La legitimación de prácticas de simulación, la burocratización salvaje de la vida académica, la rigidez administrativa, la renovación de la planta docente y de investigación, la baja participación de estudiantes y profesores en la toma de decisiones institucionales, constituyen problemas asociados a causas relacionadas con el agotamiento, la propia expansión o la pérdida del sentido institucional de la vida académica universitaria.

Todas las reformas cuestan. Y la de la U. de G. no es la excepción. Dinero, gestión política y coordinación que operan bajo un esquema peculiar de gobernabilidad y gobernanza, efecto de los estilos tradicionales de hechura de la política y el gobierno universitario, son recursos que han costado tiempo y concentración de la vida institucional. Hoy que en la Universidad corren los vientos del cambio rectoral, en un contexto político nacional y local poblado de nuevos intereses y actores, y dominado por las tensiones e incertidumbres de la época, tal vez sea un buen momento para promover un esfuerzo intelectual ambicioso, basado en un diagnóstico profundo, sobre los límites de la reforma, y pensar en un nuevo ciclo de transformaciones para un futuro que desde hace tiempo ya tampoco es lo que solía ser.


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