Thursday, November 10, 2022

Un pensador fronterizo (II)

Estación de paso Un pensador fronterizo: contra la “luz de gas” (II) Adrián Acosta Silva (Campus-Milenio, 10/11/2022) https://suplementocampus.com/un-pensador-fronterizo-contra-la-luz-de-gas-ii/ Esta es la segunda parte del texto leído en la presentación del libro Repensando lo público: Estado, políticas públicas y gobernanza. Ensayos sobre la obra y trayectoria de Luis F. Aguilar Villanueva, coordinado por David Gómez-Álvarez y Claudia Maldonado Trujillo (EAP/Siglo XXI, 2021). CUCEA-U, de G., 19 de octubre de 2022. ************* Durante su etapa “tapatía” (2011-2020), cuando fue invitado para fundar y dirigir el Instituto de Investigación en Políticas Públicas y Gobierno (IIPPG) del CUCEA de la Universidad de Guadalajara, Luis F. Aguilar Villanueva (LFAV) se concentró en la construcción de un espacio universitario abierto al análisis del gobierno, de las políticas públicas y la promoción del enfoque de la nueva goberanza pública. Impulsó diálogos, coloquios, proyectos, encuentros, dirigidos a organizar redes académicas de intercambio sobre múltiples objetos de la acción pública moderna, tanto a nivel internacional como nacional, estatal y local. Fundó una revista especializada (Journal of Public Governance and Policy: Latin American Review), e impulsó la publicación de una numerosa colección de libros relacionados con el tema, productos de los encuentros y conversatorios académicos organizados en el IIPPG. También apoyó el desarrollo de proyectos institucionales multidisciplinarios como Jalisco a Futuro, en el que, personalmente, la amistad, el rigor intelectual, y el interés y respeto de Luis -acompañado siempre de dosis precisas de prudencia y buen humor-, favorecieron la orientación teórica y conceptual de la hechura de los trabajos de diagnóstico y prospectiva de los que colaboramos en ese proyecto. Las aportaciones y hallazgos de LAFV sobre las relaciones entre la política, las políticas públicas y la gobernanza democrática están plasmadas en múltiples sitios: libros, revistas, artículos periodísticos, aulas, conferencias, charlas de café, cubículos universitarios. Son la herencia viva de su espíritu trans-fronterizo, el legado intelectual de sus convicciones, de sus cuestionamientos permanentes e hipótesis de trabajo sobre los déficits, logros y desafíos de la acción pública. Quizá ese espíritu se deba a su sangre campechana, a la época que le tocó vivir en sus años de formación intelectual y política en México, en Alemania e Italia, sus estancias académicas frecuentes en Berkeley, en Madrid, o en Nueva York, a sus habilidades de explorador constante de enfoques y territorios áridos de las ciencias sociales, o quizá se deba a la vieja observación weberiana de la tensión permanente entre las lógicas del político y del científico. Tal vez, también adeuda en alguna medida a su afición por la música clásica (de Franz Schubert y Beethoven a Gustav Mahler), a su gusto insobornable por el whisky JB en las rocas, a su interés culinario para conocer los secretos de los chefs de los buenos restaurantes. Ese bagaje vital, intelectual y mundano, moral y afectivo, donde las aguas de la vida social, pública y privada se entremezclan pero no se confunden, está en la base de la obra fecunda, productiva y siempre en movimiento de Luis. Y el mejor y mayor de los homenajes a esa trayectoria es leerlo a la luz de las tensiones, contradicciones e incertumbres de nuestra vida en común, dominada desde hace tiempo por el mal humor público, la polarización política y no pocos desencuentros privados. Seguramente, la figura de Aguilar Villanueva como maestro, consejero, académico, intelectual, consultor o funcionario, se podrá apreciar en su justa dimensión. Y, estoy seguro, el investigador emérito sigue y seguirá haciendo lo “único que sabe hacer: leer y escribir”, como me dijo en varias de las ocasiones en que lo encontré trabajando en su oficina frente a su computadora, con varios libros abiertos sobre la mesa. En síntesis: racionalidad, acción pública, gobernanza democrática, forman el entramado conceptual y analítico central del pensador de aguas profundas que es LFAV. Pasó de explorar las teorías clásicas del Estado para culminar en la construcción de una teoría contemporánea del gobierno de las sociedades del siglo XXI. Es el autor indiscutido e indispensable de una extensa colección de planos, cartografías, mapas y brújulas elaboradas sobre el intrincado territorio de las relaciones entre el poder público, ciudadanías complejas, desigualdad social, institucionalidad democrática y acción gubernativa, en contextos poblados por nuevos oscurantismos y puritanismos de distintos orígenes y dimensiones, frecuentemente dominados por el efecto o síndrome político de “luz de gas” (political gaslighting) -esa tendencia a tratar de convencer a las personas, grupos y sociedades de algo que no son-, que parece extenderse sin prisas pero sin pausas en varios espacios de nuestra vida pública. Si, como escribió en algún lugar Milan Kundera, “la existencia humana transcurre entre dos abismos; a un lado, el fanatismo; al otro, el escepticismo absoluto”, hoy estamos al filo de uno o de otro, mirando el espacio vacío que se abre entre el agotamiento del neoliberalismo como fórmula económica y el fortalecimiento del neopopulismo como fórmula política. (Es un “entreacto político”, afirma recientemente Aguilar Villanueva). Entre ambos abismos o actos, poblados por lodazales, pantanos y páramos, coexisten el gobierno de la racionalidad y el imperio de las emociones. En el centro, la dirección del estado y la gestión de lo público, orientadas al fortalecimiento de la democracia, son asuntos que reclaman no sólo de explicaciones o enunciados normativos sino de acciones, compromisos y resultados. Son las nuevas hechuras políticas de la tensión permanente entre los laberintos de la razón y los incendios de las pasiones.

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